Lista de Poemas

Volviéndose A Francia El Duque De Humena

Despidióse el francés con grasa buena,
(Con buena gracia digo, señor Momo),
Hizo España el deber con el Vandomo,
Y al pagar le hará con el de Pena.

Reales fiestas le impidió al de Humena
La ya engastada Margarita en plomo,
Aunque no hay toros para Francia como
Los de Guisando, su comida y cena.

Estrellóse la gala de diamantes
Tan al tope, que alguno fue topacio,
Y aun don Cristalïán mintió finezas.

Partióse al fin, y tan brindadas antes
Nos dejó las saludes de Palacio,
Que otro día enfermaron Sus Altezas.
254

Oh, Bien Haya Jaén, Que En Lienzo Prieto

Oh, bien haya Jaén, que en lienzo prieto
De luces mil de sebo salpicado
Su túmulo paró, y de pie quebrado
En dos antiguas trovas sin conceto.

Écija se ha esmerado, yo os prometo,
Que en bultos de papel y pan mascado
Gastó gran suma, aunque no han acabado
Entre catorce abades un soneto.

Todo es obras de araña con Baeza,
Donde el fiel vasallo el regimiento
Pinos corta, bayetas solicita:

Hallaron dos, y toman una pieza
Para el tumbo real o monimento
¡Nunca muriera doña Margarita!
212

Al Poeta Pedro Soto De Rojas

Poco después que su cristal dilata,
Orla el Dauro los márgenes de un Soto,
Cuyas plantas Genil besa devoto,
Genil, que de las nieves se desata.

Sus corrientes por él cada cual trata
Las escuche el Antípoda remoto,
Y el culto seno de sus minas roto,
Oro al Dauro le preste, al Genil plata.

Él, pues, de rojas flores coronado,
Nobles en nuestra España por ser Rojas,
Como bellas al mundo por ser flores,

Con rayos dulces mil de Sol templado
Al mirto peina, y al laurel las hojas,
Monte de musas ya, jardín de amores.
322

A La Memoria De La Muerte Y Del Infierno

Urnas plebeyas, túmulos reales
Penetrad sin temor, memorias mías,
Por donde ya el verdugo de los días
Con igual pie dio pasos desiguales.

Revolved tantas señas de mortales,
Desnudos huesos y cenizas frías,
A pesar de las vanas, si no pías,
Caras preservaciones orientales.

Bajad luego al abismo, en cuyos senos
Blasfeman almas, y en su prisión fuerte
Hierros se escuchan siempre, y llanto eterno,

Si queréis, oh memorias, por lo menos
Con la muerte libraros de la muerte,
Y el infierno vencer con el infierno.
433

A Don Antonio Venegas, Obispo De Pamplona

¡Oh, de alto valor, de virtud rara
Sacro esplendor, en toda edad luciente,
Cuya fama los términos de Oriente
Ecos los hace de su trompa clara!

Vuestro cayado pastoral, hoy vara,
Dará flores, y vos gloriosamente,
Del pellico a la púrpura ascendiente,
Subiréis de la mitra a la tiara.

No es voz de fabulosa deidad ésta,
Consultada en oráculo profano,
Sino de la razón muda respuesta.

Deja su urna el Betis, y lozano
Cuantos engendra toros la floresta
Por vos fatiga el hábito africano.
259

Para Un Retrato De Don Juan De Acuña, Presidente De Castilla, Hijo Del Conde De Buendí

Éste, que en traje le admiráis togado,
Claro, no a luces hoy de lisonjero
Pincel, sino de claro caballero,
Esplendor del Buendía que le ha dado;

Éste, ya de justicia, ya de estado,
Oráculo en España verdadero,
A quien por tan legal, por tan entero,
Sus balanzas Astrea le ha fiado:

Clava serán de Alcides en su diestra,
Que de monstruos la edad purgue presente,
Y a los siglos invidia sea futuros:

Éste, pues, gloria de la nación nuestra,
Don Juan de Acuña es, Buril valiente
Al tiempo le vincule en bronces duros.
250

