Poemas en este tema
Relaciones y Familia
Lope de Vega
Celso Al Peine De Clavelia
Por las ondas del mar de unos cabellos
un barco de marfil pasaba un día
que, humillando sus olas, deshacía
los crespos lazos que formaban de ellos;
iba el Amor en él cogiendo en ellos
las hebras que del peine deshacía
cuando el oro lustroso dividía,
que éste era el barco de los rizos bellos.
Hizo de ellos Amor escota al barco,
grillos al albedrío, al alma esposas,
oro de Tíbar y del sol reflejos;
y puesta de un cabello cuerda al arco,
así tiró las flechas amorosas
que alcanzaban mejor cuanto más lejos.
un barco de marfil pasaba un día
que, humillando sus olas, deshacía
los crespos lazos que formaban de ellos;
iba el Amor en él cogiendo en ellos
las hebras que del peine deshacía
cuando el oro lustroso dividía,
que éste era el barco de los rizos bellos.
Hizo de ellos Amor escota al barco,
grillos al albedrío, al alma esposas,
oro de Tíbar y del sol reflejos;
y puesta de un cabello cuerda al arco,
así tiró las flechas amorosas
que alcanzaban mejor cuanto más lejos.
432
Lope de Vega
Esparcido El Cabello Por La Espalda
Esparcido el cabello por la espalda
que fue del sol desprecio y maravilla,
Silvia cogía por la verde orilla
del mar de Cádiz conchas en su falda.
El agua entre el hinojo de esmeralda,
para que entrase más, su curso humilla;
tejió de mimbre una alta canastilla,
y púsola en su frente por guirnalda.
Mas cuando ya desamparó la playa,
«Mal haya, dijo, el agua, que tan poca
con su sal me abrasó pies y vestidos».
Yo estaba cerca y respondí: «Mal haya
la sal que tiene tu graciosa boca,
que así tiene abrasados mis sentidos».
que fue del sol desprecio y maravilla,
Silvia cogía por la verde orilla
del mar de Cádiz conchas en su falda.
El agua entre el hinojo de esmeralda,
para que entrase más, su curso humilla;
tejió de mimbre una alta canastilla,
y púsola en su frente por guirnalda.
Mas cuando ya desamparó la playa,
«Mal haya, dijo, el agua, que tan poca
con su sal me abrasó pies y vestidos».
Yo estaba cerca y respondí: «Mal haya
la sal que tiene tu graciosa boca,
que así tiene abrasados mis sentidos».
428
Lope de Vega
Silvio A Una Blanca Corderilla Suya
Silvio a una blanca corderilla suya,
de celos de un pastor, tiró el cayado,
con ser la más hermosa del ganado;
¡oh amor!, ¿qué no podrá la fuerza tuya?
Huyó quejosa, que es razón que huya,
habiéndola sin culpa castigado;
lloró el pastor buscando el monte y prado,
que es justo que quien debe restituya.
Hallóla una pastora en esta afrenta,
y al fin la trajo al dueño, aunque tirano,
de verle arrepentido enternecida.
Diole sal el pastor y ella, contenta,
la tomó de la misma injusta mano;
que un firme amor cualquier agravio olvida.
de celos de un pastor, tiró el cayado,
con ser la más hermosa del ganado;
¡oh amor!, ¿qué no podrá la fuerza tuya?
Huyó quejosa, que es razón que huya,
habiéndola sin culpa castigado;
lloró el pastor buscando el monte y prado,
que es justo que quien debe restituya.
Hallóla una pastora en esta afrenta,
y al fin la trajo al dueño, aunque tirano,
de verle arrepentido enternecida.
Diole sal el pastor y ella, contenta,
la tomó de la misma injusta mano;
que un firme amor cualquier agravio olvida.
420
Lope de Vega
En Una Playa Amena
En una playa amena,
a quien el Turia perlas ofrecía
de su menuda arena,
y el mar de España de cristal cubría,
Belisa estaba a solas,
llorando al son del agua y de las olas.
«¡Fiero, cruel esposo!»,
los ojos hechos fuentes, repetía,
y el mar, como envidioso,
a tierra por las lágrimas salía;
y alegre de cogerlas,
las guarda en conchas y convierte en perlas.
«Traidor, que estás ahora
en otros brazos y a la muerte dejas
el alma que te adora,
y das al viento lágrimas y quejas,
si por aquí volvieres,
verás que soy ejemplo de mujeres.
Que en esta mar furiosa
hallaré de mi fuego la templanza,
ofreciendo animosa
al agua el cuerpo, al viento la esperanza;
que no tendrá sosiego
menos que en tantas aguas tanto fuego.
¡Ay tigre!, si estuvieras
en este pecho donde estar solías,
muriendo yo, murieras;
mas prendas tengo en las entrañas mías
en que verás que mato,
a falta de tu vida, tu retrato».
Ya se arrojaba, cuando
salió un delfín con un bramido fuerte,
y ella, en verle temblando,
volvió la espalda al rostro y a la muerte,
diciendo: «Si es tan fea,
yo viva, y muera quien mi mal desea».
a quien el Turia perlas ofrecía
de su menuda arena,
y el mar de España de cristal cubría,
Belisa estaba a solas,
llorando al son del agua y de las olas.
«¡Fiero, cruel esposo!»,
los ojos hechos fuentes, repetía,
y el mar, como envidioso,
a tierra por las lágrimas salía;
y alegre de cogerlas,
las guarda en conchas y convierte en perlas.
«Traidor, que estás ahora
en otros brazos y a la muerte dejas
el alma que te adora,
y das al viento lágrimas y quejas,
si por aquí volvieres,
verás que soy ejemplo de mujeres.
Que en esta mar furiosa
hallaré de mi fuego la templanza,
ofreciendo animosa
al agua el cuerpo, al viento la esperanza;
que no tendrá sosiego
menos que en tantas aguas tanto fuego.
¡Ay tigre!, si estuvieras
en este pecho donde estar solías,
muriendo yo, murieras;
mas prendas tengo en las entrañas mías
en que verás que mato,
a falta de tu vida, tu retrato».
Ya se arrojaba, cuando
salió un delfín con un bramido fuerte,
y ella, en verle temblando,
volvió la espalda al rostro y a la muerte,
diciendo: «Si es tan fea,
yo viva, y muera quien mi mal desea».
442
Lope de Vega
Dulce Filis, Si Me Esperas - Romancero Nuevo
Dulce Filis, si me esperas,
de favor has de ir mudando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
Si fías en mis amores,
pon en sus llamas sosiego,
y si burlas de mi fuego,
no le atices con favores.
No es bien que encenderme quieras
sin favor de cuando en cuando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
A las del infierno ardiendo
es mi pena semejante,
que con el manjar delante
estoy de hambre muriendo.
Con tu esperar desesperas,
pues el favor que vas dando,
es mucho para burlando,
y poco para de veras.
Si mandas, ¿por qué no das?
si lo has de dar, dalo junto,
y si junto, dalo a punto,
y si no, no mandes más.
No es bien que engañarme quieras
con favor de cuando en cuando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
de favor has de ir mudando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
Si fías en mis amores,
pon en sus llamas sosiego,
y si burlas de mi fuego,
no le atices con favores.
No es bien que encenderme quieras
sin favor de cuando en cuando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
A las del infierno ardiendo
es mi pena semejante,
que con el manjar delante
estoy de hambre muriendo.
Con tu esperar desesperas,
pues el favor que vas dando,
es mucho para burlando,
y poco para de veras.
Si mandas, ¿por qué no das?
si lo has de dar, dalo junto,
y si junto, dalo a punto,
y si no, no mandes más.
