Lista de Poemas

Fiesta Popular De Ultratumba

(Terpsícore puede más que Morfeo)

Saludando cortésmente a la buena Mamá Juno
(Son las XII de la noche, del mes doce a 31)
Entran: Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y Noviembre.
Enero, Marzo y Abril, Mayo, Febrero y Diciembre.

Síguelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano.
(El Patriarca de los Siglos a quien ninguno conoce).
Y tomadas de la mano,
Formando rueda y bailando la vieja danza del brinco:
La seis, la ocho, la nueve, la diez, la once, la doce,
La una, la dos, la cuatro, la tres, la siete y la cinco.

(Anuncian: está Terpsícore.) Todos despiertan y ríen:
El gran salón se ilumina con mil resplandores blancos;
Barba Azul corre en sus zancos;
Raras macabras armónicas los instrumentos deslíen,
Y sin que haya espiritistas saltan las mesas y bancos.
Byron, Tirteo y Quevedo se olvidan de que son cojos,
Rabelais y el gran Leopardi no saben ya sus defectos;
Homero y Milton se muestran, ambos, con grandes anteojos;
los cuerdos se vuelven locos y arlequines los proyectos.
(Por bailar a misia Parca también se le van los ojos).
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Fiesta Popular De Ultratumba

Un gran salón. Un trono. Cortinas. Graderías.
(Adonis ríe con Eros de algo que ha visto en Aspasia)
Las lunas de los espejos muestran sus pálidos días,
Y hay en el techo y la alfombra mil panoramas de Asia.

Las lámparas se consumen en amarillas lujurias,
Y las estufas se encienden en pubertades de fuego;
(Entran Sátiros, Gorgonas, Ménades, Ninfas y Furias;
Mientras recita unos versos el viejo patriarca griego).

Unos pajes a la puerta visten dorado uniforme;
Cruzan la sala doncellas ornadas con velos blancos.
(Anuncian: están Goliat y una señora biforme
Que tiene la mitad pez, Barba Azul y sus dos zancos).

Un buen Término se ríe de un efebo que se baña.
Todos tiemblan de repente. (Entra el Hércules nervudo)
Grita Petronio: ¡Falerno! Grita Luis Once: ¡Champaña!
(Grita un pierrot: ¡Menelao con un cuerno y un escudo!)

Todos ríen, sólo guardan seriedad Juno y Mahoma,
El gran César y Pompeyo, Belisario y otros nobles
Que no fueron muy felices en el amor. Se oyen dobles
Funerarios: es la Parca que se asoma...

(Todos tiemblan) los más viejos rezan, se esconden, murmuran.
Safo le besa la mano. Se oye de pronto un gran ruido,
Es Venus que llega: todos se desvisten, tiemblan, juran,
Se arrojan al suelo y sólo se oye un inmenso rugido

De fiera hambrienta: los hombres se abalanzan a la diosa,
(Ya no hay nadie que esté en calma, todos perdieron el juicio)
Todos la besan, la muerden, con una furia espantosa,
Y Adonis llora de rabia... En medio de ese desquicio

El Papa Borgia está orando (mientras pellizca a una niña),
Tan sólo un bardo protesta: Lamartine, con voz airada;
Para restaurar el orden se llamó a Marat. La niña
Duró un minuto y la escena vino a terminar en nada.

Con el ala en un talón entra Mercurio; profundo
Silencio halló el mensajero. El gran Voltaire guiñó
un ojo
Como queriendo decir: ¡cuánto pedante en el mundo
Que piensa con los talones! (Juan lo miró de reojo.
Y un periodista que había se puso serio y muy rojo).

Entra Aladino y su lámpara. Entran Cleopatra y Filipo.
Entra la Reina de Saba. Entran Salomón y Creso.
(Con las pupilas saltadas se abalanzó un burgués rico,
Un banquero perdió el habla y otro se puso muy tieso).

"Mademoiselle Pompadour", anuncia un paje. Mil notas
Vibran de pronto; los hombres aparecen con peluca,
(Un calvo aplaude, y de gozo brinca una vieja caduca)
Comienza el baile: pavanas, rondas, minués y gavotas.

Bailan Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eurito;
Bailan Julieta, Eloísa, Santa Teresa y Eulalia,
Y los centauros: Caumantes, Grineo, Medón y Clito;
(Hércules no; le ha prohibido bailar la celosa Onfalia).

Entra Baco, de repente; todos gritan: ¡Vino, Vino;
(Borgoña, Italia y Oporto, Jerez, Chipre, Cognac, Caña,
Ginebra y hasta Aguardiente), viva el pámpano divino,
Vivan Noé y Edgard Poe, Byron, Verlaine y el Champaña!

Esto dicho, se abalanzan a un tonel. Un fraile obeso
Cayó, debido, sin duda (más que al vino) al propio peso.
Como sintieran calor Apuleyo y Anacreonte
Se bañaron en un cubo. Entra de pronto Caronte.

(Todos corren a ocultarse). No faltó algún moralista
Español (ya se supone) que los tratara de beodos,
El escándalo tomaba una proporción no vista,
Hasta que llegó Saturno, y, gritando de mil modos,
Dijo que de buenas ganas iba a comerlos a todos.

Hubo varios incidentes; (entra Atila y se hunde el piso;
Eolo apaga unas bujías; habla Dantón; se oye un trueno).
En el vaso en que Galeno
Y Esculapio se sirvieron, ninguno servirse quiso.

Un estoico de veinte años, atacado por el asma,
Se hallaba lejos de todos. «Denle pronto este jarabe».
Dijo Hipócrates, muy serio. Byron murmuró, muy grave:
«Aplicadle una mujer en forma de cataplasma».

