Emociones y Sentimientos
César Vallejo
Babel
de un solo golpe y de una sola pieza
de cera tornasol. Y en el hogar
ella daña y arregla; a veces dice:
"El hospicio es bonito; aquí no más!"
¡Y otras veces se pone a llorar!
Alejandra Pizarnik
La Carencia
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
Alejandra Pizarnik
Ella Se Desnuda En El Paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe
Alejandra Pizarnik
Ella Se Desnuda En El Paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe
Antonio Plaza Llamas
No Te Olvido
Qué mal conoces lo que pasa en mí;
no tengo más que un alma, que es ya tuya,
y un solo corazón, que ya te di.
¿Y temes que placeres borrascosos
arranquen ¡ay! del corazón la fe?
Para mí los placeres son odiosos;
en ti pensar es todo mi placer.
Aquí abundan mujeres deslumbrantes,
reinas que esclavas de la moda son,
y ataviadas de sedas y brillantes,
sus ojos queman, como quema el sol.
De esas bellas fascinan los hechizos,
néctar manan sus labios de carmín;
mas con su arte y su lujo y sus postizos,
ninguna puede compararse a ti.
A pesar de su grande poderío,
carecen de tus gracias y virtud,
y todas ellas juntas, ángel mío,
valer no pueden lo que vales tú.
Es tan ingente tú sin par pureza,
y tan ingente tu hermosura es,
que alzar puede su templo la belleza
con el polvo que oprimes con tus pies.
Con razón me consume negro hastío
desde que te hallas tú lejos de aquí,
y con razón el pensamiento mío
sólo tiene memoria para ti.
Yo pienso en ti con ardoroso empeño,
y siempre miro tu divina faz,
y pronuncio tu nombre cuando sueño,
y pronuncio tu nombre al despertar.
Si del vaivén del mundo me retiro,
y ávido de estudiar quiero leer,
entre las letras ¡ay! tu imagen miro,
tu linda imagen de mi vida ser.
Late por ti mi corazón de fuego,
te necesito como el alma a Dios;
eres la virgen que idolatro ciego;
eres la gloria con que sueño yo.
Antonio Plaza Llamas
No Te Olvido
Qué mal conoces lo que pasa en mí;
no tengo más que un alma, que es ya tuya,
y un solo corazón, que ya te di.
¿Y temes que placeres borrascosos
arranquen ¡ay! del corazón la fe?
Para mí los placeres son odiosos;
en ti pensar es todo mi placer.
Aquí abundan mujeres deslumbrantes,
reinas que esclavas de la moda son,
y ataviadas de sedas y brillantes,
sus ojos queman, como quema el sol.
De esas bellas fascinan los hechizos,
néctar manan sus labios de carmín;
mas con su arte y su lujo y sus postizos,
ninguna puede compararse a ti.
A pesar de su grande poderío,
carecen de tus gracias y virtud,
y todas ellas juntas, ángel mío,
valer no pueden lo que vales tú.
Es tan ingente tú sin par pureza,
y tan ingente tu hermosura es,
que alzar puede su templo la belleza
con el polvo que oprimes con tus pies.
Con razón me consume negro hastío
desde que te hallas tú lejos de aquí,
y con razón el pensamiento mío
sólo tiene memoria para ti.
Yo pienso en ti con ardoroso empeño,
y siempre miro tu divina faz,
y pronuncio tu nombre cuando sueño,
y pronuncio tu nombre al despertar.
Si del vaivén del mundo me retiro,
y ávido de estudiar quiero leer,
entre las letras ¡ay! tu imagen miro,
tu linda imagen de mi vida ser.
Late por ti mi corazón de fuego,
te necesito como el alma a Dios;
eres la virgen que idolatro ciego;
eres la gloria con que sueño yo.
Antonio Plaza Llamas
A Una Ramera
Mujer preciosa por mi mal hallada,
Perla del solio del Señor caída
Y en albañal inmundo sepultada;
Cándida rosa en el Edén crecida
Y por manos infames deshojada;
Cisne de cuello alabastrino y blando
En indecente bacanal cantando.
Amado Nervo
Predestinación
su Mane Thecel Phares el Dios fuerte,
y me agobian dos penas sin medida:
un disgusto infinito de la vida,
y un temor infinito de la muerte.
¿Ves cómo tiendo en rededor los ojos?
¡Ay, busco abrigo con esfuerzos vanos...!
¡En medio de mi ruta, sólo abrojos!
¡Al final de mi ruta, sólo arcanos!
¿Qué hacer cuando la vida me repela
si la pálida muerte me acobarda?
Digo a la vida: ¡sé piadosa, vuela...!
