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Poemas en este tema

Relaciones y Familia

Lope de Vega

Lope de Vega

Por Las Riberas Famosas

Por las riberas famosas
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,

alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.

Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,

zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,

sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.

Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.

Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
403
Lope de Vega

Lope de Vega

Por Las Riberas Famosas

Por las riberas famosas
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,

alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.

Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,

zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,

sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.

Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.

Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
403
Lope de Vega

Lope de Vega

Al Pie De Un Roble Escarchado

Al pie de un roble escarchado
donde Belardo el amante
desbarató un tosco nido
que habían tejido las aves,

de breves pasadas glorias,
de presentes largos males,
así se queja diciendo:
quien tal hace, que tal pague.

La bella Filis un día,
al tiempo que el sol esparce
sus rayos por todo el suelo,
dorando montes y valles,

sintiendo que el corazón
se le divide en dos partes,
así el [lo] mesmo decía:
quien tal hace, que tal pague.

Hice a los desdenes guerra,
guerra desdenes me hacen;
maté a Belardo con celos,
celos es bien que me maten.

No atendí siendo llamada,
agora no me oye nadie;
con justa causa padezco:
quien tal hace, que tal pague.

Desamé a Belardo un tiempo,
y el amor para vengarse,
quiere que le quiera agora,
y que él me olvide y desame.

Dejadme, pasiones frescas,
frescas pasiones, dejadme
vivir para que publique:
quien tal hace, que tal pague.

No le da pena el rigor
del frío tiempo que hace,
que el fuego de amor la ampara
que dentro en su pecho nace.

Dando de coraje voces,
que revienta de coraje,
dice por momentos Filis:
quien tal hace, que tal pague.

¿Do está, Belardo, la fe
que prometiste guardarme?
más yo la quebré primero,
tú puedes de mí quejarte.

Diste primero en quererme,
yo primero en olvidarte,
tú harta disculpa tienes:
quien tal hace, que tal pague.

Sacó del seno un papel
y con mil ansias le abre,
y antes de leerle todo
le arruga, rompe y deshace

diciendo: «Yo soy la causa,
no tengo de quién quejarme,
quien dio la causa revienta:
quien tal hace, que tal pague».
457
Lope de Vega

Lope de Vega

Ensíllenme El Potro Rucio

«—Ensíllenme el potro rucio
del alcaide de los Vélez,
denme el adarga de Fez
y la jacerina fuerte;

una lanza con dos hierros,
entrambos de agudos temples,
y aquel acerado casco
con el morado bonete,

que tiene plumas pajizas
entre blancos martinetes,
y garzotas medio pardas,
antes que me vista, denme.

Pondréme la toca azul
que me dio para ponerme
Adalifa la de Baza,
hija de Zelín Hamete;

y aquella medalla en cuadro
que dos ramos la guarnecen
con las hojas de esmeraldas,
por ser los ramos laureles;

y un Adonis que va a caza
de los jabalíes monteses,
dejando su diosa amada,
y dice la letra "Muere"—».

Esto dijo el moro Azarque
antes que a la guerra fuese,
aquel discreto y animoso,
aquel galán y valiente,

Almoralife el de Baza,
de Zulema descendiente,
caballeros que en Granada
paseaban con los reyes.

Trajéronle la medalla,
y suspirando mil veces,
del bello Adonis miraba
la gentileza y la suerte:

«—Adalifa de mi alma,
no te aflijas ni lo pienses;
viviré para gozarte,
gozosa vendrás a verme;

breve será mi jornada,
tu firmeza no sea breve,
procura, aunque eres mujer,
ser de todas diferente.

No le parezcas a Venus,
aunque en beldad le pareces,
en olvidar a su amante
y no respetalle ausente.

Cuando sola te imagines,
mi retrato te consuele,
sin admitir compañía
que me ultraje y te desvele;

que entre tristeza y dolor
suele amor entremeterse,
haciendo de alegres tristes
como de tristes alegres.

