Lista de Poemas

Querer ser libre es ser libre.
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Ahogo

Déjame hacer un árbol con tus trenzas.

Mañana me hallarán ahorcado
en el nudo celeste de tus venas.

Se va a casar la novia
del marinerito.

Haré una gran pajarita
con sus cartas cruzadas.
Y luego romperé
la luna de una pedrada.
Neurastenia, dice el doctor.

Gulliver
ha hundido todos sus navíos.

Codicilo: dejo a mi novia
un puñal y una carcajada.
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Un Día Y Otro Día Y Otro Día

Un día y otro día y otro día.
No verte.

Poderte ver, saber que andas tan cerca,
que es probable el milagro de la suerte.
No verte.

Y el corazón y el cálculo y la brújula,
fracasando los tres. No hay quien te acierte.
No verte.

Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,
no respirar, no ser, no merecerte.
No verte.

Desesperadamente amar, amarte
y volver a nacer para quererte.
No verte.

Sí, nacer cada día. Todo es nuevo.
Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte.
No verte.

Andar a tientas (y era mediodía)
con temor infinito de romperte.
No verte.

Oír tu voz, oler tu aroma, sueños,
ay, espejismos que el desierto invierte.
No verte.

Pensar que tú me huyes, me deseas,
querrías encontrarte en mí, perderte.
No verte.

Dos barcos en la mar, ciegas las velas.
¿Se besarán mañana sus estelas?
413

Letrilla De La Virgen María Esperando La Navidad

Cuando venga, ay, yo no sé
con qué le envolveré yo,

con qué.


Ay, dímelo tú, la luna,
cuando en tus brazos de hechizo
tomas al roble macizo
y le acunas en tu cuna.
Dímelo, que no lo sé,
con qué le tocaré yo,

con qué.


Ay, dímelo tú, la brisa
que con tus besos tan leves
la hoja más alta remueves,
peinas la pluma más lisa.
Dímelo y no lo diré
con qué le besaré yo,

con qué.


Y ahora que me acordaba,
Ángel del Señor, de ti,
dímelo, pues recibí
tu mensaje: «he aquí la esclava».
Sí, dímelo, por tu fe,
con qué le abrazaré yo,

con qué.


O dímelo tú, si no,
si es que lo sabes, José,
y yo te obedeceré,
que soy una niña yo,
con qué manos le tendré
que no se me rompa, no,

con qué.
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La Sombra Del Nogal

La sombra del nogal es peligrosa
Tupido en el octubre como bóveda
como cúpula inmóvil
nos cobija e invita
a su caricia fresca
y van cayendo frutos uno a uno
torturados cerebros nueces nueces

Por las noches
sombra de luna muerta de el nogal
y van sucidándose una a una
sus hojas quejumbrosas
y pies desconocidos invisibles
las huellan las quebrantan las sepultan
librándolas así
del torbellino eólico
que azota a lo mortal abandonado
sobre la haz funesta de la tierra
impenetrable

Pero ¿quién pasa quién posa?
¿De quién los pies piadosos redentores?
428

Torerillo En Triana

Torerillo en Triana,
frente a Sevilla.
Cántale a la sultana
tu seguidilla.

Sultana de mis penas
y mi esperanza.
Plaza de las Arenas
de la Maestranza.

Arenas amarillas,
palcos de oro.
Quién viera a las mulillas
llevarme el toro.

Relumbrar de faroles
por mí encendidos.
Y un estallido de oles
en los tendidos.

Arenal de Sevilla,
Torre del Oro.
Azulejo a la orilla
del río moro.

Azulejo bermejo,
sol de la tarde.
No mientas, azulejo,
que soy cobarde.

Guadalquivir tan verde
de aceite antiguo.
Si el barquero me pierde
yo me santiguo.

La puente no la paso,
no la atravieso.
Envuelto en oro y raso
no se hace eso.

Ay, río de Triana,
muerto entre luces,
no embarca la chalana
los andaluces.

Ay, río de Sevilla,
quién te cruzase
sin que mi zapatilla
se me mojase.

Zapatilla escotada
para el estribo.
Media rosa estirada
y alamar vivo.

Tabaco y oro. Faja
salmón. Montera.
Tirilla verde baja
por la chorrera.

Capote de paseo.
Seda amarilla.
Prieta para el toreo
la taleguilla.

La verónica cruje.
Suenan caireles.
Que nadie la dibuje.
Fuera pinceles.

Banderillas al quiebro.
Cose el mihura
el arco que le enhebro
con la cintura.

Torneados en rueda,
tres naturales.
Y una hélice de seda
con arrabales.

Me perfilo. La espada.
Los dedos mojo.
Abanico y mirada.
Clavel y antojo.

En hombros por tu orilla,
Torre del Oro.
En tu azulejo brilla
sangre de toro.

Si salgo en la Maestranza,
te bordo un manto,
Virgen de la Esperanza,
de Viernes Santo.

Adiós, torero nuevo,
Triana y Sevilla,
que a Sanlúcar me llevo
tu seguidilla.
555

A C A Debussy

Sonidos y perfumes, Claudio Aquiles,
giran al aire de la noche hermosa.
Tú sabes dónde yerra un son de rosa,
una fragancia rara de añafiles

con sordina, de crótalos sutiles
y luna de guitarras. Perezosa
tu orquesta, mariposa a mariposa,
hasta noventa te abren sus atriles.

Iberia, Andalucía, España en sueños,
lentas Granadas, frágiles Sevillas,
Giraldas tres por ocho, altas Comares.

