Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Mientras la verdad no se presente, el error se desenvuelve tranquilamente, como lechuzas y murciélagos en la noche. [...] Aunque tal es el poder de la verdad, cuya victoria es difícil, pero cuando se conquista ya no puede ser arrebatado.
Es más apropiado intentar comprender el mundo a partir del hombre que a los hombres a partir del mundo 1 .
Teniendo en cuenta que en la filosofía no hay revelación alguna, un filósofo debe ser, antes que nada, un incrédulo.
La filosofía sólo tiene un compromiso, ser verdadera.
Cada cual es merecedor de castigo no por lo que hace, sino por lo que es capaz de hacer: por eso padece con toda justicia todo mal que en el mundo sea posible.
¿Qué fragua la filosofía? El valor de no guardarse ninguna pregunta en el corazón.
El mundo mismo es el juicio final y todo lo que tiene vida debe expiar su existencia, primero en la vida y luego en la muerte.
La diferencia entre torturador y torturado es solamente fenoménica, pues ambos son uno, de manera que el torturador se engaña cuando cree que no participa de tal tormento, así como se engaña la víctima cuando piensa que no participa de la culpa. Pues el conjunto de la maldad y del sufrimiento es la más fuerte manifestación de una única voluntad de vivir que se halla en contradicción consigo misma.
El optimismo es el injustificado autobombo que hace de sí mismo el auténtico creador del mundo, la voluntad de vivir, que se refleja con placer en sus obras.
La verdad es que debemos ser miserables y lo somos. Además, la principal fuente de los más penosos males que atañen al hombre es el hombre mismo: homo homini lupus [el hombre es un lobo para el hombre] 15 . Quien se hace cargo de esto, observa el mundo como un infierno que sobrepasa al de Dante por el hecho de que uno tiene que ser el demonio del otro.
El pasado no ha pasado, sino que, en el fondo, todo lo que alguna vez existió real y verdaderamente ha de existir aún; el tiempo se parece a la cascada de un teatro, que parece caer a borbotones cuando, al ser una simple rueda, no se mueve de su sitio 14 .
Precisamente porque toda felicidad es negativa ocurre que, cuando finalmente y en alguna ocasión llega a ser total, no cobramos conciencia de su existencia hasta que desaparece, pues se desliza sobre nosotros ligera y suavemente, y después la carencia, sentida positivamente, se convierte en la expresión de la felicidad desperdiciada: entonces nos convencemos de que no hicimos nada para conservarla y a la privación se añade el arrepentimiento.
En el mundo sucede como en los dramas de Gozzi 13 : en todas estas piezas aparecen los mismos personajes con idénticas intenciones y el mismo destino. Por supuesto, las circunstancias cambian, pero el espíritu de tales circunstancias es el mismo. [...] La gente cree asimismo que, sin descanso, sucede algo nuevo, que cada día trae algo distinto.
Mientras la historia muestra que en cada momento ha sucedido algo distinto, la filosofía se esfuerza por hacernos entender que en todo tiempo fue, es y será lo mismo.
El suicidio no es más que un falso espejismo con el que el gélido Orco nos muestra un sosegado refugio.
El suicida se asemeja al enfermo de una operación dolorosa en la que, después de haberla comenzado y sin haberla culminado, la enfermedad se mantiene. El sufrimiento acecha para abrir la posibilidad de renunciar a la voluntad de vivir: pero [el suicida] destruye la manifestación de la voluntad, su cuerpo, para mantener sin más la voluntad, la enfermedad 11 .
La vida del fastuoso mundo de los nobles no es en realidad nada más que una continua y desesperada lucha contra el aburrimiento. La vida de las clases más bajas es una perpetua lucha contra la necesidad.
El habitual descontento, fracaso e insatisfacción que conlleva el suicidio no es más que la expresión más estridente de la autoescisión interna y esencial de la vida. Voluntad, vida y cuerpo son uno 10 .
Quien comete un error individual habrá de expiarlo alguna vez y a menudo ha de pagarlo muy caro; lo mismo vale extendiéndolo a los errores colectivos de todo un pueblo. Por eso no puede dejar de repetirse que cada error, allí donde se encuentre, ha de ser perseguido y extirpado como un enemigo de la humanidad, y que no puede haber errores privilegiados. El pensador debe atacarlos, aun cuando la humanidad, al igual que un enfermo cuya úlcera toca el médico, grite con ello.
El hecho de que detrás de la angustia se halle de inmediato el aburrimiento, que afecta incluso a los animales más inteligentes, es consecuencia de que la vida no tiene ningún auténtico y verdadero contenido, sino que sólo se mantiene en movimiento por necesidad e ilusión; tan pronto como ese movimiento se detiene, comparece toda la esterilidad y el vacío de la existencia.
El cristianismo dice: «la muerte entró en el mundo a través del pecado» . Pero la muerte no es más que la expresión exagerada, estridente, retumbante y pesada de lo que el mundo es de una punta a otra. Por eso también se puede decir: el mundo es a través del pecado.
La vida de todo hombre genial es sin excepción trágica, si bien es cierto que, contemplada desde fuera, parece muy tranquila.
Así como el cuerpo humano más bello guarda en su interior excrementos y mefíticos vapores, también el más excelso carácter contiene alguna malvada tendencia y el más grande de los genios alberga estrechas miras e incluso la locura 6 .
Los caprichos originados en el instinto sexual guardan una analogía completa con los fuegos fatuos, pues confunden de la forma más vívida. Si los seguimos, nos llevan a un lugar inmundo y luego desaparecen.
