Lista de Poemas

El centinela

Entra la luz y me recuerdo; ahí está.
Empieza por decirme su nombre, que es ya se entiende) el mío.
Vuelvo a la esclavitud que ha durado más de siete veces diez años.
Me impone su memoria.
Me impone las miserias de cada día, la condición humana.
Soy su viejo enfermero; me obliga a que le lave los pies.
Me acecha en los espejos, en la caoba, en los cristales de las tiendas.
Una u otra mujer lo ha rechazado y debo compartir su congoja.
Me dicta ahora este poema, que no me gusta.
Me exige el nebuloso aprendizaje del terco anglosajón.
Me ha convertido al culto idolátrico de militares muertos, con los
que acaso no podría cambiar una sola palabra.
En el último tramo de la escalera siento que está a mi lado.
Está en mis pasos, en mi voz.
Minuciosamente lo odio.
Advierto con fruición que casi no ve.
Estoy en una celda circular y el infinito muro se estrecha.
Ninguno de los dos engaña al otro, pero los dos mentimos.
Nos conocemos demasiado, inseparablemente hermano.
Bebes el agua de mi copa y devoras mi pan.
La puerta del suicida está abierta, pero los teólogos afirman que
en la sombra ulterior del otro reino estaré yo, esperándome.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 360 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
3 521

Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra.
Afirmar lo contrario es mera estadística, es una adición imposible.
No menos imposible que sumar el olor de la lluvia y el sueño que anteanoche soñaste.
Ese hombre es Ulises, Abel, Caín, el primer hombre que ordenó las constelaciones,
el hombre que erigió la primer pirámide, el hombre que escribió los hexagramas
del Libro de los Cambios, el forjador que grabó runas en la espada de Hengist,
el arquero Einar Tamberskelver, Luis de León, el librero que engendró a Samuel Johnson,
el jardinero de Voltaire, Darwin en la proa del Beagle, un judío en la cámara letal, con el tiempo, tú y yo.
Un solo hombre ha muerto en Ilión, en el Metauro, en Hastings, en Austerlitz, en Trafalgar,
en Gettysburg.

Un solo hombre ha muerto en los hospitales, en barcos, en la ardua soledad,
en la alcoba del hábito y del amor.
Un solo hombre ha mirado la vasta aurora.
Un solo hombre ha sentido en el paladar la frescura del agua, el sabor de las frutas y de la carne.
Hablo del único, del uno, del que siempre está solo.


Norman, Okalahama

"El Oro de los Tigres"


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 358 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 096

El gaucho

Hijo de algún confín de la llanura
Abierta, elemental, casi secreta,
Tiraba el firme lazo que sujeta
Al firme toro de cerviz oscura.

Se batió con el indio y con el godo,
Murió en reyertas de baraja y taba;
Dio su vida a la patria, que ignoraba,
Y así perdiendo, fue perdiendo todo.

Hoy es polvo de tiempo y de planeta;
Nombres no quedan, pero el nombre dura.
Fue tantos otros y hoy es una quieta
Pieza que mueve la literatura.

Fue el matrero, el sargento y la partida.
Fue el que cruzó la heroica cordillera.
Fue soldado de Urquiza o de Rivera,
Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.

Dios le quedaba lejos. Profesaron
La antigua fe del hierro y del coraje,
Que no consiente súplicas ni gaje.
Por esa fe murieron y mataron.

En los azares de la montonera
Murió por el color de una divisa;
Fue el que no pidió nada, ni siquiera
La gloria, que es estrépito y ceniza.

Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada
Penumbra del galpón, sueña y matea,
Mientras en el oriente ya clarea
La luz de la desierta madrugada.

Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte
No imaginar la suerte de los otros.
No menos ignorante que nosotros,
No menos solitario, entró en la muerte.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 356 e 357 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016

2 904

Al idioma alemán

Mi destino es la lengua castellana,
El bronce de Francisco de Quevedo,
Pero en la lenta noche caminada,
Me exaltan otras músicas más íntimas.
Alguna me fue dada por la sangre-
Oh voz de Shakespeare y de la Escritura-,
Otras por el azar, que es dadivoso,
Pero a ti, dulce lengua de Alemania,
Te he elegido y buscado, solitario.
A través de vigilias y gramáticas,
De la jungla de las declinaciones,
Del diccionario, que no acierta nunca
Con el matiz preciso, fui acercándome.
Mis noches están llenas de Virgilio,
Dije una vez; también pude haber dicho
de Hölderlin y de Angelus Silesius.
Heine me dio sus altos ruiseñores;
Goethe, la suerte de un amor tardío,
A la vez indulgente y mercenario;
Keller, la rosa que una mano deja
En la mano de un muerto que la amaba
Y que nunca sabrá si es blanca o roja.
Tú, lengua de Alemania, eres tu obra
Capital: el amor entrelazado
de las voces compuestas, las vocales
Abiertas, los sonidos que permiten
El estudioso hexámetro del griego
Y tu rumor de selvas y de noches.
Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde
De los años cansados, te diviso
Lejana como el álgebra y la luna.


"El oro de los tigres", 1972.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 361 e 362 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 967

Al triste

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 363 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 442

La tentación

El general Quiroga va a su entierro;
Lo invita el mercenario Santos Pérez
Y sobre Santos Pérez está Rosas,
la recóndita araña de Palermo.
Rosas, a fuer de buen cobarde, sabe
que no hay entre los hombres uno solo
más vulnerable y frágil que el valiente.
Juan Facundo Quiroga es temerario
hasta la insensatez. El hecho puede
merecer el examen de su odio.
Ha resuelto matarlo. Piensa y duda.
Al fin da con el arma que buscaba.
Será la sed y el hambre del peligro.
Quiroga parte al Norte. El mismo Rosas
le advierte, casi al pie de la galera,
que circula rumores de que López
premedita su muerte. Le aconseja
no acometer la osada travesía
sin una escolta. Él mismo se la ofrece.
Facundo ha sonreído. No precisa
laderos. Él se basta. La crujiente
galera deja atrás las poblaciones.
Leguas de larga lluvia la entorpecen.
Neblina y lodo y las crecidas aguas.
Al fin avistan Córdoba. Los miran
como si fueran sus fantasmas. Todos
los daban ya por muertos. Antenoche
Córdoba entera ha visto a Santos Pérez
distribuir las espadas. La partida
es de treinta jinetes de la sierra.
Nunca se ha urdido un crimen de manera
más descarada, escribirá Sarmiento.
Juan Facundo Quiroga no se inmuta.
Sigue al Norte. En Santiago del Estero
se da a los naipes y a su hermoso riesgo.
Entre el ocaso y la alborada pierde
o gana centenares de onzas de oro.
Arrecian las alarmas. Bruscamente
resuelven regresar y da la orden.
Por esos descampados y esos montes
retoman los caminos del peligro.
En un sitio llamado el Ojo de Agua
El maestro de posta le revela
que por ahí ha pasado la partida
que tiene por misión asesinarlo
y que lo espera en un lugar que nombra.
Nadie debe escapar. Tal es la orden.
Así lo ha declarado Santos Pérez,
el capitán. Facundo no se arredra.
No ha nacido aún el hombre que se atreva
a matar a Quiroga, le responde.
Los otros palidecen y se callan.
Sobreviene la noche, en la que sólo
duerme el fatal, el fuerte, que confía
en sus oscuros dioses. Amanece.
No volverán a ver otra mañana.
¿A qué concluir la historia que ya ha sido
contada para siempre? La galera
toma el camino de Barranca Yaco.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 368 e 369 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 593