Digo a la muerte: ¡sé piadosa, tarda...!
¡Estaba escrito así! No más te afanes
por borrar de mi faz el torvo estigma;
impélenme furiosos huracanes,
y voy, entre los brazos de Abrimanes,
a las fauces hambrientas del Enigma.
Amado Nervo
Predestinación
su Mane Thecel Phares el Dios fuerte,
y me agobian dos penas sin medida:
un disgusto infinito de la vida,
y un temor infinito de la muerte.
¿Ves cómo tiendo en rededor los ojos?
¡Ay, busco abrigo con esfuerzos vanos...!
¡En medio de mi ruta, sólo abrojos!
¡Al final de mi ruta, sólo arcanos!
¿Qué hacer cuando la vida me repela
si la pálida muerte me acobarda?
Digo a la vida: ¡sé piadosa, vuela...!
Digo a la muerte: ¡sé piadosa, tarda...!
¡Estaba escrito así! No más te afanes
por borrar de mi faz el torvo estigma;
impélenme furiosos huracanes,
y voy, entre los brazos de Abrimanes,
a las fauces hambrientas del Enigma.
Amado Nervo
Predestinación
su Mane Thecel Phares el Dios fuerte,
y me agobian dos penas sin medida:
un disgusto infinito de la vida,
y un temor infinito de la muerte.
¿Ves cómo tiendo en rededor los ojos?
¡Ay, busco abrigo con esfuerzos vanos...!
¡En medio de mi ruta, sólo abrojos!
¡Al final de mi ruta, sólo arcanos!
¿Qué hacer cuando la vida me repela
si la pálida muerte me acobarda?
Digo a la vida: ¡sé piadosa, vuela...!
Digo a la muerte: ¡sé piadosa, tarda...!
¡Estaba escrito así! No más te afanes
por borrar de mi faz el torvo estigma;
impélenme furiosos huracanes,
y voy, entre los brazos de Abrimanes,
a las fauces hambrientas del Enigma.
Manuel Acuña
A Un Arroyo
A mi hermano Juan de Dios Peza
Cuando todo era flores tu camino,
cuando todo era pájaros tu ambiente,
cediendo de tu curso a la pendiente
todo era en ti fugaz y repentino.
Vino el invierno con sus nieblas, vino
el hielo que hoy estanca tu corriente,
y en situación tan triste y diferente
ni aún un pálido sol te da el destino.
Y así en la vida el incesante vuelo
mientras que todo es ilusión, avanza
en sólo una hora cuanto mide un cielo.
Y cuando el duelo asoma en lontananza
entonces como tú cambiada en hielo
no puede reflejar ni la esperanza.
Manuel Acuña
A Un Arroyo
A mi hermano Juan de Dios Peza
Cuando todo era flores tu camino,
cuando todo era pájaros tu ambiente,
cediendo de tu curso a la pendiente
todo era en ti fugaz y repentino.
Vino el invierno con sus nieblas, vino
el hielo que hoy estanca tu corriente,
y en situación tan triste y diferente
ni aún un pálido sol te da el destino.
Y así en la vida el incesante vuelo
mientras que todo es ilusión, avanza
en sólo una hora cuanto mide un cielo.
Y cuando el duelo asoma en lontananza
entonces como tú cambiada en hielo
no puede reflejar ni la esperanza.
Pablo Neruda
Farewell, de Crepusculario
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.)
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
Pablo Neruda
Farewell, de Crepusculario
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.)
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
Bruno Kampel
Noche en vela
ladran preguntas
que muerden con rabia
a las horas que pasan
y éstas insomnes
como alambres de púa
bordan respuestas de piedra
que invitan al quebranto
que duelen sin clemencia
que hieren sin vergüenza
y mueren sin quererlo
al paso que la noche
se agota poco a poco
y el perfil del alba
entre un bostezo y otro
se cuelga en las pestañas
del sueño que marchita
mientras la mañana
cumpliendo su condena
florece puntualmente
e inventa un nuevo día.
Luis Rosales
Ascensión hacia el reposo, de Abril
y el espacio nos brinda la bienaventuranza,
como es la noche viva, la lluvia silenciosa
que va del corazón del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura,
como se que al morir terminará la muerte,
como en el corazón se derrama la sangre
con un rumor de lluvia que ilumina la niebla,
como tengo fe de soñar que te amo,
mi carne erá un día como un agua corriente
y mi cuerpo será de silencio amoroso,
de cristal dolorido cuando tú lo iluminas.