Del Túmulo Que Hizo Córdoba En Las Honras De La Señora Reina Doña Margar

Máquina funeral, que desta vida
Nos decís la mudanza, estando queda;
Pira, no de aromática arboleda,
Si a más gloriosa Fénix construida;

Bajel en cuya gabia esclarecida
Estrellas, hijas de otra mejor Leda,
Serenan la Fortuna, de su rueda
La volubilidad reconocida,

Farol luciente sois, que solicita
La razón, entre escollos naufragante,
Al puerto; y a pesar de lo luciente,

Obscura concha de una Margarita
Que, rubí en caridad, en fe diamante,
Renace a nuevo Sol en nuevo Oriente.
291

En La Misma Ocasión

No de fino diamante o rubí ardiente
(Luces brillando aquel, este centellas)
Crespo volumen vio de plumas bellas
Nacer la gala más vistosamente,

Que obscura el vuelo, y con razón doliente,
De la perla católica que sellas,
A besar te levantas las estrellas,
Melancólica aguja, si luciente.

Pompa eres de dolor, seña no vana
De nuestra vanidad. Dígalo el viento,
Que ya de aromas, ya de luces, tanto

Humo te debe. ¡Ay, ambición humana,
Prudente pavón hoy con ojos ciento,
Si al desengaño se los das y al llanto!
327

Al Padre Francisco De Castro, De Su Libro Retórica

Si ya el griego orador la edad presente,
O el de Arpinas dulcísimo abogado
Merecieran gozar, más enseñado
Éste quedara, aquél más elocuente,

Del bien decir bebiendo en la alta fuente,
Que en tantos ríos hoy se ha desatado
Cuantos en culto estilo nos ha dado
Libros vuestra Retórica excelente.

Vos reducís, oh Castro, a breve suma
El difuso canal desta agua viva;
Trabajo tal el tiempo no consuma,

Pues de laurel ceñido y sacra oliva,
Hacéis a cada lengua, a cada pluma,
Que hable néctar y que ambrosía escriba.
300

Del Túmulo Que Hizo Córdoba En Las Honras De La Señora Reina Doña Margar

A la que España toda humilde estrado
Y su horizonte fue dosel apenas,
El Betis esta urna en sus arenas
Majestuosamente ha levantado.

¡Oh peligroso, oh lisonjero estado
Golfo de escollos, playa de sirenas!
Trofeos son del agua mil entenas,
Que aun rompidas no sé si se han recordado,

La Margarita, pues, luciente gloria
Del sol de Austria y la concha de Baviera,
Más coronas ceñida que vio años,

En polvo ya el clarín final espera:
Siempre sonante a aquel cuya memoria
Antes peinó que canas desengaños.
311

Comentarios (0)

ShareOn Facebook WhatsApp X
Iniciar sesión para publicar un comentario.

NoComments

Identificación y contexto básico

Luis de Góngora y Argote es uno de los poetas cumbre del Siglo de Oro español y el principal representante del culteranismo, una corriente estética del Barroco. Nació en Córdoba, en el seno de una familia hidalga. Su obra, escrita en castellano, se caracteriza por una profunda complejidad retórica, un léxico selecto y una sintaxis latinizante, que buscaban elevar el lenguaje poético a nuevas cotas de expresividad y belleza. Fue clérigo, aunque su vida estuvo marcada por un espíritu mundano y por sus disputas literarias.

Infancia y formación

Desde joven, Góngora mostró una gran inclinación por la poesía y los estudios. Estudió Leyes en la Universidad de Salamanca, aunque su verdadera pasión era la literatura. Se formó en la tradición clásica y renacentista, pero pronto demostró una voluntad de superación y de innovación que lo llevaría a crear un estilo propio y revolucionario. Sus lecturas de poetas clásicos como Virgilio, Horacio y Ovidio, así como de autores italianos y de la tradición española, sentaron las bases de su conocimiento literario.