No es bien que engañarme quieras
con favor de cuando en cuando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
387
Lope de Vega
Sentado En Esta Peña
Sentado en esta peña,
donde mis tiernas lágrimas se imprimen,
a imitación pequeña
de las que el alma y corazón me oprimen,
presumo enternecella
con soledades de mi Celia bella.
¡Ay Dios!, si el Tormes fuera
a dar a Manzanares sus despojos,
y llevarle pudiera
las lágrimas amargas de mis ojos,
¡qué alegre las llorara
de ver que alguna hasta sus pies llegara!
Mas en pensar que lleva
el claro curso a parte diferente,
no quiero que me deba
que con el de mis lágrimas se aumente;
que en tantas desventuras
mejor es ablandar las peñas duras.
Famosos muros de Alba,
adonde hiere el sol cuando en la suya
le hacen dulce salva
las aves de la verde selva tuya,
¿por qué me tenéis preso,
sin alma el cuerpo y sin razón el seso?
Sierras de Béjar frías,
adonde el Tormes nace, y cuyo viento
con esperanzas mías
entretiene su fácil movimiento,
no me mostréis las frentes
con la nieve que el sol convierte en fuentes;
que aún es temprano agora
para pensar que aquí estaré el invierno;
que ya el ganado llora,
quejoso de mi dicha y su gobierno,
pensando que esta orilla
ha de pacer, no el hielo de Castilla.
Pues si los animales
lloran por el extremo que desean,
los tuyos celestiales,
Celia, mi bien, mis tristes ojos vean,
primero que el noviembre
coja estas flores y su escarcha siembre.
La nieve de tus pechos
es el invierno que sufrir deseo;
queden allí deshechos
los que me matan cuando no te veo;
allá quiero llegarme
a ver si puedo entre su nieve hallarme.
Vívase el rico Albano
estas montañas de asperezas llenas,
llevando por la mano
al dueño de sus glorias y sus penas;
que con mi prenda cara
la Libia más estéril habitara.
Corte a la parra hojosa
el pendiente racimo del sarmiento,
preséntelo a su esposa
o esparza el vuelo del halcón al viento,
y a la perdiz pintada
detenga el curso, de temor helada.
Tire a la echada liebre
que el cazador le enseña, y si le acierta,
su gente lo celebre;
cuelgue despojos a su antigua puerta,
adonde mil ociosos
de ajenas vidas viven cuidadosos;
del esperado hijo,
con los pastores de su gran comarca
celebre el regocijo;
y yo con pobre paño y rota abarca
pise mi patrio suelo,
donde espera mi bien benigno el cielo.
Amada patria mía,
no me neguéis vuestros alegres brazos,
que presto espero el día
que goce de mi Celia los abrazos,
de Celia, más hermosa
que [el] jazmín blanco y la encarnada rosa.
A vos, mi patria cara,
el cuerpo que me distes llevar quiero;
y aquella fénix rara,
por cuyo amor tan justamente muero,
el alma desta vida
al vivo fuego de su altar rendida.
donde mis tiernas lágrimas se imprimen,
a imitación pequeña
de las que el alma y corazón me oprimen,
presumo enternecella
con soledades de mi Celia bella.
¡Ay Dios!, si el Tormes fuera
a dar a Manzanares sus despojos,
y llevarle pudiera
las lágrimas amargas de mis ojos,
¡qué alegre las llorara
de ver que alguna hasta sus pies llegara!
Mas en pensar que lleva
el claro curso a parte diferente,
no quiero que me deba
que con el de mis lágrimas se aumente;
que en tantas desventuras
mejor es ablandar las peñas duras.
Famosos muros de Alba,
adonde hiere el sol cuando en la suya
le hacen dulce salva
las aves de la verde selva tuya,
¿por qué me tenéis preso,
sin alma el cuerpo y sin razón el seso?
Sierras de Béjar frías,
adonde el Tormes nace, y cuyo viento
con esperanzas mías
entretiene su fácil movimiento,
no me mostréis las frentes
con la nieve que el sol convierte en fuentes;
que aún es temprano agora
para pensar que aquí estaré el invierno;
que ya el ganado llora,
quejoso de mi dicha y su gobierno,
pensando que esta orilla
ha de pacer, no el hielo de Castilla.
Pues si los animales
lloran por el extremo que desean,
los tuyos celestiales,
Celia, mi bien, mis tristes ojos vean,
primero que el noviembre
coja estas flores y su escarcha siembre.
La nieve de tus pechos
es el invierno que sufrir deseo;
queden allí deshechos
los que me matan cuando no te veo;
allá quiero llegarme
a ver si puedo entre su nieve hallarme.
Vívase el rico Albano
estas montañas de asperezas llenas,
llevando por la mano
al dueño de sus glorias y sus penas;
que con mi prenda cara
la Libia más estéril habitara.
Corte a la parra hojosa
el pendiente racimo del sarmiento,
preséntelo a su esposa
o esparza el vuelo del halcón al viento,
y a la perdiz pintada
detenga el curso, de temor helada.
Tire a la echada liebre
que el cazador le enseña, y si le acierta,
su gente lo celebre;
cuelgue despojos a su antigua puerta,
adonde mil ociosos
de ajenas vidas viven cuidadosos;
del esperado hijo,
con los pastores de su gran comarca
celebre el regocijo;
y yo con pobre paño y rota abarca
pise mi patrio suelo,
donde espera mi bien benigno el cielo.
Amada patria mía,
no me neguéis vuestros alegres brazos,
que presto espero el día
que goce de mi Celia los abrazos,
de Celia, más hermosa
que [el] jazmín blanco y la encarnada rosa.
A vos, mi patria cara,
el cuerpo que me distes llevar quiero;
y aquella fénix rara,
por cuyo amor tan justamente muero,
el alma desta vida
al vivo fuego de su altar rendida.
420
Lope de Vega
Cuando Las Secas Encinas
Cuando las secas encinas,
álamos y robles altos,
los secos ramillos visten
de verdes hojas y ramos;
y las fructíferas plantas
con mil pimpollos preñados
brotando fragantes flores
hacen de lo verde blanco,
para pagar el tributo
al bajo suelo, ordinario
natural de la influencia
qu'el cielo les da cada año;
y secas las yerbezuelas
de los secretos contrarios
por naturales efectos
al ser primero tornando,
de cuyos verdes renuevos
nacen mil colores varios
de miles distintas flores
que esmaltan los verdes prados;
los lechales cabritillos
y los corderos balando
corren a las alcaceles
ya comiendo, ya jugando,
cuando el pastor Albano suspirando
con lágrimas así dice llorando:
«Todo se alegra, mi Belisa, ahora,
solo tu Albano se entristece y llora».
Los romeros y tomillos,
de cuyos floridos ramos
las fecundas abejuelas
sacan licor dulce y claro;
y con la mucha abundancia,
su labor melificando
hinchen el panal nativo
de poleo tierno y blanco,
de cuyos preñados huevos
los hijuelos palpitando
salen por gracia divina
a poblar ajenos vasos;
las laboriosas hormigas
de sus provistos palacios
seguras salen a ver
el tiempo sereno y claro,
y los demás animales,
aves, peces, yerba o campo
desechando la tristeza
todos se alegran ufanos,
previniste, tiempo alegre,
mas triste el pastor Albano,
a su querida Belisa
dice, el sepulcro mirando:
Cuando el pastor Albano suspirando
con lágrimas así dice llorando:
«Todo se alegra, mi Belisa, ahora,
solo tu Albano se entristece y llora».
Belisa, señora mía,
hoy se cumple justo un año
que de tu temprana muerte
gusté aquel potaje amargo.
