Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Al fin he descubierto que este maestro Juan de los Espejos había hecho todo esto por dos razones: primero, porque pensó que mi venida aquí lo ha privado de la relación y el favor de Vuestra Señoría; y segundo, porque dice que su nueva habitación le conviene para trabajar los espejos con mis criados, que ha convertido en enemigos míos y a quienes ha inducido a dejarle su taller donde fabrica, con otros obreros, muchos espejos que manda vender en las ferias.
Y si alguna de las cosas antedichas parecieran imposibles e infactibles, me ofrezco de buena gana a experimentarlas en vuestro parque, o en el lugar que más agrade a Vuestra Excelencia, a quien humildemente me recomiendo.
Me he alegrado tanto, Ilustrísimo Señor mío, del restablecimiento tan deseado de vuestra salud, que me he sentido libre casi de mi propio mal.
Donde fallase la aplicación de las bombardas, las reemplazaré con catapultas, balistas, trabucos y otros instrumentos de admirable eficacia, nunca usados hasta ahora. En resumen, según la variedad de los casos, sabré inventar infinitos medios de ataque o defensa.
En tiempo de paz, creo poder muy bien parangonarme con cualquier otro en materia de arquitectura, en proyectos de edificios, públicos o privados, y en la conducción de aguas de un lugar a otro.
En caso de necesidad, haré bombardas, morteros y otras máquinas de fuego, bellísimas y útiles formas, fuera del uso común.
Ítem, construiré carros cubiertos y seguros contra todo ataque, los cuales, penetrando en las filas enemigas, cargados de piezas de artillería, desafiarán cualquier resistencia. Y en pos de estos carros podrá avanzar la infantería ilesa y sin ningún impedimento.
En los combates navales, dispongo de aparatos muy propios para la ofensiva y la defensiva, y de navíos capaces de resistir el fuego de las más grandes bombardas, pólvora y vapores.
También he ideado modos de llevar a un (¿punto?), preindicado, a través de excavaciones y por caminos desviados y secretos, sin ningún estrépito y aun teniendo que pasar por debajo de fosos o de algún río.
Conozco, además, una clase de bombardas de cómodo y fácil transporte y que pueden lanzar una tempestad de menudas piedras, en tanto que el humo que producen infunde espanto y causa gran daño al enemigo.
Si la altura de los terraplenes y las condiciones naturales del lugar hicieran imposibles en el asedio de una plaza el empleo de bombardas, yo sé cómo puede arruinarse la más dura roca o cualquier otra defensa que no tenga sus fundaciones sobre la piedra.
He concebido ciertos tipos de puentes, muy ligeros y sólidos y muy fáciles de transportar, ya sea para perseguir al enemigo o, si ocurre, escapar de él; así como también otros, seguros y capaces de resistir, el fuego de la batalla, y que puedan ser cómodamente montados y desmontados. Y procedimientos para incendiar y destruir los del contrario.
Sé cómo extraer el agua de los fosos, en el sitio de una plaza, y construir puentes, catapultas, escalas de asalto e infinitos instrumentos aptos para tales expediciones.
Un enfermo estando ya a punto de morir, oyó golpear a la puerta de su dormitorio, y preguntó a uno de sus criados quién era el que así llamaba; y como el criado le contestara que era una mujer de nombre Buena, el enfermo alzó los brazos, dio las gracias a Dios en alta voz y ordenó a sus criados que la hiciesen entrar sin demora, a fin de que pudiera ver, antes de morir, una mujer buena, pues en toda su vida no había encontrado una sola que fuera digna de tal nombre.
Preguntaban a un pintor por qué, mientras sus figuras —cosas muertas, al fin— eran tan bellas, sus hijos eran, al contrario, tan feos.
Queriendo uno probar, con la autoridad de Pitágoras, cómo ya en otras épocas había estado en el mundo, y viendo que su interlocutor no le dejaba concluir su razonamiento, le dijo:
Cuando el fraile se encontró en la mitad del río, le vino a la memoria una de las reglas de su orden, y este nuevo San Cristóbal, alzando la cabeza, preguntó al hombre que cargaba:
Partiéronse luego en compañía y sucedió que después de andar un trecho, llegaron a un río de bastante anchura y profundidad. Como los tres iban a pie —los hermanos por pobreza, y el otro por avaricia— fue necesario para comodidad de la compañía, que uno de los frailes se descalzara y cargara sobre sus hombros al mercachifle, y así lo hizo, dándole a guardar sus zuecos entre tanto.
