Temas
Poemas en este tema

Sociedad y el Mundo

Claudio Rodríguez

Claudio Rodríguez

El Baile De Águedas

Veo que no queréis bailar conmigo
y hacéis muy bien. ¡Si hasta ahora
no hice más que pisaros, si hasta ahora
no moví al aire vuestro estos pies cojos!
Tú siempre tan bailón, corazón mío.

¡Métete en fiesta; pronto,
antes de que te quedes sin pareja!

¡Hoy no hay escuela! ¡Al río,
a lavarse primero,
que hay que estar limpios cuando llegue la hora!

Ya están ahí, ya vienen
por el raíl con sol de la esperanza
hombres de todo el mundo! Ya se ponen
a dar fe de su empleo de alegría
¿Quién no esperó la fiesta?
¿Quién los días del año
no los pasó guardando bien la ropa,
para el día de hoy? Y ya ha llegado.

Cuánto manteo, cuánta media blanca,
cuánto refajo de lanilla, cuánto
corto calzón. ¡Bien a lo vivo, como
esa moza se pone su pañuelo,
poned el alma así, bien a lo vivo!

Echo de menos ahora
aquellos tiempos en los que a sus fiestas
se unía el hombre como el suero al queso.

Entonces sí que daban
su vida al sol, su aliento al aire, entonces
sí que eran encarnados en la tierra.

Para qué recordar. Estoy en medio
de la fiesta y ya casi
cuaja la noche pronta de febrero.
y aún sin bailar: yo solo.

¡Venid, bailad conmigo, que ya puedo
arrimar la cintura bien, que puedo
mover los pasos a vuestro aire hermoso!

¡Águedas, aguedicas,
decidles que me dejen
bailar con ellos, que yo soy del pueblo,
soy un vecino más, decid a todos
que he esperado este día
toda la vida! Oídlo.

Óyeme tú, que ahora
pasas al lado mío y un momento,
sin darte cuenta, miras a lo alto
y a tu corazón baja
el baile eterno de Águedas del mundo,
óyeme tú, que sabes
que se acaba la fiesta y no la puedes
guardar en casa como un limpio apero,
y se te va, y ya nunca...
tú, que pisas la tierra
y aprietas tu pareja, y bailas, bailas.
467
Claudio Rodríguez

Claudio Rodríguez

Gestos

Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,
pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado, ¿qué quiere
decir? Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero,
pasaron. Como esa
casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque
dejando herida o beso, sólo azar entrañable.

Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla
del río, ¿qué
significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto
de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?
¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el de amor que el de asesinato?

Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que sólo supo
tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.
No he de leer en cada palma, en cada
movimiento, como antes. No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.

No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,
su nueva significación, su nuevo
uso. Yo solo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.
452
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Seoane Respuesta Al Excmo Sr D Mateo Seoane

Pálida insomne, lánguida doliente,
sombra tan sólo de criatura humana
ya consumida por la fiebre ardiente
viene de las orillas del Guadiana.

La copa de cristal donde bebía
el agua, que a mi sed siempre era poca
al acercar mi enardecida boca
una vez y otra en sangre se teñía.

Mortificado por tenaz punzada
y de violento palpitar rendido
era del corazón cada latido
un dolor en mi fibra lastimada.

Fatigaba la luz mi vista errante,
ahogaba el aire mi oprimido pecho
y aunque jamás abandonaba el lecho
dormir no me era dado un solo instante.

Las lentas horas de la noche triste
las pasaba gimiendo y delirando
y por la muerte sin cesar clamando
único bien al que doliente existe.

Y ya la muerte al fin compadecida
sus negras alas hacia mí tendiendo
iba a llevarme al ámbito tremendo
término silencioso de la vida.

Pero una mano fuerte y salvadora
con enérgico afán asió la mía;
una mirada fija, escrutadora
a iluminarme vino en la agonía.

Era la luz brillante de la ciencia,
implacable enemiga de la muerte
que vivifica el corazón inerte
que anima con sus rayos la existencia.

Erais vos, erais vos, sabio maestro
de la doliente humanidad amigo;
yo debo la existencia al saber vuestro
yos amo y os respeto y os bendigo.

Y otros seres también dulce memoria
de esa ciencia benéfica guardando
al pobre ingenio mío están rogando
que agradecida escriba vuestra historia.

Vuestra vida, señor, escribir quiero
aunque modesto rechacéis su idea,
no porque el mundo mi talento vea
que nada dél para mi gloria espero.