Una risa estrepitosa sonó en la sala. De rojo
Vestido un dandy gallardo, diole la mano al poeta
Que tal ocurrencia tuvo. (El gran Byron que era cojo,
Tanto como presumido, no abandonó su banqueta,
Y tuvo para Mefisto la inclinación más discreta).

En esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas
Era más digno de gloria. Dijo Julieta; yo he sido
Una reina del Amor; hubiera dado mil vidas
Por juntarme a mi Romeo. Dijo Werther: yo he cumplido

Con un impulso sublime de personal arrogancia.
Hablaron Safo y Petronio, y hasta Judas el ahorcado,
Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia,
El bravo Vatel: yo, dijo, con valor me he suicidado
Por cosas más importantes, ¡por no encontrar un pescado!

Todos soltaron la risa. (Grita un paje: está Morfeo).
Todos callan, de repente... todos se quedan dormidos.
Se oyen profundos ronquidos.
(Entra en cuclillas un loco que se llama Devaneo).
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Su Majestad El Tiempo

El Viejo Patriarca,
Que todo lo abarca,
Se riza la barba de príncipe asirio;
Su nívea cabeza parece un gran lirio,
Parece un gran lirio la nívea cabeza del viejo Patriarca.

Su pálida frente es un mapa confuso:
La abultan montañas de hueso.
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso
De todos los siglos del tiempo difuso.

Su frente de viejo ermitaño
Parece el desierto de todo lo antaño:
En ella han carpido la hora y el año,
Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
Lo extraño y lo iluso...

Su pálida frente es un mapa confuso:
La cruzan arrugas, eternas arrugas,
Que son cual los ríos del vago país de lo abstruso
Cuyas olas, los años, se escapan en rápidas fugas.

¡Oh, las viejas, eternas arrugas;
Oh los surcos oscuros:
Pensamientos en formas de orugas
De donde saldrán los magníficos siglos futuros!
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Identificación y contexto básico

Julio Luis Herrera y Reissig nació en Montevideo, Uruguay. Fue un poeta, crítico literario y diplomático uruguayo. Es considerado uno de los máximos exponentes del modernismo literario en Hispanoamérica y una figura central de la literatura uruguaya. Su vida transcurrió en el convulso fin de siglo XIX y principios del XX.

Infancia y formación

Proveniente de una familia acomodada y con profundas raíces en la historia uruguaya, recibió una educación esmerada. Mostró desde joven una gran afición por la lectura y la escritura, influenciado por la literatura clásica y contemporánea. Su formación se nutrió tanto de la cultura europea como de las tendencias literarias emergentes.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria se inició con la publicación de "Tarde en el Sunum" (1890). Pronto se convirtió en una figura destacada del movimiento modernista, colaborando en importantes revistas literarias de la época tanto en Uruguay como en el extranjero. A lo largo de su vida, su obra evolucionó hacia una mayor complejidad y experimentación formal.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen "Tarde en el Sunum" (1890), "Arias de reclamo" (1892), "Los éxtasis de la montaña" (1904-1907) y "Las pascuas del tiempo imaginado" (1908). Su poesía se caracteriza por un lenguaje exuberante, lleno de neologismos, arcaísmos y cultismos. Es notorio su barroquismo, la acumulación de imágenes sensoriales, el uso audaz de la metáfora y la sinestesia. Explora temas como la evasión de la realidad, la búsqueda de la belleza, el erotismo, la religiosidad y la melancolía. Su estilo es altamente musical y ornamental, buscando la perfección formal y la renovación del verso.

Contexto cultural e histórico

Herrera y Reissig vivió en una época de gran efervescencia cultural en Hispanoamérica, marcada por el auge del Modernismo. Fue contemporáneo y amigo de otros grandes poetas como Rubén Darío. Su obra refleja la influencia de la cultura europea, especialmente la francesa, y las tendencias artísticas de su tiempo, como el Simbolismo y el Parnasianismo.

Vida personal

Su vida, aunque relativamente corta, estuvo marcada por la enfermedad y una cierta inestabilidad emocional. Fue un dandi, un hombre de mundo, con intereses variados que iban desde la literatura hasta la política. Sus relaciones personales y su entorno social influyeron en su visión del mundo y en su producción poética.

Reconocimiento y recepción

En su época, fue reconocido como uno de los poetas más importantes del Modernismo. A pesar de ciertas reticencias iniciales por la complejidad de su estilo, su obra fue gradualmente valorada por su originalidad y su aporte a la renovación del lenguaje poético en español.

Influencias y legado

Influenciado por autores como Edgar Allan Poe, Baudelaire y Rubén Darío, Herrera y Reissig a su vez influyó notablemente en poetas posteriores, tanto en Uruguay como en el resto de Hispanoamérica, por su audacia formal y su riqueza imaginativa. Su legado se mantiene vivo en la exploración de las posibilidades del lenguaje y la creación de mundos poéticos únicos.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es objeto de estudio por su complejidad estilística, su simbolismo y su profunda carga sensorial. Los críticos destacan su capacidad para crear atmósferas oníricas y su exploración de las tensiones entre la realidad y la fantasía.

Infancia y formación

Era conocido por su extravagancia y su gusto por lo exótico. Se dice que su casa en Montevideo era un reflejo de su espíritu, llena de objetos curiosos y obras de arte.

Muerte y memoria

Falleció prematuramente en Montevideo. Su obra, publicada en escasos volúmenes, sigue siendo una referencia ineludible en la historia de la poesía en español.