Fue tu felicidad, de terrores homicida.
Fue tu felicidad, multiplicada
en la vulgar materia y en la carne triste.
Aún mil idiomas para tu sonrisa,
de la que no me alejo para no caerme
antes del alba, que la conoció.
El resultado es la sabiduría,
no la fortuna ni la misericordia.

Si culminasen, me acusarían las palabras.
Belleza imperdonable. Omnia vincit amor.
Permanece. Sigue aquí. Te quiero.
Tendrás que perdonarme: ¿nombré lo que era mío?
El poeta no recuerda igual que un hombre.


(De La materia y la envidia, 2019)

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