Lista de Poemas

Oliveretto De Fermo Del Tiempo De Los Médicis - Alma

OLIVERETTO DE FERMO

DEL TIEMPO DE LOS MÉDICIS

A Ricardo Calvo

Fue valiente, fue hermoso, fue artista.

Inspiró amor, terror y respeto.

En pintarle giadiando desnudo

ilustró su pincel Tintoretto.

Machiavelli nos narra su historia

de asesino elegante y discreto.

César Borgia lo ahorcó en Sinigaglia...

Dejó un cuadro, un puñal y un soneto.

397

Felipe Iv - Alma

FELIPE IV

A Antonio de Zayas

Nadie más cortesano ni pulido

que nuestro Rey Felipe, que Dios guarde,

siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como la tarde,

cansado el oro de su pelo undoso,

y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho generoso,

ni joyeles perturban ni cadenas

el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de cetro real, sostiene apenas

con desmayo galán un guante de ante

la blanca mano de azuladas venas.

655

Castilla - Alma

CASTILLA

A Manuel Reina. Gran poeta

El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos,

—polvo, sudor y hierro— el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo...

Nadie responde. Al pomo de la espada

y al cuento de las picas, el postigo

va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,

de eco ronco, una voz pura, de plata

y de cristal, responde... Hay una niña

muy débil y muy blanca,

en el umbral. Es toda

ojos azules; y en los ojos, lágrimas.

Oro pálido nimba

su carita curiosa y asustada.

«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,

arruinará la casa

y sembrará de sal el pobre campo

que mi padre trabaja...

Idos. El Cielo os colme de venturas...

En nuestro mal, ioh Cid!, no ganáis nada».

Calla la niña y llora sin gemido...

Un sollozo infantil cruza la escuadra

de feroces guerreros,

y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»

El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.

997

Encajes - Alma

Alma son de mis cantares,
tus hechizos...
Besos, besos
a millares. Y en tus rizos,
besos, besos a millares.
¡Siempre amores! ¡Nunca amor!

Los placeres
van de prisa:
una risa
y otra risa,
y mil nombres de mujeres,
y mil hojas de jazmín
desgranadas
y ligeras...
Y son copas no apuradas,
y miradas
pasajeras,
que desfloran nada más.

Desnudeces,
hermosuras,
carne tibia y morbideces,
elegancias y locuras...

No me quieras, no me esperes...
¡No hay amor en los placeres!
¡No hay placer en el amor!
504

Cantares - Alma

Vino, sentimiento, guitarra y poesía,
hacen los cantares de la patria mía...
Cantares...
Quien dice cantares, dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida.
Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...

Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte;
ojos negros, negros, y negra la suerte.
Cantares...
En ellos, el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía...
Cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
482

Antífonia - Alma

Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca...
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.

Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
Amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.

Amarnos... ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos, a un mismo tiempo, santos e infames;
somos, a un tiempo mismo, pobres y reyes!

¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran...
Lo que vendemos ambos no tiene precio.

Así, los dos: tú, amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos...
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!...
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.

Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.

¡Ah! Levanta la frente, flor siempre viva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Diles, con esa fresca boca lasciva...,
¡que no son de este mundo nuestros amores!

Igual camino en suerte nos ha cabido,
un ansia igual nos lleva que no se agota,
hasta que se confundan en el olvido,
tu hermosura podrida, mi lira rota.

Crucemos nuestra calle de la Amargura
levantadas las frentes, juntas las manos...
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura!
¡Hetairas y poetas somos hermanos!
608

Melancolía - Alma

Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno...
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan... Y me acuerdo
de historias tristes, sin poesía... Historias
que tienen casi blancos mis cabellos.
470

Otoño - Alma

En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
...y han cerrado.
552

Oasis - Alma

Sueña el león.
Junto a las tres palmeras
se amansa el sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen...

Junto a las tres palmeras,
el árabe, tendido, al fin, sonríe
y suspira... Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire... En la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.
544

El Jardín Gris - Alma

EL JARDÍN GRIS

A Francisco Villaespesa

¡Jardín sin jardinero!

¡Viejo jardín,


viejo jardín sin alma,

jardín muerto! Tus árboles

no agita el viento. En el estanque, el agua

yace podrida. ¡Ni una onda! El pájaro

no se posa en tus ramas.

La verdinegra sombra

de tus hiedras contrasta

con la triste blancura

de tus veredas áridas...

¡Jardín, jardín! ¿Qué tienes?

¡Tu soledad es tanta,

que no deja poesía a tu tristeza!

¡Llegando a ti, se muere la mirada!

Cementerio sin tumbas...

Ni una voz, ni recuerdos, ni esperanza.

¡Jardín sin jardinero!

¡Viejo jardín,


viejo jardín sin alma!