Mira, amiga, mi retrato,
que abiertos los ojos tiene,
y que es pintura encantada,
que habla, que vive y siente.

Acuérdate de mis ojos,
que muchas lágrimas vierten,
y a fe que lágrimas suyas
pocas moras las merecen—».

En esto llegó Gualquemo
a decille que se apreste,
que daban priesa en la mar
que se embarcase la gente.

A vencer se parte el moro,
aunque gustos no le vencen,
honra y esfuerzo lo animan
a cumplir lo que promete.
508
Lope de Vega

Lope de Vega

Sale La Estrella De Venus

Sale la estrella de Venus
al tiempo que el sol se pone,
y la enemiga del día
su negro manto descoge,

y con ella un fuerte moro
semejante a Rodamonte
sale de Sidonia airado,
de Jerez la vega corre,

por donde entra Guadalete
al mar de España, y por donde
Santa María del Puerto
recibe famoso nombre.

Desesperado camina,
que siendo en linaje noble,
le deja su dama ingrata
porque se suena que es pobre;

y aquella noche se casa
con un moro feo y torpe
porque es alcaide en Sevilla
del Alcázar y la Torre.

Quejándose tiernamente
de un agravio tan inorme,
y a sus palabras la vega
con dulces ecos responde:

«—Zaida, dice, más airada
que el mar que las naves sorbe,
más dura e inexorable
que las entrañas de un monte,

¿cómo permites, cruel,
después de tantos favores,
que de prendas de mi alma
ajena mano se adorne?

¿Es posible que te abraces
a las cortezas de un roble,
y dejes el árbol tuyo
desnudo de fruta y flores?

Dejas tu amado Gazul,
dejas tres años de amores,
y das la mano a Albenzaide,
que aun apenas le conoces.

Dejas a un pobre muy rico
y un rico muy pobre escoges,
pues las riquezas del cuerpo
a las del alma antepones.

Alá permita, enemiga,
que te aborrezca y le adores,
y que por celos suspires
y por ausencia le llores,

y que de noche no duermas,
y de día no reposes,
y en la cama le fastidies,
y que en la mesa le enojes,

y en las fiestas, en las zambras,
no se vista tus colores,
ni aun para verlas permita
que a la ventana te asomes;

y menosprecie en las cañas,
para que más te alborotes,
el almaizar que le labres
y la manga que le bordes;

y se ponga de su amiga
con la cifra de su nombre,
a quien le dé los cautivos
cuando de la guerra torne;

y en batalla de cristianos
de velle muerto te asombres,
y plegue a Alá que suceda
cuando la mano le tomes,

que si le has de aborrecer,
que largos años le goces,
que es la mayor maldición
que pueden darte los hombres—».

Con esto llegó a Jerez
a la mitad de la noche;
halló el palacio cubierto
de luminarias y voces,

y los moros fronterizos
que por todas partes corren,
con sus hachas encendidas
y con libreas conformes.

Delante del desposado
en los estribos alzóse;
arrojóle una lanzada
de parte a parte pasóle;

alborotóse la plaza,
desnudó el moro un estoque,
y por mitad de la gente
hacia Sidonia volvióse.
506
Lope de Vega

Lope de Vega

Di, Zaida, ¿de Qué Me Avisas? - Romancero Nuevo

«—Di, Zaida, ¿de qué me avisas?
¿Quieres que muera y que calle?
No des crédito a mujeres
no fundadas en verdades;

que si pregunto en qué entiendes
o quién viene a visitarte,
son fiestas de mi tormento
ver qué visitas te aplacen.

Si dices que estás corrida
de que Zaide poco sabe,
no sé poco, pues que supe
conocerte y adorarte.

Si dices son por mi causa
las que en el rostro te salen,
por la tuya con mis ojos
tengo regada tu calle.

Confiesas que soy valiente,
que tengo otras muchas partes;
pocas tengo, pues no puedo
de una mentira vengarme.

