Lista de Poemas

Valle Vallejo

Albert Samain diría Vallejo dice
Gerardo Diego enmudecido dirá mañana
y por una sola vez Piedra de estupor
y madera dulce de establo querido amigo
hermano en la persecución gemela de los
sombreros desprendidos por la velocidad de los astros

Piedra de estupor y madera noble de establo
constituyen tu temeraria materia prima
anterior a los decretos del péndulo y a la
creación secular de las golondrinas
Naciste en un cementerio de palabras
una noche en que los esqueletos de todos los verbos intransitivos
proclamaban la huelga del te quiero para siempre siempre siempre
una noche en que la luna lloraba y reía y lloraba
y volvía a reír y a llorar
jugándose a sí misma a cara o cruz
Y salió cara y tú viviste entre nosotros

Desde aquella noche muchas palabras apenas nacidas fallecieron repentinamente
tales como Caricia Quizás Categoría Cuñado Cataclismo
Y otras nunca jamás oídas se alumbraron sobre la tierra,
así como Madre Mira Moribundo Melquisedec Milagro
y todas las terminadas en un rabo inocente

Vallejo tú vives rodeado de pájaros a gatas
en un mundo que está muerto requetemuerto y podrido
Vives tú con tus palabras muertas y vivas
Y gracias a que tú vives nosotros desahuciados acertamos a levantar
los párpados
para ver el mundo tu mundo con la mula y
el hombre guillermosceundario y la tiernísima niña y
los cuchillos que duelen en el paladar
Porque el mundo existe y tú existes y nosotros probablemente
terminaremos por existir
si tú te empeñas y cantas y voceas
en tu valiente valle Vallejo
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Romance Del Duero

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
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Calatañazor

Azor, Calatañazor,
juguete.
Tu puerta, ojiva menor,
es tan estrecha,
que no entra un moro, jinete,
y a pie no cabe una flecha.

Descabalga, Almanzor.
Huye presto.

Por la barranca brava,
ay, y cómo rodaba,
juguete,
el atambor.
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Penúltima Estación

He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.
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Nocturno

Están todas

También las que se encienden en las noches de moda

Nace del cielo tanto humo
que ha oxidado mis ojos

Son sensibles al tacto las estrellas
No sé escribir a máquina sin ellas

Ellas lo saben todo
Graduar el mar febril
y refrescar mi sangre con su nieve infantil

La noche ha abierto el piano
y yo las digo adiós con la mano
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Nubes

Yo

pastor de bulevares


desataba los bancos
y sentado en la orilla corriente del paseo
dejaba divagar mis corderos escolares

Todo había cesado
Mi cuademo

única fronda del invierno
y el quiosco bien anclado entre la espuma

Yo pensaba en los lechos sin rumbo siempre frescos
para fumar mis versos y contar las estrellas

Yo pensaba en mis nubes


olas tibias del cielo
que buscan domicilio sin abatir el vuelo

Yo pensaba en los pliegues de las mañanas bellas
planchadas al revés que mi pañuelo

Pero para volar
es menester que el sol pendule
y que gire en la mano nuestra esfera armilar

Todo es distinto ya

Mi corazón bailando equivoca a la estrella
y es tal la fiebre y la electricidad
que alumbra incandescente la botella

Ni la torre silvestre
distribuye los vientos girando lentamente
ni mis manos ordeñan las horas recipientes

Hay que esperar el desfile
de las borrascas y las profecías
Hay que esperar que nazca de la luna
el pájaro mesías

Todo tiene que llegar

El oleaje del cine es igual que el del mar
Los días lejanos cruzan por la pantalla
Banderas nunca vistas perfuman el espacio
y el teléfono trae ecos de batalla

Las olas dan la vuelta al mundo
Ya no hay exploradores del polo y del estrecho
y de una enfermedad desconocida
se mueren los turistas
la guía sobre el pecho

Las olas dan la vuelta al mundo

Yo me iría con ellas

Ellas todo lo han visto
No retornan jamás ni vuelven la cabeza
almohadas desahuciadas y sandalias de Cristo

Dejadme recostado eternamente

Yo fumaré mis versos y llevaré mis nubes
por todos los caminos de la tierra y del cielo
Y cuando vuelva el sol en su caballo blanco
mi lecho equilibrado alzaré al cielo.
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Primavera

Los días niños cantan en mi ventana

Las casas son todas de papel

y van y viven las golondrinas

doblando y desdoblando esquinas

Violadores de rosas

Gozadores perpetuos del marfil de las cosas

Ya tenéis aquí el nido

que en la más ardua grúa se os ha construido

Y desde él cantaréis todos

en las manos del viento

Mi vida es un limón

pero no es amarilla mi canción

Limones y planetas

en las ramas del sol

cuántas veces cobijasteis

la sombra verde de mi amor

la sombra verde de mi amor


La primavera nace

y en su cuerpo de luz la lluvia pace

El arco iris brota de la cárcel

Y sobre los tejados

mi mano blanca es un hotel

para palomas de mi cielo infiel

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Brindis

Debiera hora deciros: —«Amigos,
muchas gracias», y sentarme, pero sin ripios.
Permitidme que os lo diga en tono lírico,
en verso, sí, pero libre y de capricho.
Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo
y frío,
y les hablaré de versos y de hemistiquios,
y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),
y de pluscuamperfectos y de participios,
y el uno bostezará y el otro me hará un guiño.
Y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y así pasarán cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.
Y ahora os digo:
amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo,
por que mis dedos rígidos
acierten a moldear su espíritu,
y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo,
y por que siga su camino
intacto y limpio,
y porque este mi discípulo,
que inmortalice mi nombre y mi apellido,
... sea el hijo,
el hijo
de uno de vosotros, amigos.
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Cuadro

