Poemas en este tema
Tiempo y su Transcurso
Jaime Torres Bodet
Verano
Corrí
las persianas azules de la siesta
sobre el oasis del jardín.
En la colmena del reloj
se adormeció el enjambre de las horas.
Olía a trigo de setiembre el sol.
El verano adhería a los espejos
las burbujas del aire y el azul
de la sombra regaba de uvas sueltas
el mantel engomado de la luz.
Afuera, el ruido fresco
de la fuente mojaba
la arena del silencio
y el canto sin color de la cigarras.
Como una copa demasiado llena
el corazón se derramó del cuerpo.
Sentí
en el pecho un gran hueco feliz.
El musgo caminaba entre las losas.
Una paloma del jardín
se puso a picotear el tiempo
en el oro granado del maíz.
las persianas azules de la siesta
sobre el oasis del jardín.
En la colmena del reloj
se adormeció el enjambre de las horas.
Olía a trigo de setiembre el sol.
El verano adhería a los espejos
las burbujas del aire y el azul
de la sombra regaba de uvas sueltas
el mantel engomado de la luz.
Afuera, el ruido fresco
de la fuente mojaba
la arena del silencio
y el canto sin color de la cigarras.
Como una copa demasiado llena
el corazón se derramó del cuerpo.
Sentí
en el pecho un gran hueco feliz.
El musgo caminaba entre las losas.
Una paloma del jardín
se puso a picotear el tiempo
en el oro granado del maíz.
660
Jaime Torres Bodet
México Canta En La Ronda De Mis Canciones De Amor
México está en mis canciones,
México dulce y cruel,
que acendra los corazones
en finas gotas de miel.
Lo tuve siempre presente
cuando hacía esta canción;
¡su cielo estaba en mi frente;
su tierra, en mi corazón!
México canta en la ronda
de mis canciones de amor,
y en guirnalda con la ronda
la tarde trenza su flor.
Lo conoceréis un día,
amigos de otro país:
¡tiene un color de alegría
y un acre sabor de anís!
¡Es tan fecundo, que huele
como vainilla en sazón
y es sutil! Para que vuele
basta un soplo de oración...
Lo habréis comprendido entero
cuando podáis repetir
¿Quién sabe? con el mañero
proverbio de mi país...
¿Quién sabe? ¡Dolor, fortuna!
¿Quién sabe? ¡Fortuna, amor!
¿Quién sabe? dirá la cuna.
¿Quién sabe? el enterrador...
En la duda arcana y terca,
México quiere inquirir:
un disco de horror lo cerca...
¿Cómo será el porvenir?
¡El porvenir! ¡No lo espera!
Prefiere, mientras, cantar,
que toda la vida entera
es una gota en el mar;
una gota pequeñita
que cabe en el corazón:
Dios la pone, Dios la quita...
¡Cantemos nuestra canción!
México dulce y cruel,
que acendra los corazones
en finas gotas de miel.
Lo tuve siempre presente
cuando hacía esta canción;
¡su cielo estaba en mi frente;
su tierra, en mi corazón!
México canta en la ronda
de mis canciones de amor,
y en guirnalda con la ronda
la tarde trenza su flor.
Lo conoceréis un día,
amigos de otro país:
¡tiene un color de alegría
y un acre sabor de anís!
¡Es tan fecundo, que huele
como vainilla en sazón
y es sutil! Para que vuele
basta un soplo de oración...
Lo habréis comprendido entero
cuando podáis repetir
¿Quién sabe? con el mañero
proverbio de mi país...
¿Quién sabe? ¡Dolor, fortuna!
¿Quién sabe? ¡Fortuna, amor!
¿Quién sabe? dirá la cuna.
¿Quién sabe? el enterrador...
En la duda arcana y terca,
México quiere inquirir:
un disco de horror lo cerca...
¿Cómo será el porvenir?
¡El porvenir! ¡No lo espera!
Prefiere, mientras, cantar,
que toda la vida entera
es una gota en el mar;
una gota pequeñita
que cabe en el corazón:
Dios la pone, Dios la quita...