Trayectoria literaria

La carrera literaria de Góngora se puede dividir en varias etapas. Inicialmente, cultivó formas poéticas más populares y tradicionales como las letrillas y los romances, caracterizadas por su ingenio y gracia. Posteriormente, evolucionó hacia una poesía más culta y compleja, culminando en sus obras maestras, los poemas largos 'Soledades' y 'Fábula de Polifemo y Galatea', y en sus sonetos. Su producción se vio marcada por la rivalidad literaria, especialmente con Francisco de Quevedo, y por una constante búsqueda de la perfección formal.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Góngora es vasta y de gran complejidad. Sus 'Soledades' es un poema extenso y hermético que explora temas como la soledad, la naturaleza y la condición humana a través de un lenguaje rico en metáforas, hipérbatos y neologismos. La 'Fábula de Polifemo y Galatea' es otro poema narrativo de gran belleza, que narra el mito de Polifemo y Galatea con una imaginería deslumbrante. Sus sonetos abordan una gran variedad de temas, desde el amor y la muerte hasta la fugacidad del tiempo y la crítica social, siempre con una maestría métrica y retórica inigualables. El culteranismo, su estilo característico, se basa en la acumulación de cultismos, metáforas audaces, alusiones mitológicas y una sintaxis intrincada que busca sorprender y maravillar al lector.

Contexto cultural e histórico

Góngora vivió en la cúspide del Siglo de Oro español, un período de esplendor artístico y cultural, pero también de profundas crisis sociales y políticas. Su obra refleja la tensión entre la exuberancia barroca y una visión más sombría de la existencia. Fue contemporáneo de Cervantes, Lope de Vega y Quevedo, y participó activamente en el debate literario de su época, a menudo enfrentándose a aquellos que no comprendían o no apreciaban su innovador estilo.

Vida personal

La vida de Góngora estuvo marcada por sus aspiraciones eclesiásticas y sus continuos pleitos y rivalidades literarias. A pesar de su ordenación sacerdotal, su vida no estuvo exenta de mundanidad y de intervenciones en asuntos de la corte. Su enfrentamiento con Quevedo es uno de los episodios más célebres de la literatura española, reflejo de las fuertes personalidades y las ambiciones del tiempo.

Reconocimiento y recepción

La obra de Góngora generó admiración y rechazo a partes iguales en su época. Mientras muchos lo consideraban un genio innovador, otros lo criticaban por su oscuridad y artificiosidad. Sin embargo, con el tiempo, su genio fue plenamente reconocido, y hoy es considerado uno de los poetas más importantes de la lengua española, cuya influencia se extendió a lo largo de los siglos.

Influencias y legado

Góngora influyó profundamente en poetas posteriores, tanto en España como en América Latina. Su estilo y su manejo del lenguaje abrieron nuevas posibilidades expresivas y sentaron las bases para la poesía moderna. Poetas del siglo XX, como los del grupo Generación del 27, lo reivindicaron y lo estudiaron como un maestro indiscutible. Su legado reside en su capacidad para reinventar el lenguaje poético y en la belleza perdurable de sus versos.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Góngora ha sido objeto de intensos debates y estudios críticos. Su complejidad formal ha llevado a múltiples interpretaciones, centradas en su uso de la metáfora, su sintaxis y su cosmovisión. Se ha analizado la tensión entre lo sensorial y lo intelectual en su poesía, así como su visión del tiempo, la belleza y la fugacidad de la vida.

Infancia y formación

Una anécdota curiosa es su afición por las riñas y los duelos verbales, especialmente con Quevedo. Su carácter a veces altivo y su defensa a ultranza de su estilo también forman parte de su leyenda. Se dice que sus poemas eran tan complejos que solo los más entendidos podían apreciarlos plenamente.

Muerte y memoria

Luis de Góngora y Argote falleció en Córdoba. Su muerte no supuso el fin de su influencia, sino el inicio de un reconocimiento póstumo que ha ido creciendo con el tiempo. La publicación y el estudio de sus obras completas han garantizado su pervivencia y su lugar en la historia de la literatura universal.