Citas
Citas para inspirar y reflexionar
¡Ponerse en guardia contra quienes dan mucho valor a que se confíe en su tacto y sutileza morales en materia de distinciones morales! Jamás nos perdonan el haberse equivocado alguna vez en presencia nuestra (y, más aún, con respecto de nosotros). Inevitablemente se convierten en nuestros calumniadores y detractores instintivos, aun cuando continúen siendo «amigos» nuestros. Bienaventurados los olvidadizos, pues ellos «digerirán» incluso sus estupideces.
Kant, una cabeza fina, un alma pedante.
«No olvida nada, pero perdona todo». En tal caso, se odia doblemente a esa persona, pues avergüenza por duplicado, con su memoria y con su magnanimidad.
Génova, ese sur descolorido.
Exceso de trabajo, curiosidad y simpatía: nuestros vicios modernos.
«Educación superior» y «gran número» son cosas que de antemano se contradicen. Toda educación superior pertenece sólo a la excepción; hay que ser privilegiado para tener derecho a un privilegio tan alto. Ninguna de las cosas grandes, ninguna de las cosas bellas puede ser jamás bien común:
Tres veces ha influido Alemania sobre Francia: en el siglo iii le aportó costumbres salvajes y una ignorancia bárbara; en la época de Montaigne, una Edad Media venida al mundo con retraso y guerras de religión, y en este siglo, la filosofía alemana, el romanticismo y la cerveza.
Si nosotros cambiamos mucho, los amigos nuestros que no han cambiado se convierten en fantasmas de nuestro propio pasado: su voz llega hasta nosotros con un sonido horrible, espectral, como si nos oyésemos a nosotros mismos, pero más jóvenes, duros, inmaduros.
Un corazón valiente y alegre necesita de vez en cuando un poco de peligro; de lo contrario, el mundo se le hace insoportable.
Antes del efecto se cree en causas diferentes que después de él
Los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan.
El tercero es siempre el corcho que impide que el diálogo entre dos se hunda en la profundidad, lo cual es, en determinadas circunstancias, una ventaja.
El enfermo tiene a menudo más sana su alma que el sano.
Al contraer matrimonio debes hacerte antes esta pregunta: ¿Crees que conversarás bien con esa mujer hasta la vejez? Todo lo demás en el matrimonio es transitorio, pero la mayor parte del tiempo de la vida común pertenece al diálogo.
Lo que distingue a una auténtica cabeza original no es ser la primera en ver algo nuevo, sino el ver como nuevas las cosas viejas, conocidas de antiguo, vistas por todo el mundo y no tenidas en cuenta por nadie. El primer descubridor es por lo general aquel fantoche tan habitual y tan desangelado: el azar.
Damos especial valor a la posesión de una virtud tan sólo cuando hemos notado su ausencia en nuestro adversario.
Alguien que aspire a cosas grandes considera a todo aquel con quien se encuentra en su ruta, o bien como un medio, o bien como una rémora y obstáculo, o bien como un lecho pasajero para reposar.
A una persona desgraciada que quiere consuelo es preciso o bien mostrarle que todas las personas son desgraciadas –lo cual constituye una reparación de su honor, por cuanto su desgracia no la coloca por debajo del nivel de los demás, como había creído–, o bien mostrarle que su desgracia le otorga una distinción entre los demás.
No son pocos los que no encuentran su corazón hasta que no han perdido su cabeza.
La mujer comete diez veces menos delitos que el hombre. En consecuencia, es, moralmente, diez veces mejor que él; eso dicen las estadísticas.
Debemos ser un lugar de descanso para nuestros amigos, pero un lecho duro, de campaña.
No iríamos a la hoguera por nuestras opiniones; no estamos tan seguros de ellas. Pero tal vez sí para que se nos permitiese tenerlas y modificarlas.
Los seguidores de un gran hombre suelen cegarse para poder cantar mejor sus alabanzas.
No todo lo que es oro reluce. El brillo suave es propio del metal más noble.
La venganza del inferior contra el superior tiende siempre a lo más extremo, a la aniquilación; únicamente así puede eliminar el contragolpe.
Una sentencia es un eslabón de una cadena de pensamientos. Requiere que el lector rehaga con sus propios medios la cadena, eso es pedir mucho. Una sentencia es una petulancia. O una cautela, como bien supo Heraclito. Para poder saborear una sentencia es preciso agitarla antes y mezclarla con otros ingredientes (ejemplos, experiencias, historias). Muy pocos saben hacerlo, y por ello es lícito expresar tranquilamente en sentencias cosas inquietantes.