¡Cantemos nuestra canción!
749
Jaime Torres Bodet
Canción De Las Voces Serenas
Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.
Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor,
y se nos irá la aurora
en volver a esa canción,
y en perseguir esa nube
y en deshojar esa flor,
y se nos irá la vida
sin sentir otro rumor
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón...
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.
Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor,
y se nos irá la aurora
en volver a esa canción,
y en perseguir esa nube
y en deshojar esa flor,
y se nos irá la vida
sin sentir otro rumor
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón...
1.155
Jorge Teillier
Crónica Del Forastero (vi)
Las campanadas escapan del pecho del reloj de péndulo.
Huyen del pozo
y resuenan en la memoria.
La memoria,
esa lechuza ciega huyendo a refugiarse en un árbol hueco.
Huyen del pozo
y resuenan en la memoria.
La memoria,
esa lechuza ciega huyendo a refugiarse en un árbol hueco.
891
Jorge Teillier
Sentados Frente Al Fuego
Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.
Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.
Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.
Sí, ésta es la misma estación que descubrimos
juntos.
—Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino—.
Ella mira el fuego que envejece.
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.
Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.
Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.
Sí, ésta es la misma estación que descubrimos
juntos.
—Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino—.
Ella mira el fuego que envejece.
957
Jaime Sabines
Primera Parte Xii
Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.
619
Juan Ramón Jiménez
Voces De Mi Copla - Y Ix - A Los Siglos
¡Venid, siglos venideros,
tened! Y ahora, huid, volad,
que ya os volveré a cojer
antes de vuestro final.
tened! Y ahora, huid, volad,
que ya os volveré a cojer
antes de vuestro final.
549
Juan Ramón Jiménez
Voces De Mi Copla - Iii - Frente
¡Cuánto infinito abarcado
desde esta piedra del mundo!
No estoy en el «desde aquí»,
sino en el «ya de lo último».
desde esta piedra del mundo!
No estoy en el «desde aquí»,
sino en el «ya de lo último».
561
Juan Ramón Jiménez
El Recuerdo
Como médanos de oro,
que vienen y que van
en el mar de la luz,
son los recuerdos.
El viento se los lleva,
y donde están están,
y están donde estuvieron
y donde habrán de estar...
(Médanos de oro).
Lo llenan todo, mar
total de oro insondable,
con todo el viento en él...
(Son los recuerdos).
que vienen y que van
en el mar de la luz,
son los recuerdos.
El viento se los lleva,
y donde están están,
y están donde estuvieron
y donde habrán de estar...
(Médanos de oro).
Lo llenan todo, mar
total de oro insondable,
con todo el viento en él...
(Son los recuerdos).
647
Juan Ramón Jiménez
Cancioncillas Intelectuales - El Ritmo
Tira la piedra de hoy,
olvida y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás
ante la aurora, hecha sol.
olvida y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás
ante la aurora, hecha sol.
566
Juan Ramón Jiménez
Cancioncillas Intelectuales - Color
¡Color que, un momento, el humo
toma del sol que lo pasa;
vida mía, vida mía,
fugaz y coloreada!
toma del sol que lo pasa;
vida mía, vida mía,
fugaz y coloreada!
523
Juan Ramón Jiménez
Cancioncillas Intelectuales - La Vez
Tú, lo grande, anda, descansa
en honor de lo pequeño;
que su mundo está en su hora
y tu hora es el universo.
en honor de lo pequeño;
que su mundo está en su hora
y tu hora es el universo.
640
Juan Ramón Jiménez
La Hora
Cada minuto de este oro
¿no es toda la eternidad?
El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar.
(¡Ramas últimas, divinas,
inmateriales, en paz;
ondas del mar infinito
de una tarde sin pasar!)
Cada minuto de este oro
¿no es un latido inmortal
de mi corazón radiante
por toda la eternidad?
¿no es toda la eternidad?
El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar.
(¡Ramas últimas, divinas,
inmateriales, en paz;
ondas del mar infinito
de una tarde sin pasar!)
Cada minuto de este oro
¿no es un latido inmortal
de mi corazón radiante
por toda la eternidad?
