Octavio Paz

Octavio Paz

1914–1998 · vivió 84 años MX MX

Octavio Paz fue un poeta, ensayista y diplomático mexicano, considerado una de las figuras literarias más influyentes del siglo XX en América Latina. Su obra, vasta y diversa, explora la identidad mexicana, el amor, la sensualidad, el tiempo, la modernidad y la condición humana con una prosa lúcida y un lenguaje poético innovador. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990, Paz fue un intelectual comprometido con la libertad y un agudo observador de su tiempo.

n. 1914-03-31, Cidade do México · m. 1998-04-19, Cidade do México

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Jardín

Nubes a la deriva, continentes
sonámbulos, países sin substancia
ni peso, geografías dibujadas
por el sol y borradas por el viento.

Cuatro muros de adobe. Buganvillas:
en sus llamas pacíficas mis ojos
se bañan. Pasa el viento entre alabanzas
de follajes y yerbas de rodillas.

El heliotropo con morados pasos
cruza envuelto en su aroma. Hay un profeta:
el fresno –y un meditabundo: el pino.
El jardín es pequeño, el cielo inmenso.

Verdor sobreviviente en mis escombros:
en mis ojos te miras y te tocas,
te conoces en mí y en mí te piensas,
en mí duras y en mí te desvaneces.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Octavio Paz Lozano fue un poeta, ensayista, traductor y diplomático mexicano. Nació en la Ciudad de México el 31 de marzo de 1914 y falleció en la misma ciudad el 19 de abril de 1998. Es una de las figuras literarias más importantes del siglo XX en lengua española y fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1990.

Infancia y formación

Creció en un ambiente intelectualmente estimulante, rodeado de libros en la biblioteca de su padre y tío. Su abuelo materno, un liberal e intelectual, fue una figura importante en su formación. Estudió derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en la Universidad de Santa María de Oaxaca. Desde joven mostró un gran interés por la literatura y la filosofía.

Trayectoria literaria

Comenzó a publicar poesía en su adolescencia. En 1933 fundó la revista "Barandal", junto con otros jóvenes escritores. En 1937 viajó a España y participó en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Su experiencia en España marcó su pensamiento político y literario. Se desempeñó como diplomático en París, Nueva York y Tokio, lo que enriqueció su visión del mundo. En 1950 regresó a México y se dedicó intensamente a la escritura y la edición, dirigiendo la revista "Plural" y "Vuelta".

Obra, estilo y características literarias

La obra de Paz es extensa y abarca poesía, ensayo, crítica literaria y filosofía. Su poesía se caracteriza por la exploración del amor, la sensualidad, el tiempo, la soledad, la identidad y la crítica a la modernidad. Su estilo es a menudo reflexivo, denso en imágenes y con un lenguaje que transita entre lo lírico y lo conceptual. Temas recurrentes son la dualidad, la búsqueda de la totalidad y la relación del ser humano con el cosmos y la historia. En su ensayo, aborda la identidad mexicana, la cultura latinoamericana, el surrealismo, el budismo y la política.

Contexto cultural e histórico

Paz vivió y reflexionó sobre las grandes transformaciones del siglo XX: la Revolución Mexicana, la Guerra Fría, los movimientos estudiantiles, la influencia de Estados Unidos en América Latina y la crisis de los sistemas ideológicos. Fue un crítico de los totalitarismos y un defensor de la libertad individual y política. Su obra se nutre de diversas tradiciones, desde la prehispánica hasta las vanguardias europeas.

Vida personal

Fue un intelectual de gran rigor y coherencia. Sus experiencias vitales, incluyendo sus viajes y relaciones personales, se entrelazaron con su producción literaria y reflexiva. Tuvo dos matrimonios, con la escritora Elena Garro y luego con Marie-Jo Simmonet, y una hija. Fue un activo participante en debates públicos y un defensor de causas humanitarias.

Reconocimiento y recepción

Octavio Paz es uno de los intelectuales latinoamericanos de mayor proyección internacional. Recibió numerosos premios y distinciones a lo largo de su carrera, culminando con el Premio Nobel de Literatura en 1990. Su obra es objeto de estudio en universidades de todo el mundo y su pensamiento sigue siendo una referencia obligada para entender la cultura y la política latinoamericana.