Mas si ha querido mi suerte
que ya el quererte te canse,
no pongas inconvenientes
mas de que quieres dejarme.

No entendí que eras mujer
a quien novedad aplace,
mas son tales mis desdichas,
que en mí lo imposible hacen;

hánme puesto en tal extremo
que el bien tengo por ultraje:
alabasme para hacerme
la nata de los galanes.

Yo soy quien pierdo en perderte
y gano mucho en ganarte,
y aunque hablas en mi ofensa
no dejaré de adorarte.

Dices que si fuera mudo
fuera posible adorarme;
si en tu daño no lo he sido,
enmudezca el desculparme.

Si te ha ofendido mi vida,
quieres señora matarme,
basta decir que hablé [e]
para que el pesar me acabe.

Es mi pecho calabozo
de tormentos inmortales,
mi boca la del silencio,
que no ha menester alcaide.

Que el hacer plato y banquetes
es de hombres principales,
mas dalles de sus favores
sólo pertenece a infames.

Zaida cruel, que dijiste
que no supe conservarte,
mejor te supe obligar
que tú has sabido pagarme.

Mienten los moros y moras,
miente el infame de Tarfe,
que si yo le amenazara
bastara para matarle.

A ese perro mal nacido
a quien yo mostré el turbante,
no fío yo dél secretos,
que en bajos pechos no caben.

Yo le he de quitar la vida
y he de escribir con su sangre
lo que tú Zaida replico:
Quien tal hizo, que tal pague—».
521
Lope de Vega

Lope de Vega

Mira, Zaide Que Te Digo

«—Mira, Zaide, que te digo
que no pases por mi calle,
no hables con mis mujeres,
ni con mis cautivos trates,

no preguntes en qué entiendo
ni quien viene a visitarme,
qué fiestas me dan contento
ni qué colores me aplacen;

basta que son por tu causa
las que en el rostro me salen,
corrida de haber mirado
moro que tan poco sabe.

Confieso que eres valiente,
que hiendes, rajas y partes,
y que has muerto más cristianos
que tienes gotas de sangre;

que eres gallardo ginete,
que danzas, cantas y tañes,
gentilhombre, bien criado
cuanto puede imaginarse;

blanco, rubio por extremo,
señalado entre linajes,
el gallo de los bravatos,
la nata de los donaires;

que pierdo mucho en perderte
y gano mucho en ganarte,
y que si nacieras mudo
fuera posible adorarte;

mas por ese inconviniente
determino de dejarte,
que eres pródigo de lengua
y amargan tus liviandades;

habrá menester ponerte
la que quisiere llevarte
un alcázar en los pechos
y en los labios un alcaide.

Mucho pueden con las damas
los galanes de tus partes,
porque los quieren briosos,
que hiendan y que desgarren;

mas con esto, Zaide amigo,
si algún banquete les hacen
del plato de sus favores
quieren que coman y callen.

Costoso me fue el que heciste;
que dichoso fueras, Zaide,
si conservarme supieras
como supiste obligarme.

Mas no bien saliste apenas
de los jardines de Atarfe,
cuando heciste de la mía
y de tu desdicha alarde.

A un morillo mal nacido
he sabido que enseñaste
la trenza de mis cabellos
que te puse en el turbante.

No quiero que me la vuelvas,
ni que tampoco la guardes,
mas quiero que entiendas, moro,
que en mi desgracia la traes.

También me certificaron
cómo le desafiaste
por las verdades que dijo,
que nunca fueran verdades.

De mala gana me río;
¡qué donoso disparate!
no guardaste tu secreto
¿y quieres que otro lo guarde?

No puedo admitir disculpa,
otra vez torno [a] avisarte
que ésta será la postrera
que te hable y que me hables—».