La infinitud del tiempo y la nihilidad de todo su contenido se siguen recíprocamente la una de la otra. Lo que desde lo inagotable se da sin fin ni medida no puede existir en sí mismo, sólo puede ser un engaño, no puede tener valor alguno.
Nuestros mayores padecimientos no moran en el presente en forma de representaciones intuitivas o sentimientos inmediatos, sino en la razón a través de conceptos abstractos y torturadores pensamientos de los que carece el animal por vivir sólo en el presente.
Con su esplendor y grandeza, templos e iglesias, pagodas y mezquitas, nos hacen ver (en toda nación y todo tiempo) la necesidad metafísica del hombre, tan vigorosa e indestructible como la física. En términos satíricos podemos decir que tal necesidad es como un muchacho contentadizo que prefiere una fiesta muy pobre 4 .
En todo negocio humano hay algo que no está en nuestro poder y no entra en nuestros cálculos: el deseo de conquistar esto es el origen de los dioses.
El carácter de las cosas de este mundo, sobre todo del mundo humano, no es tanto la imperfección (como a menudo se ha dicho) como la deformación, en lo moral, en lo intelectual, en lo físico, en todo.
El mundo no es más que el infierno, y los hombres son, por un lado, las almas atormentadas, y por otro, los demonios.
Cuanto más clara se nos hace la conciencia de la fragilidad, la nihilidad y la naturaleza onírica de todas las cosas, tanto más clara se vuelve la conciencia de la eternidad de la propia esencia interior, pues aquella naturaleza de las cosas sólo se conoce por oposición a ésta, de igual forma que sólo se percibe el rápido desplazamiento de nuestro barco cuando dirigimos la mirada hacia tierra firme, y no hacia el barco mismo.
Los animales se devoran unos a otros, los seres civilizados se traicionan mutuamente: a esto llamamos el curso del mundo.
Una vida individual ha ofrecido su fruto completo cuando el hombre se retira de ella sin conservar ningún deseo ni de ella ni de sus alegrías, cuando se ha curado de la adicción que se manifestó como vida. Todo lo demás es indiferente y tiene un valor secundario [...]. A través del sufrimiento el hombre es purificado y finalmente santificado, es decir, liberado de la voluntad. En este sentido es la cruz el símbolo de la religión católica. Por eso el sufrimiento tiene una fuerza salví fica.
Aunque todos desearían permanecer en reposo, la necesidad y el aburrimiento son como latigazos que conservan el movimiento de la peonza.
Si los hombres no fueran tan zafios, su destino general no sería tan triste. En este sentido se puede afirmar que el mundo mismo es ya el juicio final. Si pudiéramos colocar todo el sufrimiento del mundo en un platillo de la balanza y toda la culpa en el otro, el fiel quedaría equilibrado.
Cuando la miseria de esta tierra nos golpea, nos entretenemos como verdugos de nosotros mismos en presuponer tras ella la imagen del auténtico y espantoso mal, y entonces sentimos la necesidad de correr y lamentarnos. La educación de la razón nos permite reconocer y evitar tal engaño: eso querían seguramente los estoicos 3 .
Qué hermoso sería un mundo en el que la verdad no pudiera ser paradójica, donde la virtud no conllevara sufrimiento alguno y en el que cada belleza fuera aplaudida.
El sufrimiento del mundo animal sólo puede justificarse por el hecho de que la voluntad de vivir, al no haber nada fuera de ella en el mundo fenoménico y al ser una voluntad hambrienta, ha de alimentarse de su propia carne . De ahí la caza, la angustia y el sufrimiento.
Un crimen o un pecado no son más que el signo y la característica de cuán firmemente una voluntad se ha aferrado a la vida, de cómo se ha acomodado en ella. La vida es un sufrimiento terrible que se distribuye azarosamente.
La vida jamás es bella; sólo son bellas sus imágenes, transfiguradas en el espejo del arte o la poesía; sobre todo en la juventud, cuando aún no conocemos la vida.
Nuestra vida es tan pobre que no hay tesoros en el mundo que puedan hacerla rica.
La desgracia es el requisito de la compasión, así como la compasión es el manantial del que surge la caridad. Esta consideración se relaciona con la observación de que nada calma tan rápido nuestra ira, incluso si está justificada, como la afirmación «Es un desgraciado». Lo que la lluvia es para el fuego, tal es la compasión para la ira.
Para nuestro carácter moral el sufrimiento es tan necesario como para nuestro cuerpo la presión del aire. Sin ella, el cuerpo explotaría; sin el sufrimiento, nuestro carácter se echaría a perder con deseos y pasiones de todo tipo.
Las tonadas de la música celestial no han cesado de sonar a lo largo de estos siglos de barbarie: el eco inmediato de lo eterno permanece en nosotros, comprensible para todos nuestros sentidos y más sublime que cualquier vicio y virtud. [Carta a su madre Johanna, 1806]
La miseria de la vida se muestra muy claramente en el hecho de necesitar entretenimientos 1 , y en este sentido estimamos cada hora que pasa como una ganancia: sin embargo, es por la conservación más larga posible de esa misma vida por la que se realizan todos los esfuerzos.
Sea lo que sea después de mi muerte –quizá sea nada–, será algo tan natural y evidente como mi existencia orgánica, biológica. Por eso, y a lo sumo, sólo debo temer el momento de la transición.
Si el sufrimiento no es el auténtico y verdadero fin de la vida, entonces nuestra existencia es lo más estúpido que puede pensarse.
Allí donde respira un ser vivo, hay otro para devorarlo.