Lista de Poemas

Sueño, Porque Vivo En Mí

Sueño, luego existo.

Pienso
que sueño tan hondo y cierto
que el sueño me despierta
en mitad del pensamiento.

Y me duele este soñar,
pensando que es tan sin sueño,
que los sueños se me rompen
—espumas del pensamiento—
en las arenas del mar
en que soñando, navego.

¿Pero existo? ¿Dónde y cómo?
Aquí, encerrado, me encuentro
en el sueño sin salida
que teje mi pensamiento,
preguntándome, doliéndome,
de ser, soñándome, cierto.

Soledad de soledades:
ya ni yo mismo me sueño,
pensando que existo y soy
sueño de mi pensamiento.
723

Madrigal De Paz

Por esta paz, esposa, que te ofrezco,
ya madura en la sangre, hecha corteza,
qué paciente tributo de tristeza
pagué día por día.


¡No merezco
tanto dolor!

(El hombre, entre las manos
a veces tiene un corazón y quiere
morir con él intacto. Pero muere
lleno de soledad).


Ecos lejanos
traen mi voz antigua de metales;
mi fría voz de hielos transparentes.

¡Que hasta tu nombre, esposa, fue en mis dientes
tallo de amargas hieles minerales...!

Pero todo es ya campo sin orillas,
lleno de paz. El sol se transfigura
en la ceniza gris de esta clausura,
y abandona sus llamas amarillas.

Yo soy para ti, esposa, como un viento
que humildemente llega y se deshace
contra tus ojos; en agua que renace
entre sus piedras, sin color ni acento.

No es posible dar más de lo que he dado
para llenar el pozo al que me asomo.
El pan que yo te traigo; el pan que como
tiene sabor de trigo macerado.
Trigo soy con sustancia. Pan en duelo
para el desconocido.


(El hombre quiere
gritar "Amor" a veces, pero muere
en el silencio, en tanto el alto cielo
se llena de esta paz, esposa, de esta
consagración definitiva).


—¡Toma
mi paz de sangre!


¡Goce mi paloma
del esplendor caliente de su fiesta...!
653

Canción Para Dormir A Un Niño Pobre

Ángeles con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.

—Madre, tengo miedo

del aire.

Mira las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.

—Madre, quiero una

que hable.

Patitas de cabra
siguen vacilantes
al osito blanco
de la luna errante.

—Madre, quiero un oso

que baile.

Pandero de harina:
luna en el estanque.
Las cinco cabrillas
sin cesar, tocándole.

—Madre, se me hielan

las carnes.

Floridas de escarcha
ya son como panes.
La aurora las dora
y acorteza el aire.

—Madre, no te oigo.

¡Tengo hambre!

¡Uuuuuuuh...! Duerme, mi niño;
que viene el aire
y se lleva a los niños
que tienen hambre.
675

Canto Total A España

Más que verte, sentirte en las entrañas
y asistir al galope de tu voz en mis venas,
y rehogar el alma en tu aceite y tu lumbre
mientras los dientes mascan tu resollar de tierra.

Pero no basta tu nombre, aunque me azote
como un bosque de espadas violentas;
ni tu aliento abrasado, aunque derrumbe
mis tristes huesos de arena.

Que tu nombre, o tu aliento, o tu mirada
caminos son que al corazón te llegan;
partes crujientes de tu ser más hondo,
sosegados perfiles que te muestran.

(Así el redondo son, lejano y tímido,
no es la campana misma, ni la fiesta;
sino tu voz tan sólo,
su musical presencia).

Te necesito a ti España, toda;
cuarzo gigante, macizo bosque o piedra;
cielo total de corazones
en pena.

Te necesito España
unánime y entera
como el clamor del viento
sobre la mar inmensa.

No España tuya o mía.
¡España nuestra!
Geografía íntegra, trasvasada en halago
de materna entereza.

Porque todos son hijos de tu carne y tu sangre,
sueños de tu vigilia, cuchillos de tu vela...
624

Muchacha Fea Ante El Espejo

Tímidamente pregunto
por mi carne de nardo
a los hondos espejos de la noche,
en la soledad de las alcobas.

Como ríos inmóviles, naciendo de improviso,
la imagen desolada me devuelven,
en un oscuro grito sumergido:

(Mi quebrada cintura, el amplio abrazo,
que sostienen mis hombros;
mis duros besos, la mirada
de doliente tigresa
y este mi vientre estéril
que soporta su brío de mar encadenado.)

Los encajes marchitan sus frescas azucenas
entre olor de manzanas;
y los oscuros cuencos que contendrán mis senos
se esparcen como rosas quemadas en la espera.

