Lista de Poemas
Es posible que la negativa a realizar el servicio militar nos exponga a una persecución severa; ¿esta persecución es menos vergonzosa para la sociedad que la persecución a la que fueron sometidos los mártires religiosos en siglos pasados?
No sólo soy un pacifista, sino un pacifista militante. Estoy dispuesto a luchar por la paz. […] ¿No es mejor para un hombre morir por la causa en la que cree, como es la paz, que sufrir a causa de lo que no cree, es decir, la guerra?
Cualquiera que quiera abolir de verdad la guerra debe declararse con firmeza a favor de que su país renuncie a una parte de su soberanía a favor de las instituciones internacionales: debe estar dispuesto a que, en caso de una disputa, su país esté dispuesto a acudir a una corte internacional. Debe […] apoyar el desarme en todas partes.
El estado existe para el hombre, no el hombre para el estado. […] Creo que la misión más importante del estado es la protección del individuo para que le sea posible desarrollar una personalidad creativa. El estado debería ser nuestro sirviente; no deberíamos ser esclavos del estado. El estado viola este precepto cuando nos obliga a realizar el servicio militar.
Apelo a todos los hombres y mujeres, ya sean eminentes o humildes, para que declaren que se negarán a seguir ofreciendo ayuda a la guerra o a la preparación de la guerra.
Existen dos maneras de resistirse a la guerra: la vía legal y la vía revolucionaria. La vía legal implica el ofrecimiento de servicios alternativos, no como un privilegio para unos pocos, sino como un derecho para todos. La senda revolucionaria implica una resistencia a ultranza, con el objetivo de romper el poder del militarismo en tiempos de paz o de los recursos del estado en tiempos de guerra.
Pocos de nosotros nos aferramos a la idea de que los actos de violencia en el marco de las guerras no son ventajosos ni dignos de la humanidad como método para resolver los problemas internacionales. Pero no somos lo suficientemente consistentes para realizar esfuerzos vigorosos a favor de las medidas para prevenir la guerra, esta reliquia salvaje e indigna de una era de barbarie.
Creo que sólo se podrá conseguir un progreso serio [en la abolición de la guerra] cuando los hombres se organicen a escala internacional y se nieguen, en su conjunto, a participar en el servicio militar o de guerra.
Aunque sólo el dos por ciento de los que se supone que deben realizar el servicio militar se declarasen contrarios a la guerra y afirmaran: «No vamos a luchar. Necesitamos otros métodos para resolver las disputas internacionales». Los gobiernos quedarían impotentes porque no pueden meter en la cárcel a semejante masa.
El hombre que disfruta marchando en fila al ritmo de la música tiene todo mi desprecio. Este heroísmo a la orden, esta violencia sin sentido, este maldito alarde de patriotismo… ¡con qué intensidad los desprecio! La guerra es baja y despreciable, y prefiero que me hagan pedazos a participar en algo así.
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