Cuando se eclipsa el talento de una persona se hacen más visibles sus cualidades morales, y no siempre son estrellas lo que así se hace visible.
Incluso la mujer más dulce tiene un sabor amargo.
La capacidad de alegría se atrofia cuando uno quiere ser igual que los otros.
Cien profundas soledades forman juntas la ciudad de Venecia; ésa es su magia. Una imagen para los hombres del futuro.
Las cosas grandes exigen que se calle acerca de ellas o que se hable de ellas con grandeza, es decir, con inocencia, cínicamente.
Yo desconfío de todos los sistemáticos y me aparto de su camino. La voluntad de sistema es una falta de honestidad.
Un moralista es lo contrario de un predicador de moral: es, en efecto, un pensador que toma la moral como discutible, como cuestionable; en suma, como un problema. Lamento tener que añadir que, justo por ello, el moralista forma parte de los seres problemáticos.
Cada palabra es un prejuicio.
Todo lo que es profundo ama la máscara.
La naturaleza no quebranta jamás sus leyes
La naturaleza es tan benigna que ordena las cosas de manera que, en cualquier parte del mundo, encontrarás algo que imitar.
El pintor que retrata por práctica y a ojo, sin razonar lo que hace, es como un espejo que reproduce las cosas que se le ponen delante, sin comprenderlas.
Placer que nace de la contemplación de la naturaleza. Los ambiciosos que no se contentan con el beneficio de la vida y de la belleza del mundo, sufren, como penitencia, desperdiciar la misma vida y no lograr la posesión de la utilidad y belleza del mundo.
Ninguna cosa inanimada se mueve espontáneamente. Su movimiento le viene de una causa exterior.
La divisibilidad al infinito es una abstracción mental. Lo que es actualmente divisible, lo es también en potencia; pero no todas las cantidades que son divisibles en potencia, lo son también en acto.
¡Cuántas infelices madres y padres perdieron a sus hijos! ¡Cuántas míseras mujeres, a sus compañeros! A la verdad, mi querido Benedetto, a la verdad, yo no creo que desde que existe el mundo el terror haya provocado tantos lamentos y llantos en el pueblo.
No hay cosa que nos engañe más que nuestro juicio.
Lleno de impaciencia, transformada su ira en verdadera furia, empezó a penetrar por entre la multitud, agitando con rabia las robustas piernas y lanzando a puntapiés por los aires a los hombres, que caían unos sobre otros como espeso granizo; y muchos mataban así, al mismo tiempo que morían. Y este cruel espectáculo duró hasta que el polvo levantado por sus enormes pies, obligó al infernal monstruo a volver atrás, mientras que nosotros continuamos huyendo.
¡Oh!, ¡cuántos ataques fueron vanamente intentados contra esta endiablada bestia, que se reía de nuestros asaltos! ¡Oh!, ¡mísera gente, de nada os valen las fortalezas inexpugnables, ni las altas murallas de las ciudades, ni el reunirnos en multitudes; de nada las casas o palacios! Sólo os queda el recurso de esconderos en agujeros o cuevas subterráneas, como los cangrejos o los grillos, o de buscar la salvación en la huida.
Fragmento de una carta a su madrastra (Lucrezia Cortigiani, cuarta mujer de Ser Piero da Vinci), y a sus hermanas (Violante y Margarita).
Y puedes creerme si te digo que el hombre más intrépido desearía tener alas para huir de su mirada ardiente; y que el infernal Lucifer parecería un ángel, en comparación. Su fruncida nariz, de cuyas amplias ventanas salían abundantes y gruesas cerdas, hacía juego con la torcida boca de espesos labios, amarillos dientes y bigotes de gato. Su estatura supera la de un hombre a caballo en todo el largo de su busto.
El segundo incidente consistió en que, habiéndose establecido con tienda aparte, provisto de banco e instrumentos, dormía en ella y trabajaba para otros; iba después a comer con los suizos de la guardia, gente holgazana, y que por eso se entendían bien con él. Y frecuentemente salían de a dos o tres, armados de escopetas, a cazar pájaros en los viejos monumentos, y no volvían hasta la noche.