Temas
Poemas en este tema

Muerte y Luto

Federico García Lorca

Federico García Lorca

Federico García Lorca

Federico García Lorca

Felipe Benítez Reyes

Felipe Benítez Reyes

Casa De Veracruz

Entré en la casa blanca con mi incierta
llave de cristal frío,
la memoria.

Se mecía
el toldo sobre el patio
como un jirón de niebla. Se mecía
el caballo —qué roto— de cartón
en el cuarto de juego.

Y nada era
nítido allí ni vago, pues los ojos
miran con lente propia los dominios
del cadáver del tiempo,
y nada para el ojo es tan real como la nada,
esa nada que vuela
como un ave enjaulada por la casa vacía,
llena de eternidad agonizante.

La vida que allí estuvo no parece
sino una densidad de desamparo
ante la mano helada del tiempo, engalanada
con anillos que arrojan
el veneno veloz de la melancolía
en la copa que estamos apurando.
Esa mano que pasa
por los juguetes rotos y los muebles,
por el globo terráqueo de marfil
y por los trajes de los muertos,
hieráticos y huecos como estatuas de nadie.

Extraño en ese mundo clausurado,
oí el tiempo moverse.
Su paso de reptil en los espejos.
Y fui abriendo las puertas,
palpando oscuridades ostentosas
exhibidas allí como un resplandor negro,
y supe que era el huésped
de una rancia tiniebla
oculta en mi memoria como un borrón de espanto.

Y andaban por la casa mis vampiros,
rugían por la casa mis monstruos siderales,
velaban como arañas de ceniza
las brujas de los cuentos,

los licántropos
mostraban sus colmillos como puntas de estrella.

Y andaban por allí, vacías sus miradas, los difuntos
con rostros congelados en el hielo
de las fotografías.

Y supe que era el dueño de la niebla.
Y tomé posesión de mi memoria.

Cerré la casa blanca con mi llave
—tan fría— de cristal, y ahora no tengo
un lugar en que pueda morir
rodeado de aquellos que me tienden sus manos
desde la orilla turbia que empiezo a divisar.
587
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

El Aniversario

La casa amaneció triste, callada.
Un aire melancólico se advierte
en los rostros: la pena es resignada.
No se oye reír si se habla fuerte.
Los muchachos faltaron a la escuela,
y desde muy temprano, con incierto
y sombrío fulgor, arde la vela
en la que fuera habitación del muerto.
El recuerdo luctuoso les alcanza
a todos por igual.

Durante el día
unas cuantas visitas de confianza
estuvieron a hacerles compañía:
pero, entrada la noche, los amigos
al fin se despidieron, y la pena
contenida en presencia de testigos
extraños, fue a la hora de la cena
más intensa quizás. No había extraños
y el silencio tornóse doloroso:
sintiéronse molestos, casi huraños,
en ese comedor tan bullicioso
otras veces. Se levantó la mesa
sin las conversaciones de costumbre,
permanecieron largo rato presa
de una serena y vaga pesadumbre
que no turbó una sola frase.

Ahora
charlan de cosas familiares como
en los días tranquilos a la hora
del té. La hermana hojea el primer tomo
de la novela que empezara el jueves,
la abuela reta a alguno y en seguida
de dos o tres observaciones, breves
pero enérgicas, vuelve a su aburrida
soñolencia. La madre escucha y calla,
pensando en el ausente por quien vive
en continua aflicción desde que se halla
tan lejos, el ingrato que no escribe
hace mucho, ni aún de cuando en cuando
En un rincón la huerfanita cose
ajena a cuanto se habla, suspirando
cada vez que el hermano enfermo tose
con esa ronca tos que le sofoca
atrozmente.

Cansadas
de la tarea diaria, que no es poca,
comienzan a sentirse algo pesadas
las hacendosas manos
de la tía soltera que medita,
evocando memorias de lejanos
noviazgos de muchacha, mientras quita
las rojas iniciales de una toalla
recién planchada, al lado
de la lámpara fiel cuya pantalla
amortigua la luz.

Casi acostado
en el sillón el hijo mayor fuma
su tercer cigarrillo
y cerca uno de los chicos suma
de nuevo el resultado de un sencillo
problema de aritmética.

En la suave
paz que envuelve la pieza
viene, a intervalos, el recuerdo grave
a conturbarlos. Reina una tristeza
pensativa.

La charla continúa
como sin ganas, lenta, displicente,
sobre el mal tiempo. Afuera, la garúa
cae en el patio despaciosamente.
445