1929

Antes la luz entraba más temprano
en la pieza que da al último patio;
ahora la vecina casa de altos
le quita el sol, pero en la vaga sombra
su modesto inquilino está despierto
desde el amanecer. Sin hacer ruido,
para no incomodar a los de al lado,
el hombre está mateando y esperando.
Otro día vacío, como todos.
Y siempre los ardores de la úlcera.
Ya no hay mujeres en mi vida, piensa.
Los amigos lo aburren. Adivina
que él también los aburre. Hablan de cosas
que no alcanza, de arqueros y de cuadros.
No ha mirado la hora. Sin apuro
se levanta y se afeita con inútil
prolijidad. Hay que llenar el tiempo.
El rostro que el espejo le devuelve
guarda el aplomo que antes era suyo.
Envejecemos más que nuestra cara,
piensa, pero ahí están las comisuras,
el bigote ya gris, la hundida boca.
Busca el sombrero y sale. En el vestíbulo
ve un diario abierto. Lee las grandes letras,
crisis ministeriales en países
que son apenas nombres. Luego advierte
la fecha de la víspera. Un alivio;
ya no tiene por qué seguir leyendo.
Afuera, la mañana le depara
su ilusión habitual de que algo empieza
y los pregones de los vendedores.
En vano el hombre inútil dobla esquinas
y pasajes y trata de perderse.
Ve con aprobación las casas nuevas,
algo, tal vez el viento sur, lo anima.
Cruza Rivera, que hoy le dicen Córdoba,
y no recuerda que hace muchos años
que sus pasos la eluden. Dos, tres cuadras.
Reconoce una larga balaustrada,
los redondeles de un balcón de fierro,
una tapia erizada de pedazos
de vidrio. Nada más. Todo ha cambiado.
Tropieza en una acera. Oye la burla
de unos muchachos. No los toma en cuenta.
Ahora está caminado más despacio.
De golpe se detiene. Algo ha ocurrido.
ahí donde ahora hay una heladería,
estaba el Almacén de la Figura.
(La historia cuenta casi medio siglo.)
Ahí un desconocido de aire avieso
le ganó un largo truco, quince y quince,
y él malició que el juego no era limpio.
No quiso discutir, pero le dijo:
Ahí le entrego hasta el último centavo,
pero después salgamos a la calle.
el otro contestó que con el fierro
no le iría mejor que con el naipe.
No había ni una estrella. Benavides
le prestó su cuchillo. La pelea
fue dura. En la memoria es un instante,
un solo inmóvil resplandor, un vértigo.
Se tendió en una larga puñalada,
que bastó. Luego en otra, por si acaso.
Oyó el caer del cuerpo y del acero.
Fue entonces que sintió por vez primera
la herida en la muñeca y vio la sangre.
fue entonces que brotó de su garganta
una mala palabra, que juntaba
la exultación, la ira y el alivio.
tantos años y al fin ha rescatado
la dicha de ser hombre y ser valiente
o, por lo menos, la de haberlo sido
alguna vez, en un ayer del tiempo.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 371, 372 e 373 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 591

Al primer poeta de Hungría

En esta fecha para ti futuraque no alcanza el augur que la prohibida
forma de porvenir ve en los planetas
ardientes o en las vísceras del toro,
nada me costaría, hermano y sombra,
buscar tu nombre en las enciclopedias
y descubrir qué ríos reflejaron
tu rostro, que hoy es perdición y polvo,
y qué reyes, qué ídolos, qué espadas,
qué resplandor de tu infinita Hungría,
elevaron tu voz al primer canto.
Las noches y los mares nos apartan,
las modificaciones seculares,
los climas, los imperios y las sangres,
pero nos une indescifrablemente
el misterioso amor de las palabras,
este hábito de sones y de símbolos.
Análogo al arquero del eleata
un hombre solo en una tarde hueca
deja correr sin fin esta imposible
nostalgia, cuya meta es una sombra.
No nos veremos nunca cara a cara,
oh antepasado que mi voz no alcanza
Para ti ni siquiera soy un eco;
para mí soy un ansia y un arcano,
una isla de magia y de temores,
como lo son tal vez todos los hombres,
como lo fuiste tú, bajo otros astros.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 365 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 797

El advenimiento

Soy el que fui en el alba, entre la tribu.
Tendido en mi rincón de la caverna,
pujaba por hundirme en las oscuras
aguas del sueño. Espectros de animales
heridos por la esquirla de la flecha
daban horror a las tinieblas. Algo,
quizá la ejecución de una promesa,
la muerte de un rival en la montaña,
quizá el amor, quizá una piedra mágica,
me había sido otorgado. Lo he perdido.
Gastada por los siglos, la memoria
sólo guarda esa noche y su mañana.
Yo anhelaba y temía. Bruscamente
oí el sordo tropel interminable
de una manada atravesando el alba.
Arco de roble, flechas que se clavan,
los dejé y fui corriendo hasta la grieta
que se abre en el confín de la caverna.
Fue entonces que los vi. Brasa rojiza,
crueles los cuernos, montañoso el lomo
y lóbrega la crin como los ojos
que acechaban malvados. Eran miles.
Son los bisontes, dije. La palabra
no había pasado nunca por mis labios,
pero sentí que tal era su nombre.
Era como si nunca hubiera visto,
como si hubiera estado ciego y muerto
antes de los bisontes de la aurora.
Surgían de la aurora. Eran la aurora.
No quise que los otros profanaran
aquel pesado río de bruteza
divina, de ignorancia, de soberbia,
indiferente como las estrellas.
Pisotearon un perro del camino;
lo mismo hubieran hecho con un hombre.
Después los trazaría en la caverna
con ocre y bermellón. Fueron los Dioses
del sacrificio y de las preces. Nunca
dijo mi boca el nombre de Altamira.
Fueron muchas mis formas y mis muertes.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 366 e 367 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 177

