Citas
Citas para inspirar y reflexionar
¿Qué tengo en común con el Judaísmo? Apenas tengo algo en común conmigo mismo. Debería colocarme tranquilamente en un lugar retirado, satisfecho de poder respirar.
Yo no he sido conducido a la vida, como Kierkegaard, por la mano, por cierto ya bastante hundida, del cristianismo. Tampoco he podido coger, como los sionistas, el último extremo del huidizo manto de oración judío. Yo soy principio o fin.
La literatura alemana también ha vivido de la liberación de los judíos, y con gran esplendor. Ante todo, nunca fue, hasta donde alcanza mi apreciación y por término medio, menos variada de lo que es hoy. Quizá haya perdido en la actualidad en variedad. Que ambas tendencias están relacionadas con el Judaísmo como tal, más concretamente con la relación de los jóvenes judíos con su Judaísmo, con la terrible situación anímica de estas generaciones (…)
Lamentablemente es cierto, la he descuidado, pero tenía motivos especiales que aquí no vienen al caso. Sería feliz si volviera a mí, aunque empezaría de nuevo a descuidarla. Así es.
Mi nombre en hebreo es Amschel…
El miedo ante la unión, ante el fluir hacia la otra parte. Entonces ya no estoy nunca más solo.
El matrimonio es, con seguridad, la caución por la más enérgica autoliberación e independencia. Tendría una familia, lo máximo que, en mi opinión, se puede alcanzar, lo máximo, pues, que tú has alcanzado. Sería de tu misma condición, toda la vieja y eternamente nueva vergüenza y tiranía serían sólo historia.
El coito como castigo por la felicidad de estar juntos. Vivir en lo posible de manera ascética, más ascético que un soltero, ésa es la única posibilidad para mí de soportar el matrimonio. ¿Pero ella?
El celibato y el suicidio están en un nivel similar del conocimiento; suicidio y martirio, en ningún caso, quizá matrimonio y martirio.
La quiero tanto como soy capaz de querer, pero el amor queda enterrado hasta la asfixia bajo el miedo y los reproches que me hago a mí mismo.
Amor significa que tú eres para mí el cuchillo con el que remuevo mi interior.
Tiene muchos jueces. Son como un ejército de pájaros sentado en un árbol.
Estoy condenado, y no sólo estoy condenado hasta el final, sino que también estoy condenado a defenderme hasta el final.
Sólo yo tengo la culpa. Consiste en poseer muy poca verdad de mi parte, todavía demasiada poca verdad, la mayoría mentira, mentira causada por el miedo a mí mismo y a los hombres. Este cántaro se rompió mucho antes de ir a la fuente. Y ahora cierro la boca para permanecer un poco en la verdad. La mentira es horrible, no hay tormento espiritual más maligno.
Cuando era niño no dejaba de hacerme reproches, con tu conformidad, porque no iba lo suficiente al templo, no ayunaba etc. No creía cometer con ello una injusticia contra mí, sino contra ti, y la conciencia de culpa, que siempre estaba al acecho, me invadía por completo.
… El sueño es el ser más inocente; el hombre insomne, el más culpable.
Desear la muerte, pero no los dolores, ése es un mal signo. Por lo demás, se puede optar por la muerte. Se le ha enviado como a la paloma bíblica, no ha encontrado tierra y se introduce de nuevo a hurtadillas en la oscuridad del arca.
El suicida es el preso que ve cómo levantan una horca en el patio de la prisión, cree erróneamente que está destinada a él, huye de la celda por la noche, baja y se cuelga.
Lo cruel de la muerte consiste en que trae el dolor real del fin, pero no el fin. Lo más cruel de la muerte: un fin aparente causado por un dolor real.
Después de la muerte de un ser humano irrumpe en la tierra, por un espacio de tiempo y en el ámbito del muerto, una tranquilidad especial y bienhechora. La fiebre terrenal ha cesado, no se ve más cómo continúa el morir, un error parece haber sido solventado, para los mismos vivientes constituye una oportunidad para respirar libremente, por lo que se abre la ventana de la habitación del muerto —hasta que todo se manifiesta como una apariencia y comienzan el dolor y los lamentos.
Nuestra salvación es la muerte, pero no ésta.
«Hablas sin cesar de la muerte, pero no te mueres». «Y, sin embargo, moriré. Precisamente entono mi canto final. El canto de uno es más largo; el de otro, más corto; pero la diferencia se puede expresar siempre con pocas palabras».
La muerte tuvo que sacarle de la vida del mismo modo en que se saca a un inválido de una silla de ruedas. Estaba aferrado a la vida con la misma fuerza y peso con los que el inválido se sentaba en la silla de ruedas.
No me he redimido con la escritura. He muerto durante toda mi vida y ahora moriré realmente. Mi vida fue más dulce que la de otros, tanto más horrible será mi muerte.