560
Juan Ramón Jiménez
Ajuste
¡Qué difícil es unir
el tiempo de frutecer
con el tiempo de sembrar!
(El mundo jira que jira,
ruedas que nunca se unen
en una rueda total)
¡Un solo día de vida,
un día completo y todo,
que no se acabe jamás!
el tiempo de frutecer
con el tiempo de sembrar!
(El mundo jira que jira,
ruedas que nunca se unen
en una rueda total)
¡Un solo día de vida,
un día completo y todo,
que no se acabe jamás!
633
Juan Ramón Jiménez
Mi Sitio
Tarde última y serena,
corta como una vida,
fin de todo lo amado
¡yo quiero ser eterno!
(Atravesando hojas,
el sol ya cobre viene
a herirme el corazón.
¡Yo quiero ser eterno!)
Belleza que yo he visto
¡no te borres ya nunca!
Porque seas eterna
¡yo quiero ser eterno!
corta como una vida,
fin de todo lo amado
¡yo quiero ser eterno!
(Atravesando hojas,
el sol ya cobre viene
a herirme el corazón.
¡Yo quiero ser eterno!)
Belleza que yo he visto
¡no te borres ya nunca!
Porque seas eterna
¡yo quiero ser eterno!
637
Juan Ramón Jiménez
Cancioncillas Espirituales La Noche
El dormir es como un puente
que va del hoy al mañana.
Por debajo, como un sueño,
pasa el agua, pasa el alma.
que va del hoy al mañana.
Por debajo, como un sueño,
pasa el agua, pasa el alma.
544
Juan Ramón Jiménez
El Poseedor
No recuerdo...
(Ya no viene el cavador
que cavaba en el venero)
No recuerdo...
(Sobre la mina han caído
mil siglos de suelos nuevos)
No recuerdo...
(El mundo se acabará.
No volverá mi secreto)
(Ya no viene el cavador
que cavaba en el venero)
No recuerdo...
(Sobre la mina han caído
mil siglos de suelos nuevos)
No recuerdo...
(El mundo se acabará.
No volverá mi secreto)
659
Juan Ramón Jiménez
La Memoria
¡Qué tristeza este pasar
el caudal de cada día
(¡vueltas arriba y abajo!),
por el puente de la noche
(¡vueltas abajo y arriba!),
al otro sol!
¡Quién supiera
dejar el manto, contento,
en las manos del pasado;
no mirar más lo que fue;
entrar de frente y gustoso,
todo desnudo, en la libre
alegría del presente!
el caudal de cada día
(¡vueltas arriba y abajo!),
por el puente de la noche
(¡vueltas abajo y arriba!),
al otro sol!
¡Quién supiera
dejar el manto, contento,
en las manos del pasado;
no mirar más lo que fue;
entrar de frente y gustoso,
todo desnudo, en la libre
alegría del presente!
645
Jorge Riechmann
24
Unos pocos hacen historia:
los más la sufren.
De tanto en tanto quienes sufren la historia
tras sufrir demasiado
se exasperan, y eruptivamente
se echan a la calle a hacer historia:
son días de grandes borracheras
grandes carnicerías
grandes revoluciones.
Días que son horas y luego son minutos.
Después, quienes hacen historia
recuperan las posiciones
desde las que pueden hacer historia.
¿A ti qué te parece:
podemos desuncirnos de esta noria?
los más la sufren.
De tanto en tanto quienes sufren la historia
tras sufrir demasiado
se exasperan, y eruptivamente
se echan a la calle a hacer historia:
son días de grandes borracheras
grandes carnicerías
grandes revoluciones.
Días que son horas y luego son minutos.
Después, quienes hacen historia
recuperan las posiciones
desde las que pueden hacer historia.
¿A ti qué te parece:
podemos desuncirnos de esta noria?
399
Jorge Riechmann
15
He perdido la partida.
Me confié, subestimé las fuerzas
de mi adversario. ¿Cómo no hacerlo?
Grande era cual fronda de destrucción, profundas
sus raíces invisibles; pero tamaño goce en la muerte
desafiaba la imaginación.