Un año te serví enferma,
¡ojalá fueran mil años,
que así enferma te quisiera,
contino aguardando el pago!
Solo yo te acompañé
cuando todos te dejaron,
porque te quise en la vida
y muerta te adoro y amo;
y sabe el cielo piadoso
a quien fiel testigo hago,
si te querrá también muerta
quien viva te quiso tanto.
Dejásteme en tu cabaña
por guarda de tu rebaño,
con aquella dulce prenda
que me dejaste del parto;
que por ser hechura tuya
me consolaba algún tanto
cuando en su divino rostro
contemplaba tu retrato,
pero duróme tan poco
qu'el cielo por mis pecados
quiso que también siguiese
muerta tus divinos pasos,
Cuando el pastor Albano suspirando
con lágrimas así dice llorando:
«Todo se alegra, mí Belísa, ahora,
solo tu Albano se entristece y llora».
álamos y robles altos,
los secos ramillos visten
de verdes hojas y ramos;
y las fructíferas plantas
con mil pimpollos preñados
brotando fragantes flores
hacen de lo verde blanco,
para pagar el tributo
al bajo suelo, ordinario
natural de la influencia
qu'el cielo les da cada año;
y secas las yerbezuelas
de los secretos contrarios
por naturales efectos
al ser primero tornando,
de cuyos verdes renuevos
nacen mil colores varios
de miles distintas flores
que esmaltan los verdes prados;
los lechales cabritillos
y los corderos balando
corren a las alcaceles
ya comiendo, ya jugando,
cuando el pastor Albano suspirando
con lágrimas así dice llorando:
«Todo se alegra, mi Belisa, ahora,
solo tu Albano se entristece y llora».
Los romeros y tomillos,
de cuyos floridos ramos
las fecundas abejuelas
sacan licor dulce y claro;
y con la mucha abundancia,
su labor melificando
hinchen el panal nativo
de poleo tierno y blanco,
de cuyos preñados huevos
los hijuelos palpitando
salen por gracia divina
a poblar ajenos vasos;
las laboriosas hormigas
de sus provistos palacios
seguras salen a ver
el tiempo sereno y claro,
y los demás animales,
aves, peces, yerba o campo
desechando la tristeza
todos se alegran ufanos,
previniste, tiempo alegre,
mas triste el pastor Albano,
a su querida Belisa
dice, el sepulcro mirando:
Cuando el pastor Albano suspirando
con lágrimas así dice llorando:
«Todo se alegra, mi Belisa, ahora,
solo tu Albano se entristece y llora».
Belisa, señora mía,
hoy se cumple justo un año
que de tu temprana muerte
gusté aquel potaje amargo.
Un año te serví enferma,
¡ojalá fueran mil años,
que así enferma te quisiera,
contino aguardando el pago!
Solo yo te acompañé
cuando todos te dejaron,
porque te quise en la vida
y muerta te adoro y amo;
y sabe el cielo piadoso
a quien fiel testigo hago,
si te querrá también muerta
quien viva te quiso tanto.
Dejásteme en tu cabaña
por guarda de tu rebaño,
con aquella dulce prenda
que me dejaste del parto;
que por ser hechura tuya
me consolaba algún tanto
cuando en su divino rostro
contemplaba tu retrato,
pero duróme tan poco
qu'el cielo por mis pecados
quiso que también siguiese
muerta tus divinos pasos,
Cuando el pastor Albano suspirando
con lágrimas así dice llorando:
«Todo se alegra, mí Belísa, ahora,
solo tu Albano se entristece y llora».
463
Lope de Vega
De Pechos Sobre Una Torre
De pechos sobre una torre
que la mar combate y cerca,
mirando las fuertes naves
que se van a Inglaterra,
las aguas crece Belisa
llorando lágrimas tiernas,
diciendo con voces tristes
al que se aparta y la deja:
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengame de tu agravio pueda».
«—No quedo con solo el hierro
de tu espada y de mi afrenta,
que me queda en las entrañas
retrato del mismo Eneas,
y aunque inocente, culpado,
si los pecados se heredan;
mataréme por matarle,
y moriré porque muera—».
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengarme de tu agravio pueda».
«Mas quiero mudar de intento
y aguardar que salga fuera
por si en algo te parece
matar a quien te parezca.
Mas no le quiero aguardar,
que será vívora fiera,
que rompiendo mis entrañas
saldrá dejándome muerta».
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengarme de tu agravío pueda».
Así se queja Belisa
cuando la priesa se llega;
hacen señal a las naves
y todas alzan las velas.
«Aguarda, aguarda, le dice,
fugitivo esposo, espera...
Mas, ¡ay! que en balde te llamo;
¡plega a Dios que nunca vuelvas!—».
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengarme de tu agravio pueda».
que la mar combate y cerca,
mirando las fuertes naves
que se van a Inglaterra,
las aguas crece Belisa
llorando lágrimas tiernas,
diciendo con voces tristes
al que se aparta y la deja:
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengame de tu agravio pueda».
«—No quedo con solo el hierro
de tu espada y de mi afrenta,
que me queda en las entrañas
retrato del mismo Eneas,
y aunque inocente, culpado,
si los pecados se heredan;
mataréme por matarle,
y moriré porque muera—».
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengarme de tu agravio pueda».
«Mas quiero mudar de intento
y aguardar que salga fuera
por si en algo te parece
matar a quien te parezca.
Mas no le quiero aguardar,
que será vívora fiera,
que rompiendo mis entrañas
saldrá dejándome muerta».
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengarme de tu agravío pueda».
Así se queja Belisa
cuando la priesa se llega;
hacen señal a las naves
y todas alzan las velas.
«Aguarda, aguarda, le dice,
fugitivo esposo, espera...
Mas, ¡ay! que en balde te llamo;
¡plega a Dios que nunca vuelvas!—».
«Vete, cruel, que bien me queda
en quien vengarme de tu agravio pueda».
513
Lope de Vega
Amada Pastora Mía
«—Amada pastora mía,
tus descuidos me maltratan,
tus desdenes me fatigan,
tus sinrazones me matan.
A la noche me aborreces
y quiéresme a la mañana;
ya te ofendo a medio día,
ya por la tarde me llamas;
agora dices que quieres,
y luego que te burlabas,
ya ríes mis tibias obras,
ya lloras por mis palabras.
Cuando te dan pena celos
estás más contenta y cantas;
y cuando estoy más seguro
parece que te desgracias.
A mi amigo me maldices
y a mi enemigo me alabas;
si no te veo me buscas,
y si te busco te enfadas.
Partíme una vez de ti,
lloraste mi ausencia larga,
y agora que estoy contigo
con la tuya me amenazas.
Sin mar ni montes en medio,
sin peligro ni sin guardas,
mar, montes y guardas tienes
con una palabra airada.
Las paredes de tu choza
me parecen de montaña,
un mar el llegar a vellas
y mil gracias tus desgracias.
Como tienes en un punto
el amor y la mudanza,
pero bien le pintan niño,
poca vista y muchas alas.
Si Filis te ha dado celos,
el tiempo te desengaña,
que como ella quiere a uno
pudo por otra dejalla.
Si el aldea lo murmura,
siempre la gente se engaña,
y es mejor que tú me quieras
aunque ella tenga la fama.
Con esto me pones miedo
y me celas y amenazas:
si lloras, ¿cómo aborreces?
y si burlas, ¿cómo amas?—».
Esto Belardo decía
hablando con una carta,
sentado al pie de un olivo
que el dorado Tajo baña.
tus descuidos me maltratan,
tus desdenes me fatigan,
tus sinrazones me matan.
