Lista de Poemas

A Mi Esposa En Sus Días

¡Oh! Cuán puro y sereno
despunta el Sol en el dichoso día
que te miró nacer, ¡Esposa mía!
Heme de amor y de ventura lleno.

Puerto de las borrascas de mi vida,
objeto de mi amor y mi tesoro,
con qué afectuosa devoción te adoro,
¡y te consagro mi alma enternecida!

Si la inquietud ansiosa me atormenta,
al mirarte recobro
gozo, serenidad, luz y ventura;
y en apacibles lazos
feliz olvido en tus amantes brazos
de mi poder funesto la amargura.

Tú eres mi ángel de
consuelo
y tu celestial mirada
tiene en mi alma enajenada
inexplicable poder.

Como el Iris en el cielo
la fiera tormenta calma
tus ojos bellos del alma
disipan el padecer.

Y ¿cómo no lo hicieron
cuando en sus rayos lánguidos respiran
inocencia y amor? Quieran los cielos
que tu día feliz siempre nos luzca
de ventura y de paz, y nunca turben
nuestra plácida unión los torpes celos.

Esposa la más fiel y más querida,
siempre nos amaremos,
y uno en otro apoyado, pasaremos
el áspero desierto de la vida.

Nos amaremos, esposa,
mientras nuestro pecho
aliente
pasará la edad ardiente,
sin que pase nuestro amor.

Y si el infortunio vuelve
con su copa de amargura,
y en mí cargue su furor.
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A La Hermosura Oda

Dulce hermosura, de los cielos hija,
don que los dioses a la tierra hicieron,
oye benigna de mi tierno labio

cántico puro.

La grata risa de tu linda boca
es muy más dulce que la miel hiblea:
tu rostro tiñe con clavel y rosas
cándido lirio.

Bien cual se mueve nacarada espuma
del manso mar en los cerúleos campos,
así los orbes del nevado seno
leves agitas.

El universo cual deidad te adora;
el hombre duro a tu mirar se amansa,
y dicha juzga que sus ansias tiernas
blanda recibas.

De mil amantes el clamor fogoso,
y los suspiros y gemir doliente,
del viento leve las fugaces alas
rápidas llevan.

Y de tu frente al rededor volando
tus dulces gracias y poder publican:
clemencia piden; pero tú el oído
bárbara niegas.

¿Por qué tu frente la dureza nubla?
¿El sentimiento la beldad afea?
No: vida, gracia y expresión divina
préstala siempre.

yo vi también tu seductor semblante,
y apasionado su alabanza dije
en dulces himnos, que rompiendo el aire
férvidos giran.

Mil y mil veces al tremendo carro
de amor me ataste, y con fatal perfidia
mil y mil veces derramar me hiciste
mísero llanto.

Y maldiciendo tu letal hechizo,
su amor abjuro delirante y ciego;
Mas, ¡ay! en vano que tu bella imagen
sígueme siempre.

Si al alto vuelvo la llorosa vista,
en la pureza del etéreo cielo
el bello azul de tus modestos ojos
lánguido miro.

Si miro acaso en su veloz carrera
al astro bello que la luz produce,
el fuego miro que en tus grandes ojos
mórbido brilla.

Es de la palma la gallarda copa
imagen viva de tu lindo talle;
y el juramento que el furor dictome
fácil abjuro.

Lo abjuro fácil, y en amor ardiendo,
caigo a tus plantas, y perdón te pido,
y a suplicar y dirigirte votos
tímido vuelvo.

¡Ay! de tus ojos el mirar sereno
y una sonrisa de tu boca pura,
son de mi pecho, que tu amor abrasa,
único voto.

¡Dulce hermosura! mi rogar humilde
oye benigna, y con afable rostro
tantos amores y tan fiel cariño
págame justa.
553