1891

Apenas lo entreveo y ya lo pierdo.
Ajustado el decente traje negro,
la frente angosta y el bigote ralo,
y con una chalina como todas,
camina entre la gente de la tarde
ensimismado y sin mirar a nadie.
En una esquina de la calle Piedras
pide una caña brasilera. El hábito.
Alguien le grita adiós. No le contesta.
Hay en los ojos un rencor antiguo.
Otra cuadra. Una racha de milonga
le llega desde un patio. Esos changangos
están siempre amolando la paciencia,
pero al andar se hamaca y no lo sabe.
Sube su mano y palpa la firmeza
del puñal en la sisa del chaleco.
Va a cobrarse una deuda. Falta poco.
Unos pasos y el hombre se detiene.
En el zaguán hay una flor de cardo.
Oye el golpe del balde en el aljibe
y una voz que conoce demasiado.
Empuja la cancel que aún está abierta
como si lo esperaran. Esta noche
tal vez ya lo habrán muerto.


"El oro de los tigres" (1972)



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 370 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 291

Comentários (2)

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mikuus
mikuus

increible :)

mikuus
mikuus

imvecil va con b larga . señor :)

Identificação e contexto básico

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, mais conhecido como Jorge Luis Borges, foi um escritor, poeta, ensaísta, tradutor e bibliotecário argentino. Nasceu em Buenos Aires, Argentina, em 24 de agosto de 1899, e faleceu em Genebra, Suíça, em 14 de junho de 1986. Era filho de Jorge Guillermo Borges, advogado e professor de inglês, e de Leonor Acevedo Suárez. Foi considerado um dos maiores escritores da literatura hispano-americana e mundial. Escreveu em espanhol.

Infância e formação

Borges teve uma infância marcada por uma intensa atividade intelectual. Cresceu em um ambiente familiar culto, com acesso a uma vasta biblioteca. Desde cedo, demonstrou grande interesse pela leitura e pela escrita. Aprendeu inglês com sua avó paterna e traduziu "O Príncipe Feliz" de Oscar Wilde aos nove anos. Sua educação formal foi irregular, mas sua formação intelectual foi profunda e autodidata, abrangendo filosofia, literatura, teologia e história. A cegueira progressiva, que se acentuou a partir dos 30 anos, influenciou profundamente sua visão de mundo e sua obra.

Percurso literário

Seu interesse pela literatura manifestou-se precocemente. Publicou seus primeiros poemas e contos em revistas literárias na década de 1920, após retornar da Europa, onde viveu durante a Primeira Guerra Mundial. Seu primeiro livro de poesia, "Fervor de Buenos Aires", foi publicado em 1923, seguido por "Luna de enfrente" (1925) e "Cuaderno San Martín" (1929). Em prosa, destacam-se suas coletâneas de contos como "Historial de la eternidad" (1936), "El jardín de senderos que se bifurcan" (1941), "Ficciones" (1944) e "El Aleph" (1949). Trabalhou como bibliotecário e professor, o que lhe proporcionou um contato íntimo com o conhecimento e a literatura. Foi também editor e tradutor.