Vuestra vida, señor, a escribir voy
pues si la escribo porque viva estoy,
y en ella expresaré lo que habéis sido
a Dios y a vuestra ciencia lo he debido.
562
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Sobre La Construcción De Nuevas Plazas De Toros En España

¡Bravo!... generación; rauda caminas
a modelar tus hombres con las fieras;
¡bien tus nobles misiones adivinas,
te escapas de las cátedras latinas
y en las plazas de toros te atrincheras!

Nuevos campos de lid a los toreros
levanta ¡o patria! agota los tesoros.
¿Pueblo de sabios son los extranjeros?
Pues aquí somos pueblo de vaqueros...
necios ¿qué vale más, leyes o toros?

¿La libertad, qué importa mientras brama
el acosado toro en la llanura
y la arena socava y desparrama
y sufre el aguijón... sufre la llama,
de la infeliz España imagen pura?

Y cuando ronco ya lanza profundos
del traspasado pecho los bramidos
y hombres caen y alazanes moribundos
¡cómo es ver a los mozos rubicundos
romper en gozosísimos silbidos!

Y a las damas, las dulces, las mimadas,
corazones de leche delicados,
cebarse en contemplar ensangrentadas
las carnes del buen toro acribilladas,
los pechos del caballo desgarrados.

Mas escuchad; a defender la lucha
de hombres y toros se levanta osado
el petulante hidalgo que me escucha
«Yo vengo —exclama— aquí con gloria mucha
porque esto es Español». ¡Bien, ha gritado!

¡O Nacional ardor! cien aureolas
de rubias astas en la docta frente
coloquen del mancebo, que halla solas
en los chulos las glorias Españolas,
en los toros su fuerza prepotente.

Para aquellas ¡oh pueblo! almas de toro
el valor y el saber son extranjeros;
no aprenden en el Cid que bate al moro,
no abren de nuestros libros el tesoro
y de España osan ser con ser toreros.

Pues también en las bellas de la España
tanto el patrio cariño se acrisola
que ven con entusiasmo a la alimaña;
con ellas la bondad es planta extraña,
tan sólo la crueldad es Española.

¡Quién me diera tu numen, Jovellanos,
para tronar y despedir centellas
contra aquellos padrones castellanos
que se elevan más altos, más ufanos
en vez de perecer bajo tus huellas!

¡Varón ilustre, si tu mente pura
de los rayos del sol aquí desciende,
mira al pueblo Español en esa altura,
cómo rápido avanza en la cultura,
cómo en la escuela de la ciencia aprende!

Pan y toros tenemos —prorrumpiste—
pero tu siglo fue siglo de oro,
el nuestro, Jovellanos, es más triste,
tú, al menos, con el toro pan tuviste,
¡a nosotros nos dan sin pan el toro!
707
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Sobre La Construcción De Nuevas Plazas De Toros En España

¡Bravo!... generación; rauda caminas
a modelar tus hombres con las fieras;
¡bien tus nobles misiones adivinas,
te escapas de las cátedras latinas
y en las plazas de toros te atrincheras!

Nuevos campos de lid a los toreros
levanta ¡o patria! agota los tesoros.
¿Pueblo de sabios son los extranjeros?
Pues aquí somos pueblo de vaqueros...
necios ¿qué vale más, leyes o toros?

¿La libertad, qué importa mientras brama
el acosado toro en la llanura
y la arena socava y desparrama
y sufre el aguijón... sufre la llama,
de la infeliz España imagen pura?

Y cuando ronco ya lanza profundos
del traspasado pecho los bramidos
y hombres caen y alazanes moribundos
¡cómo es ver a los mozos rubicundos
romper en gozosísimos silbidos!

Y a las damas, las dulces, las mimadas,
corazones de leche delicados,
cebarse en contemplar ensangrentadas
las carnes del buen toro acribilladas,
los pechos del caballo desgarrados.

Mas escuchad; a defender la lucha
de hombres y toros se levanta osado
el petulante hidalgo que me escucha
«Yo vengo —exclama— aquí con gloria mucha
porque esto es Español». ¡Bien, ha gritado!

¡O Nacional ardor! cien aureolas
de rubias astas en la docta frente
coloquen del mancebo, que halla solas
en los chulos las glorias Españolas,
en los toros su fuerza prepotente.

Para aquellas ¡oh pueblo! almas de toro
el valor y el saber son extranjeros;
no aprenden en el Cid que bate al moro,
no abren de nuestros libros el tesoro
y de España osan ser con ser toreros.

Pues también en las bellas de la España
tanto el patrio cariño se acrisola
que ven con entusiasmo a la alimaña;
con ellas la bondad es planta extraña,
tan sólo la crueldad es Española.