A la noche me aborreces
y quiéresme a la mañana;
ya te ofendo a medio día,
ya por la tarde me llamas;
agora dices que quieres,
y luego que te burlabas,
ya ríes mis tibias obras,
ya lloras por mis palabras.
Cuando te dan pena celos
estás más contenta y cantas;
y cuando estoy más seguro
parece que te desgracias.
A mi amigo me maldices
y a mi enemigo me alabas;
si no te veo me buscas,
y si te busco te enfadas.
Partíme una vez de ti,
lloraste mi ausencia larga,
y agora que estoy contigo
con la tuya me amenazas.
Sin mar ni montes en medio,
sin peligro ni sin guardas,
mar, montes y guardas tienes
con una palabra airada.
Las paredes de tu choza
me parecen de montaña,
un mar el llegar a vellas
y mil gracias tus desgracias.
Como tienes en un punto
el amor y la mudanza,
pero bien le pintan niño,
poca vista y muchas alas.
Si Filis te ha dado celos,
el tiempo te desengaña,
que como ella quiere a uno
pudo por otra dejalla.
Si el aldea lo murmura,
siempre la gente se engaña,
y es mejor que tú me quieras
aunque ella tenga la fama.
Con esto me pones miedo
y me celas y amenazas:
si lloras, ¿cómo aborreces?
y si burlas, ¿cómo amas?—».
Esto Belardo decía
hablando con una carta,
sentado al pie de un olivo
que el dorado Tajo baña.
1.233
Lope de Vega
Amada Pastora Mía
«—Amada pastora mía,
tus descuidos me maltratan,
tus desdenes me fatigan,
tus sinrazones me matan.
A la noche me aborreces
y quiéresme a la mañana;
ya te ofendo a medio día,
ya por la tarde me llamas;
agora dices que quieres,
y luego que te burlabas,
ya ríes mis tibias obras,
ya lloras por mis palabras.
Cuando te dan pena celos
estás más contenta y cantas;
y cuando estoy más seguro
parece que te desgracias.
A mi amigo me maldices
y a mi enemigo me alabas;
si no te veo me buscas,
y si te busco te enfadas.
Partíme una vez de ti,
lloraste mi ausencia larga,
y agora que estoy contigo
con la tuya me amenazas.
Sin mar ni montes en medio,
sin peligro ni sin guardas,
mar, montes y guardas tienes
con una palabra airada.
Las paredes de tu choza
me parecen de montaña,
un mar el llegar a vellas
y mil gracias tus desgracias.
Como tienes en un punto
el amor y la mudanza,
pero bien le pintan niño,
poca vista y muchas alas.
Si Filis te ha dado celos,
el tiempo te desengaña,
que como ella quiere a uno
pudo por otra dejalla.
Si el aldea lo murmura,
siempre la gente se engaña,
y es mejor que tú me quieras
aunque ella tenga la fama.
Con esto me pones miedo
y me celas y amenazas:
si lloras, ¿cómo aborreces?
y si burlas, ¿cómo amas?—».
Esto Belardo decía
hablando con una carta,
sentado al pie de un olivo
que el dorado Tajo baña.
tus descuidos me maltratan,
tus desdenes me fatigan,
tus sinrazones me matan.
A la noche me aborreces
y quiéresme a la mañana;
ya te ofendo a medio día,
ya por la tarde me llamas;
agora dices que quieres,
y luego que te burlabas,
ya ríes mis tibias obras,
ya lloras por mis palabras.
Cuando te dan pena celos
estás más contenta y cantas;
y cuando estoy más seguro
parece que te desgracias.
A mi amigo me maldices
y a mi enemigo me alabas;
si no te veo me buscas,
y si te busco te enfadas.
Partíme una vez de ti,
lloraste mi ausencia larga,
y agora que estoy contigo
con la tuya me amenazas.
Sin mar ni montes en medio,
sin peligro ni sin guardas,
mar, montes y guardas tienes
con una palabra airada.
Las paredes de tu choza
me parecen de montaña,
un mar el llegar a vellas
y mil gracias tus desgracias.
Como tienes en un punto
el amor y la mudanza,
pero bien le pintan niño,
poca vista y muchas alas.
Si Filis te ha dado celos,
el tiempo te desengaña,
que como ella quiere a uno
pudo por otra dejalla.
Si el aldea lo murmura,
siempre la gente se engaña,
y es mejor que tú me quieras
aunque ella tenga la fama.
Con esto me pones miedo
y me celas y amenazas:
si lloras, ¿cómo aborreces?
y si burlas, ¿cómo amas?—».
Esto Belardo decía
hablando con una carta,
sentado al pie de un olivo
que el dorado Tajo baña.
1.233
Lope de Vega
Mil Años Ha Que No Canto
Mil años ha que no canto
porque ha mil años que lloro
trabajos de mi destierro,
que fueran de muerte en otros.
Sin cuerdas el instrumento,
desacordado de loco,
con cuatro clavijas menos,
cubierto y lleno de polvo,
ratones han hecho nido
en medio del lazo de oro
por donde el aire salía,
blando, agudo, grave y ronco.
Muchos piensan, y se engañan,
que pues callo piedras cojo,
y mala landre me dé
si no es de pereza todo;
fuera de que ha pocos días
que ciertos poetas mozos
dan en llamarme Belardos,
hurtándome el nombre solo.
Substitutos de mis bienes
y libres de mis enojos,
revocan mis testamentos,
de mi desdicha envidiosos.
Un codicilo se canta,
en que dicen que revoco
todas las mandas pasadas:
Dios sabe lo que me corro.
Los estrelleros de Venus
le dan más priesa que al moro
que de Sidonia partía
a impedir el desposorio.
En fe de mi nombre antiguo
cantan pensamientos de otros,
quizá porque siendo males
yo triste los pague todos.
Por algún pequeño hurto
echan de la casa a un mozo
y si algo falta después.
aquel se lo llevó todo.
¡Oh Filis, cuán engañada
te han tenido maliciosos,
pues ha tres años y más
que aun a solas no te nombro!
Si escribo de ajenos gustos
algunos versos quejosos,
gentilhombres de tu boca,
te los pintan como propios;
y con estar por tu causa
que aun apenas me conozco,
y con tres años de ausencia
quieren decir que te adoro;
y plega a Dios que si hoy día
a su brazo poderoso
para ti no pido un rayo,
que a mí mate con otro.
¿Soy por dicha Durandarte?
¿Soy Leandro? ¿Soy Andronio;
o soy discípulo suyo
o tú del viento furioso?
¡Mal hayan las tortolillas,
mal haya el tronco y el olmo
de do salieron las varas
que el vulgo ha tirado al toro!
Lisardo, aquel ahogado
como Narciso en el pozo,
antes que a la guerra fuese
dijo bien esto del olmo:
¡Oh, guarde Dios a Riselo,
guarda mayor de mi soto,
que mi vega maldecía
por barbechar sus rastrojos!
Todo el mundo dice y hace;
yo lo pago y no lo como,
y hecho Atlante de malicias
sustento un infierno en hombros.
porque ha mil años que lloro
trabajos de mi destierro,
que fueran de muerte en otros.
Sin cuerdas el instrumento,
desacordado de loco,
con cuatro clavijas menos,
cubierto y lleno de polvo,
ratones han hecho nido
en medio del lazo de oro
por donde el aire salía,
blando, agudo, grave y ronco.
Muchos piensan, y se engañan,
que pues callo piedras cojo,
y mala landre me dé
si no es de pereza todo;
fuera de que ha pocos días
que ciertos poetas mozos
dan en llamarme Belardos,
hurtándome el nombre solo.
Substitutos de mis bienes
y libres de mis enojos,
revocan mis testamentos,
de mi desdicha envidiosos.
