Lista de Poemas

Ojos De Ayer

¡Ojos que quieren
mirar alegres
y miran tristes!

¡Ay, no es posible
que un muro viejo
dé brillos nuevos;
que un seco tronco
(abra otras hojas)
abra otros ojos
que estos, que quieren
mirar alegres
y miran tristes!

¡Ay, no es posible!
533

El Poeta A Caballo

¡Qué tranquilidad violeta
por el sendero a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

La dulce brisa del río,
olorosa a junco y agua,
le refresca el señorío...
La brisa leve del río.

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Y el corazón se le pierde,
doliente y embalsamado,
en la madreselva verde...
Y el corazón se le pierde.

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Se está la orilla dorando.
El último pensamiento
del sol la deja soñando...
Se está la orilla dorando.

¡Qué tranquilidad violeta
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!
695

Malvas

Malvarrosa,
malvaseda.
¡Salud de la primavera!

Rosas agrias,
sedas férreas.
¡O mujer con asperezas!

Recojida
gracia entera.
¡Malvarrosa, malvaseda!

Casta sangre
de la tierra.
¡Virtud de la primavera!
493

Verde Verderol

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

La última brisa
es suspiradora,
el sol rojo irisa
al pino que llora.
¡Vaga y lenta hora
nuestra, verderol!

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Soledad y calma,
silencio y grandeza.
La choza del alma
se recoje y reza.
De pronto ¡belleza!
canta el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Su canto enajena
(¿se ha parado el viento?)
el campo se llena
de su sentimiento.
Malva es el lamento,
verde el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
570

El Mar Lejano

La fuente trueca su cantata.
Se mueven todos los caminos...
Mar de la aurora, mar de plata,
¡qué nuevo estás entre los pinos!

Viento del sur ¿vienes sonoro
de granas? Ciegan los caminos...
Mar de la siesta, mar de oro,
¡qué loco estás sobre los pinos!

Dice el verdón no sé qué cosa.
Mi alma se va por los caminos...
Mar de la tarde, mar de rosa,
¡qué dulce estás bajo los pinos!
672

El Día Menos

¡Ya se arreglarán los sueños,
mañana se arreglarán!
¡Hoy, a soltar y a gozar!

Hoy para encontrar el amigo,
para olearse en los dos ríos,
para hablar con duras mujeres;
hoy para irisarse de césped,
para ventear a caballo,
para silbear en el árbol,
para acerarse en las montañas,
para huir por las luces anchas
perdido entre glorias ruidosas...
Hoy para la gran tensión fresca
de un vivir sin casa ni venda.

¡Ya se ordenarán los sueños,
mañana se ordenarán!
¡Hoy, a romper y a cantar!
546

Andando

Andando, andando.
Que quiero oír cada grano
de la arena que voy pisando.

Andando.
Dejad atrás los caballos,
que yo quiero llegar tardando
(andando, andando)
dar mi alma a cada grano
de la tierra que voy rozando.

Andando, andando.
¡Qué dulce entrada en mi campo,
noche inmensa que vas bajando!

Andando.
Mi corazón ya es remanso;
ya soy lo que me está esperando
(andando, andando)
y mi pie parece, cálido,
que me va el corazón besando.

Andando, andando.
¡Que quiero ver el fiel llanto
del camino que voy dejando!
807

El Pájaro Del Agua

Pájaro del agua
¿qué cantas, qué encantas?

A la tarde nueva
das una nostaljia
de eternidad fresca,
de gloria mojada.
El sol se desnuda
sobre tu cantata.

¡Pájaro del agua!

Desde los rosales
de mi jardín llama
a esas nubes bellas,
cargadas de lágrima.
Quisiera en las rosas
ver gotas de plata.

¡Pájaro del agua!

Mi canto también
es canto de agua.
En mi primavera,
la nube gris baja
hasta los rosales
de mis esperanzas.

¡Pájaro del agua!

Amo el son errante
y azul que desgranas
en las hojas verdes,
en la fuente blanca.
¡No te vayas tú,
corazón con alas!

Pájaro del agua
¿qué encantas, qué cantas?
528

El Enlace

¡Qué lejos, azul, el cielo,
de la tierra pobre! Pero
los dos son el día bueno.
535

La Que Habla

Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo.
Deja que abran todos mis
sueños y todos tus lirios.