Como en la inclinación morena de tus ojos
el silencio vencido se convierte en aroma,
como tengo una voz que se cubre de hierba donde
vuelan las alondras y palabras y lágrimas,
y como en tu cabello despierta la agonía
y la paciencia intacta naufragará en la sangre
porque existe la muerte,
porque la sombra clara se convierte en misterio
y la quietud del mundo colma la transparencia,
porqué el último olvido morirá con el hombre,
y tu boca de llanto y amapolas violentas,
y tus brazas de cal y niebla reclinada,
y tus manos delgadas como álamos de espuma,
y mi voz, y mis ojos,
todo será divino al perder la memoria.
Como insiste el dolor, pero no se termina
y es la lenta ascensión de la sangre al reposo,
como es la primavera al donaire
porque llevas el alma derramada en el paso,
como es caridad para mirar tu cuerpo
y es la noche tranquila tu encendida alabanza,
como tú eres el único sufrimiento posible
y la angustia de cal que me quema los ojos,
con humildad, buscando la palabra precisa,
yo te ofrezco la sombra,
la paciencia del mundo donde olvido la espera,
donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco
y sentir en las plantas los impulsos del río,
donde puedo creer,
porque marchamos juntos
igual que dos hermanos perdidos en la nieve.
Luis Rosales
Ascensión hacia el reposo, de Abril
y el espacio nos brinda la bienaventuranza,
como es la noche viva, la lluvia silenciosa
que va del corazón del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura,
como se que al morir terminará la muerte,
como en el corazón se derrama la sangre
con un rumor de lluvia que ilumina la niebla,
como tengo fe de soñar que te amo,
mi carne erá un día como un agua corriente
y mi cuerpo será de silencio amoroso,
de cristal dolorido cuando tú lo iluminas.
Como en la inclinación morena de tus ojos
el silencio vencido se convierte en aroma,
como tengo una voz que se cubre de hierba donde
vuelan las alondras y palabras y lágrimas,
y como en tu cabello despierta la agonía
y la paciencia intacta naufragará en la sangre
porque existe la muerte,
porque la sombra clara se convierte en misterio
y la quietud del mundo colma la transparencia,
porqué el último olvido morirá con el hombre,
y tu boca de llanto y amapolas violentas,
y tus brazas de cal y niebla reclinada,
y tus manos delgadas como álamos de espuma,
y mi voz, y mis ojos,
todo será divino al perder la memoria.
Como insiste el dolor, pero no se termina
y es la lenta ascensión de la sangre al reposo,
como es la primavera al donaire
porque llevas el alma derramada en el paso,
como es caridad para mirar tu cuerpo
y es la noche tranquila tu encendida alabanza,
como tú eres el único sufrimiento posible
y la angustia de cal que me quema los ojos,
con humildad, buscando la palabra precisa,
yo te ofrezco la sombra,
la paciencia del mundo donde olvido la espera,
donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco
y sentir en las plantas los impulsos del río,
donde puedo creer,
porque marchamos juntos
igual que dos hermanos perdidos en la nieve.
Xuan Bello
Historia Universal de Paniceiros
Xuan Bello
Historia Universal de Paniceiros
José Antonio Labordeta
Aragón
y donde hay agua una huerta.
Al norte los Pirineos,
esta tierra es Aragón.
Al norte los Pirineos
y al sur la Sierra callada.
Pasa el Ebro por el centro
con su soledad a la espalda.
Dicen que hay tierras al este
donde se trabaja y pagan.
Hacia el oeste el Moncayo
como un dios que ya no ampara.
Desde tiempos a esta parte
vamos camino de nada.
Vamos a ver como el Ebro
con su soledad se marcha,
y con él van en compaña
las gentes de estas vaguadas,
De estos valles, de estas sierras,
De estas huerta arruinadas.
Polvo, niebla, viento y sol,
y donde hay agua una huerta.
Al norte los Pirineos,
esta tierra es Aragón.
Porfirio Barba Jacob
Canciones de la vida profunda
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
—¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!—
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noche lúgubres el llanto del pintar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
Porfirio Barba Jacob
Canciones de la vida profunda
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
—¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!—
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noche lúgubres el llanto del pintar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
Robert Frost
Fuego y hielo
Otros dicen que entre hielos.
De lo que yo he saboreado del deseo
Estoy de acuerdo con aquéllos que favorecen el fuego.
Pero si tuviera que perecer dos veces,
Creo que conozco bastante de odio
Como para saber que, para la destrucción,
El hielo también es poderoso
Y bastaría.
Robert Frost
Fuego y hielo
Otros dicen que entre hielos.
De lo que yo he saboreado del deseo
Estoy de acuerdo con aquéllos que favorecen el fuego.
Pero si tuviera que perecer dos veces,
Creo que conozco bastante de odio
Como para saber que, para la destrucción,
El hielo también es poderoso
Y bastaría.