Poemas
32CALLES MENDIGAS
Anónimo sobre el mundo, en su encorvada miseria.
Como una miniatura de marfil,
Cubierto en su triste pijama de harapos.
Entre sus pequeños dedos amoratados,
Hay mendrugos de nada.
Restos de algo para acallar,
La angustiante sinfonía de sus vísceras.
Escondido, en silencio,
Agazapado en la pobreza.
Ni hambriento ni harto,
Comiendo las migajas esparcidas en la tierra,
Como un pequeño gorrión desplumado.
Su corazón es un tumor que late discordante,
En este cementerio de muertos vivos.
Tierra de hambruna,
Donde a diario atraca el arca de la muerte
Y se lleva todo rastro.
Entonces el dolor se hace puñal en mi alma,
Como una bayoneta que busca ansiosa la herida.
Mis manos se crispan y me aferro a la pluma.
Me niego a amordazar mis versos,
A crucificar como olvido la injusticia.
¡Me niego!
Despierta o sonámbula, viva o muerta,
Gritaré que aborrezco la codicia.
¡Como se atreven a ignorarlos!
¿Acaso no los aturden los estertores de los perimidos?
¿Acaso no les basta con su muerte,
Que quieren vaciar de toda alma sus pellejos?
¡Malditos ricos del mundo!.
Tubérculos dañinos,
De una sociedad enferma de angurria y opulencia.
¡Asesinos!
Si…Asesinos,
Sin importar el calibre de la bala o el veneno.
Lara Ribero
331
PADRINO PATRÓN
La necesidad lo obliga
Y va perdiendo los sueños.
No hay escuela, ni juegos de niños,
Ni pequeñas travesuras cotidianas.
Empieza lentamente a resignarse.
A conformarse con mentiras aparentes.
Le roban la niñez y no lo entiende.
Le cortan las alas y no lo nota,
Porque siempre ha volado al ras del suelo.
Lo explotan, pero se siente agradecido,
Porque el trabajo es dignidad, le dicen,
Y él lo repite como un mantra.
Y lo sigue repitiendo hasta que deja de serlo.
Hasta que esa minúscula realidad en la que vive,
Se lo lleva por delante.
Pero ya no es un niño, ha crecido…
Y según el patrón es peligroso.
Ese, que lo explota y lo esclaviza…
Lo denuncia,
Lo margina, lo detesta
Y agrace finalmente que lo maten.
Porque aquellos que fabrican pobres
Aborrecen a los pobres.
Entonces… la rueda vuelve a girar.
Porque pobres… Es lo que sobra,
Y según ellos, se reproducen como las ratas.
Aunque las verdaderas ratas, son los otros,
Aquellos que viven en fastuosas madrigueras,
Siempre al acecho, revolcándose en la basura,
Inmunes al veneno y a las trampas,
Los patrones… Que le dicen.
Lara Ribero
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