Lista de Poemas

Es libre el que vive segun elige.
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Adelfos (a Miguel de Unamuno), de Alma

Yo, soy como las gentes que a mi tierra vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del Sol-,
que todo lo ganaron y todo, lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español.
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer,
En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...,
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.
Besos, ¡pero no darlos! Gloria..., ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y que jamás me obliguen el camino a elegir.
¡Ambición!, no la tengo, ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud,
De mi alta aristocracia, dudar jamás se pudo,
No se ganan, se heredan, elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol,
Nada es pido. Ni os amo, ni os odio, Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!...
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Da cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna,
¡El beso generoso que no he de devolver!
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«nessun Maggior Dolore »

¡Qué tristes almas en pena
son las viejas alegrías...
Y qué fantasmas de días
las noches de luna llena!...

¡Qué lamentable cadena
de pobres melancolías
las horas largas y frías
de la barquilla en la arena!

¡Qué broma absurda y pesada
es la aventura de amor,
hoy sin amor evocada!...

¡Dolor!... ¿Dónde lo hay mayor
que recordar la pasada
alegría en el dolor?
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Ocaso - Ars Moriendi

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada...
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar y no pensar en nada!...
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Regreso - Ars Moriendi

Largas tardes campestres;
alamedas rosadas;
aire delgado que el aroma apenas
sostiene de la acacia;
huerto, pinar... Llanuras de oro viejo,
azul de la montaña...
Esquilas del arambre
y balido, sin fin, de la majada,
en el silencio claro...
¡Adiós, adiós! ¡Que la ciudad me llama!

Maravillosa noche estremecida
por el rumor del agua
y el fulgor de los astros
—imán de la mirada
perdida en lo insondable
de la eterna pregunta—. (El grillo canta,
corre la estrella, el aire
suspira entre las ramas).
Sueño tranquilo y sano,
velado por las plantas
humildes de la tierra y por el bravo
eucalipto que asoma a mi ventana...
Noche de paz y de salud y sueño...
¡Adiós, adiós! ¡Que la ciudad me llama!

Allegro matinal, tímida gloria
y milagro de nácar,
a las corolas risa,
trino a las aves y delicia del alma,
aire en las sienes, despertar, eterna
juventud —¡oh mañana
que abres los ojos y las rosas!—, dulce
y poderosa gracia...
Mañana de mi huerto, suave y pura...
¡Adiós, adiós! ¡Que la ciudad me llama!

¡Me llama la ciudad —que ignora el cielo
y la tierra y el agua
y el sol y las estrellas—,
febril y jadeante, apresurada,
con su aliento mefítico,
y su llanto y sus máquinas,
sonora de metales
infecta de palabras!
502

Morir, Dormir - Ars Moriendi

«Hijo, para descansar,
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir,
no soñar...»

«Madre, para descansar,
morir».
433

El Poeta De «adelfos» Dice Al Fin - Ars Moriendi

Ya el pobre corazón eligió su camino.
Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede,
al azar no suspira, ni se entrega al Destino...
Ahora sabe querer, y quiere lo que puede.
Renunció al imposible y al sin querer divino.
355

Dolientes Madrigales - Ars Moriendi

Por una de esas raras reflexiones
de la luz, que los físicos
explicarán llenando
de fórmulas un libro...
Mirándome las manos
—como hacen los enfermeros de continuo—
veo en la faceta de un diamante, en una
faceta del diamante de mi anillo,
reflejarse tu cara, mientras piensas
que divago o medito
o sueño... He descubierto,
por azar, este medio tan sencillo
de verte y ver tu corazón, que es otro
diamante puro y limpio.
Cuando me muera, déjame
en el dedo este anillo.
433

Ars Moriendi - Ars Moriendi

Morir es... Una flor hay, en el sueño
—que, al despertar, no está ya en nuestras manos—,
de aromas y colores imposibles...
Y un día sin aurora la cortamos.
489

Figulinas - Alma

FIGULINAS

A Jacinto Benavente

¡Qué bonita es la princesa!

¡Qué traviesa!

¡Qué bonita!

¡La princesa pequeñita

de los cuadros de Watteau!

¡Yo la miro, yo la admiro,

yo la adoro!

Si suspira, yo suspiro;

si ella llora, también lloro;

si ella ríe, río yo.

Cuando alegre la contemplo,

como ahora, me sonríe...

Y otras veces su mirada

en los aires se deslíe,

pensativa...

¡Si parece que está viva

la princesa de Watteau!

Al pasar la vista hiere,

elegante,

y ha de amarla quien la viere.

... Yo adivino en su semblante

que ella goza, goza y quiere,

vive y ama, sufre y muere...

¡Como yo!