¿Qué tonos violentos, qué descrinados potros
romperán con sus cascos mis helados cristales,
mi azorado silencio,
mi soledad, poblada de nieblas y rubores?

Me siento desvelada por manos de ceniza,
recorrida por tristes miradas compasivas,
evitada por sauces y ríos vigorosos
a quienes doy mi blanco desnudo palpitante.

Lejanas voces claman.
Cuerpos, como montañas, se golpean, se funden,
y su lava se vierte
sobre la vida ávida, fecundando sus brotes...

Rompen ríos de sangre sus oscuras cortezas,
y entre bosques, se buscan
y mezclan sus furiosos caudales enemigos
elevando a los cielos sus sangrientos despojos.

Y yo, sola, me busco
entre espejos siniestros;
sin encajes ni lágrimas, con mi triste desnudo
—¡Oh fealdad doliente!—,
saltándome a los labios
como un perro, en la triste soledad de mi alcoba...
630

Descubrimiento De La Rosa

¿Cómo no amar la rosa? Pero falta
descubrirla entre tanta incertidumbre,
entre tanta apariencia. ¿Quién no ama
la música si acierta a despojarse
del grito, rebotado por la sangre...?

Conozco su existencia, la sostengo
inevitablemente, como el peso
tranquilo de la luz, belleza ausente
pero cierta, que al hombre corresponde
si busca su caricia en la esperanza.

Esperamos, con hierros, más feroces
que los hambrientos tigres, y tan densos
como dormidas aguas de pantano.
Esperamos: vivimos esperando
el reino de la tierra libertada.

De la tierra evidente, sudorosa
en su preñez de muertos y metales;
fecunda y triste tierra inacabable,
que el hombre enreja, hasta cavar en ella
una profunda cárcel sin estrellas.

Encerrados vivimos. La costumbre
levanta muros, aprisiona cielos,
esparce sones, crucifica rosas,
limita los caminos y reduce
el verbo a pensamiento atormentado.

¡Pensar! ¡Oh triste sino de lo humano!
La altiva fuente de energía se hace
pozo seco de horror, sima del odio;
Porque sin viento, la agresiva nave
se pudre, quieta, sobre el mar inmenso.

Mar de sargazo, omnipotente calma
que en prisiones azules nos retiene,
en tanto el alto cielo transparece
y una paloma bíblica, en el pico
transporta del olivo su mensaje.
¿Cómo no amar la rosa...? Pero falta
descubrirla entre tanta incertidumbre.
659

Canción Serena

No me dejéis así:
Sorbido por la tierra
hondísima y vibrante como el clamor penúltimo;
con este olor maduro de soles y horizontes
abriéndome en el pecho un surco luminoso.

No es que el cuerpo me suene a cristal derramado
ni que diez corazones me alanceen las yemas,
ni que cielos redondos agolpen sus rebaños
a mis ojos mastines, ladradores de cimas.

Es que un mar fugitivo rinde velas y senos
y pétalos y espumas en la gozosa playa
donde el rumor se atreve a mancillar la sombra.
¡Y se me ciegan labios y gritos y pupilas!

Es que siento que el aire es de carne dulcísima
y la luz sólo luz. Que el contorno me huye
a bandadas blanquísimas de palomas y lirios
y me abandonan manos y dientes y melenas.

¡No! ¡No me dejéis así! Moriría desnudo
sin sentirme morir.

Y mi pobre vestido, con su sangre caliente,
se hundiría, esperando mi imposible retorno.
625

El Amor Y La Sangre

El amor sube por la sangre. Quema
la ortiga del recuerdo y reconquista
el ancho campo abierto, la ceniza
fundadora, que la brasa sostiene.

El amor es herencia de la sangre,
como el odio, su amante, y se mantienen
íntimos, besándose, nutriéndose
de sus dobles sustancias transmitidas.

Nada podrá arrancarles de su abrazo:
La espada, el hielo, el tiempo, con sus filos
mezclarán sangres, que, lluviosamente,
germinarán odios, amor o nuevas sangres.

¿Cómo decir:
—«Aquéllos, que nunca conocieron
la sangre derramada, que separen
el odio del amor y reconstruyan
las viejas catedrales de la dicha...»

¿«Aquéllos»?, ¿son acaso otros que los
murientes
trasvasados, hechos de sangre antigua?
No es posible lavarse el alma ni las manos
cuando fluye hacia ellas sangre y olor a sangre.

Si ha de hacerse el amor, será con sangre
trepadora, quemante, conocida,
pura sangre del odio, amante impávido
que el amor fecundiza.

Si ha de hacerse la paz...

