Citas
Citas para inspirar y reflexionar
*Hay una meta, pero ningún camino. Lo que llamamos «camino» es duda.
¿Cómo puede alguien alegrarse por el mundo excepto cuando se huye hacia él?
* Los escondites son incontables, la salvación es una; pero posibilidades de salvación hay tantas como escondites.
La fortuna de comprender que el suelo sobre el que permaneces no puede ser más grande que los dos pies que lo cubren.
El verdadero enemigo te transmite un valor sin límites.
Tú eres la obra, ningún discípulo hasta donde la vista alcanza.
Con la misma firmeza con que la mano sostiene la piedra. Pero la mano la sostiene con tanta firmeza para lanzarla más lejos. No obstante, el camino conduce también por esa distancia.
Unos leopardos penetran en el templo y beben de las copas sagradas hasta vaciarlas del todo. Este hecho se repite una y otra vez. Finalmente se hace previsible y se convierte en parte de la ceremonia.
* No dejes que el Mal te confunda y creas que puedes tener secretos para él.
Nunca había estado hasta ahora en este lugar: la respiración es diferente, una estrella brilla más cegadora que el sol.
Si hubiera sido posible construir la Torre de Babel sin escalarla, habría estado permitido.
Como un camino en otoño: tan pronto como se barre, vuelve a cubrirse de hojas secas.
Una jaula fue en busca de un pájaro.
El primer signo del conocimiento incipiente es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable, cualquier otra, inalcanzable. Ya no se siente vergüenza de querer morir; se solicita que nos lleven desde la antigua y odiada celda a una nueva que, a partir de ese momento, aprenderemos a odiar. Un resto de fe contribuirá a ello. Durante el transporte pasará casualmente el Señor por el corredor, verá al prisionero y dirá: «A éste no debéis encerrarle de nuevo, viene conmigo».
* Si fueras por una llanura, tuvieras la sana intención de avanzar y, sin embargo, sólo dieras pasos hacia atrás, sería una situación desesperada. Pero como escalas una pendiente escarpada, tan escarpada como tú mismo visto desde abajo, los pasos atrás pueden haber sido causados sólo por la disposición del suelo, así que no debes desesperar.
La explicación correcta es, sin embargo, que un gran demonio le ha poseído y que la infinidad de los pequeños se acerca para servir al grande.
La diversidad perceptiva de la que puede ser objeto una manzana: la perspectiva del pequeño que tiene que alargar el cuello para ver con esfuerzo la manzana sobre la mesa, la perspectiva del señor de la casa que toma la manzana y la ofrece a los comensales.
A es muy engreído. Cree haber progresado mucho respecto al Bien, ya que se siente sometido, por lo visto como un objeto constantemente seductor, a cada vez más tentaciones procedentes de direcciones que hasta ese momento desconocía por completo.
Él es como la lucha con mujeres, que acaba en la cama.
El instante decisivo del desarrollo humano es continuo. Por ello los movimientos revolucionarios que declaran la nulidad de todo lo acaecido con anterioridad tienen razón, pues todavía no ha ocurrido nada.
Una de las formas de seducción del Mal más efectivas es la incitación a la lucha.
Si se llega a un punto determinado, ya no hay regreso posible. Hay que alcanzar ese punto.
Muchas ánimas de difuntos se ocupan exclusivamente de lamer las orillas del río de los muertos, porque procede de nuestro mundo y mantiene todavía el sabor salado de nuestros mares. Entonces el río se eriza de repugnancia, invierte la corriente y arrastra de nuevo a los muertos hacia la vida. Ellos, sin embargo, están felices, entonan cánticos de gratitud y acarician las indignadas aguas.
Todos los errores humanos provienen de la impaciencia, de una ruptura precipitada del método, de la aparente aprehensión de una cuestión aparente.
Dos pecados capitales, de los cuales se derivan todos los demás, determinan la vida de los seres humanos: la impaciencia y la indolencia. Fueron expulsados del paraíso a causa de la impaciencia, no regresan debido a la indolencia. Pero quizá sólo hay un pecado capital: la impaciencia. Fueron expulsados a causa de la impaciencia, no regresan debido a la impaciencia.
El camino verdadero transcurre sobre una cuerda que no ha sido tendida en las alturas, sino apenas a escasa distancia del suelo. Parece haber sido dispuesta para tropezar antes que para pasar sobre ella.