Un codicilo se canta,
en que dicen que revoco
todas las mandas pasadas:
Dios sabe lo que me corro.
Los estrelleros de Venus
le dan más priesa que al moro
que de Sidonia partía
a impedir el desposorio.
En fe de mi nombre antiguo
cantan pensamientos de otros,
quizá porque siendo males
yo triste los pague todos.
Por algún pequeño hurto
echan de la casa a un mozo
y si algo falta después.
aquel se lo llevó todo.
¡Oh Filis, cuán engañada
te han tenido maliciosos,
pues ha tres años y más
que aun a solas no te nombro!
Si escribo de ajenos gustos
algunos versos quejosos,
gentilhombres de tu boca,
te los pintan como propios;
y con estar por tu causa
que aun apenas me conozco,
y con tres años de ausencia
quieren decir que te adoro;
y plega a Dios que si hoy día
a su brazo poderoso
para ti no pido un rayo,
que a mí mate con otro.
¿Soy por dicha Durandarte?
¿Soy Leandro? ¿Soy Andronio;
o soy discípulo suyo
o tú del viento furioso?
¡Mal hayan las tortolillas,
mal haya el tronco y el olmo
de do salieron las varas
que el vulgo ha tirado al toro!
Lisardo, aquel ahogado
como Narciso en el pozo,
antes que a la guerra fuese
dijo bien esto del olmo:
¡Oh, guarde Dios a Riselo,
guarda mayor de mi soto,
que mi vega maldecía
por barbechar sus rastrojos!
Todo el mundo dice y hace;
yo lo pago y no lo como,
y hecho Atlante de malicias
sustento un infierno en hombros.
479
Lope de Vega
Hortelano Era Belardo
Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.
Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.
El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.
Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;
y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.
Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.
El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.
Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.
De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.
Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;
y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.
Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:
«—¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!
¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!
¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!
Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.
Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.
Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.
Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.
Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras—».
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.
Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.
El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.
Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;
y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.
Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.
El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.
Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.
De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.
Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;
y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.
Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:
«—¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!
¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!
¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!
Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.
Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.
Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.
Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.
Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras—».
559
Lope de Vega
Hortelano Era Belardo
Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.
Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.
El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.
Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;
y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.
Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.
El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.
Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.
De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.
Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;
y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.
Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:
«—¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!
¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!
¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!
Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.
Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.
Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.
Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.
Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras—».
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.
Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.
El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.
Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;
y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.
Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.
El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.
Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.
De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.
Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;
y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.
Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:
«—¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!
¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!
¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!
Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.
Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.
Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.
Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.
Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras—».
559
Lope de Vega
Contemplando Estaba Filis
Contemplando estaba Filis
a la media noche sola
una vela [a] cuya lumbre
labrando estaba una cofia,
porque andaba en torno della
una blanca mariposa,
quemándose los extremos
y quería arderse toda.
Suspendióse, imaginando
la avecilla animosa;
tomóla en sus blancas manos
y así le dice envidiosa:
«—¿Adónde tienes los ojos
que desta luz te enamoras,
la boca con que la besas
y el gusto con que la gozas?
¿Adónde tienes tu ingenio,
y dónde está la memoria?
¿con qué lengua la requiebras?
¿de qué despojos la adornas?
¿Qué le dices cuando llegas,
y en su fuego presurosa
le dejas alguna prenda
de la afición que le doras?
Y sin haberte ido vienes,
y después a volar tornas
hasta el punto que tu vida
entre las llamas despojas,
viendo que no será justo
dilatar su muerte y gloria—».
En diciendo estas razones
llegóse al fuego y quemóla.
«—Dichosa fuiste, avecilla,
Filis prosigue, pues gozas
en los brazos de tu amigo
muerte y vida gloriosa;
que la vida sin contento
mucha falta y poca sobra,
y sólo el sosiego es bueno
adonde el alma reposa.
Mas ¿cómo yo con tu ejemplo
no me doy la muerte agora?
Morir quiero, pues me anima,
y acabar con tantas cosas.
He sabido que Belardo
su vida pasa con otra,
porque le enojan mis celos
y mis desdichas le enojan—».
Del paño de su labor
un corto cuchillo toma,
y dijo toda turbada:
«—Oh Belardo, aquí fue Troya—».
Pero primero que fuese
puesto el intento por obra,
quiso probar el dolor,
que es mujer y temerosa.
Con la aguja que labraba
picóse el dedo y turbóla
de su muy querida sangre
el ver salir una gota.
Pide un paño a la criada,
intento y cuchillo arroja;
lloró su sangre perdida,
que su amante no la llora.
a la media noche sola
una vela [a] cuya lumbre
labrando estaba una cofia,
porque andaba en torno della
una blanca mariposa,
quemándose los extremos
y quería arderse toda.
Suspendióse, imaginando
la avecilla animosa;
tomóla en sus blancas manos
y así le dice envidiosa:
«—¿Adónde tienes los ojos
que desta luz te enamoras,
la boca con que la besas
y el gusto con que la gozas?
¿Adónde tienes tu ingenio,
y dónde está la memoria?
¿con qué lengua la requiebras?
¿de qué despojos la adornas?
¿Qué le dices cuando llegas,
y en su fuego presurosa
le dejas alguna prenda
de la afición que le doras?
Y sin haberte ido vienes,
y después a volar tornas
hasta el punto que tu vida
entre las llamas despojas,
viendo que no será justo
dilatar su muerte y gloria—».
En diciendo estas razones
llegóse al fuego y quemóla.
«—Dichosa fuiste, avecilla,
Filis prosigue, pues gozas
en los brazos de tu amigo
muerte y vida gloriosa;
que la vida sin contento
mucha falta y poca sobra,
y sólo el sosiego es bueno
adonde el alma reposa.
Mas ¿cómo yo con tu ejemplo
no me doy la muerte agora?
Morir quiero, pues me anima,
y acabar con tantas cosas.
He sabido que Belardo
su vida pasa con otra,
porque le enojan mis celos
y mis desdichas le enojan—».
Del paño de su labor
un corto cuchillo toma,
y dijo toda turbada:
«—Oh Belardo, aquí fue Troya—».
Pero primero que fuese
puesto el intento por obra,
quiso probar el dolor,
que es mujer y temerosa.
Con la aguja que labraba
picóse el dedo y turbóla
de su muy querida sangre
el ver salir una gota.
Pide un paño a la criada,
intento y cuchillo arroja;
lloró su sangre perdida,
que su amante no la llora.
405
Lope de Vega
Contemplando Estaba Filis
Contemplando estaba Filis
a la media noche sola
una vela [a] cuya lumbre
labrando estaba una cofia,
porque andaba en torno della
una blanca mariposa,
quemándose los extremos
y quería arderse toda.
Suspendióse, imaginando
la avecilla animosa;
tomóla en sus blancas manos
y así le dice envidiosa:
«—¿Adónde tienes los ojos
que desta luz te enamoras,
la boca con que la besas
y el gusto con que la gozas?
¿Adónde tienes tu ingenio,
y dónde está la memoria?
¿con qué lengua la requiebras?
¿de qué despojos la adornas?
¿Qué le dices cuando llegas,
y en su fuego presurosa
le dejas alguna prenda
de la afición que le doras?
Y sin haberte ido vienes,
y después a volar tornas
hasta el punto que tu vida
entre las llamas despojas,
viendo que no será justo
dilatar su muerte y gloria—».
En diciendo estas razones
llegóse al fuego y quemóla.
«—Dichosa fuiste, avecilla,
Filis prosigue, pues gozas
en los brazos de tu amigo
muerte y vida gloriosa;
que la vida sin contento
mucha falta y poca sobra,
y sólo el sosiego es bueno
adonde el alma reposa.
Mas ¿cómo yo con tu ejemplo
no me doy la muerte agora?