Obra, estilo e características literárias

Obra, estilo e características literárias As obras mais célebres de Borges incluem "Ficciones" e "El Aleph", coletâneas que reúnem alguns de seus contos mais emblemáticos, como "O jardim de senderos que se bifurcan", "A Biblioteca de Babel", "O Aleph" e "Pierre Menard, autor do Quixote". Seus temas centrais são o tempo (cíclico, labiríntico, ilusório), o infinito, a identidade (duplicidade, sonho, memória), os espelhos, os labirintos, os livros e a natureza da realidade. Seu estilo é caracterizado pela concisão, pela clareza, pela erudição disfarçada de aparente simplicidade e pela ironia sutil. Utiliza recursos como o pastiche, a metaficção e a criação de enciclopédias e bibliotecas imaginárias. Borges explorou a forma do conto de maneira inovadora, criando narrativas que desafiam as convenções e convidam à reflexão. Sua obra dialoga com a tradição literária universal, mas também com a filosofia, a teologia e as ciências, reinventando o real através da imaginação.

Obra, estilo e características literárias

Contexto cultural e histórico Borges viveu em um período de intensas transformações políticas e sociais na Argentina e no mundo. Embora tenha se mantido, em geral, afastado da política partidária direta, sua obra reflete, de forma indireta, as tensões de seu tempo. Foi contemporâneo de outros grandes escritores latino-americanos, como Julio Cortázar e Gabriel García Márquez, embora seu estilo e sua temática fossem distintos. Sua obra inicial esteve associada ao Ultraísmo, mas logo desenvolveu um estilo singular. O reconhecimento internacional de sua obra veio gradualmente, consolidando-se a partir da segunda metade do século XX.

Obra, estilo e características literárias

Vida pessoal Borges manteve uma relação próxima com sua mãe, Leonor Acevedo. Teve relações afetivas marcantes, como o casamento com Elsa Astete Millán e, posteriormente, com María Kodama, com quem se casou pouco antes de falecer. Suas amizades incluíram figuras como Adolfo Bioy Casares, com quem colaborou em "O Livro de Areia". Sua cegueira progressiva foi um desafio pessoal que ele transformou em força criativa. Era um intelectual dedicado, com hábitos de leitura e escrita rigorosos. Suas crenças pessoais eram complexas, com uma fascinação por questões metafísicas e espirituais, mas sem adesão a dogmas religiosos específicos.

Obra, estilo e características literárias

Reconhecimento e receção Embora tenha sido um autor cultuado por muitos em vida, o reconhecimento massivo de Borges ocorreu mais tardiamente. Recebeu inúmeros prêmios e honrarias, incluindo o Prêmio Cervantes em 1976. Sua obra foi traduzida para dezenas de idiomas e exerceu uma influência profunda na literatura mundial. É amplamente estudado em universidades e admirado tanto pelo público leitor quanto pela crítica acadêmica.

Obra, estilo e características literárias

Influências e legado Borges foi influenciado por uma vasta gama de autores e tradições, incluindo a literatura inglesa (Shakespeare, Milton, Chesterton), a filosofia (Platão, Schopenhauer, Spinoza), a teologia e a literatura fantástica. Seu legado é imenso: inspirou gerações de escritores em todo o mundo, popularizou a literatura latino-americana no cenário internacional e redefiniu os limites do conto moderno. Sua obra continua a ser uma fonte inesgotável de reflexão sobre a natureza da realidade, do conhecimento e da própria arte.

Obra, estilo e características literárias

Interpretação e análise crítica A obra de Borges é um campo fértil para a interpretação. Críticos exploram suas conexões com a filosofia, a metafísica e a semiótica. Debates surgem em torno da natureza de sua "literatura fantástica", de suas concepções sobre o tempo e o espaço, e de sua posição como figura intelectual.

Obra, estilo e características literárias

Curiosidades e aspetos menos conhecidos Borges tinha um fascínio por tigres e por labirintos. Ele nunca ganhou o Prêmio Nobel de Literatura, algo que muitos consideram uma omissão significativa. Sua cegueira era parcial no início, mas progressiva, o que o levou a depender cada vez mais de sua memória prodigiosa. Ele era conhecido por sua gentileza e modestia em interações pessoais.

Obra, estilo e características literárias

Morte e memória Jorge Luis Borges faleceu em Genebra, Suíça, em 14 de junho de 1986, aos 86 anos. Sua morte foi amplamente noticiada e lamentada em todo o mundo. Seus restos mortais foram transladados para Genebra, onde foi sepultado no Cemitério de Plainpalais. Sua obra permanece viva e influente, consolidando-o como um dos gigantes da literatura universal.