Como Fiera Enjaulada
Como fiera enjaulada
Mi asiento dejo—empujo la entornada
Puerta, vuelvo a mi libro,
Los anchos ojos en sus letras clavo,
Como cuerdas heridas, tiemblo y vibro,—
Y ruge, y muerde el alma atormentada,
Como en cuerpo de mármol encerrada.—
La Madre Está Sentada
La madre está sentada
Junto a la cuna:—
Por la ventana gótica calada
Entran risueños quiebros de luna.
La madre está espantada,
La cuna junto,
Más blanca que la sábana calada
Brilla a la luna su hijo difunto—
¿Sombra... por qué te llevas
Mi Serafín?
—Yo necesito de flores nuevas
En mi jardín. —
Ahí murió la madre arrodillada
Junto a la cuna:
Por la ventana gótica calada
Entraba quieta la mansa luna:—
¡Loco el que al cielo o a los astros fía
Su pena o su alegría!—
Se es en la vida—leño abandonado,
Al capricho del mar alborotado:—
Y flor, húmeda y seca, que los vientos
Arrebatan violentos;—
O respetan y halagan caprichosos;—
¡Juguetes ¡ay! de locos poderosos!—
Corderos ¡ay! nacidos
A manchar su vellón, y a andar perdidos!—
¡Sin más mentor, desde la blanca cuna
Que la razón vendada, y la fortuna!—
¿Música? Si es un hurto: si la muerte
A esa edad infantil no tiene derecho;—
Si el pesar no se ahorra,
Si la sentencia es fiera,
Si volverá aunque corra,
Si volverá a vivir, ¡aunque se muera!—
Verdad que no es perdido
El tiempo ya vivido—
Y como de la tierra lo arrebata
La muerte en su sencilla edad de plata:
Cuando torne ese espíritu en forma nueva,
¡Volverá con la edad que ahora se lleva!—
No hay muerto, por bien muerto
Que en las entrañas de la tierra yazga,
Que en otra forma, o en su forma misma,
Más vivo luego y más audaz no salga.
Pues A Vivir Venimos
Pues a vivir venirnos—y es la ofrenda
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza—aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
—Aunque a su indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,—
—Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado—
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso es al fin vivir!—
El bardo, como un pájaro, recoge
Pajas para su nido—de las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.
Obra Y Amor
La obra-delante, y el amor-adentro:—
Y el amor, remolino avaricioso,
El alma entera arrastra al hondo centro;
La obra perece—y el amor celoso,
Luego que por su culpa el hombre yerra,
Con culpa y sin vigor lo deja en tierra.
Siempre Que Hundo La Mente
Siempre que hundo la mente en libros graves
La saco con un haz de luz de aurora:
Yo percibo los hilos, la juntura,
La flor del Universo: yo pronuncio
Pronta a nacer una inmortal poesía.
No de dioses de altar ni libros viejos
No de flores de Grecia, repintadas
Con menjurjes de moda, no con rastros
De rastros, no con lívidos despojos
Se amansará de las edades muertas:
Sino de las entrañas exploradas
Del Universo, surgirá radiante
Con la luz y las gracias de la vida.
Para vencer, combatirá primero:
E inundará de luz, como la aurora.—
Quieren, Oh Mi Dolor
Quieren, oh mi dolor, que a tu hermosura
De su ornamento natural despoje,
Que el árbol pode, que la flor deshoje,
Que haga al manto viril broche y cintura:
Quieren que el verso arrebatado en dura
Cárcel sonante y apretada aherroje,
Cual la espiga deshecha en la alta troje
O en el tosco lagar la vid madura.
No, vive Dios! La cómica alquilada
El paso ensaye y el sollozo en donde
Betunosa la faz, gime e implora:—
El gran dolor, el alma desolada,
Ni con carmín su lividez esconde,
Ni se trenza el cabello cuando llora.
De Mis Tristes Estudios
De mis tristes estudios, de mis sombras
Nauseabundas y bárbaras, resurjo
Lleno el pecho jovial de un amor loco
Por la mujer hermosa y la poesía:
¡Siempre juntas las dos! Dos ojos negros,
A mí que no ando en cuerpos, o ando apenas
Como una antorcha en las tinieblas, vuelven
A mi aterrado espíritu la vida:
¡Dos ojos negros, que entreví, pasando,
Ya hacia la noche, ante una puerta oscura!
Yo Puedo Hacer
Yo puedo hacer, puedo hacer
De esta desdicha una joya;
¡Pero me la habrán de ver!—
No, vive Dios: ¡paso atrás!
Mi pena es mi hija: ¡mi hija
No me la han de ver jamás!
Son cómicos del dolor,
Son llorones de su entierro,
Son mercaderes de amor,
Son indignos de placer
De sufrir y de querer
Los que enseñan y venden
En libros y salas
Su goce o dolor.
Tienes El Don
Tienes el don, tienes el verso, tienes
Todo el valor de ti, tienes la altiva
Resolución que arrostra y que cautiva
Y llama las coronas a las sienes.
Tienes la fuga, el verbo, los desdenes
Divinos de quien es, y el habla viva
De quien cruza la tierra cielo arriba
Y ni adula al feliz, ni aguarda bienes.
—¡Pero no tengo el impudor odioso
De enseñar mis entrañas derretidas
En estuche de verso recamado!
Viva mi nombre oscuro y en reposo
Si he de comprar las palmas perseguidas
Sacando al viento mi dolor sagrado.
Hervor De Espíritu
¡Cielo, mi amor!—en vano sobre el libro
La vista fijo y la atención reclamo:
Tu luz enciendo, con tus rayos vibro,
¡Y expulsado de ti, perdón te clamo!
Si te merezco ¡oh padre! si te adoro
¿Qué delito filial he cometido?
¡Puesto que llanto sobrehumano lloro
Delito alguno sobrehumano ha sido!
En vano apago el férvido gemido;
La voladora idea
La frente en vano hacia la tierra inclina:
La sien desenfrenada me golpea,—
¡El cerebro revuelto se ilumina
Y el ojo enardecido centellea!
Cierto corcel intrépido y fogoso
De raudo giro irregular y eterno
Rebelde, piafa, rápido circula,
Detiénese, se lanza
Del cráneo en torno en veloz carrera,
¡Y de polvo divino
Llena, y de nube, la revuelta esfera!
La ciencia, el cerco, el mísero detalle,
El número, la clase, la doctrina;
¡Y bullendo en el mar de mi cerebro
La impaciencia y la cólera divina!
Sentir que sobre el monte
Sol fuera, luminar del horizonte,
Y frente a una ventana,
Doble prisión sobre la interna mía
¡Plegar al libro el alma sobrehumana
Y el alma ardiente a la cadena fría!
Así, encerrada un águila
En un místico cuerpo de paloma
La garra ruda ciega movería
Y en el círculo estrecho,
Del golpe propio desgarrado el pecho
Con el ala enclavada moriría.