Los primeros intercambios de golpes
fueron casi un juego, un modo apenas hostil del conocimiento.
¿Queríamos estrangularnos o abrazarnos?
La situación parecía abierta y los momentos decisivos
aún por venir. No me daba cuenta
de que habían pasado ya y cada minuto perdido
redundaba en beneficio suyo
sumaba hierro y cieno a mi derrota.
Mi implacable adversario
economista del tiempo
feroz equilibrista de lo irreversible.
Estoy perdido.
La falta de imaginación me condenó.
Ya todo el tiempo restante se lo descuento a la muerte.
Me confié, subestimé las fuerzas
de mi adversario. ¿Cómo no hacerlo?
Grande era cual fronda de destrucción, profundas
sus raíces invisibles; pero tamaño goce en la muerte
desafiaba la imaginación.
Los primeros intercambios de golpes
fueron casi un juego, un modo apenas hostil del conocimiento.
¿Queríamos estrangularnos o abrazarnos?
La situación parecía abierta y los momentos decisivos
aún por venir. No me daba cuenta
de que habían pasado ya y cada minuto perdido
redundaba en beneficio suyo
sumaba hierro y cieno a mi derrota.
Mi implacable adversario
economista del tiempo
feroz equilibrista de lo irreversible.
Estoy perdido.
La falta de imaginación me condenó.
Ya todo el tiempo restante se lo descuento a la muerte.
456
Juan Pablo Forner y Segarra
A Lucinda, En El Fin Del Año
¿Qué importa que ligera
la edad, huyendo en presuroso paso,
mi vida abrevie en la callada huida,
si cobro nueva vida
cuando en las llamas de tu amor me abraso,
y logro renacer entre su hoguera,
como el ave del sol, que vida espera?
Amor nunca fue escaso,
¡oh, Lucinda amorosa!
y aumenta gustos en los pechos tiernos.
Si el año tuvo fin, serán eternos
los que goce dichosa
mi dulce suerte entre tus dulces brazos,
¡oh mi Lucinda hermosa!,
brazos con tal blandura, que los lazos
vencerán de la Venus peregrina,
cuando, suelto el cabello,
a Marte desafía
y al victorioso dios vence en batalla;
en ellos mi amor halla
la vida, que en sus vueltas a porfía
el sol fúlgido y bello
me lleva en su carrera presurosa,
¡oh Lucinda amorosa!,
y en la estación helada,
cuando su margen despojada enfría
el yerto Manzanares,
al año despidiendo con su hielo,
la lumbre de tu cielo
dará calor a la esperanza mía,
ajena de pesares,
no perdida mi edad, mas renovada,
por más que el año huya,
con el calor de la esperanza tuya.
¡Oh! siempre acompañada
te goces del deseo que me anima,
más años que agradable
flores esparce en la húmeda ribera
la alegre primavera;
y nunca el cielo oprima
la dulce risa de tu rostro hermoso
con disgusto enojoso,
permitiendo que goce yo las flores
(como fiel mariposa
o cual dorada abeja, que su aliento
chupa, y en ellas forma su alimento)
de tus dulces amores,
¡oh mi Lucinda hermosa!
Y vuele el tiempo, pues su paso lento
detiene mi contento,
detiene torpe su estación tardía,
que tú me llames tuyo, y yo a ti mía;
vuele, vuele en buen hora,
y este año tenga fin, y juntamente
le tengan otros y otros; y el violento
curso de Febo, que la tierra dora
con su madeja ardiente,
su carrera apresure,
y tanto, en tanto mi ventura dure,
cuanto en tu pecho vea
reinar la llama que mi amor desea.
Vuelen, vuelen las horas,
y llévense los días y los años
en sus vueltas traidoras,
y llegue el tiempo en que mi amor posea
tu pecho unido al amoroso mío,
y la suerte gozosa
dé fin dichoso al ruego que la envío,
oh Lucinda amorosa;
y en tanto los engaños
de amor tengan tu pecho entretenido
con deseo, esperanza,
manjares que alimentan a Cupido.
