ACEDIA [NO-POEMA]
No se ensancha el presente
como cuando nosotros desafiábamos sus límites,
dichosos y arrogantes.
Cualquier lectura
emocional de la existencia
acaba por envenenarse
con cierta inclinación al mito
(de la Belleza).
Pese a todo, juego a que el entendimiento
nos reconozca, practicando la ardua ciencia
del recuerdo:
lo que yo era cuando pretendía encontrarla,
especulando con los triunfos del lenguaje.
Lo que ella era cuando nos pensaba dentro
de un pesimismo antropológico.
No cabe duda de que tenía razón:
el desgarro de las contradicciones,
lo volátil de las categorías,
el imperio absoluto de la voluntad
—que se alzaba imponente y nos cegaba
los miedos, las heridas—
no pueden avenirse con mi cosmovisión romántica.
Aunque sé que la esperaré en aquel lugar
que nadie ha conocido, allí donde la verdad
no necesite desmesura,
encendiendo su nombre un día tras otro
para aclarar el aire.
Atravieso la sombra:
echo de menos su cuerpo.
Echo de menos su cuerpo y sus secretos
felices, y sus amplios laberintos.
Lo echo mucho de menos.
Su memoria me salve del poema.
(De La materia y la envidia, 2019)