¡Quién me diera tu numen, Jovellanos,
para tronar y despedir centellas
contra aquellos padrones castellanos
que se elevan más altos, más ufanos
en vez de perecer bajo tus huellas!

¡Varón ilustre, si tu mente pura
de los rayos del sol aquí desciende,
mira al pueblo Español en esa altura,
cómo rápido avanza en la cultura,
cómo en la escuela de la ciencia aprende!

Pan y toros tenemos —prorrumpiste—
pero tu siglo fue siglo de oro,
el nuestro, Jovellanos, es más triste,
tú, al menos, con el toro pan tuviste,
¡a nosotros nos dan sin pan el toro!
707
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A Neira Golondrinas, Grullas Y Patos

A NEIRA. GOLONDRINAS, GRULLAS Y PATOS


Carolina Coronado acompaña en su despedida a las golondrinas, a
las grullas y a los patos.



Ya, Neira, despedí a la golondrina

que en el techo campestre haciendo el nido

mansa inocente mi compaña ha sido

en la estación risueña que termina;

la grulla en cambio ya vino dañina

el fruto a destrozar recién nacido

que en este yermo a fuerza de sudores

lograron cultivar los labradores.


El pato en enturbiar las claras fuentes

de este valle purísimo obcecado

revuelve con el fondo encenagado

los graciosos espejos trasparentes;

¡lástima que desdeñe las corrientes

de un brillo tan hermoso y azulado,

donde lucir pudiera entre la espuma,

por hundir en el fango el alba pluma!


¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella

que en nuestros techos amorosa anida

y en su cantar sencillo entretenida

nos divierte feliz de sol a estrella?

¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella

que a nadie ofende, cuya dulce vida

consagrada a los suyos, sobre el heno,

ni daña al labrador ni anda entre cieno?


¿Hay en mi tierra hermosos olivares

formados como tropas, en hileras?

Pues a dañar su flor a sus praderas

vienen bandos de grullas a millares.

¿Hay arroyos que van entre juncares

retratando el verdor de estas laderas?

Pues acuden los patos a bandadas,

«¿Aves estas no son civilizadas?»


¿Qué más da que en mi lira sean cantados

hombres o grullas si en diversos nombres

disfrazadas las grullas van de hombres

y los hombres de grullas disfrazados?

¿Por qué han de ser los patos desdeñados

si los hombres tal vez con sus renombres

viviendo en bacanales, como en cieno,

no fueron ni más puros ni más buenos?


¿Qué más da pues que yo cante los hechos

con mi endeble laúd, mi voz de niña

de las aves que pueblan la campiña

y las aves que habitan bajo techos?

Con iguales instintos y derechos

todas viven del daño y la rapiña;

soldados-grullas talan los sembrados

y las ciudades ¡ay! grullas-soldados.


Galanes patos de la fuente empañan

el manantial que beben los pastores,

patos galanes, patos impostores

en las virtudes la calumnia ensañan;

hombres-patos, en fin, sus alas bañan

en fétidos pantanos corruptos;

patos-hombres sepultan en orgías

su bella juventud, sus bellos días.


¿Por qué al mísero pato guerra tanta,

por qué a la infeliz grulla tanta guerra,

si hay seres más indignos en la tierra

y el hombre docto los celebra y canta?

Cada piedra, cada ave, cada planta,

una vida, una historia, un mundo encierra

y muchos en el mundo, bien lo sabes,

valen menos que piedras, plantas, aves.


Pues no siempre he de hallar por mi camino

golondrinas, que pocas han quedado,

mejor canto a las grullas, que al malvado.

A los patos mejor que al libertino:

esos nombres de Atila, Jerjes, Nino

siempre al numen benigno han espantado

y siempre aborrecí como a enemigos

los Paris, los Nerones, los Rodrigos.


Una grulla el gran Jerjes vale en suma,

pero el rico Nerón no vale un pato

que fuera a dar el pájaro barato

aun dando por Nerón no más la pluma:

¿pues por qué si la historia nos abruma

con uno y otro nombre tan ingrato

no ha de cantar, sin que te cause risa,

a la grulla y al pato la poetisa?


Lo mismo da las aves que los hombres

lo mismo el campo da que las ciudades,

pues componen entrambas vecindades,

los mismos seres con distintos nombres;

grullas hay en el mundo con nombres,

patos bajo soberbias potestades,

y en ciudades lo mismo que entre encinas

sobre grullas y patos golondrinas.

Badajoz, 1846

650