¡Oh tardos días de presentes daños!
Por vosotros alcanza
su fin cuanto en el mundo es comprendido.
Pues huid, y dad fin al encendido
fuego en que mis deseos se alimentan;
mas, lográndolos luego,
el paso diligente
que detengáis os ruego;
dejad que entonces, pues que ahora cuentan
siglos los años, yo, mi bien gozando,
haga siglos los días,
y tanto dure en las venturas mías,
cuanto el alegre tiempo dar pudiera
estación venturosa
de tu edad a la hermosa primavera,
oh mi Lucinda hermosa.
la edad, huyendo en presuroso paso,
mi vida abrevie en la callada huida,
si cobro nueva vida
cuando en las llamas de tu amor me abraso,
y logro renacer entre su hoguera,
como el ave del sol, que vida espera?
Amor nunca fue escaso,
¡oh, Lucinda amorosa!
y aumenta gustos en los pechos tiernos.
Si el año tuvo fin, serán eternos
los que goce dichosa
mi dulce suerte entre tus dulces brazos,
¡oh mi Lucinda hermosa!,
brazos con tal blandura, que los lazos
vencerán de la Venus peregrina,
cuando, suelto el cabello,
a Marte desafía
y al victorioso dios vence en batalla;
en ellos mi amor halla
la vida, que en sus vueltas a porfía
el sol fúlgido y bello
me lleva en su carrera presurosa,
¡oh Lucinda amorosa!,
y en la estación helada,
cuando su margen despojada enfría
el yerto Manzanares,
al año despidiendo con su hielo,
la lumbre de tu cielo
dará calor a la esperanza mía,
ajena de pesares,
no perdida mi edad, mas renovada,
por más que el año huya,
con el calor de la esperanza tuya.
¡Oh! siempre acompañada
te goces del deseo que me anima,
más años que agradable
flores esparce en la húmeda ribera
la alegre primavera;
y nunca el cielo oprima
la dulce risa de tu rostro hermoso
con disgusto enojoso,
permitiendo que goce yo las flores
(como fiel mariposa
o cual dorada abeja, que su aliento
chupa, y en ellas forma su alimento)
de tus dulces amores,
¡oh mi Lucinda hermosa!
Y vuele el tiempo, pues su paso lento
detiene mi contento,
detiene torpe su estación tardía,
que tú me llames tuyo, y yo a ti mía;
vuele, vuele en buen hora,
y este año tenga fin, y juntamente
le tengan otros y otros; y el violento
curso de Febo, que la tierra dora
con su madeja ardiente,
su carrera apresure,
y tanto, en tanto mi ventura dure,
cuanto en tu pecho vea
reinar la llama que mi amor desea.
Vuelen, vuelen las horas,
y llévense los días y los años
en sus vueltas traidoras,
y llegue el tiempo en que mi amor posea
tu pecho unido al amoroso mío,
y la suerte gozosa
dé fin dichoso al ruego que la envío,
oh Lucinda amorosa;
y en tanto los engaños
de amor tengan tu pecho entretenido
con deseo, esperanza,
manjares que alimentan a Cupido.
¡Oh tardos días de presentes daños!
Por vosotros alcanza
su fin cuanto en el mundo es comprendido.
Pues huid, y dad fin al encendido
fuego en que mis deseos se alimentan;
mas, lográndolos luego,
el paso diligente
que detengáis os ruego;
dejad que entonces, pues que ahora cuentan
siglos los años, yo, mi bien gozando,
haga siglos los días,
y tanto dure en las venturas mías,
cuanto el alegre tiempo dar pudiera
estación venturosa
de tu edad a la hermosa primavera,
oh mi Lucinda hermosa.
479
Juan Meléndez Valdés
Oda Xxx De Las Navidades A Jovino
Pues vienen Navidades,
cuidados abandona
y toma por un rato
la cítara sonora.
Cantaremos, Jovino,
mientras que el Euro sopla,
con voces acordadas
de Anacreón las odas,
o a par del dulce fuego
las fugitivas horas
engañaremos juntos
en pláticas sabrosas.