Influencias y legado

Fue influenciado por el surrealismo, el budismo zen, la filosofía existencialista, y la tradición literaria mexicana y española. Su legado es fundamental para la poesía y el ensayo contemporáneos en español. Abrió caminos para la reflexión sobre la identidad, la modernidad y la condición humana, y su obra continúa inspirando a nuevas generaciones de escritores y pensadores.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Paz ha sido objeto de continuos análisis que destacan su profunda indagación sobre la condición humana, la búsqueda de la plenitud en el amor y el conocimiento, y su crítica a las estructuras de poder y las ideologías. Su análisis de la identidad mexicana y su diálogo con otras culturas son especialmente relevantes.

Infancia y formación

Paz fue un ferviente defensor de los derechos humanos y un crítico de los regímenes autoritarios. Su interés por el arte, el erotismo y la mística se refleja en su poesía y ensayo, mostrando una faceta menos conocida de su pensamiento.

Muerte y memoria

Falleció en 1998, dejando un vasto legado literario y de pensamiento. Su memoria se perpetúa a través de la Fundación Octavio Paz y la continua edición y estudio de su obra, que sigue siendo un faro para la cultura en lengua española.

Poemas

139

La Calle

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.
587

Seven P m

En filas ordenadas regresamos
y cada noche, cada noche,
mientras hacemos el camino,
el breve infierno de la espera
y el espectro que vierte en el oído:
“¿No tienes sangre ya? ¿por qué te mientes?
Mira los pájaros…
El mundo tiene playas todavía
y un barco allá te espera, siempre.”

Y las piernas caminan
y una roja marea
inunda playas de ceniza.

“Es hermosa la sangre
cuando salta de ciertos cuellos blancos.
Báñate en esa sangre:
el crimen hace dioses.”

Y el hombre aprieta el paso
y ve la hora: aún es tiempo
de alcanzar el tranvía.

“Allá, del otro lado,
yacen las islas prometidas. Danzan
los árboles de música vestidos,
se mecen las naranjas en las ramas
y las granadas abren sus entrañas
y se desgranan en la yerba,
rojas estrellas en un cielo verde,
para la aurora de amarilla cresta…”

Y los labios sonríen y saludan
a otros condenados solitarios:
¿Leyó usted los periódicos?

“¿No dijo que era el Pan y que era el Vino?
¿No dijo que era el Agua?
Cuerpos dorados como el pan dorado
y el vino de labios morados
y el agua, desnudez…”

Y el hombre aprieta el paso
y al tiempo justo de llegar a tiempo
doblan la esquina, puntuales, Dios y el tranvía.
557

Pequeño Monumento

Fluye el tiempo inmortal y en su latido
sólo palpita estéril insistencia,
sorda avidez de nada, indiferencia,
pulso de arena, azogue sin sentido.

Resuelto al fin en fechas lo vivido
veo, ya edad, el sueño y la inocencia,
puñado de aridez en mi conciencia,
sílabas que disperso sin rüido.

Vuelvo el rostro: no soy sino la estela
de mí mismo, la ausencia que deserto,
el eco del silencio de mi grito.

Mirada que al mirarse se congela,
haz de reflejos, simulacro incierto:
al penetrar en mí me deshabito.
625

Crepúsculos De La Ciudad - Vi

Las horas, su intangible pesadumbre,
su peso que no pesa, su vacío,
abigarrado horror, la sed que expío
frente al espejo y su glacial vislumbre,

mi ser, que multiplica en muchedumbre
y luego niega en un reflejo impío,
todo, se arrastra, inexorable río,
hacia la nada, sola certidumbre.

Hacia mí mismo voy; hacia las mudas,
solitarias fronteras sin salida:
duras aguas, opacas y desnudas,

horadan lentamente mi conciencia
y van abriendo en mí secreta herida,
que mana sólo, estéril, impaciencia.
562

Crepúsculos De La Ciudad - Iv - (cielo)

Frío metal, cuchillo indiferente,
páramo solitario y sin lucero,
llanura sin fronteras, toda acero,
cielo sin llanto, pozo, ciega fuente.

