Poemas
17LARGO SILENCIO
Se respira ausencia.
Alguien ya no es hijo de esta tierra.
El acento triste del viento,
Tañe ensordecedor sobre los bronces opacos.
Una huella profunda como un tajo
Quedó en su entrecejo,
Evidenciando el asombro,
Como si la muerte lo hubiera traicionado.
El pecho inflamado,
Conteniendo aún los últimos latidos,
Y las manos buenas en oración,
Quedaron suplicando por su alma.
La noche es tan oscura
Que obliga a santiguarse.
Solo los búhos acompañan el duelo
Y sus ojos amarillos como el azufre
Parecen velas encendidas en el aire.
Alguien… ya no es hijo de esta tierra
Alguien ha muerto y se respira ausencia.
Hoy… alguien,
Ha quedado tan solo y olvidado…
Como los muertos de Bécquer.
Lara Ribero
469
HUMO GRIS
Débil la voz,
Como el canto de un pájaro con sueño.
La piel ensombrecida y la mirada hueca.
El corazón latiéndole como una inmensa lira
Y la perdida alquimia del amor,
Le traía los aromas de la infancia
Y la vaguedad del mundo.
Se había preparado para la perfección,
Y aún hoy, oía sonar himnos de gloria.
Alucinaciones y sofismos,
En breves resplandores llegaban a su mente.
El tabaco y la embriaguez,
Mujeres temblando entre sus brazos fuertes,
Preñadas de savia y de luz.
La dicha sombría,
La fiebre y el ardor,
El dolor ineludible,
Y la sabiduría bastarda de los años.
Aquellos recuerdos oxidados,
Lo hacían sonreír con un gesto de nostalgia.
Solo, viejo, marchito y en silencio,
Hoy, era la suma de toda esa liturgia.
Lara Ribero
359
PENAS OCULTAS
Se apoyó sobre aquel pecho amurallado
Burlando su amargura.
Las manos crispadas,
Como desgranando las cuentas,
De un rosario santo.
Oteando su desdén y el propio,
Como una fiera acechando en la altura.
La vida le enseñó de astucias
Y la traición, de amores parcos.
Por eso el autismo,
La luz ciega
Y la eterna mezquindad de los silencios.
Entonces él… latió de amor
Y ella desoyó su canto
Entonces él aulló en la soledad
Y ella cercenó su lengua.
Ella escondía su corazón y el de él,
Colgaba como un escapulario.
Entonces… No tuvo más que besarla.
Y un polvo de cenizas,
Como un veneno que deforma,
Escapó de su boca
Ahogando aquel incendio.
Lara Ribero
373
NO LLORES... VUELA
Los amores languidecen…
Son como voces exiliadas,
Como un pulmón que pierde el aliento,
Como un frío repentino
Arrancándote el sol del mismo pecho.
¡Hay tantas mujeres por amar!
Las frases de amor y los besos,
Se escaparán desde tu lengua,
Estallando suicidas en sus bocas,
Prodigando crímenes y lutos,
Con mil formas moribundas.
Las manías de tu orgullo pueril,
La itifálica vehemencia,
Tu ingenuidad y tu egoísmo infinito,
Serán la tentación de tu derrota.
Pero amarás…
Profundamente,
Absurda e inexplicablemente
Latirás sin fin…
Y tu memoria…
Como alimento de tu impulso motor
¡¡Recordará!!
Lara Ribero
372
CERTEZAS Y DUDAS
La tierra humilde y buena,
Exhala su esencia
Y un vaho caliente parece abrigarlo.
La intemperie lo acecha silenciosa y perenne.
Altivo, desafiante, buscando vivir sin saber cómo.
Muriendo…
Siempre muriendo tras el bullicio.
Escuchando solo el balbucir de sus penas.
El viento con su dedo innominado
Lo guía por calles criminales.
Esclavizado en románticas tristezas.
Adoleciendo la vida…
Peleando por cada centímetro de aire…
Desdibujado en el humo de sus horas lerdas.
Sus manos como pájaros inquietos
Sueñan con asirse a mujeres de carne abrazadora.
Con la crin revuelta al viento,
Camina erguido sobre la desolación,
Bajo ese cielo sin ángeles
Hacinado en ese frio interno
Donde su corazón late y espera
A que las uvas revienten maduras bajo sus pasos.
Lara Ribero
345
SOLO SUEÑA
Desde la estrecha garganta,
Como un extraño sortilegio,
Mezcla de hechizo y santería,
Un hilo fino de voz
Va poblando el aire de indescifrables sonidos,
De confusos murmullos,
De risas diminutas.