Dijo la discreta Zaida
al gallardo Abencerraje,
y al despedirse replica
«Quien tal hace, que tal pague».
542
Lope de Vega

Lope de Vega

Mira, Zaide Que Te Digo

«—Mira, Zaide, que te digo
que no pases por mi calle,
no hables con mis mujeres,
ni con mis cautivos trates,

no preguntes en qué entiendo
ni quien viene a visitarme,
qué fiestas me dan contento
ni qué colores me aplacen;

basta que son por tu causa
las que en el rostro me salen,
corrida de haber mirado
moro que tan poco sabe.

Confieso que eres valiente,
que hiendes, rajas y partes,
y que has muerto más cristianos
que tienes gotas de sangre;

que eres gallardo ginete,
que danzas, cantas y tañes,
gentilhombre, bien criado
cuanto puede imaginarse;

blanco, rubio por extremo,
señalado entre linajes,
el gallo de los bravatos,
la nata de los donaires;

que pierdo mucho en perderte
y gano mucho en ganarte,
y que si nacieras mudo
fuera posible adorarte;

mas por ese inconviniente
determino de dejarte,
que eres pródigo de lengua
y amargan tus liviandades;

habrá menester ponerte
la que quisiere llevarte
un alcázar en los pechos
y en los labios un alcaide.

Mucho pueden con las damas
los galanes de tus partes,
porque los quieren briosos,
que hiendan y que desgarren;

mas con esto, Zaide amigo,
si algún banquete les hacen
del plato de sus favores
quieren que coman y callen.

Costoso me fue el que heciste;
que dichoso fueras, Zaide,
si conservarme supieras
como supiste obligarme.

Mas no bien saliste apenas
de los jardines de Atarfe,
cuando heciste de la mía
y de tu desdicha alarde.

A un morillo mal nacido
he sabido que enseñaste
la trenza de mis cabellos
que te puse en el turbante.

No quiero que me la vuelvas,
ni que tampoco la guardes,
mas quiero que entiendas, moro,
que en mi desgracia la traes.

También me certificaron
cómo le desafiaste
por las verdades que dijo,
que nunca fueran verdades.

De mala gana me río;
¡qué donoso disparate!
no guardaste tu secreto
¿y quieres que otro lo guarde?

No puedo admitir disculpa,
otra vez torno [a] avisarte
que ésta será la postrera
que te hable y que me hables—».

Dijo la discreta Zaida
al gallardo Abencerraje,
y al despedirse replica
«Quien tal hace, que tal pague».
542
Lope de Vega

Lope de Vega

Gallardo Pasea Zaide

Gallardo pasea Zaide
puerta y calle de su dama,
que desea en gran manera
ver su imagen y adorarla,

porque se vido sin ella
en una ausencia muy larga,
que desdichas le sacaron
desterrado de Granada,

no por muerte de hombre alguno
ni por traidor a su dama,
mas por dar gusto a enemigos,
si es que en el moro se hallan,

porque es hidalgo en sus cosas,
y tanto que al mundo espantan
sus larguezas, pues por ellas
el moro dejó su patria;

pero a Granada volvió
a pesar de ruin canalla,
porque siendo un moro noble
enemigos nunca faltan.

Alzó la cabeza y vido
a su Zaida a la ventana,
tan bizarra y tan hermosa
que al sol quita su luz clara.

Zaida se huelga de ver
a quien ha entregado el alma,
tan turbada, y tan alegre,
y cuanto alegre turbada,

porque su grande desdicha
le dio nombre de casada,
aunque no por eso piensa
olvidar a quien bien ama.

El moro se regocija,
y con dolor de su alma,
por no tener más lugar,
que el puesto no se le daba,

por ser el moro celoso
de quien es esposa Zaida,
y en gozo, contento y pena
le envió aquestas palabras:

«—¡Oh más hermosa y más bella
que la aurora aljofarada,
mora de los ojos míos,
que otra beldad no te iguala!