Ellas van, y no vuelven
de las nocturnas sombras:
¿por qué, pues, con desvelos
hacerlas aún más cortas?
Yo vi en mi primavera
mi barba vergonzosa,
cual el dorado vello
que el albérchigo brota,
y en mis cándidas sienes
el oro en hebras rojas,
que ya los años tristes
oscuras me las tornan.
Yo vi al abril florido
que el valle alegre borda,
y al abrasado julio
vi marchitar su alfombra.
Vino el opimo octubre,
las uvas se sazonan;
mas el diciembre helado
le arrebató su pompa.
Los días y los meses
escapan como sombra,
y a los meses los años
suceden por la posta.
Así, a la triste vida
quitemos las zozobras
con el dorado vino
que bulle ya en la copa.
¿Quién los cuidados tristes
con él no desaloja
y al padre Baco canta
y a Venus Ciprïota?
Ciñámonos las sienes
de hiedra vividora;
brindemos; y aunque el Euro
combata con el Bóreas,
¿qué a nosotros su silbo,
si el pecho alegre goza
de Baco y sus ardores,
de Venus y sus glorias?
Acuérdome una tarde,
cuando Febo en las ondas
bañaba despeñado
su fúlgida carroza,
que yo al hogar cantaba
de mi inocente choza,
mientras bailaban juntos
zagales y pastoras,
de nuestro amor sencillo
la suerte venturosa,
riquísimo tesoro
que en ti mi pecho goza.
Y haciendo por tu vida,
que tanto a España importa,
mil súplicas al cielo
con voces fervorosas,
cogí en la diestra mano,
cogí la brindadora
taza y con sed amiga
por ti la apuré toda.
Quedaron admirados
zagales que blasonan
de báquicos furores
al ver mi audacia loca;
mas yo tornando al punto
con sed aun más beoda
segunda vez librela
del néctar que la colma,
cantando enardecido
con lira sonorosa
tu nombre y las amables
virtudes que le adornan.
cuidados abandona
y toma por un rato
la cítara sonora.
Cantaremos, Jovino,
mientras que el Euro sopla,
con voces acordadas
de Anacreón las odas,
o a par del dulce fuego
las fugitivas horas
engañaremos juntos
en pláticas sabrosas.
Ellas van, y no vuelven
de las nocturnas sombras:
¿por qué, pues, con desvelos
hacerlas aún más cortas?
Yo vi en mi primavera
mi barba vergonzosa,
cual el dorado vello
que el albérchigo brota,
y en mis cándidas sienes
el oro en hebras rojas,
que ya los años tristes
oscuras me las tornan.
Yo vi al abril florido
que el valle alegre borda,
y al abrasado julio
vi marchitar su alfombra.
Vino el opimo octubre,
las uvas se sazonan;
mas el diciembre helado
le arrebató su pompa.
Los días y los meses
escapan como sombra,
y a los meses los años
suceden por la posta.
Así, a la triste vida
quitemos las zozobras
con el dorado vino
que bulle ya en la copa.
¿Quién los cuidados tristes
con él no desaloja
y al padre Baco canta
y a Venus Ciprïota?
Ciñámonos las sienes
de hiedra vividora;
brindemos; y aunque el Euro
combata con el Bóreas,
¿qué a nosotros su silbo,
si el pecho alegre goza
de Baco y sus ardores,
de Venus y sus glorias?
Acuérdome una tarde,
cuando Febo en las ondas
bañaba despeñado
su fúlgida carroza,
que yo al hogar cantaba
de mi inocente choza,
mientras bailaban juntos
zagales y pastoras,
de nuestro amor sencillo
la suerte venturosa,
riquísimo tesoro
que en ti mi pecho goza.
Y haciendo por tu vida,
que tanto a España importa,
mil súplicas al cielo
con voces fervorosas,
cogí en la diestra mano,
cogí la brindadora
taza y con sed amiga
por ti la apuré toda.
Quedaron admirados
zagales que blasonan
de báquicos furores
al ver mi audacia loca;
mas yo tornando al punto
con sed aun más beoda
segunda vez librela
del néctar que la colma,
cantando enardecido
con lira sonorosa
tu nombre y las amables
virtudes que le adornan.