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Identificación y contexto básico

Manuel Machado y Ruiz fue un destacado poeta español, nacido en Sevilla. Hermano del célebre poeta Antonio Machado, Manuel es considerado una figura importante dentro de la Generación del 98, aunque su obra a menudo se desmarca de las preocupaciones más existencialistas de otros miembros de esta generación para centrarse en la sensorialidad y la musicalidad del verso.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia culta y con inclinaciones literarias, Manuel Machado compartió gran parte de su infancia y juventud con su hermano Antonio. Esta convivencia familiar influyó significativamente en su desarrollo intelectual y artístico, proporcionándole un entorno propicio para el cultivo de la poesía desde temprana edad. Su formación, aunque no extensamente documentada en cuanto a detalles académicos formales, se nutrió de lecturas y del ambiente cultural de la época.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Manuel Machado se inició de manera destacada con la publicación de sus primeros poemarios, que rápidamente captaron la atención por su originalidad y calidad estética. A lo largo de su carrera, exploró diferentes vertientes de la lírica, manteniendo siempre una voz propia y distintiva. Su obra se consolidó como un referente del modernismo español, aunque también dialogó con otras corrientes literarias y estéticas.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Manuel Machado se distingue por su exquisita musicalidad, su lenguaje rico y su profunda capacidad para evocar sensaciones. Temas recurrentes en su poesía son el paso del tiempo, la nostalgia, el recuerdo, la sensualidad, el exotismo y la representación del paisaje andaluz, a menudo teñido de un velo de melancolía. Su estilo se caracteriza por la perfección formal, la preferencia por estructuras métricas clásicas, aunque con innovaciones, y el uso de un vocabulario selecto y sonoro. Machado es un maestro en la creación de imágenes sensoriales y en el empleo de metáforas audaces que conectan lo tangible con lo intangible. Se le asocia con el Parnasianismo y el Simbolismo por su búsqueda de la belleza formal y la sugerencia.

Contexto cultural e histórico

Manuel Machado vivió en una época de profundos cambios en España, marcada por la crisis del fin de siglo y la efervescencia cultural que dio lugar a la Generación del 98. Aunque su hermano Antonio se vio más directamente inmerso en las preocupaciones políticas y filosóficas de la época, Manuel se centró en la exploración estética y lírica. Su obra se nutre del ambiente modernista que recorría Europa y América Latina, manteniendo un diálogo constante con la tradición literaria española.

Vida personal

La vida de Manuel Machado estuvo intrínsecamente ligada a la de su hermano Antonio, con quien compartió una profunda complicidad intelectual y afectiva. Las circunstancias familiares y personales moldearon su visión del mundo y su expresión poética. Se sabe que trabajó en diversas ocupaciones, pero su verdadera vocación siempre fue la poesía. Sus experiencias vitales, aunque menos notorias que las de otros poetas de su generación, se reflejan en la melancolía y la introspección de su obra.

Reconocimiento y recepción

Manuel Machado fue reconocido en su tiempo como uno de los poetas más importantes del modernismo español. Su obra recibió elogios por su originalidad y su maestría técnica. A lo largo del tiempo, su figura ha sido valorada por la crítica literaria, consolidándose su lugar en el canon de la poesía española del siglo XX. Si bien su reconocimiento académico es sólido, su conexión con un público más amplio a veces se ve eclipsada por la figura de su hermano Antonio.

Influencias y legado

La poesía de Manuel Machado se nutre de fuentes clásicas y modernas, incluyendo a poetas como Garcilaso de la Vega, y a corrientes como el Parnasianismo y el Simbolismo francés. Su influencia se puede rastrear en poetas posteriores que valoraron la musicalidad del verso, la perfección formal y la creación de atmósferas líricas evocadoras. El legado de Machado reside en su capacidad para haber elevado la poesía a un arte sensorial y estético, dejando una marca imborrable en la lírica española.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Manuel Machado ha sido analizada desde diversas perspectivas, destacando su maestría en el manejo del lenguaje, su capacidad para crear imágenes vívidas y su profunda sensibilidad hacia el tiempo y la memoria. Los críticos a menudo señalan la tensión entre la aparente frivolidad del esteticismo modernista y una subyacente melancolía existencial. Su relación con la tradición y su contribución a la renovación del verso español son puntos clave en su interpretación.

Infancia y formación

Una curiosidad sobre Manuel Machado es su relación fraternal y literaria con Antonio, que ha llevado a comparaciones constantes. A veces, su figura ha quedado a la sombra de la de su hermano, a pesar de su innegable talento y originalidad. Su dedicación a la poesía a pesar de las dificultades económicas y su coherencia estética son aspectos que definen su perfil.

Muerte y memoria

Manuel Machado falleció en Madrid, dejando una obra poética que sigue siendo leída y admirada. Su recuerdo se mantiene vivo en antologías y estudios literarios, y su poesía continúa resonando por su belleza formal y su profundidad lírica.