Lista de Poemas

Silencio De Metal Triste Y Sonoro

Silencio de metal triste y sonoro,
espadas congregando con amores
en el final de huesos destructores
de la región volcánica del toro.

Una humedad de femenino oro
que olió puso en su sangre resplandores,
y refugió un bramido entre las flores
como un huracanado y vasto lloro.

De amorosas y cálidas cornadas
cubriendo está los trebolares tiernos
con el dolor de mil enamorados.

Bajo su piel las furias refugiadas
son en el nacimiento de sus cuernos
pensamientos de muerte edificados.
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Una Querencia Tengo Por Tu Acento

Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
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Tengo Estos Huesos Hechos A Las Penas

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.
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Te Me Mueres De Casta Y De Sencilla:

Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más potente, negro y grande.

Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.
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Fuera Menos Penado Si No Fuera

Fuera menos penado si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si la alcanzo, ola,
cerca una vez pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y triste garza,
sola como un suspiro y un ay, sola,
terca en su error y en su desgracia terca.
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Por Tu Pie, La Blancura Más Bailable,

Por tu pie, la blancura más bailable,
donde cesa en diez partes tu hermosura,
una paloma sube a tu cintura,
baja a la tierra un nardo interminable.

Con tu pie vas poniendo lo admirable
del nácar en ridícula estrechura,
y donde va tu pie va la blancura,
perro sembrado de jazmín calzable.

A tu pie, tan espuma como playa,
arena y mar me arrimo y desarrimo
y al redil de su planta entrar procuro.

Entro y dejo que el alma se me vaya
por la voz amorosa del racimo:
pisa mi corazón que ya es maduro.
1.049

Tu Corazón, Una Naranja Helada

Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.

Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.

¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!

Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
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Umbrío Por La Pena, Casi Bruno

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!
691

Me Tiraste Un Limón, Y Tan Amargo

Me tiraste un limón, y tan amargo,
con una mano cálida, y tan pura,
que no menoscabó su arquitectura
y probé su amargura sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo
dulce pasó a una ansiosa calentura
mi sangre, que sintió la mordedura
de una punta de seno duro y largo.

Pero al mirarte y verte la sonrisa
que te produjo el limonado hecho,
a mi voraz malicia tan ajena,

se me durmió la sangre en la camisa,
y se volvió el poroso y áureo pecho
una picuda y deslumbrante pena.
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¿no Cesará Este Rayo Que Me Habita

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.
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Identificación y contexto básico

Miguel Hernández Gilabert fue un poeta español, nacido en Orihuela, Alicante. Es considerado una de las figuras más importantes de la Generación del 27 y un poeta de gran calado social. Su vida estuvo marcada por la Guerra Civil Española, que truncó su carrera literaria y su existencia.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia humilde de pastores, la infancia de Hernández estuvo ligada al campo y al trabajo. Recibió una educación básica, pero su verdadera formación fue autodidacta, alimentada por su amor a la lectura, especialmente de los clásicos de la literatura española y de los poetas del Siglo de Oro. Su contacto temprano con la naturaleza y la vida rural marcó profundamente su obra.

Trayectoria literaria

Comenzó a escribir poesía en su juventud, inicialmente influenciado por el neogótico y el barroco. Su primer libro publicado fue "Perito en lunas" (1933). Con el tiempo, su poesía fue evolucionando hacia un tono más personal y comprometido, especialmente tras su traslado a Madrid y su contacto con el ambiente intelectual y político de la época. La Guerra Civil marcó un punto de inflexión en su obra, dotándola de un fuerte carácter testimonial y de denuncia social. Escribió "Viento del pueblo" y "Cancionero y romancero de ausencias" en circunstancias difíciles.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Hernández abarca desde el neogoticismo y el barroquismo de sus inicios hasta una poesía de corte social y existencial de gran fuerza lírica. Sus temas recurrentes son el amor (a la mujer, a la patria, a la vida), la muerte, la injusticia, la lucha del pueblo y la esperanza. Su estilo se caracteriza por un lenguaje directo, apasionado y a menudo desgarrado, con una gran musicalidad y un uso magistral de la metáfora y la imagen. Es conocido por su capacidad para conjugar la profundidad lírica con un compromiso ético y social inquebrantable. Utilizó tanto formas tradicionales como el verso libre, adaptándose a la intensidad de sus sentimientos y a la urgencia de sus mensajes.

Contexto cultural e histórico

Miguel Hernández es una figura central de la Generación del 27, aunque su producción poética se extiende más allá de los límites cronológicos del grupo. Vivió intensamente la convulsa España de los años 30 y la Guerra Civil, acontecimientos que impregnaron su obra de un profundo sentido de compromiso y denuncia. Sus amistades y colaboraciones con otros intelectuales y artistas de la época, como Neruda, Alberti y Lorca, son testimonio de su activa participación en el panorama cultural y político de su tiempo.

Vida personal

La vida de Miguel Hernández estuvo marcada por la precariedad económica y la lucha constante. Fue pastor, minero y viajó por España en diversas circunstancias. Su compromiso político lo llevó a alistarse en el bando republicano durante la Guerra Civil. Su relación amorosa con Josefina Manresa fue una fuente de inspiración fundamental en su obra, especialmente en sus poemas de amor y en "Cancionero y romancero de ausencias", dedicado a su hijo.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida gozó de un notable reconocimiento entre sus pares y de parte de la crítica, su figura y obra alcanzaron una dimensión mítica tras su muerte. Se le considera uno de los poetas españoles más importantes del siglo XX, y su poesía ha sido traducida a numerosos idiomas, ganando una amplia proyección internacional. Su compromiso y su trágico final lo convirtieron en un símbolo de la memoria histórica.

Influencias y legado

Influenciado por Garcilaso, Góngora, Lope de Vega y los poetas de su generación, Miguel Hernández legó una obra de gran valor lírico y testimonial. Su influencia se extiende a numerosas generaciones de poetas y escritores que admiran su autenticidad, su fuerza expresiva y su profundo humanismo. Su poesía sigue resonando por su capacidad para expresar las emociones humanas más universales y por su defensa de la libertad y la justicia.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Hernández es objeto de continuos estudios que analizan su evolución estilística, su compromiso social y la universalidad de sus temas. Se destaca su capacidad para aunar la expresión de lo íntimo con la denuncia de lo colectivo, y su profunda humanidad.

Infancia y formación

Una anécdota curiosa es que, a pesar de su formación autodidacta, Miguel Hernández poseía un conocimiento extraordinario de la literatura clásica española. Su faceta de hombre de pueblo, de pastor, le otorgó una conexión única con las realidades más básicas de la vida.

Muerte y memoria

Miguel Hernández murió el 28 de marzo de 1942 en la enfermería de la prisión de Alicante, a causa de la tuberculosis y las pésimas condiciones carcelarias. Su muerte fue un duro golpe para la cultura española y latinoamericana. Sus obras han sido publicadas y reeditadas en múltiples ocasiones, y su figura es recordada y homenajeada constantemente como un símbolo de la poesía comprometida y de la memoria histórica.