—¡Callad, campanas!,
¡Ved la tierra, la tierra, que resume
su tempero sangriento y le convierte
en paz, en paz, a puñetazos puros...!
678

Los Caminos Del Amor

Huele a soledad el campo
tan breve, tan sin sentido,
bajo un firmamento abierto
de par en par.
¡Apetito
de tierra sola, de tierra
desterrada, de caminos
que nunca llegan a Roma!

La carretera es un río
enjuto que no se acaba
y que no tiene principio.

Pero la esperanza enseña
a creer lo que no vimos;
el aire, la luz, la música,
la palabra...

Desistimos
de andar mirando las cosas,
descubriendo los registros
concretos.

El alto cielo
nos orienta con sus guiños
fulgurantes.

Levantamos
la mirada y transcribimos
su fausta telegrafía:

«¡Para el amor no hay caminos!»
688

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Identificación y contexto básico

Victoriano Crémer (1906-2009) fue un poeta español, uno de los representantes más destacados de la Generación de Poetas de los 50. Nacido en Burgos y fallecido en Madrid, su obra se caracteriza por un profundo lirismo y una constante reflexión sobre la existencia humana, el tiempo y el amor. Su poesía es un testimonio de su arraigo a la tierra y a la memoria, con un lenguaje depurado y una gran fuerza expresiva. Escribió en castellano.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia burguesa de Burgos, su infancia y juventud estuvieron marcadas por la tranquilidad y la educación que recibió. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Valladolid, pero su verdadera vocación siempre fue la literatura. La influencia de la poesía clásica y contemporánea, así como su propia experiencia vital, moldearon su sensibilidad poética.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Crémer se inició de manera significativa en la década de 1950, aunque sus primeros poemas se remontan a años anteriores. Se le considera uno de los poetas más importantes de su generación, destacando por la madurez y profundidad de su obra. A lo largo de su extensa vida, publicó numerosos libros de poemas, consolidando un estilo propio y una voz inconfundible en la poesía española.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Crémer se centra en temas como el amor, la muerte, la soledad, el paso del tiempo y la fugacidad de la vida. Su estilo se caracteriza por un lirismo hondo y contenido, un lenguaje preciso y evocador, y una musicalidad sutil. Utiliza a menudo imágenes relacionadas con el paisaje, la naturaleza y la memoria para expresar sus inquietudes existenciales. Entre sus obras más destacadas se encuentran "La soledad del corredor de fondo" (1960), "La voz de la experiencia" (1965), "El otro lado" (1968), "Viejas historias de la soleá" (1977) y "Poesía esencial" (2000). Su poesía es reflexiva, elegíaca y a menudo confesional.

Contexto cultural e histórico

Crémer desarrolló su obra en el contexto de la España de posguerra y las décadas posteriores, una época de importantes cambios sociales y políticos. Perteneciente a la Generación de los 50, compartió inquietudes con otros poetas de su tiempo, aunque siempre mantuvo una voz autónoma. Su poesía refleja, de manera implícita, las tensiones y los anhelos de la sociedad española.

Vida personal

Aunque su vida personal se mantuvo relativamente alejada del foco público, su poesía es un reflejo de su intensa vida interior y su profunda sensibilidad. Las relaciones personales y las experiencias vitales, como el amor y la pérdida, son temas recurrentes en su obra, que a menudo se nutren de sus propias vivencias.

Reconocimiento y recepción

Victoriano Crémer recibió numerosos premios y reconocimientos a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio Nacional de Poesía en 1960 por "La soledad del corredor de fondo". Su obra ha sido ampliamente valorada por la crítica y goza de un gran aprecio entre los lectores de poesía, siendo considerado uno de los grandes poetas de la lírica española contemporánea.

Influencias y legado

Su poesía se nutre de la tradición lírica española, pero también de las corrientes poéticas europeas. Su legado reside en haber aportado una voz sincera y profunda a la poesía española, explorando con maestría los temas universales de la existencia. Ha influido en generaciones posteriores de poetas por su rigor estilístico y su honestidad emocional.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Crémer ha sido objeto de numerosos estudios críticos que destacan su capacidad para expresar las complejidades de la experiencia humana con un lenguaje claro y conmovedor. Sus poemas invitan a la introspección y a la reflexión sobre el sentido de la vida, el amor y la muerte.

Infancia y formación

Aunque conocido principalmente por su poesía, Victoriano Crémer también incursionó en la prosa. Su longevidad le permitió ser testigo y partícipe de una extensa parte del siglo XX y principios del XXI, lo que se refleja en la amplitud temporal de su obra.

Muerte y memoria

Victoriano Crémer falleció a la avanzada edad de 103 años. Su muerte marcó el final de una era para la poesía española, pero su legado literario perdura a través de sus numerosas publicaciones y el reconocimiento de su obra por parte de críticos y lectores.