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Identificación y contexto básico

Manuel Machado y Ruiz fue un destacado poeta español, nacido en Sevilla. Hermano del célebre poeta Antonio Machado, Manuel es considerado una figura importante dentro de la Generación del 98, aunque su obra a menudo se desmarca de las preocupaciones más existencialistas de otros miembros de esta generación para centrarse en la sensorialidad y la musicalidad del verso.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia culta y con inclinaciones literarias, Manuel Machado compartió gran parte de su infancia y juventud con su hermano Antonio. Esta convivencia familiar influyó significativamente en su desarrollo intelectual y artístico, proporcionándole un entorno propicio para el cultivo de la poesía desde temprana edad. Su formación, aunque no extensamente documentada en cuanto a detalles académicos formales, se nutrió de lecturas y del ambiente cultural de la época.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Manuel Machado se inició de manera destacada con la publicación de sus primeros poemarios, que rápidamente captaron la atención por su originalidad y calidad estética. A lo largo de su carrera, exploró diferentes vertientes de la lírica, manteniendo siempre una voz propia y distintiva. Su obra se consolidó como un referente del modernismo español, aunque también dialogó con otras corrientes literarias y estéticas.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Manuel Machado se distingue por su exquisita musicalidad, su lenguaje rico y su profunda capacidad para evocar sensaciones. Temas recurrentes en su poesía son el paso del tiempo, la nostalgia, el recuerdo, la sensualidad, el exotismo y la representación del paisaje andaluz, a menudo teñido de un velo de melancolía. Su estilo se caracteriza por la perfección formal, la preferencia por estructuras métricas clásicas, aunque con innovaciones, y el uso de un vocabulario selecto y sonoro. Machado es un maestro en la creación de imágenes sensoriales y en el empleo de metáforas audaces que conectan lo tangible con lo intangible. Se le asocia con el Parnasianismo y el Simbolismo por su búsqueda de la belleza formal y la sugerencia.

Contexto cultural e histórico

Manuel Machado vivió en una época de profundos cambios en España, marcada por la crisis del fin de siglo y la efervescencia cultural que dio lugar a la Generación del 98. Aunque su hermano Antonio se vio más directamente inmerso en las preocupaciones políticas y filosóficas de la época, Manuel se centró en la exploración estética y lírica. Su obra se nutre del ambiente modernista que recorría Europa y América Latina, manteniendo un diálogo constante con la tradición literaria española.

Vida personal

La vida de Manuel Machado estuvo intrínsecamente ligada a la de su hermano Antonio, con quien compartió una profunda complicidad intelectual y afectiva. Las circunstancias familiares y personales moldearon su visión del mundo y su expresión poética. Se sabe que trabajó en diversas ocupaciones, pero su verdadera vocación siempre fue la poesía. Sus experiencias vitales, aunque menos notorias que las de otros poetas de su generación, se reflejan en la melancolía y la introspección de su obra.

Reconocimiento y recepción

Manuel Machado fue reconocido en su tiempo como uno de los poetas más importantes del modernismo español. Su obra recibió elogios por su originalidad y su maestría técnica. A lo largo del tiempo, su figura ha sido valorada por la crítica literaria, consolidándose su lugar en el canon de la poesía española del siglo XX. Si bien su reconocimiento académico es sólido, su conexión con un público más amplio a veces se ve eclipsada por la figura de su hermano Antonio.

Influencias y legado

La poesía de Manuel Machado se nutre de fuentes clásicas y modernas, incluyendo a poetas como Garcilaso de la Vega, y a corrientes como el Parnasianismo y el Simbolismo francés. Su influencia se puede rastrear en poetas posteriores que valoraron la musicalidad del verso, la perfección formal y la creación de atmósferas líricas evocadoras. El legado de Machado reside en su capacidad para haber elevado la poesía a un arte sensorial y estético, dejando una marca imborrable en la lírica española.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Manuel Machado ha sido analizada desde diversas perspectivas, destacando su maestría en el manejo del lenguaje, su capacidad para crear imágenes vívidas y su profunda sensibilidad hacia el tiempo y la memoria. Los críticos a menudo señalan la tensión entre la aparente frivolidad del esteticismo modernista y una subyacente melancolía existencial. Su relación con la tradición y su contribución a la renovación del verso español son puntos clave en su interpretación.

Infancia y formación

Una curiosidad sobre Manuel Machado es su relación fraternal y literaria con Antonio, que ha llevado a comparaciones constantes. A veces, su figura ha quedado a la sombra de la de su hermano, a pesar de su innegable talento y originalidad. Su dedicación a la poesía a pesar de las dificultades económicas y su coherencia estética son aspectos que definen su perfil.

Muerte y memoria

Manuel Machado falleció en Madrid, dejando una obra poética que sigue siendo leída y admirada. Su recuerdo se mantiene vivo en antologías y estudios literarios, y su poesía continúa resonando por su belleza formal y su profundidad lírica.