784
Juan Meléndez Valdés
Oda Xxx Al Sr D Gaspar De Jovellanos Del Consejo De S m Mi Amigo
Pues vienen navidades,
cuidados abandona,
y toma por un rato
la cítara sonora.
Cantaremos, Jovino,
mientras que el Euro sopla
con liras acordadas
de Anacreón las odas:
o a par del dulce fuego
las fugitivas horas
engañaremos juntos
en pláticas sabrosas.
Ellas van, y no vuelven
de las obscuras sombras:
¿por qué, pues, con cuidados
hacerlas aún más cortas?
Yo vi en mi primavera
mi barba vergonzosa,
cual el dorado vello
que el melocotón brota.
Y en mis cándidas sienes
el oro en crenchas rojas,
que ya los años tristes
obscuras me las tornan.
Yo vi al abril florido
que el valle alegre borda,
y al abrasado julio
vi marchitar su alfombra.
Vino el opimo octubre,
las uvas se sazonan;
mas el diciembre helado
le arrebató su pompa.
Los días y los meses
escapan como sombra,
y a los meses los años
suceden por la posta.
Así, a la triste vida
quitemos las zozobras
con el dorado vino
que bulle ya en la copa.
¿Quién los cuidados tristes
con él no desaloja
y al padre Baco canta
y a Venus Ciprïota?
Ciñámonos las sienes
de pámpanos y rosa;
brindemos; y aunque el Euro
combata con el Bóreas,
¿qué a nosotros su silbo,
si el pecho alegre goza
de Baco y sus ardores,
de Venus y sus glorias?
Acuérdome una tarde,
cuando el sol entre sombras
bajaba despeñado
ya al reino de la aurora,
que yo al hogar cantaba
de mi inocente choza,
mientras bailaban juntos
zagales y pastoras,
de nuestro amor sencillo
la suerte venturosa,
riquísimo tesoro
que en ti mi pecho goza.
Y haciendo por tu vida,
que a España tanto importa,
mil súplicas al cielo
con voces fervorosas,
cogí en la diestra mano,
cogí la brindadora
taza y con ansia amante
por ti la apuré toda.
Quedaron admirados
zagales que blasonan
de báquicos furores
al ver mi audacia loca.
Y yo tornando al punto
con sed aun más beoda
segunda vez librela
del néctar que la colma.
Cantando enardecido
con lira sonorosa
tu nombre y las amables
virtudes que le adornan.
cuidados abandona,
y toma por un rato
la cítara sonora.
Cantaremos, Jovino,
mientras que el Euro sopla
con liras acordadas
de Anacreón las odas:
o a par del dulce fuego
las fugitivas horas
engañaremos juntos
en pláticas sabrosas.
Ellas van, y no vuelven
de las obscuras sombras:
¿por qué, pues, con cuidados
hacerlas aún más cortas?
Yo vi en mi primavera
mi barba vergonzosa,
cual el dorado vello
que el melocotón brota.
Y en mis cándidas sienes
el oro en crenchas rojas,
que ya los años tristes
obscuras me las tornan.
Yo vi al abril florido
que el valle alegre borda,
y al abrasado julio
vi marchitar su alfombra.
Vino el opimo octubre,
las uvas se sazonan;
mas el diciembre helado
le arrebató su pompa.
Los días y los meses
escapan como sombra,
y a los meses los años
suceden por la posta.
Así, a la triste vida
quitemos las zozobras
con el dorado vino
que bulle ya en la copa.
¿Quién los cuidados tristes
con él no desaloja
y al padre Baco canta
y a Venus Ciprïota?
Ciñámonos las sienes
de pámpanos y rosa;
brindemos; y aunque el Euro
combata con el Bóreas,
¿qué a nosotros su silbo,
si el pecho alegre goza
de Baco y sus ardores,
de Venus y sus glorias?