Causará infinitas traiciones; se impondrá a los hombres, persuadiéndoles de que les conviene cometer asesinatos, latrocinios y perfidias; esto hará finalmente sospechosos a sus partidarios; esclavizará a las ciudades libres; privará a muchos de la vida; afligirá a los hombres con sus arterías, engaños y traiciones.
Saldrá, de oscuras y tenebrosas cavernas, algo que acarreará a toda la especie humana grandes afanes y peligros y aun la muerte. A sus secuaces, tras muchas fatigas, les procurará contento; pero el que no sea su partidario, morirá abatido por la calamidad.
Los hombres descenderán a tal grado de cobardía, que tendrán como un favor que otros aprovechen de sus males y de la pérdida de su mayor riqueza: la salud.
Se verán padres entregar a sus hijas a la lujuria de los hombres, y aun premiarlos, olvidándose de sus anteriores celosos cuidados.
Habrá muchos que, olvidados hasta de su nombre y existencia, estarán como muertos sobre los despojos de otros muertos.
Muchos se moverán, unos contra otros, llevando en sus manos el cortante hierro. Pero no se harán ningún daño, salvo el que resulta del cansancio, porque, a medida que uno avanza, el otro se retira. Pero, ¡ay del que se introduzca entre ellos!, pues al fin será hecho pedazos.
Las cabras conducirán el vino a las ciudades
Los grandes fangales obligarán a los hombres a utilizar los árboles del lugar en que viven, para marchar sobre ellos.
Por todas las ciudades, tierras, castillos y casas, se verá a unos, por deseo de comer, quitar a otros de su propia boca la comida, sin que éstos puedan en manera alguna defenderse.
Se verán grandísimos cuerpos sin vida llevar, con furia, multitud de hombres a la pérdida de sus vidas.
Se verán padres y madres cuidando más a sus hijastros que a sus verdaderos hijos.
Cuanto más méritos tengan, más serán golpeados, y a sus hijos —arrancados, descortezados y desnudos— les romperán los huesos.
Muchos hijos serán despiadadamente aporreados, arrancados de los brazos de sus propias madres, arrojados al suelo y destrozados.
De la extracción de agua con cubos en los extremos de una cuerda. Muchos se ocuparán tirando hacia abajo una cosa, mientras otra se escapará en sentido contrario.
Muchos se ocuparán en sacar material de algo que crecerá tanto más cuanto mayor sea el volumen extraído.
Muchos pueblos se esconderán, junto con sus recién nacidos y sus provisiones, en oscuras cavernas; y en esos lugares tenebrosos se alimentarán, con sus familias, durante muchos meses sin ninguna luz accidental o natural.
Saldrán los hombres de sus sepulturas, convertidos en pájaros, y asaltarán a otros hombres, quitándoles el alimento de sus propias manos y mesas.
Los bosques engendrarán hijos que serán causa de su muerte
Los temibles cuernos de los forzudos toros, defenderán la luz nocturna contra la furia impetuosa de los vientos.
Se verán formas y figuras de hombres y de animales, que seguirán a esos hombres y animales a dondequiera que huyan; y el movimiento de aquéllas será igual al de éstos, pero causará asombro observar la diferencia de tamaño entre unas y otros.
El género humano llegará a un punto tal que cada hombre será incapaz de entender el habla de los otros —por ejemplo los alemanes y los turcos.
Del espejo cóncavo que enciende el fuego en el fondo de un horno, caliente el cielo del mismo, y en él vuelve el calor a reflejarse hacia el fondo. Los rayos solares encenderán fuego en el suelo, haciendo arder lo que está bajo el cielo y reflejándose en él para volver hacia abajo.
Y muchos animales terrestres y acuáticos subirán a las estrellas.
Nacerá un pequeño elemento que se agrandará con presteza, y este elemento no tendrá en ninguna estima las cosas creadas. Antes bien, gracias a su poder, tendrá la facultad de hacer que todas las cosas transformen su esencia en otra diferente.
Llegará a suceder que ya no se podrá distinguir entre los colores, sino que, al contrario, todos ellos asumirán la cualidad de la negrura.
Soplarán fuertes vientos que harán correr hacia el Occidente las cosas del Oriente, y hacia el Norte las del Sur. Y mezclándose todas, seguirán el curso del viento por largas extensiones del país.
Pieles de animales sacarán a los hombres de su silencio, haciéndoles gritar y blasfemar.
Se verán los huesos de los muertos, ocuparse con veloces movimientos de la forma de quien los mueve.
El viento, pasando por el pellejo de los animales, hará bailar a los hombres.
Se oirán grandes rumores provenientes de las sepulturas de aquellos que murieron de mala y violenta muerte.