Dime, ¿fáltate salud
después que el verme te falta?
Mas según la muestra has dado
amor es el que te falta,

pues mira, diosa cruel
lo que me cuestas del alma,
y cuántas noches dormí
debajo de tus ventanas;

y mira que dos mil veces
recreándome en tus faldas,
decías: «—El firme amor
sólo entre los dos se halla»,

pues que por mí no ha quedado,
que cumplo por mi desgracia
lo que prometo una vez,
cúmplelo también, ingrata.

No pido más que te acuerdes,
mira mi humilde demanda,
pues en pensar sólo en ti
me ocupo tarde y mañana—».

Su prolijo razonar
creo el moro no acabara,
si no faltara la lengua
que estaba medio trabada.

La mora tiene la suya
de tal suerte, que no acaba
de acabar de abrir la gloria
al moro con la palabra,

vertiendo de entrambos ojos
perlas con que le aplacaba,
al moro sus quejas tristes
dijo la discreta Zaida:

«—Zaide mío, a Alá prometo
de cumplirte la palabra
que es jamás no te olvidar,
pues no olvida quien bien ama;

pero yo no me aseguro
ni estoy de mí confiada,
que suele a cuerpo presente
ser la vigilia doblada,

y más tú que lisonjeas,
que ya lo tienes por gala,
de ser como aquí lo has dicho,
no habiendo en mí bueno nada.

Sé muy bien lo que te debo
y plugiese a Alá quedara
hecho mi cuerpo pedazos
antes que yo me casara,

que no hay rato de contento
en mí, ni un punto se aparta
este mi moro enemigo
de mi lado y de mi cama,

y no me deja salir,
ni asomarme a la ventana,
ni hablar con mis amigas
ni hallarme en fiestas o zambras—».

No pudo escuchalla más
el moro, y así se aparta
hechos los ojos dos fuentes
de lágrimas que derrama.

Zaida, no menos que él,
se quita de la ventana,
y aunque apartaron los cuerpos
juntas quedaron las almas.
565
Luis Rosales

Luis Rosales

Luis Rosales

Luis Rosales

Luis Rosales

Luis Rosales

Luis Rosales

Luis Rosales

Ascensión Hacia El Reposo

Como es misericordia la locura y el espacio nos brinda la bienaventuranza,
como es la noche viva, la lluvia silenciosa que va del corazón
del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura.
Como sé que al morir terminará la muerte.
Como en el corazón se derrama la sangre con un rumor de lluvia
que ilumina la niebla.
Como tengo fe de soñar que te amo,
mi carne será un día como un agua corriente
y mi cuerpo será de silencio amoroso, de cristal dolorido cuando
tú lo iluminas.

Como en la inclinación morena de tus ojos el silencio vencido
se convierte en aroma.
Como tengo una voz que se cubre de yerba donde vuelan las alondras
y palabras y lágrimas.
Y como en tu cabello despierta la agonía,
y la paciencia intacta naufragará en la sangre
porque existe la muerte,
porque la sombra clara se convierte en misterio y la quietud del mundo
colma la transparencia,
porqué el último olvido morirá con el hombre,
y tu boca de llanto y amapolas violentas,
y tus brazos de cal y niebla reclinada,
y tus manos delgadas como álamos de espuma,
y mi voz,
y mis ojos,
todo será divino al perder la memoria.

Como insiste el dolor, pero no se termina y es la lenta ascensión
de la sangre al reposo.
Como es la primavera al donaire porque llevas el alma derramada en
el paso.
Como es la caridad para mirar tu cuerpo y es la noche tranquila tu
encendida alabanza.
Como tú eres el único sufrimiento posible y la angustia
de cal que me quema los ojos,
con humildad,
buscando la palabra precisa,
yo te ofrezco la sombra, la paciencia del mundo donde olvido la espera,
donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco y sentir en
las plantas los impulsos del río,
donde puedo creer,
donde puedo creer, porque marchamos juntos igual que dos hermanos perdidos
en la nieve.
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