Ahí hay un lector; no nota que estoy observándolo. Lo conozco hace tiempo... una cabeza inteligente: el ser leído por él no perjudica. ¡pero si está completamente cambiado! ¿soy yo el que lo ha cambiado?
Con una voz muy fuerte en la garganta difícilmente se estará en condiciones de pensar cosas sutiles.
Me permito hacer la pregunta de si nosotros nos hemos vuelto realmente más morales. El hecho de que todo el mundo lo crea es ya una objeción contra ello...
Quien se posee realmente a sí mismo, es decir, quien se ha conquistado definitivamente, considera en lo sucesivo que es privilegio suyo castigarse, indultarse, compadecerse a sí mismo. No necesita ceder eso a nadie, mas sí puede encomendarlo libremente a otro, por ejemplo, a un amigo. Pero sabe que con ello otorga un derecho y que sólo desde la posesión del poder pueden otorgarse derechos.
Necesitamos ser honestos con nosotros mismos y conocernos muy bien para poder practicar con otros ese disimulo filantrópico que se llama amor y bondad.
A uno su díscolo y malicioso hijo había estado martirizándolo tanto durante el día entero que al anochecer lo mató a golpes y, respirando aliviado, dijo al resto de la familia: «¡Bueno!, ¡ahora podemos dormir tranquilos!». ¿Qué sabemos de a qué podrían arrastrarnos las circunstancias?
«En esos matorrales hay serpientes». «Bien, me meteré en ellos y las mataré». «Pero tal vez seas tú víctima de ellas y no ellas víctimas de ti!». «¡Qué importo yo!».
«A mí la regla me resulta siempre más interesante que la excepción». Quien sienta así va muy adelantado en el conocimiento y pertenece a los iniciados.
Quien depende inevitablemente de un dueño debe tener algo con que inspirarle miedo y mantenerlo a raya, por ejemplo honestidad, o sinceridad, o mala lengua.
Probar una causa no es suficiente, es menester además seducir a los hombres a ella o elevarlos hasta ella. Por eso el sapiente debe aprender a decir su sabiduría, ¡y a menudo de tal manera que suene como una tontería!
Para que nuestra felicidad no nos calumnie es preciso que llevemos en nosotros achaques visibles.
¿Buscas personas de cultura bella? Entonces, igual que cuando buscas paisajes bellos, tendrás que contentarte con vistas y pareceres limitados. Es cierto que existen personas panorámicas, es cierto que son, como los paisajes panorámicos, instructivas y portentosas, pero no bellas.
En la mayoría de los casos aún continúa siendo eficaz contra el amor el viejo remedio radical: el amor que responde al nuestro.
A los animales no los tenemos por seres morales. ¿Pero pensáis que los animales nos tienen a nosotros por seres morales? Un animal que podía hablar dijo: «La humanidad es un prejuicio del que al menos los animales no adolecemos».
A: «Que alguien esquive la fama, que ofenda intencionadamente a quien lo alaba en un discurso, que tema oír juicios sobre sí, por miedo a la alabanza... ¡eso se encuentra, eso existe!, lo creáis o no lo creáis». B: «¡Eso se encuentra, eso existe! ¡Sólo un poco de paciencia, caballero Orgullo!».
De la humanidad de un maestro forma parte el poner en guardia contra sí mismo a sus alumnos.
No sé si experiencias de la vida expuestas en forma de sentencias tienen utilidad para otros, mas para quien las escribe son algo benéfico: forman parte de los medios para aliviar la vida. Incluso de los acontecimientos o momentos de la vida más desagradables y llenos de espinas es posible cortar sentencias (y sacar de ello un bocado agradable) y sentirse con ello un poco bien.
No leeré más a ningún autor al que se le note que ha querido escribir un libro, sino sólo a aquellos cuyos pensamientos se han convertido imprevistamente en un libro.
El buen educador conoce casos en los que está orgulloso de que su educando permanezca fiel a sí mismo en contra de él, a saber: cuando al joven no le es lícito entender al adulto y entenderlo lo perjudicaría.
A las objeciones del adversario frente a las cuales se siente demasiado débil nuestra cabeza, responde nuestro corazón haciendo aparecer sospechosos los motivos de las objeciones.
Cuanto más nos elevemos, tanto más pequeños pareceremos a quienes son incapaces de volar.
¡Qué bien suenan la mala música y los malos argumentos cuando marchamos al encuentro de un enemigo!