Se lo ve desgarbado, grotesco,
Arrastrando un traje azul
Como una antigua hopalanda en desuso.
La melena maltrecha,
Extraordinariamente libre,
Y la luz del mediodía brillando entre sus ojos.
Pequeño y hermoso,
Auténtico y genuino,
Dialoga con el aire y lucha con las sombras,
Con la inocencia inconfundible
De la vida que se estrena.
Hasta quedar exhausto de latidos
Tendido sobre las frías baldosas
Dormido… con la misma dignidad…
Con que duermen los guerreros.
Lara Ribero
341
MISMA SANGRE
De parto.
Abierta sobre la tierra.
Las manos asidas al hierro frio
Inaugurando la carne.
Consintiendo el desprendimiento de su cuerpo.
Cediéndole paso al dolor y a la alegría.
Respirando entrecortado
Refugiándose en el grito.
Sin aliento,
Ronca de insultos y plegarias,
A la espera.
Sin búcaros, ni espejos
Mientras un río de sangre tibia perfuma el aire
Y emerge al fin de la honda herida.
Indiferente…
Como un vetusto rey,
Heroico y diminuto,
Callado,
Atado aún a esa mujer,
Esa mujer que acaricia exhausta
Su pequeño pecho
Vibrante de latidos.
Lara Ribero
375
DESDE ADENTRO
Sin gritos ni rasguños,
El sudor a la deriva
Y el beso penetrando hasta los huesos.
En la fecunda laxitud de sus caderas,
El ardor trepa y asciende.
Tan solo una leve queja dolida de placer,
Brota entre sus labios rojos.
Y allí, en mitad del vientre,
Atravesada por él como un dardo,
Subrepticiamente…
En ese mudo crepúsculo de seda,
Un pájaro emprende vuelo.
Como en un acto de mesiánico augurio.
En silencio…
Acunado por un llanto que aun no emite,
Suspendido…
Flotando en el vacío,
Vacilando hasta adherirse.
Hasta que en esa cóncava y nervada oscuridad,
El huésped que crece a sus expensas,
Se pronuncie victorioso…
Tras el eco de un latido.
Lara Ribero
348
DÍAS SIN SOLES
Huyen de la guerra y la pobreza en busca de un refugio.
El peligro ruge sobre las aguas insondables del océano
Y en sus ojos infectados de salitre, reconocen el milagro.
Sin embargo, no existe para ellos la alegría del arribo.
Ni siquiera una forzada actitud de bienvenida.
Reciben solo un hospedaje provisorio,
Sin lujos ni confores…
Porque para los llamados emigrantes, no hay lugar.
Para ellos, que hicieron posibles las riquezas,
Que hoy ostentan los Infames saqueadores…
No hay asilo.
Esa es la ley incongruente de la raza.
La que solo abisma en los pechos miserables.
Por eso no puede callar mi lengua,
Ni habrá de silenciarse mi pluma, ante la infamia.
Cómo olvidar los cuerpos encallados en la orilla…
Las lagrimas perdidas… Las frentes humilladas.
¡No!…. No puedo ni quiero callarme.
No dejaré que mueran mis palabras.
Habré de hacerlas versos.
Aunque no brillen en el bronce,
Ni perduren en el mármol victorioso.
Aunque solo estallen en mis sienes
Y sea solo a mí, a quien perturben.
Lanzaré mis palabras a la nada
Como un grito de desprecio.
Porque yo no necesito más que eso,
Solo con eso me alcanza.
Lara Ribero
337
PALABRA DE DIOS
Los hijos santos de Canaán
Los que cargan aún en sus espaldas,
Con la muerte del Mesías.
Un pueblo hambriento de catástrofe y de odio
Que atrás quedaron los milagros, el amor,
La inmolación y el sacrificio.
Israel… Herederos de una promesa eterna.
Raquítica creencia de la raza superior y la tierra prometida.
La que se debe perpetuar por el bien del Imperio.
La que hay que defender, aunque no esté en peligro.
Israel… Tierra de ambiciones, de traición e idolatrías.
Una horda que se oculta bajo el disfraz de la inocencia
Y la complicidad de aliados asesinos.
La Triada del Mal…
Impunes hacedores de la guerra y el despojo.
Entretanto… Seguirán cargando el mismo lastre.
Menospreciando al resto de los hombres
Y acabando con las piedras ancestrales de la historia.
Hasta que el fuego del Armagedón, se derrame sobre la tierra
Y los sorprenda enardecidos de poder, en la faena,
Edificando sobre un cúmulo de muertos,
El muro de la vergüenza…
Tras el último toque del Shofar.
Lara Ribero
344
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