Infranqueable, inmóvil, persistente,
muro total, sin puertas ni asidero,
entre la sed que da tu reverbero
y el otro cielo prometido, ausente.

Sabe la lengua a vidrio entumecido,
a silencio erizado por el viento,
a corazón insomne, remordido.

Nada te mueve, cielo, ni te habita.
Quema el alma raíz y nacimiento
y en sí misma se ahonda y precipita.
505

Crepúsculos De La Ciudad - Iii

A la orilla, de mí ya desprendido,
toco la destrucción que en mí se atreve,
palpo ceniza y nada, lo que llueve
el cielo en su caer oscurecido.

Anegado en mi sombra-espejo mido
la deserción del soplo que me mueve:
huyen, fantasma ejército de nieve,
tacto y color, perfume y sed, ruido.

El cielo se desangra en el cobalto
de un duro mar de espumas minerales;
yazgo a mis pies, me miro en el acero

de la piedra gastada y del asfalto:
pisan opacos muertos maquinales,
no mi sombra, mi cuerpo verdadero.
489

Crepúsculos De La Ciudad - Ii

Mudo, tal un peñasco silencioso
desprendido del cielo, cae, espeso,
el cielo desprendido de su peso,
hundiéndose en sí mismo, piedra y pozo.

Arde el anochecer en su destrozo;
cruzo entre la ceniza y el bostezo
calles en donde lívido, de yeso,
late un sordo vivir vertiginoso;

Lepra de livideces en la piedra
trémula llaga torna a cada muro;
frente a ataúdes donde en rasos medra

la doméstica muerte cotidiana,
surgen, petrificadas en lo oscuro,
putas: pilares de la noche vana.
556

Crepúsculos De La Ciudad - I

Devora el sol restos ya inciertos;
el cielo roto, hendido, es una fosa;
la luz se atarda en la pared ruinosa;
polvo y salitre soplan sus desiertos.

Se yerguen más los fresnos, más despiertos,
y anochecen la plaza silenciosa,
tan a ciegas palpada y tan esposa
como herida de bordes siempre abiertos.

Calles en que la nada desemboca,
calles sin fin andadas, desvarío
sin fin del pensamiento desvelado.

Todo lo que me nombra o que me evoca
yace, ciudad, en ti, yace vacío,
en tu pecho de piedra sepultado.
507

La Caída - Ii

Prófugo de mi ser, que me despuebla
la antigua certidumbre de mí mismo,
busco mi sal, mi nombre, mi bautismo,
las aguas que lavaron mi tiniebla.

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,
niebla de mí, mentira y espejismo:
¿qué soy, sino la sima en que me abismo,
y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

El espejo que soy me deshabita:
un caer en mí mismo inacabable
al horror del no ser me precipita.

Y nada queda sino el goce impío
de la razón cayendo en la inefable
y helada intimidad de su vacío.
604

Mar Por La Tarde

Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,
impenetrables, verdes, grises aguas,
aguas de pronto blancas, deslumbradas.

Aguas como el principio de las aguas,
como el principio mismo antes del agua,
las aguas inundadas por el agua,
aniquilando lo que finge el agua.

El resonante tigre de las aguas,
las uñas resonantes de cien tigres,
las cien manos del agua, los cien tigres
con una sola mano contra nada.

Desnudo mar, sediento mar de mares,
hondo de estrellas si de espumas alto,
prófugo blanco de prisión marina
que en estelares límites revienta,

¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas,
informe confusión de aguas y nada,
qué mares, encendidos prisioneros,
dentro de ti, bajo tu pecho, cantan?

¿Qué violencias recónditas, qué labios,
conmueven a tu piel de verdes llamas?,
¿qué desoladas aguas, costas solas,
qué mares invisibles, mar, alías?,

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
adónde vas, latido, carne, sueño?

¿Dónde te viertes, avidez de nada?
No soy la piedra que se precipita,
soy su caída, y más, soy el abismo,
el círculo de sombra en que se ahonda.

Tiempo que se congela, mar y témpano,
vampiro de la luna —o se despeña:
madre furiosa, inmensa res hendida,
mar que te comes vivas las entrañas.
743

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