El mantel
jirón del cielo
es mi estandarte
y el licor del poniente
da su reflejo al arte

Yo prefiero el mar cerrado
y al sol le pongo sordina
Mi poesía y las manzanas
hacen la atmósfera más fina

Enmedio la guitarra

Amémosla

Ella recoge el aire circundante
Es el desnudo nuevo
venus del siglo o madona sin infante

Bajo sus cuerdas los ríos pasan
y los pájaros beben el agua sin mancharla

Después de ver el cuadro
la luna es más precisa
y la vida más bella

El espejo doméstico ensaya una sonrisa
y en un transporte de pasión
canta el agua enjaulada en la botella
535

Bandeja

Nada más
Dejar la cabeza
sobre la mesilla
Y dormir con el sueño de Holofernes
433

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Identificación y contexto básico

Gerardo Diego y Cendoya fue un poeta, novelista y crítico literario español. Nació en Santander y falleció en Madrid. Perteneció a la Generación del 27, siendo uno de sus miembros más longevos y prolíficos. Su obra se caracteriza por una notable dualidad, combinando la poesía de corte más tradicional y clásica con la audacia de las vanguardias.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia acomodada, Diego recibió una educación esmerada. Estudió Filosofía y Letras y Teología en Comillas y Derecho en la Universidad de Deusto. Desde joven mostró una gran afición por la literatura y la música, influencias que marcarían su desarrollo artístico. Su formación académica y su temprano contacto con la cultura sentaron las bases de su futura trayectoria.

Trayectoria literaria

Diego inició su carrera literaria en la década de 1910. Pronto se sintió atraído por las corrientes vanguardistas que emergían en Europa, especialmente el ultraísmo, del que fue uno de sus principales impulsores en España. Sin embargo, nunca abandonó la poesía de corte más clásico y formal. A lo largo de su extensa trayectoria, cultivó tanto el soneto como el verso libre, demostrando una sorprendente versatilidad. Fue un miembro fundamental de la Generación del 27, participando activamente en sus proyectos y publicaciones. Colaboró en numerosas revistas literarias de la época y fue un reconocido crítico y divulgador de la poesía.

Obra, estilo y características literarias

Su obra es vasta y diversa. Entre sus libros más importantes se encuentran "Las pozas" (1921), "Manual de espumas" (1924) –obra cumbre del ultraísmo–, "Versos humanos" (1935), "Alondra de verdad" (1941) y "El clavel y la espina" (1947). Temáticamente, abordó el amor, la naturaleza, la fe religiosa, la música, la tauromaquia y el propio hecho poético. Estilísticamente, Diego es un poeta de contrastes. Dominó la métrica tradicional a la perfección, creando sonetos de gran belleza, pero también exploró las posibilidades del verso libre y las formas vanguardistas. Su lenguaje es rico y musical, a menudo lleno de imágenes audaces y sorprendentes. La dualidad entre lo clásico y lo vanguardista, lo religioso y lo profano, lo terrenal y lo trascendente es una constante en su obra. Fue un poeta de una enorme plasticidad y capacidad de adaptación a diferentes registros y estilos.

Contexto cultural e histórico

Gerardo Diego vivió intensamente el convulso siglo XX español. Fue testigo de la guerra civil y la posterior dictadura franquista, circunstancias que, si bien no le impidieron seguir escribiendo, marcaron el tono de parte de su obra. Perteneció a la Generación del 27, uno de los momentos de mayor esplendor de la literatura española, y compartió amistad y proyectos con autores como Lorca, Alberti, Guillén o Cernuda.

Vida personal

Su vida transcurrió en gran medida ligada a la enseñanza y a la crítica literaria. Fue profesor de gramática y literatura en varios institutos. Su profunda religiosidad marcó su vida y parte de su obra, especialmente en su madurez. A pesar de las vicisitudes históricas, mantuvo una postura vitalista y una dedicación constante a la creación literaria.

Reconocimiento y recepción

Gerardo Diego fue un poeta muy reconocido en su tiempo y a lo largo de su vida. Obtuvo importantes galardones, como el Premio Nacional de Poesía en dos ocasiones (1925 y 1949). Su obra fue traducida y estudiada, y se le considera una figura central de la poesía española del siglo XX, un maestro en el arte de la palabra y un puente entre diferentes épocas y estilos.

Influencias y legado

Influenciado por Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y las vanguardias europeas, Gerardo Diego, a su vez, influyó notablemente en poetas posteriores, especialmente aquellos interesados en la renovación formal y la diversidad de registros. Su maestría técnica y su capacidad para fusionar tradición y modernidad lo convierten en un referente ineludible de la poesía española.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Diego ha sido objeto de numerosos estudios que analizan su complejidad y riqueza. Se destaca su habilidad para aunar la perfección formal con la audacia vanguardista, su profunda espiritualidad y su amor por la belleza y la vida.

Infancia y formación

Además de su faceta como poeta, Diego fue un apasionado del toreo y escribió sobre esta temática, así como un gran conocedor y crítico de música y arte. Su amor por el detalle y la observación se reflejó tanto en su poesía como en su vida.

Muerte y memoria

Gerardo Diego falleció en Madrid. Su legado literario es inmenso, y su memoria se honra a través de la lectura y el estudio de su obra, que sigue vigente por su calidad estética y su profundidad humana.