Acuérdome una tarde,
cuando el sol entre sombras
bajaba despeñado
ya al reino de la aurora,
que yo al hogar cantaba
de mi inocente choza,
mientras bailaban juntos
zagales y pastoras,
de nuestro amor sencillo
la suerte venturosa,
riquísimo tesoro
que en ti mi pecho goza.
Y haciendo por tu vida,
que a España tanto importa,
mil súplicas al cielo
con voces fervorosas,
cogí en la diestra mano,
cogí la brindadora
taza y con ansia amante
por ti la apuré toda.
Quedaron admirados
zagales que blasonan
de báquicos furores
al ver mi audacia loca.
Y yo tornando al punto
con sed aun más beoda
segunda vez librela
del néctar que la colma.
Cantando enardecido
con lira sonorosa
tu nombre y las amables
virtudes que le adornan.
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Juan Meléndez Valdés
Oda Xxvi Del Caer De Las Hojas
¡Oh, cuál con estas hojas
que en sosegado vuelo
de los árboles giran,
circulando en el viento,
mil imágenes tristes
hierven ora en mi pecho,
que anublan su alegría
y apagan mis deseos!
Símbolo fugitivo
del mundanal contento,
que si fósforo brilla,
muere en humo deshecho,
no hace nada que el bosque
florecidas cubriendo,
la vista embelesaban
con su animado juego,
cuando entre ellas vagando
el cefirillo inquieto,
sus móviles cogollos
colmó de alegres besos.
Las dulces avecillas
ocultas en su seno
el ánimo hechizaron
con sus sonoros quiebros;
y entre lascivos píos,
llagadas ya del fuego
del blando amor, bullían
de aquí y de allá corriendo,
los más despiertos ojos
su júbilo y el fresco
de las sombras amigas
solicitando al sueño.
Pero el Can abrasado
vino en alas del tiempo,
y a su fresca verdura
mancilló el lucimiento.
Sucediole el otoño;
tras de él, árido el cierzo
con su lánguida vida
acabó en un momento;
y en lugar de sus galas
y del susurro tierno
que al más leve soplillo
vagas antes hicieron,
hoy muertas y ateridas,
ni aun de alfombrar el suelo
ya valen, y la planta
las huella con desprecio.
Así sombra mis años
pasarán, y con ellos
cual las hojas fugaces,
volará mi cabello;
mi faz de ásperas rugas
surcará el crudo invierno,
de flaqueza mis pasos,
de dolores mi cuerpo;
y apagado a los gustos,
miraré como un puerto
de salud en mis males,
de la tumba el silencio.
que en sosegado vuelo
de los árboles giran,
circulando en el viento,
mil imágenes tristes
hierven ora en mi pecho,
que anublan su alegría
y apagan mis deseos!
Símbolo fugitivo
del mundanal contento,
que si fósforo brilla,
muere en humo deshecho,
no hace nada que el bosque
florecidas cubriendo,
la vista embelesaban
con su animado juego,
cuando entre ellas vagando
el cefirillo inquieto,
sus móviles cogollos
colmó de alegres besos.
Las dulces avecillas
ocultas en su seno
el ánimo hechizaron
con sus sonoros quiebros;
y entre lascivos píos,
llagadas ya del fuego
del blando amor, bullían
de aquí y de allá corriendo,
los más despiertos ojos
su júbilo y el fresco
de las sombras amigas
solicitando al sueño.
Pero el Can abrasado
vino en alas del tiempo,
y a su fresca verdura
mancilló el lucimiento.
Sucediole el otoño;
tras de él, árido el cierzo
con su lánguida vida
acabó en un momento;
y en lugar de sus galas
y del susurro tierno
que al más leve soplillo
vagas antes hicieron,
hoy muertas y ateridas,
ni aun de alfombrar el suelo
ya valen, y la planta
las huella con desprecio.
Así sombra mis años
pasarán, y con ellos
cual las hojas fugaces,
volará mi cabello;
mi faz de ásperas rugas
surcará el crudo invierno,
de flaqueza mis pasos,
de dolores mi cuerpo;
y apagado a los gustos,
miraré como un puerto
de salud en mis males,
de la tumba el silencio.
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