Podría morir, pero no padecer dolores. Con el esfuerzo por evitarlos, los aumenté claramente. Podría resignarme a morir, pero no al dolor, me faltaría el movimiento anímico, como cuando todo está empaquetado y los remos son retirados con esfuerzo una y otra vez sin que se produzca la partida. Lo peor, los dolores inmortales.
¿Te asusta pensar en la muerte? Yo sólo tengo un miedo horrible al dolor… Por lo demás, uno se puede aventurar a la muerte.
La terrible inseguridad de mi existencia interna.
Ay, Dios, pensó, ¡qué profesión más agotadora he escogido! Día sí y día no de viaje. Las preocupaciones laborales son mucho más grandes que en el negocio propiamente dicho, en la ciudad. Y, además, me han impuesto esta plaga de los viajes, la preocupación por las conexiones de los trenes, la comida mala e irregular, un trato humano que nunca es duradero ni afectuoso. ¡Que se lo lleve todo el diablo!
18 de octubre de 1917. Miedo de la noche. Miedo de la «no-noche».
El mundo horrible que tengo en la cabeza. Pero cómo liberarme y liberarle sin tener que desgarrar. Y es mil veces mejor desgarrar que retenerlo o enterrarlo en mi interior. Para eso estoy aquí, eso me es del todo claro.
Quizá este miedo no sea sólo miedo, sino también un anhelo hacia algo que es más que todo lo que causa el miedo.
Ahora soy más inseguro de lo que jamás fui. Sólo siento la violencia de la vida. Y estoy en un vacío sin sentido. Realmente soy como una oveja perdida en la noche que vaga por la montaña, o como una oveja que sigue a esa oveja.
No es miedo ante el viaje; peor, es un miedo general.
Dos niños que estaban solos en una habitación se introdujeron en un gran baúl; la tapa cayó, no pudieron abrir y se ahogaron.
Es evidente que estoy siendo atacado, tanto por la izquierda como por la derecha, por enemigos demasiado poderosos y no puedo huir ni hacia la derecha ni hacia la izquierda.
Insomnio. Ya la tercera noche seguida. Me duermo con facilidad, pero despierto transcurrida una hora, como si hubiera introducido mi cabeza en el agujero erróneo. Estoy completamente despierto…, ante mí está de nuevo el trabajo de dormirme y me siento rechazado por el sueño.
Probablemente notarás que no duermo desde hace unas noches. Es simplemente el «miedo».
Estamos abandonados como niños extraviados en el bosque. Cuando permaneces ante mí y me miras, qué sabes tú de los dolores que hay en mí y qué sé yo de los que hay en ti. Y si yo me arrojara a tus pies y llorara y te contara, qué sabrías más de mí que del infierno, si alguien te hubiese dicho que allí hace calor y es un lugar espantoso. Sólo por eso los seres humanos deberíamos mostrarnos entre nosotros tan respetuosos, tan pensativos y amantes como si estuviéramos ante las puertas del infierno.
Incapaz de vivir, de hablar con seres humanos. Completo ensimismamiento, un pensar exclusivamente en mí mismo. Apático, falto de ideas, angustiado. No tengo nada que decir, nunca, a nadie.
Soy un enfermo mental, la enfermedad pulmonar es sólo un desbordamiento de la enfermedad mental.
6 de julio. Una y otra vez el mismo pensamiento, la ansiedad, el miedo. Pero más tranquilo que en otras ocasiones, como si se estuviera preparando un gran progreso, cuyo temblor lejano ya siento. He dicho demasiado.
Me aislaré de todos hasta la inconsciencia. Me enemistaré con todos, no hablaré con nadie.
Hundimiento, imposibilidad de dormir, de permanecer despierto; imposibilidad de soportar la vida o, con mayor precisión, de soportar el sucederse de la vida. Los relojes no coinciden, el reloj interno acelera de una manera diabólica o satánica, en todo caso inhumana; el externo avanza atascándose, con su marcha habitual.
Una cierta pesadez le impide levantarse, un sentimiento de seguridad ante cualquier imprevisto, la visión de un lecho que le ha sido preparado y le pertenece. Sin embargo, una intranquilidad que le expulsa del lecho le impide seguir yaciendo con sosiego.
Vivo con mi familia, entre seres excelentes y dignos de ser amados, como un extraño entre extraños.
No tengo nada que arriesgar y todo que ganar si me despido y me voy de Praga. No arriesgo nada, pues mi vida en Praga no conduce a nada bueno.
Praga no te suelta. No a nosotros dos. Esta madrecita tiene garras. Hay que adaptarse o incendiarla desde dos puntos distintos, desde Vysehrad y desde Hradschin, entonces sería posible escapar.
La semana pasada me adaptaba perfectamente a la calle en la que vivo y a la que he denominado: «calle para que los suicidas tomen impulso».