Lista de Poemas

Mensaje A Las Estatuas

Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no cenizas,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.
861

Me Basta Así

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;

entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.

Oigo
constelaciones: existes.

Creo en ti.

Eres.

Me basta).
850

Milagro De La Luz: La Sombra Nace

Milagro de la luz: la sombra nace,
choca en silencio contra las montañas,
se desploma sin peso sobre el suelo
desevelando a las hierbas delicadas.
Los eucaliptos dejan en la tierra
la temblorosa piel de su alargada
silueta, en la que vuelan fríos
pájaros que no cantan.
Una sombra más leve y más sencilla,
que nace de tus piernas, se adelanta
para anunciar el último, el más puro
milagro de la luz: tú contra el alba.
1.078

Palabra Muerta, Realidad Perdida

Mi memoria conserva apenas solo
el eco vacilante de su alta melodía:
lamento de metal, rumor de alambre,
voz de junco, también
latido, vena.
Recuerdo claramente su erre temblorosa,
su estremecida erre suspendida
sobre un abismo de silencio y ámbar,
desprendiéndose casi
de la música oscura que por detrás la asía,
defendiéndose apenas
del cálido misterio que la alzaba en el aire
creando un solo cuerpo de luz y de belleza.
Luminosa y precisa,
yo la sentía en mi ser profundamente,
sabía su sentido,
descifraba sin llanto su mensaje,
porque acaso ella fuese
—o sin acaso: cierto—
la única palabra irrefrenable
que mi sangre entendía y pronunciaba:
una palabra para estar seguro,
talismán infalible
significando aquello que nombraba.
Como un perfume que lo explica todo,
como una luz inesperada,
su presencia de viento y melodía
hería los sentidos, golpeaba
el corazón,
estremecía la carne
con el presentimiento verdadero
de la honda realidad que descubría.
Pronunciarla despacio equivalía
a ver, a amar, a acariciar un cuerpo,
a oler el mar, a oír la primavera,
a morder una fruta de piel dulce.
Todo ocurría así, hasta que un día
la dije bien, y no entendí su cántico.
La grité clara, la repetí dura,
y esperé avidamente,
y percibí, lejano,
un eco inexplicable, infiel
reflejo
que en vez de iluminar, oscurecía,
que en vez de revelar, cubrió de tierra
la imprecisa nostalgia de su antiguo mensaje.
Cuando un nombre no nombra, y se vacía,
desvanece también, destruye, mata
la realidad que intenta su designio.
754

Ciudad Cero

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
ya había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
—papeles y retratos
en medio de la calle...
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.
1.276

Nada Es Lo Mismo

La lágrima fue dicha.

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.
1.257

Introducción A Las Fábulas Para Animales

Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.
Hoy quiero —y perdonad la petulancia—
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejá atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal

—ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente—
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.
890

Camposanto En Collioure

Aquí paz,
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco's Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:

paz
y después gloria.

Dramático destino,
triste suerte
morir aquí

—paz
y después...—

perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.

Sí; después gloria.

Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre

—paz...—,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
—...sin gloria.

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?

Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz

—«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas...—,
ante la gloria ésta
—...de reseco laurel—
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.
1.187

Esperanza

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.

Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...

Mi corazón:
tu nido.

Muerde en él, esperanza.
1.502

Porvenir

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
... Mañana!

Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
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Identificación y contexto básico

Ángel González fue un poeta español, nacido en Oviedo. Es uno de los máximos exponentes de la Generación de los 50 o Generación de posguerra. Su obra, marcada por un tono coloquial, irónico y crítico, se centra en la vida cotidiana, el amor, la memoria y la condición humana. A lo largo de su carrera, exploró la identidad, la fugacidad del tiempo y la relación del individuo con la sociedad, utilizando un lenguaje directo y accesible que le granjeó una gran popularidad.