Morir quiero, pues me anima,
y acabar con tantas cosas.
He sabido que Belardo
su vida pasa con otra,
porque le enojan mis celos
y mis desdichas le enojan—».
Del paño de su labor
un corto cuchillo toma,
y dijo toda turbada:
«—Oh Belardo, aquí fue Troya—».
Pero primero que fuese
puesto el intento por obra,
quiso probar el dolor,
que es mujer y temerosa.
Con la aguja que labraba
picóse el dedo y turbóla
de su muy querida sangre
el ver salir una gota.
Pide un paño a la criada,
intento y cuchillo arroja;
lloró su sangre perdida,
que su amante no la llora.
a la media noche sola
una vela [a] cuya lumbre
labrando estaba una cofia,
porque andaba en torno della
una blanca mariposa,
quemándose los extremos
y quería arderse toda.
Suspendióse, imaginando
la avecilla animosa;
tomóla en sus blancas manos
y así le dice envidiosa:
«—¿Adónde tienes los ojos
que desta luz te enamoras,
la boca con que la besas
y el gusto con que la gozas?
¿Adónde tienes tu ingenio,
y dónde está la memoria?
¿con qué lengua la requiebras?
¿de qué despojos la adornas?
¿Qué le dices cuando llegas,
y en su fuego presurosa
le dejas alguna prenda
de la afición que le doras?
Y sin haberte ido vienes,
y después a volar tornas
hasta el punto que tu vida
entre las llamas despojas,
viendo que no será justo
dilatar su muerte y gloria—».
En diciendo estas razones
llegóse al fuego y quemóla.
«—Dichosa fuiste, avecilla,
Filis prosigue, pues gozas
en los brazos de tu amigo
muerte y vida gloriosa;
que la vida sin contento
mucha falta y poca sobra,
y sólo el sosiego es bueno
adonde el alma reposa.
Mas ¿cómo yo con tu ejemplo
no me doy la muerte agora?
Morir quiero, pues me anima,
y acabar con tantas cosas.
He sabido que Belardo
su vida pasa con otra,
porque le enojan mis celos
y mis desdichas le enojan—».
Del paño de su labor
un corto cuchillo toma,
y dijo toda turbada:
«—Oh Belardo, aquí fue Troya—».
Pero primero que fuese
puesto el intento por obra,
quiso probar el dolor,
que es mujer y temerosa.
Con la aguja que labraba
picóse el dedo y turbóla
de su muy querida sangre
el ver salir una gota.
Pide un paño a la criada,
intento y cuchillo arroja;
lloró su sangre perdida,
que su amante no la llora.
405
Lope de Vega
De Una Recia Calentura
De una recia calentura,
de un amoroso accidente,
con el frío de los celos
Belardo estaba a la muerte.
Pensando estaba en la causa,
que quiso hallarse presente
para mostrar que ha podido
hallarse a su fin alegre.
De verle morir la ingrata
ni llora ni se arrepiente,
que quien tanto en vida quiso
hoy en la muerte aborrece.
Empezó el pastor sus mandas
y dice: «—Quiero que herede
el cuerpo la dura tierra,
que es deuda que se le debe;
sólo quiero que le saquen
los ojos y los entreguen,
porque los llamó su dueño
la ingrata Filis mil veces.
Y mando que el corazón
en otro fuego se queme,
y que las cenizas mismas
dentro de la mar las echen;
que por ser palabras suyas
en la tierra do cayeren
podrán estar bien seguras
de que el viento se las lleve.
Y pues que muero tan pobre
que cuanto dejo me deben,
podrán hacer mi mortaja
de cartas y papeles;
y de lo demás que queda
quiero que a Filis se entregue
un espejo por que tenga
en qué se mire y contemple.
Contemple que su hermosura
es rosa cuando amanece,
y que es la vejez la noche
a cuya sombra se prende;
y que sus cabellos de oro
se verán presto de nieve,
y con más contento y gusto
goce las horas que duerme—».
de un amoroso accidente,
con el frío de los celos
Belardo estaba a la muerte.
Pensando estaba en la causa,
que quiso hallarse presente
para mostrar que ha podido
hallarse a su fin alegre.
De verle morir la ingrata
ni llora ni se arrepiente,
que quien tanto en vida quiso
hoy en la muerte aborrece.
Empezó el pastor sus mandas
y dice: «—Quiero que herede
el cuerpo la dura tierra,
que es deuda que se le debe;
sólo quiero que le saquen
los ojos y los entreguen,
porque los llamó su dueño
la ingrata Filis mil veces.
Y mando que el corazón
en otro fuego se queme,
y que las cenizas mismas
dentro de la mar las echen;
que por ser palabras suyas
en la tierra do cayeren
podrán estar bien seguras
de que el viento se las lleve.
Y pues que muero tan pobre
que cuanto dejo me deben,
podrán hacer mi mortaja
de cartas y papeles;
y de lo demás que queda
quiero que a Filis se entregue
un espejo por que tenga
en qué se mire y contemple.
Contemple que su hermosura
es rosa cuando amanece,
y que es la vejez la noche
a cuya sombra se prende;
y que sus cabellos de oro
se verán presto de nieve,
y con más contento y gusto
goce las horas que duerme—».
500
Lope de Vega
Después Que Acabó Belardo
Después que acabó Belardo
de distribuir sus bienes,
estando presente Filis
por cuya causa padece,
mandó que su testamento
segunda vez se leyese,
porque quiere confirmallo
por si desta vez muriese;
dijo, después de leído:
«—Pido a Filis, si quisiere,
que después de sepultado
jamás de mi no se acuerde,
porque podrá su memoria
a aqueste siglo volverme,
a recebir por un gusto
dos mil desabridas muertes;
que se olvide de mi amor,
aunque mi amor no merece,
por ser amor verdadero,
paga tan torpe y aleve;
y que se olvide también
que me dijo muchas veces:
"Belardo, si te olvidare
cielos y tierra me dejen";
y que rompa por su gusto
los desdichados papeles
do la descubrí mi pecho,
o por mejor, que los queme;
y que no tenga memoria
de los pasados placeres,
de que fue Belardo autor,
porque después no le pese.
Que se olvide de mis cosas,
pues que la enfadaron siempre,
y que se acuerde que dijo:
"Belardo, vivo con verte".
De aquesto tenga memoria,
que pues vivía con verme,
no ha sido razón de amor
a tanto extremo traerme—».
No puede la bella Filis
disimular, aunque quiere,
el amor mucho que brota
de lo que en el alma tiene.
Sin querer lo han descubierto
unas lágrimas que vierte
de su lastimado pecho
adonde amor vivió siempre.
Llorando llegó al pastor,
y como el pastor la siente,
procura recebilla
en el alma antes que llegue.
Y levantando sus brazos
espera ver lo que quiere,
y las lágrimas suaves
lengua y palabras detienen;
y estando las lenguas mudas
bien por los ojos la entiende
Belardo que dice Filis:
«Tuya soy mientras viviere».
de distribuir sus bienes,
estando presente Filis
por cuya causa padece,
mandó que su testamento
segunda vez se leyese,
porque quiere confirmallo
por si desta vez muriese;
dijo, después de leído:
«—Pido a Filis, si quisiere,
que después de sepultado
jamás de mi no se acuerde,
porque podrá su memoria
a aqueste siglo volverme,
a recebir por un gusto
dos mil desabridas muertes;
que se olvide de mi amor,
aunque mi amor no merece,
por ser amor verdadero,
paga tan torpe y aleve;
y que se olvide también
que me dijo muchas veces:
"Belardo, si te olvidare
cielos y tierra me dejen";
y que rompa por su gusto
los desdichados papeles
do la descubrí mi pecho,
o por mejor, que los queme;
y que no tenga memoria
de los pasados placeres,
de que fue Belardo autor,
porque después no le pese.