Y metales en flor, celestes leños
elevan al nivel de las mejillas
lágrimas de claveles y azahares.
479

Sucesiva

Déjame acariciarte lentamente,
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.
485

Revelación

Era en Numancia, al tiempo que declina
la tarde del agosto augusto y lento,
Numancia del silencio y de la ruina,
alma de libertad, trono del viento.

La luz se hacía por momentos mina
de transparencia y desvanecimiento,
diafanidad de ausencia vespertina,
esperanza, esperanza del portento.

Súbito, ¿dónde?, un pájaro sin lira,
sin rama, sin atril, canta, delira,
flota en la cima de su fiebre aguda.

Vivo latir de Dios nos goteaba,
risa y charla de Dios, libre y desnuda.
Y el pájaro, sabiéndolo, cantaba.
419

Giralda

Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.

Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples —ay, Narcisa—, en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.

Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.
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Identificación y contexto básico

Gerardo Diego y Cendoya fue un poeta, novelista y crítico literario español. Nació en Santander y falleció en Madrid. Perteneció a la Generación del 27, siendo uno de sus miembros más longevos y prolíficos. Su obra se caracteriza por una notable dualidad, combinando la poesía de corte más tradicional y clásica con la audacia de las vanguardias.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia acomodada, Diego recibió una educación esmerada. Estudió Filosofía y Letras y Teología en Comillas y Derecho en la Universidad de Deusto. Desde joven mostró una gran afición por la literatura y la música, influencias que marcarían su desarrollo artístico. Su formación académica y su temprano contacto con la cultura sentaron las bases de su futura trayectoria.

Trayectoria literaria

Diego inició su carrera literaria en la década de 1910. Pronto se sintió atraído por las corrientes vanguardistas que emergían en Europa, especialmente el ultraísmo, del que fue uno de sus principales impulsores en España. Sin embargo, nunca abandonó la poesía de corte más clásico y formal. A lo largo de su extensa trayectoria, cultivó tanto el soneto como el verso libre, demostrando una sorprendente versatilidad. Fue un miembro fundamental de la Generación del 27, participando activamente en sus proyectos y publicaciones. Colaboró en numerosas revistas literarias de la época y fue un reconocido crítico y divulgador de la poesía.

Obra, estilo y características literarias

Su obra es vasta y diversa. Entre sus libros más importantes se encuentran "Las pozas" (1921), "Manual de espumas" (1924) –obra cumbre del ultraísmo–, "Versos humanos" (1935), "Alondra de verdad" (1941) y "El clavel y la espina" (1947). Temáticamente, abordó el amor, la naturaleza, la fe religiosa, la música, la tauromaquia y el propio hecho poético. Estilísticamente, Diego es un poeta de contrastes. Dominó la métrica tradicional a la perfección, creando sonetos de gran belleza, pero también exploró las posibilidades del verso libre y las formas vanguardistas. Su lenguaje es rico y musical, a menudo lleno de imágenes audaces y sorprendentes. La dualidad entre lo clásico y lo vanguardista, lo religioso y lo profano, lo terrenal y lo trascendente es una constante en su obra. Fue un poeta de una enorme plasticidad y capacidad de adaptación a diferentes registros y estilos.

Contexto cultural e histórico

Gerardo Diego vivió intensamente el convulso siglo XX español. Fue testigo de la guerra civil y la posterior dictadura franquista, circunstancias que, si bien no le impidieron seguir escribiendo, marcaron el tono de parte de su obra. Perteneció a la Generación del 27, uno de los momentos de mayor esplendor de la literatura española, y compartió amistad y proyectos con autores como Lorca, Alberti, Guillén o Cernuda.

Vida personal

Su vida transcurrió en gran medida ligada a la enseñanza y a la crítica literaria. Fue profesor de gramática y literatura en varios institutos. Su profunda religiosidad marcó su vida y parte de su obra, especialmente en su madurez. A pesar de las vicisitudes históricas, mantuvo una postura vitalista y una dedicación constante a la creación literaria.

Reconocimiento y recepción

Gerardo Diego fue un poeta muy reconocido en su tiempo y a lo largo de su vida. Obtuvo importantes galardones, como el Premio Nacional de Poesía en dos ocasiones (1925 y 1949). Su obra fue traducida y estudiada, y se le considera una figura central de la poesía española del siglo XX, un maestro en el arte de la palabra y un puente entre diferentes épocas y estilos.

Influencias y legado

Influenciado por Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y las vanguardias europeas, Gerardo Diego, a su vez, influyó notablemente en poetas posteriores, especialmente aquellos interesados en la renovación formal y la diversidad de registros. Su maestría técnica y su capacidad para fusionar tradición y modernidad lo convierten en un referente ineludible de la poesía española.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Diego ha sido objeto de numerosos estudios que analizan su complejidad y riqueza. Se destaca su habilidad para aunar la perfección formal con la audacia vanguardista, su profunda espiritualidad y su amor por la belleza y la vida.

Infancia y formación

Además de su faceta como poeta, Diego fue un apasionado del toreo y escribió sobre esta temática, así como un gran conocedor y crítico de música y arte. Su amor por el detalle y la observación se reflejó tanto en su poesía como en su vida.

Muerte y memoria

Gerardo Diego falleció en Madrid. Su legado literario es inmenso, y su memoria se honra a través de la lectura y el estudio de su obra, que sigue vigente por su calidad estética y su profundidad humana.