Los Recelos

¿Por qué, adorada mía,
mudanza tan cruel? ¿Por qué afanosa
evitas encontrarme, y si te miro,
fijas en tierra lánguidos los ojos y
y triste amarillez nubla tu frente?
¡Ay! do volaron los felices días
En que risueña y plácida me vías,
y tus ardientes ojos me buscaban,
y de amor y placer me enajenaban?
¡Cuántas veces en medio de las fiestas,
de una fogosa juventud cercada,
me aseguró de tu cariño tierno
una veloz simpática mirada!
Mi bien, ¿por qué me ocultas
el dardo emponzoñado que desgarra
tu puro corazón?... Mira que llenas
mi existencia de horror y de amargura:
dime, dime el secreto que derrama
el cáliz de dolor en tu alma pura.
Mas, ¿aún callas? ¡Ingrata! Ya comprendo
la causa de tu afán: ya no me amas,
ya te cansa mi amor... No, no; ¡perdona!
¡Habla, y hazme feliz!... ¡Ay! yo te he visto,
la bella frente de dolor nublada,
alzar los ojos implorando al cielo.
Yo recogí las lágrimas que en vano
pretendiste ocultar; tu blanca mano
estreché al corazón llena de vida
que por tu amor palpita, y azorada
me apartaste de ti con crudo ceño:
volví a coger tu mano apetecida,
sollozando a mi ardor la abandonaste,
y mientras yo ferviente la besaba,
bajo mis labios áridos temblaba.
¿Te fingirás acaso
delito en mi pasión? Hermosa mía,
no temas al amor: un pecho helado,
al dulce fuego del sentir cerrado,
rechaza la virtud, a la manera
de la peña que en vano
riega a torrentes la afanosa lluvia,
sin que fecunde su fatal dureza;
y el amor nos impone
por ley universal Naturaleza.

Rosa de nuestros campos, ¡ah! no temas
que yo marchite con aliento impuro
tu virginal frenor. ¡Ah! ¡te idolatro!...
Eres mi encanto, mi deidad, mi todo.
¡Único amor de mi sencillo pecho!
Yo bajara al sepulcro silencioso
por hacerte feliz... Ven a mis brazos,
y abandónate a mí; ven, y no temas.
La enamorada tórtola tan solo
sabe aqueste lugar, lugar sagrado
ya de hoy más para mí... ¿Su canto escuchas
que en dulce y melancólica ternura
baña mi corazón?... Déjame, amada,
sobre tu seno descansar... ¡Ay! vuelve...
tu rostro con el mío
une otra vez, y tus divinos labios
impriman a mi frente atormentada
el beso del amor... Ídolo mío,
tu beso abrasador me turba el alma:
toca mi corazón cual late ansioso
por volar hacia ti... deja, adorada,
que yo te estreche en mis amantes brazos
sobre este corazón que te idolatra
¿Le sientes palpitar? ¿Ves cual se agita
abrasado en tu amor? ¡Pluguiera al cielo
que a ti estrechado en sempiterno abrazo
pudiese yo espirar! ¡Gozo inefable!
aura de fuego y de placer respiro;
confuso me estremezco:
¡ay! mi beso recibe... yo fallezco...
Recibe, amada mi postrer suspiro.
389

Sáficos

Dulce memoria de la prenda mía
tan grata un tiempo como triste ahora,
áureo cabello, misterioso nudo

Ven a mi labio.

¡Ay! ven, y enjugue su fervor el llanto
en que tus hebras inundó mi hermosa,
cuando te daba al infeliz Fileno

mísero amante.

Lágrimas dulces, de mi amor consuelo,
decidme siempre que mi Lesbia es firme;
decid que nunca romperá su voto

pérfida y falsa.

¡Oh! Cuánto el alma de dolor sentía
cuánto mi pecho la aflicción rasgaba,
cuando la hermosa con dolientes ojos

Viéndome dijo:

«¡Siempre, Fileno, de mi amor te acuerdas!
Toma este rizo, que mi frente adorna...
Toma esta Prenda de constancia pura...

Guárdala fino».

A donde quiera que la suerte cruda
me arrastre ¡Oh rizo! seguirame siempre,
y de mi Lesbia la divina imagen

pon a mis ojos.

Tú me recuerdas los felices días
de paz y amor que fugitivos fueron
cual débil humo de Aquilón al soplo

Tórnase nada.

¡Oh! Cuántas veces su cabello rubio,
al blando aliento de la fresca brisa,
velón ondeaba, y en feliz desorden

¡Vino a mi frente!

La luna amiga con su faz serena
mil y mil veces presidió mi dicha...
Memoria dulce de mi bien pasado,

¡Sé mi delicia!
327

Soneto A Mi Esposa

Cuando en mis venas férvidas ardía
la fiera juventud, en mis canciones
el tormentoso afán de las pasiones
con dolorosas lágrimas vertía.

Hoy a ti las dedico, esposa mía,
cuando el amor más libre de ilusiones
inflama nuestros puros corazones
y sereno y de paz nos hice el día.

Así perdido en turbulentos mares
mísero navegante al cielo implora,
cuando le aqueja la tormenta grave;

y del naufragio libre, en los altares
consagra fiel a la deidad que adora
las húmedas reliquias de su nave.
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La Desconfianza

Mira, mi bien, cuán mustia y desecada
del sol al resplandor está la rosa
que en tu seno tan fresca y olorosa
pusiera ayer mi mano enamorada.

Dentro de pocas horas será nada...
No se hallará en la tierra alguna cosa
que a mudanza feliz o dolorosa
no se encuentre sujeta y obligada.