Que se olvide de mis cosas,
pues que la enfadaron siempre,
y que se acuerde que dijo:
"Belardo, vivo con verte".
De aquesto tenga memoria,
que pues vivía con verme,
no ha sido razón de amor
a tanto extremo traerme—».
No puede la bella Filis
disimular, aunque quiere,
el amor mucho que brota
de lo que en el alma tiene.
Sin querer lo han descubierto
unas lágrimas que vierte
de su lastimado pecho
adonde amor vivió siempre.
Llorando llegó al pastor,
y como el pastor la siente,
procura recebilla
en el alma antes que llegue.
Y levantando sus brazos
espera ver lo que quiere,
y las lágrimas suaves
lengua y palabras detienen;
y estando las lenguas mudas
bien por los ojos la entiende
Belardo que dice Filis:
«Tuya soy mientras viviere».
464
Lope de Vega
Apartaste, Ingrata Filis - Romancero Nuevo
«—¿Apartaste, ingrata Filis,
del amor que me mostrabas
para ponerlo en aquel
que pensando en ti se enfada?
¡Plegue a Dios no te arrepientas
cuando conozcas tu falta,
mas no te conocerás,
que aun para ti eres ingrata!
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Aguardando estoy a verte
tanto cuanto ya te ensanchas,
arrepentida llorando
el bien de que ahora te apartas;
víspera suele el bien ser
del mal que ahora no te halla,
pero aguarda, que él vendrá
cuando estés más descuidada.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
¡Oh cuántas y cuántas veces
me acuerdo de las palabras,
cruel, con que me engañaste
y con que a todos engañas!
A ti te engañaste sola,
pues te he de ver engañada,
deste que tú tanto adoras
y de mí sin esperanza.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Miréte con buenos ojos,
pensando que me mirabas
como te miraba yo
por mi bien y tu desgracia;
que en esto, bien claro está,
eras tú la que ganabas,
mas a fin no mereciste
tanto bien siendo tan mala—».
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
del amor que me mostrabas
para ponerlo en aquel
que pensando en ti se enfada?
¡Plegue a Dios no te arrepientas
cuando conozcas tu falta,
mas no te conocerás,
que aun para ti eres ingrata!
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Aguardando estoy a verte
tanto cuanto ya te ensanchas,
arrepentida llorando
el bien de que ahora te apartas;
víspera suele el bien ser
del mal que ahora no te halla,
pero aguarda, que él vendrá
cuando estés más descuidada.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
¡Oh cuántas y cuántas veces
me acuerdo de las palabras,
cruel, con que me engañaste
y con que a todos engañas!
A ti te engañaste sola,
pues te he de ver engañada,
deste que tú tanto adoras
y de mí sin esperanza.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Miréte con buenos ojos,
pensando que me mirabas
como te miraba yo
por mi bien y tu desgracia;
que en esto, bien claro está,
eras tú la que ganabas,
mas a fin no mereciste
tanto bien siendo tan mala—».
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
541
Lope de Vega
Apartaste, Ingrata Filis - Romancero Nuevo
«—¿Apartaste, ingrata Filis,
del amor que me mostrabas
para ponerlo en aquel
que pensando en ti se enfada?
¡Plegue a Dios no te arrepientas
cuando conozcas tu falta,
mas no te conocerás,
que aun para ti eres ingrata!
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Aguardando estoy a verte
tanto cuanto ya te ensanchas,
arrepentida llorando
el bien de que ahora te apartas;
víspera suele el bien ser
del mal que ahora no te halla,
pero aguarda, que él vendrá
cuando estés más descuidada.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
¡Oh cuántas y cuántas veces
me acuerdo de las palabras,
cruel, con que me engañaste
y con que a todos engañas!
A ti te engañaste sola,
pues te he de ver engañada,
deste que tú tanto adoras
y de mí sin esperanza.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Miréte con buenos ojos,
pensando que me mirabas
como te miraba yo
por mi bien y tu desgracia;
que en esto, bien claro está,
eras tú la que ganabas,
mas a fin no mereciste
tanto bien siendo tan mala—».
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
del amor que me mostrabas
para ponerlo en aquel
que pensando en ti se enfada?
¡Plegue a Dios no te arrepientas
cuando conozcas tu falta,
mas no te conocerás,
que aun para ti eres ingrata!
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Aguardando estoy a verte
tanto cuanto ya te ensanchas,
arrepentida llorando
el bien de que ahora te apartas;
víspera suele el bien ser
del mal que ahora no te halla,
pero aguarda, que él vendrá
cuando estés más descuidada.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
¡Oh cuántas y cuántas veces
me acuerdo de las palabras,
cruel, con que me engañaste
y con que a todos engañas!
A ti te engañaste sola,
pues te he de ver engañada,
deste que tú tanto adoras
y de mí sin esperanza.
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
Miréte con buenos ojos,
pensando que me mirabas
como te miraba yo
por mi bien y tu desgracia;
que en esto, bien claro está,
eras tú la que ganabas,
mas a fin no mereciste
tanto bien siendo tan mala—».
¡Filis, mal hayan
los ojos que en un tiempo te miraban!
541
Lope de Vega
Después Que Rompiste, Ingrata
«—Después que rompiste, ingrata,
de amor el estrecho nudo,
pruebo a sujetar el cuello
y no consiente otro yugo.
Gocé libertad tres años,
si aquel es libre y seguro
que de llorar tus mudanzas
no tiene su rostro enjuto.
Pensaba que era en amarte
cuando menos sin segundo
pero ya me dice el tiempo
que han sido primeros muchos.
Y que acuden a tu casa
más galanes al descuido
que caben ríos ni arroyos
en el reino de Neptuno.
Y para más afrentarme,
porque me escarnezca el vulgo,
has dado en hacerme esclavo
con los hierros a tu gusto.
De agravio y desdenes tales
sólo a mi firmeza culpo,
que no acierta a ser mudable
cursando tanto en tu estudio.
Mas ay, que es venir a menos
aunque pueda hacer un hurto
más famoso que el de Elena
negarte mi alma tributo;
y así le cuento a Cupido
la vez que a su templo acudo
más quejas que en el Senado
el villano del Danubio.
Todos los amantes oye,
para mí está sordo y mudo;
no sé si el traidor procura
lo que yo también procuro;
que según es tu belleza
aunque tenga de Dios humos,
no deja de ser quien es
en ser de tus siervos uno;
y si va a decir verdades,
aunque de falsa te acuso,
a manos de tu ira muera
si fuere de otra y no tuyo—».
de amor el estrecho nudo,
pruebo a sujetar el cuello
y no consiente otro yugo.
Gocé libertad tres años,
si aquel es libre y seguro
que de llorar tus mudanzas
no tiene su rostro enjuto.
Pensaba que era en amarte
cuando menos sin segundo
pero ya me dice el tiempo
que han sido primeros muchos.
Y que acuden a tu casa
más galanes al descuido
que caben ríos ni arroyos
en el reino de Neptuno.
Y para más afrentarme,
porque me escarnezca el vulgo,
has dado en hacerme esclavo
con los hierros a tu gusto.
De agravio y desdenes tales
sólo a mi firmeza culpo,
que no acierta a ser mudable
cursando tanto en tu estudio.
Mas ay, que es venir a menos
aunque pueda hacer un hurto
más famoso que el de Elena
negarte mi alma tributo;
y así le cuento a Cupido
la vez que a su templo acudo
más quejas que en el Senado
el villano del Danubio.