Mi corazón oye bien
la letra de tu cariño.
El agua lo va temblando
entre los juncos del río,
lo va estendiendo la niebla,
lo están meciendo los pinos
(y la luna opaca) y el
corazón de tu destino...

¡No apagues por dios, la llama
que arde dentro de mí mismo!
¡Cállate por dios, que tú
no vas a poder decírmelo!
553

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Identificación y contexto básico

Juan Ramón Jiménez Mantecón fue un poeta español, considerado una de las figuras cumbre de la poesía de la Generación de 1914 o Novecentismo, y una de las más importantes de la literatura española del siglo XX. A menudo se le asocia con el Modernismo y el Simbolismo, aunque su obra trasciende estas etiquetas. Su nacionalidad era española y su lengua de escritura el castellano.

Infancia y formación

Nacido en Moguer, Huelva, su infancia estuvo marcada por un ambiente familiar burgués y una temprana afición por la lectura y la escritura. Realizó estudios de bachillerato y derecho, pero su verdadera vocación literaria se impuso. Fue un gran lector, asimilando influencias de poetas románticos, simbolistas y modernistas, así como de filósofos y pensadores de su tiempo.

Trayectoria literaria

Comenzó a publicar sus poemas en revistas locales a finales del siglo XIX. Su obra atraviesa varias etapas: una primera de influencia modernista y simbolista, una segunda marcada por la depuración y la búsqueda de la "poesía pura" ("Diario de un poeta recién casado"), y una tercera de introspección metafísica y trascendencia. Colaboró activamente en revistas literarias y fue una figura influyente en los círculos intelectuales de su época.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen "Arias tristes" (1903), "Jardines interiores" (1905), "Elegías" (1909-1910), "Diario de un poeta recién casado" (1917), "Eternidades" (1918) y "Dios deseado y deseante" (1948). Su estilo evolucionó desde el preciosismo modernista hacia una extrema desnudez y esencialidad, buscando la palabra exacta y la expresión de lo inefable. Los temas recurrentes son el amor, la muerte, la naturaleza, el tiempo, la belleza, la soledad y la búsqueda de Dios o de lo absoluto. Utilizó tanto el verso libre como formas más tradicionales, explorando la musicalidad y el ritmo.

Contexto cultural e histórico

Vivió en un periodo convulso de la historia española, marcado por la crisis del 98, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil. Su exilio en América tras la guerra civil marcó profundamente su obra y su vida. Perteneció a la Generación de 1914, un grupo de intelectuales y artistas que buscaban la modernización y europeización de la cultura española. Su compromiso político fue inicialmente difuso, pero el exilio lo posicionó como un símbolo de la España republicana.

Vida personal

Su relación con Zenobia Camprubí fue fundamental en su vida y obra, siendo ella su musa, compañera y traductora. Tuvo una relación tensa con otros escritores, como Unamuno. Su vida estuvo marcada por la enfermedad y la búsqueda espiritual, lo que se reflejó en su poesía.

Reconocimiento y recepción

Aunque reconocido en vida, su consagración llegó con el Premio Nobel de Literatura en 1956. Su obra ha sido objeto de constantes estudios y análisis, y se le considera uno de los pilares de la poesía moderna en lengua española.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas como Rubén Darío, Antonio Machado, Walt Whitman y los simbolistas franceses. A su vez, influyó decisivamente en poetas de la Generación del 27 (Lorca, Alberti, Salinas) y en generaciones posteriores. Su búsqueda de la "poesía pura" y su dominio del lenguaje poético lo convierten en un referente ineludible.

Interpretación y análisis crítico

Su obra ha sido interpretada como un viaje hacia la esencia del ser, una exploración de la trascendencia a través de la palabra. Se ha debatido sobre la evolución de su misticismo y su relación con la fe.

Infancia y formación

Jiménez era conocido por su carácter retraído y su exigencia consigo mismo y con su obra. Tenía una gran sensibilidad hacia la naturaleza y los animales. Su exilio fue una experiencia dolorosa que le obligó a dejar gran parte de su obra en España.

Muerte y memoria

Falleció en Puerto Rico en 1958, poco después de recibir el Nobel. Su legado perdura en la memoria colectiva y en la continua lectura y estudio de su obra poética, siendo su casa-museo en Moguer un lugar de peregrinación literaria.