Sigue a las tempestades la bonanza:
siguen al gozo el tedio y la tristeza...
Perdóname si tengo la desconfianza

de que dure tu amor y tu terneza:
cuando hay en todo el mundo tal mudanza,
¿solo en tu corazón habrá firmeza?
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Identificación y contexto básico

José María de Heredia y Heredia fue un destacado poeta cubano, nacido en Santiago de Cuba. Es considerado una figura central del Parnasianismo en la literatura hispana. Su obra se caracteriza por la búsqueda de la perfección formal, la objetividad y la exaltación de la belleza plástica. Vivió en un periodo de efervescencia política y cultural, marcado por las luchas por la independencia de Cuba y la influencia de corrientes literarias europeas como el Parnasianismo y el Simbolismo.

Infancia y formación

Nacido en una familia acomodada, Heredia recibió una educación esmerada, primero en su ciudad natal y luego en Europa. Estudió en el Real Seminario de San Carlos y San Ambrosio en La Habana, y posteriormente en el Colegio de Saint-Michel en Bruselas, donde entró en contacto con la literatura francesa. Su formación intelectual se nutrió de lecturas clásicas y contemporáneas, asimilando las tendencias estéticas de su época, especialmente el gusto por la mitología, la historia y lo exótico.

Trayectoria literaria

Desde joven mostró una gran inclinación por la poesía. Su obra cumbre, "Desiderata", publicada en 1875, consolidó su estilo parnasiano y le valió el reconocimiento de la crítica. A lo largo de su vida, Heredia alternó su actividad literaria con una intensa carrera política y diplomática, sirviendo como cónsul y embajador de Cuba en diversos países, lo que enriqueció su perspectiva y le permitió establecer vínculos con importantes figuras literarias de su tiempo.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Heredia se distingue por su exquisitez formal, su riqueza léxica y la plasticidad de sus imágenes. Sus poemas, a menudo sonetos, exploran temas como la historia, la mitología, la naturaleza, el amor y la fugacidad del tiempo, con una marcada tendencia a la objetividad y la evocación de la belleza. El Parnasianismo se manifiesta en su búsqueda de la perfección métrica, la rima cuidada y la ausencia de sentimentalismo excesivo. Su lenguaje es culto y evocador, y su tono es a menudo grandilocuente y épico. Entre sus obras destacan "Desiderata", "Las Tropas" y "La Flor de Oro".

Contexto cultural e histórico

Heredia vivió inmerso en un contexto de profundos cambios políticos y sociales, especialmente en Cuba, donde se gestaba la lucha por la independencia. Su obra refleja esta efervescencia, a la vez que se inscribe en la tradición literaria del Parnasianismo y el Simbolismo, movimientos que buscaban la renovación estética del lenguaje poético y la exploración de nuevas formas de expresión.

Vida personal

Su vida estuvo marcada por su doble vocación: la poesía y la política. Las circunstancias de su exilio y su labor diplomática le permitieron conocer diversas culturas y realidades, lo que se tradujo en una obra de gran amplitud temática y geográfica. Sus relaciones personales, aunque a menudo discretas, estuvieron influenciadas por su compromiso con la causa cubana y su dedicación a la creación literaria.

Reconocimiento y recepción

José María de Heredia gozó de un gran reconocimiento en vida, tanto en América como en Europa. Fue elegido miembro de la Real Academia Española y recibió numerosos honores y distinciones. Su obra fue considerada un modelo de perfección poética y su influencia se extendió a generaciones posteriores de poetas hispanohablantes.

Influencias y legado

Influenciado por poetas parnasianos franceses como Leconte de Lisle y Théophile Gautier, Heredia a su vez influyó notablemente en la poesía hispanoamericana y española. Su legado reside en la consolidación del Parnasianismo en español y en la maestría con la que supo conjugar la perfección formal con la evocación de temas universales y la pasión por la historia y la belleza.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Heredia ha sido objeto de numerosos estudios críticos que han destacado su rigor formal, su capacidad para crear imágenes vívidas y su particular visión del mundo, marcada por una cierta melancolía y un profundo amor por la belleza.

Infancia y formación

Se dice que Heredia era un hombre de gran elegancia y distinción, tanto en su porte como en su escritura. A pesar de su dedicación a temas históricos y exóticos, su conexión con la realidad cubana y su compromiso independentista son aspectos fundamentales de su biografía.

Muerte y memoria

José María de Heredia falleció, dejando un legado poético invaluable. Su memoria se perpetúa a través de la lectura y el estudio de su obra, considerada un pilar de la poesía modernista y parnasiana en lengua española.