Todos los amantes oye,
para mí está sordo y mudo;
no sé si el traidor procura
lo que yo también procuro;
que según es tu belleza
aunque tenga de Dios humos,
no deja de ser quien es
en ser de tus siervos uno;
y si va a decir verdades,
aunque de falsa te acuso,
a manos de tu ira muera
si fuere de otra y no tuyo—».
495
Lope de Vega
Por Las Riberas Famosas
Por las riberas famosas
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,
alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.
Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,
zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,
sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.
Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.
Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,
alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.
Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,
zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,
sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.
Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.
Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
406
Lope de Vega
Por Las Riberas Famosas
Por las riberas famosas
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,
alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.
Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,
zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,
sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.
Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.
Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,
alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.
Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,
zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,
sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.
Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.
Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.
¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
406
Lope de Vega
Al Pie De Un Roble Escarchado
Al pie de un roble escarchado
donde Belardo el amante
desbarató un tosco nido
que habían tejido las aves,
de breves pasadas glorias,
de presentes largos males,
así se queja diciendo:
quien tal hace, que tal pague.
La bella Filis un día,
al tiempo que el sol esparce
sus rayos por todo el suelo,
dorando montes y valles,
sintiendo que el corazón
se le divide en dos partes,
así el [lo] mesmo decía:
quien tal hace, que tal pague.
Hice a los desdenes guerra,
guerra desdenes me hacen;
maté a Belardo con celos,
celos es bien que me maten.
No atendí siendo llamada,
agora no me oye nadie;
con justa causa padezco:
quien tal hace, que tal pague.
Desamé a Belardo un tiempo,
y el amor para vengarse,
quiere que le quiera agora,
y que él me olvide y desame.
Dejadme, pasiones frescas,
frescas pasiones, dejadme
vivir para que publique:
quien tal hace, que tal pague.
No le da pena el rigor
del frío tiempo que hace,
que el fuego de amor la ampara
que dentro en su pecho nace.
Dando de coraje voces,
que revienta de coraje,
dice por momentos Filis:
quien tal hace, que tal pague.
¿Do está, Belardo, la fe
que prometiste guardarme?
más yo la quebré primero,
tú puedes de mí quejarte.
Diste primero en quererme,
yo primero en olvidarte,
tú harta disculpa tienes:
quien tal hace, que tal pague.
Sacó del seno un papel
y con mil ansias le abre,
y antes de leerle todo
le arruga, rompe y deshace
diciendo: «Yo soy la causa,
no tengo de quién quejarme,
quien dio la causa revienta:
quien tal hace, que tal pague».
donde Belardo el amante
desbarató un tosco nido
que habían tejido las aves,
de breves pasadas glorias,
de presentes largos males,
así se queja diciendo:
quien tal hace, que tal pague.
La bella Filis un día,
al tiempo que el sol esparce
sus rayos por todo el suelo,
dorando montes y valles,
sintiendo que el corazón
se le divide en dos partes,
así el [lo] mesmo decía:
quien tal hace, que tal pague.
Hice a los desdenes guerra,
guerra desdenes me hacen;
maté a Belardo con celos,
celos es bien que me maten.
No atendí siendo llamada,
agora no me oye nadie;
con justa causa padezco:
quien tal hace, que tal pague.
Desamé a Belardo un tiempo,
y el amor para vengarse,
quiere que le quiera agora,
y que él me olvide y desame.
Dejadme, pasiones frescas,
frescas pasiones, dejadme
vivir para que publique:
quien tal hace, que tal pague.
No le da pena el rigor
del frío tiempo que hace,
que el fuego de amor la ampara
que dentro en su pecho nace.
Dando de coraje voces,
que revienta de coraje,
dice por momentos Filis:
quien tal hace, que tal pague.
¿Do está, Belardo, la fe
que prometiste guardarme?
más yo la quebré primero,
tú puedes de mí quejarte.
Diste primero en quererme,
yo primero en olvidarte,
tú harta disculpa tienes:
quien tal hace, que tal pague.
Sacó del seno un papel
y con mil ansias le abre,
y antes de leerle todo
le arruga, rompe y deshace
diciendo: «Yo soy la causa,
no tengo de quién quejarme,
quien dio la causa revienta:
quien tal hace, que tal pague».
461
Lope de Vega
El Lastimado Belardo
El lastimado Belardo
con los celos de su ausencia
a la hermosísima Filis
humildemente se queja.
«—¡Ay, dice, señora mía,
y cuán caro que me cuesta
el imaginar que un hora
he de estar sin que te vea!
¿Cómo he de vivir sin ti,
pues vivo en ti por firmeza,
y ésta el ausencia la muda
por mucha fe que se tenga?
Sois tan flacas las mujeres
que a cualquier viento que llega
literalmente os volvéis
como al aire la veleta.
Perdóname, hermosa Filis,
que el mucho amor me hace fuerza
a que diga desvaríos,
por más que después lo sienta.
¡Ay, sin ventura de mí!
¿qué haré sin tu vista bella?
daré mil quejas al aire
y ansina diré a las selvas:
¡Ay triste mal de ausencia,
y quien podrá decir lo que me cuestas!
No digo yo, mi señora,
que estás en aquesta prueba
quejosa de mi partida,
aunque sabes que es tan cierta.
Yo me quejo de mi suerte,
porque es tal, y tal mi estrella,
que juntas a mi ventura
harán que tu fe sea fuerza.
¡Maldiga Dios, Filis mía,
el primero que la ausencia
juzgó con amor posible,
y dispuso tantas penas!
Yo me parto, y mi partir
tanto aqueste pecho aprieta,
que como en bascas de muerte
el alma y cuerpo pelean.
¡Dios sabe, bella señora,
si quedarme aquí quisiera,
y dejar al mayoral
que solo a la aldea se fuera!
He de obedecerle al fin,
que me obliga mi nobleza,
y aunque amor me desobliga,
es fuerza que el honor venza—».
¡Ay triste mal de ausencia,
y quien podrá decir lo que me cuestas!
con los celos de su ausencia
a la hermosísima Filis
humildemente se queja.
«—¡Ay, dice, señora mía,
y cuán caro que me cuesta
el imaginar que un hora
he de estar sin que te vea!
¿Cómo he de vivir sin ti,
pues vivo en ti por firmeza,
y ésta el ausencia la muda
por mucha fe que se tenga?
Sois tan flacas las mujeres
que a cualquier viento que llega
literalmente os volvéis
como al aire la veleta.
Perdóname, hermosa Filis,
que el mucho amor me hace fuerza
a que diga desvaríos,
por más que después lo sienta.
¡Ay, sin ventura de mí!
¿qué haré sin tu vista bella?
daré mil quejas al aire
y ansina diré a las selvas:
¡Ay triste mal de ausencia,
y quien podrá decir lo que me cuestas!
No digo yo, mi señora,
que estás en aquesta prueba
quejosa de mi partida,
aunque sabes que es tan cierta.
Yo me quejo de mi suerte,
porque es tal, y tal mi estrella,
que juntas a mi ventura
harán que tu fe sea fuerza.
¡Maldiga Dios, Filis mía,
el primero que la ausencia
juzgó con amor posible,
y dispuso tantas penas!
Yo me parto, y mi partir
tanto aqueste pecho aprieta,
que como en bascas de muerte
el alma y cuerpo pelean.
¡Dios sabe, bella señora,
si quedarme aquí quisiera,
y dejar al mayoral
que solo a la aldea se fuera!
He de obedecerle al fin,
que me obliga mi nobleza,
y aunque amor me desobliga,
es fuerza que el honor venza—».
¡Ay triste mal de ausencia,
y quien podrá decir lo que me cuestas!
427