Lista de Poemas

Las Dos Alegrías

¡Qué alegre, en primavera,
ver caer de la carne
del invierno el vestido,
dejándola en errante
amistad con las rosas,
también de carne amable!

Ahora, en el otoño,
¡qué alegre es ver cuál cae
la carne del estío,
del espíritu, dándole
por amigas las hojas
secas inmateriales!
596

Sólo Mi Frente Y El Cielo

Sólo mi frente y el cielo.
Los únicos universos.
Mi frente, sólo, y el cielo.

(Entre ellos, la brisa pura,
caricia fiel, mano única
para tales plenitudes.
La brisa, que baja y sube).

Arriba, todo el ser vivo,
todo el sueño en mi sentido,
rozando a aquel con las alas
que a su armonía él le baja.

Nada más.

(¿Acaso eres
tú la brisa que va y viene
del cielo, amor, a mi frente?)
621

Siesta De La Tormenta

Murió, como un niño, el hijo
de tu loco corazón
y mi loco corazón.

(¡Ay nuestro amor!)

No sé si ríes o lloras
mirando muerto tu amor,
mirando muerto mi amor.

(¡Ay nuestro amor!)

Yo siento como si muertos
estuviéramos tú y yo,
estuviéramos los dos.
602

El Impulso

Subes de ti misma,
como un surtidor
de una fuente.


No
se sabe hasta donde
llegará tu amor,
porque no se sabe
dónde está el venero
de tu corazón.

(Eres ignorada,
eres infinita,
como el mundo y yo)
588

Ajuste

¡Qué difícil es unir
el tiempo de frutecer
con el tiempo de sembrar!

(El mundo jira que jira,
ruedas que nunca se unen
en una rueda total)

¡Un solo día de vida,
un día completo y todo,
que no se acabe jamás!
620

La Hora

Cada minuto de este oro
¿no es toda la eternidad?

El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar.

(¡Ramas últimas, divinas,
inmateriales, en paz;
ondas del mar infinito
de una tarde sin pasar!)

Cada minuto de este oro
¿no es un latido inmortal
de mi corazón radiante
por toda la eternidad?
552

Cancioncillas Espirituales - Otro Silencio

De noche, el oro
es plata.
Plata muda el silencio
de oro de mi alma.
484

Mi Sitio

Tarde última y serena,
corta como una vida,
fin de todo lo amado
¡yo quiero ser eterno!

(Atravesando hojas,
el sol ya cobre viene
a herirme el corazón.
¡Yo quiero ser eterno!)

Belleza que yo he visto
¡no te borres ya nunca!
Porque seas eterna
¡yo quiero ser eterno!
625

Cancioncillas Espirituales - El Hecho

Cuando ella se ha ido,
es cuando yo la miro.
Luego, cuando ella viene,
ella desaparece.
688

Cancioncillas Espirituales - La Sola

Ante mí estás, sí.
Mas me olvido de ti,
pensando en ti.
559

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Identificación y contexto básico

Juan Ramón Jiménez Mantecón fue un poeta español, considerado una de las figuras cumbre de la poesía de la Generación de 1914 o Novecentismo, y una de las más importantes de la literatura española del siglo XX. A menudo se le asocia con el Modernismo y el Simbolismo, aunque su obra trasciende estas etiquetas. Su nacionalidad era española y su lengua de escritura el castellano.

Infancia y formación

Nacido en Moguer, Huelva, su infancia estuvo marcada por un ambiente familiar burgués y una temprana afición por la lectura y la escritura. Realizó estudios de bachillerato y derecho, pero su verdadera vocación literaria se impuso. Fue un gran lector, asimilando influencias de poetas románticos, simbolistas y modernistas, así como de filósofos y pensadores de su tiempo.

Trayectoria literaria

Comenzó a publicar sus poemas en revistas locales a finales del siglo XIX. Su obra atraviesa varias etapas: una primera de influencia modernista y simbolista, una segunda marcada por la depuración y la búsqueda de la "poesía pura" ("Diario de un poeta recién casado"), y una tercera de introspección metafísica y trascendencia. Colaboró activamente en revistas literarias y fue una figura influyente en los círculos intelectuales de su época.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen "Arias tristes" (1903), "Jardines interiores" (1905), "Elegías" (1909-1910), "Diario de un poeta recién casado" (1917), "Eternidades" (1918) y "Dios deseado y deseante" (1948). Su estilo evolucionó desde el preciosismo modernista hacia una extrema desnudez y esencialidad, buscando la palabra exacta y la expresión de lo inefable. Los temas recurrentes son el amor, la muerte, la naturaleza, el tiempo, la belleza, la soledad y la búsqueda de Dios o de lo absoluto. Utilizó tanto el verso libre como formas más tradicionales, explorando la musicalidad y el ritmo.

Contexto cultural e histórico

Vivió en un periodo convulso de la historia española, marcado por la crisis del 98, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil. Su exilio en América tras la guerra civil marcó profundamente su obra y su vida. Perteneció a la Generación de 1914, un grupo de intelectuales y artistas que buscaban la modernización y europeización de la cultura española. Su compromiso político fue inicialmente difuso, pero el exilio lo posicionó como un símbolo de la España republicana.

Vida personal

Su relación con Zenobia Camprubí fue fundamental en su vida y obra, siendo ella su musa, compañera y traductora. Tuvo una relación tensa con otros escritores, como Unamuno. Su vida estuvo marcada por la enfermedad y la búsqueda espiritual, lo que se reflejó en su poesía.

Reconocimiento y recepción

Aunque reconocido en vida, su consagración llegó con el Premio Nobel de Literatura en 1956. Su obra ha sido objeto de constantes estudios y análisis, y se le considera uno de los pilares de la poesía moderna en lengua española.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas como Rubén Darío, Antonio Machado, Walt Whitman y los simbolistas franceses. A su vez, influyó decisivamente en poetas de la Generación del 27 (Lorca, Alberti, Salinas) y en generaciones posteriores. Su búsqueda de la "poesía pura" y su dominio del lenguaje poético lo convierten en un referente ineludible.

Interpretación y análisis crítico

Su obra ha sido interpretada como un viaje hacia la esencia del ser, una exploración de la trascendencia a través de la palabra. Se ha debatido sobre la evolución de su misticismo y su relación con la fe.

Infancia y formación

Jiménez era conocido por su carácter retraído y su exigencia consigo mismo y con su obra. Tenía una gran sensibilidad hacia la naturaleza y los animales. Su exilio fue una experiencia dolorosa que le obligó a dejar gran parte de su obra en España.

Muerte y memoria

Falleció en Puerto Rico en 1958, poco después de recibir el Nobel. Su legado perdura en la memoria colectiva y en la continua lectura y estudio de su obra poética, siendo su casa-museo en Moguer un lugar de peregrinación literaria.