Infancia y formación

Nacido en Oviedo, su infancia y juventud estuvieron marcadas por la Guerra Civil y sus consecuencias. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Oviedo y posteriormente en Madrid. Su formación intelectual se completó con lecturas de poesía clásica y contemporánea, así como de ensayo filosófico. Las dificultades de la posguerra y el ambiente cultural de la época influyeron notablemente en su visión del mundo y en su posterior trayectoria literaria.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Ángel González comienza a consolidarse en la década de 1950, en un contexto literario dominado por la poesía social y existencial. Publicó su primer libro, "Áspero silencio", en 1956, seguido por obras clave como "Grado elemental" (1962), "Palabra sobre palabra" (1968) y "Emblemas individuales" (1970). Su poesía evolucionó desde un inicial realismo crítico hacia una mayor introspección y reflexión sobre el amor, el tiempo y la memoria. Colaboró en diversas revistas literarias y antologías, y ejerció como crítico literario.

Obra, estilo y características literarias

La obra de González se distingue por su estilo conversacional, su ironía y su agudeza crítica. Aborda temas como el amor (desde una perspectiva a menudo agridulce), la memoria, el paso del tiempo, la identidad y la crítica social. Utiliza un lenguaje directo, despojado de retoricismos, pero cargado de matices y sugerencias. Su verso, a menudo cercano a la prosa, busca la autenticidad y la comunicación. El uso del humor y la autocrítica son recursos frecuentes en su poesía, que refleja una profunda lucidez sobre la condición humana.

Contexto cultural e histórico

Ángel González se enmarca dentro de la Generación de los 50, una generación de poetas que, tras la Guerra Civil, buscó nuevas formas de expresión literaria, a menudo distanciándose de la poesía social más militante para explorar la experiencia individual y la reflexión sobre la realidad. Vivió el franquismo y la transición a la democracia, periodos que se reflejan en su obra a través de una mirada crítica y desengañada. Mantuvo una estrecha relación con otros escritores de su generación, participando activamente en el debate cultural de la época.

Vida personal

Tras la Guerra Civil, Ángel González trabajó en diversos empleos que compaginó con su vocación literaria. Vivió en Madrid, ciudad que se convirtió en escenario y temática de parte de su obra. Sus experiencias personales, sus relaciones afectivas y su profunda reflexión sobre la existencia marcaron el tono de su poesía. Fue un hombre de gran cultura, con una notable capacidad de análisis y un agudo sentido del humor, lo que se trasladó a su vida y a su obra.

Reconocimiento y recepción

Ángel González gozó de un considerable reconocimiento en vida, tanto por parte de la crítica como del público. Recibió numerosos premios, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2001. Su poesía se caracteriza por su accesibilidad y su capacidad para conectar con las inquietudes del lector contemporáneo, lo que le ha valido un lugar destacado en el canon de la poesía española del siglo XX y XXI.

Influencias y legado

Influenciado por poetas como Juan Ramón Jiménez, Cernuda y los poetas de la Generación del 27, Ángel González a su vez influyó notablemente en poetas posteriores, especialmente por su renovación del lenguaje poético y su enfoque de temas cotidianos. Su legado reside en su capacidad para hacer de lo aparentemente trivial un motivo de profunda reflexión, y en su maestría para expresar la complejidad de los sentimientos humanos con una aparente sencillez.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha resaltado la inteligencia, la ironía y la profundidad existencial de la poesía de González. Su obra es analizada como un testimonio de la experiencia del hombre moderno, confrontado a la incomunicación, la fugacidad y la búsqueda de sentido. La tensión entre lo íntimo y lo público, lo personal y lo universal, es un aspecto clave en la interpretación de sus poemas.

Infancia y formación

Ángel González era conocido por su agudeza mental y su sentido del humor, cualidades que a menudo se reflejaban en sus intervenciones públicas y en sus textos. Fue un viajero incansable, y sus experiencias en el extranjero también nutrieron su visión del mundo y su obra. Se le considera un poeta de la inteligencia y la emoción, capaz de aunar ambas facetas con maestría.

Muerte y memoria

Falleció en Madrid, dejando un legado poético de gran valor. Su obra sigue siendo leída y estudiada, y su figura es recordada como uno de los poetas fundamentales de la posguerra española. Su contribución a la renovación de la lírica española es innegable, y su voz poética continúa resonando en la actualidad.