Lista de Poemas

Lied

La mañana está de fiesta
porque me has besado tú
y al contacto de tu boca
todo el cielo se hace azul.

El arroyo está cantando
porque me has mirado tú
y en el sol de tu mirada
toda el agua se hace azul.

El pinar está de luto
porque me has dejado tú
y la noche está llorando,
noche pálida y azul,

noche azul de fin de otoño
y de adiós de juventud,
noche en que murió la luna,
noche en que te fuiste tú...
5.368

Paz

No nos diremos nada. Cerraremos las puertas.
Deshojaremos rosas sobre el lecho vacío
y besaré, en el hueco de tus manos abiertas.
la dulzura del mundo, que se va, como un río...
1.658

Civilización

Un hombre muere en mí siempre que un hombre
muere en cualquier lugar, asesinado
por el miedo y la prisa de otros hombres.

Un hombre como yo: durante meses
en las entrañas de una madre oculto;
nacido, como yo,
entre esperanzas y entre lágrimas,
y —como yo— feliz de haber sufrido,
triste de haber gozado,
hecho de sangre y sal y tiempo y sueño.

Un hombre que anheló ser más que un hombre
y que, de pronto, un día comprendió
el valor que tendría la existencia
si todos cuantos viven
fuesen, en realidad, hombres enhiestos,
capaces de legar sin amargura
lo que todos dejamos
a los próximos hombres:
el amor, las mujeres, los crepúsculos,
la luna, el mar, el sol, las sementeras,
el frío de la piña rebanada
sobre el plato de laca de un otoño,
el alba de unos ojos,
el litoral de una sonrisa
y, en todo lo que viene y lo que pasa,
el ansia de encontrar
la dimensión de una verdad completa.

Un hombre muere en mí siempre que en Asia,
o en la margen de un río
de África o de América,
o en el jardín de una ciudad de Europa,
una bala de hombre mata a un hombre.

Y su muerte deshace
todo lo que pensé haber levantado
en mí sobre sillares permanentes:
la confianza en mis héroes,
mi afición a callar bajo los pinos,
el orgullo que tuve de ser hombre
al oír —en Platón— morir a Sócrates,
y hasta el sabor del agua, y hasta el claro
júbilo de saber
que dos y dos son cuatro...

Porque de nuevo todo es puesto en duda,
todo
se interroga de nuevo
y deja mil preguntas sin respuesta
en la hora en que el hombre
penetra —a mano armada—
en la vida indefensa de otros hombres.

Súbitamente arteras,
las raíces del ser nos estrangulan.
Y nada está seguro de sí mismo
—ni en la semilla el germen,
ni en la aurora la alondra,
ni en la roca el diamante,
ni en la compacta oscuridad la estrella,
¡cuando hay hombres que amasan
el pan de su victoria
con el polvo sangriento de otros hombres!
5.536

Invitación Al Viaje

Por el caminito
de la tarde clara,
con las manos juntas,
vámonos amada.

Con las manos juntas,
en la tarde clara,
vámonos al bosque
de la sien de plata.

Cogeremos rosas,
cortaremos ramas,
buscaremos nidos,
romperemos bayas...

Bajo los pinares,
junto a la cañada,
hay un agua limpia
que hace dulce el alma.

Bajaremos juntos,
juntos a mirarla
y a mirarnos juntos
en sus ondas claras...

Bajo el cielo de oro,
hay en la montaña
una encina negra
que hace oscura el alma:

Subiremos juntos
a tocar sus ramas
y oler el perfume
de sus mieles ásperas...

Otoño nos cita
con su son de flautas:
vámonos al bosque
de la sien de plata,

Besaré tu boca
con mi boca amarga:
vámonos cantando
por la tarde clara.
1.637

Continuidad

No has muerto. Has vuelto a mí. Lo que en la tierra
—donde una parte de tu ser reposa—
sepultaron los hombres, no te encierra;
porque yo soy tu verdadera fosa.

Dentro de esta inquietud del alma ansiosa
que me diste al nacer, sigues en guerra
contra la insaciedad que nos acosa
y que, desde la cuna, nos destierra.

Vives en lo que pienso, en lo que digo,
y con vida tan honda que no hay centro,
hora y lugar en que no estés conmigo;

pues te clavó la muerte tan adentro
del corazón filial con que te abrigo
que, mientras más me busco, más te encuentro.
2.356

En Abril Amor Único

Ramo del corazón, el que se hace
sólo una vez. El que se da, sin verlo.
No sería bastante todo el abril del mundo
para hacerlo de nuevo.
835

Orquídea

Flor que promete al tacto una caricia
más que el otoño de un perfume, suave
y que, pensada en flor, termina en ave
porque su muerte es vuelo que se inicia.

Párpado con que el trópico precave
de su luz interior la ardua delicia,
música inmóvil, flámula en primicia,
aurora vegetal, estrella grave.

Remordimiento de la primavera,
conciencia del color, pausa del clima,
gracia que en desmentirse persevera,

¿por qué te pido un alma verdadera
si la sola fragancia que te anima
es, orquídea, el temor de ser sincera?
4.178

Final

Vuelvo de andar, a solas, por la orilla de un río.
Estoy lleno de músicas, como un árbol al viento.
He dejado correr mi pensamiento
viendo, en el agua, el paso de una nube de estío...

Traigo tejido al alma el olor de una rosa.
En lo blando del césped, puse, al andar, mi huella...
He vivido, ¡he vivido!... Y voy, como la estrella
a perderte en el mar de un alba silenciosa.
624

Nunca

Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espìritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas...

Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente,
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar su vida!
656

Continuidad Ix

¿Ni cuándo?... Sí, lo sé. Cuando recoja
de la ceniza que en tu hogar remuevo
esa indulgencia inmune a la congoja
que, al fuego del dolor, pongo y atrevo.

Cuando, de la materia que me aloja
y cuyo fardo en las tinieblas llevo,
como del fruto que la edad despoja,
anuncie la semilla el fruto nuevo;

cuando de ver y de sentir cansado
vuelva hacia mí los ojos y el sentido
y en mí me encuentre gracias a tu ausencia,

entonces naceré de tu pasado
y, por segunda vez, te habré debido
—en una muerte pura— la existencia.
681

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Identificación y contexto básico

Jaime Torres Bodet fue un polifacético intelectual mexicano, nacido el 17 de febrero de 1902 en la Ciudad de México. Fue poeta, ensayista, diplomático, académico y uno de los pilares de la cultura mexicana del siglo XX. Escribió en español y su vida se desarrolló en un periodo de profunda transformación social y política en México y el mundo.

Infancia y formación

Nació en una familia de clase media. Su padre era de origen francés y su madre mexicana. Recibió una esmerada educación, destacando su vocación temprana por la literatura. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se licenció en Letras.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria comenzó desde joven. En 1921 publicó su primer libro de poemas, 'Fantasías"; a este le siguieron numerosas obras poéticas y ensayos. Fue una figura central en la Generación de 1920, un grupo de escritores que buscaban renovar la literatura mexicana. Su obra evolucionó desde un lirismo inicial hacia una poesía más reflexiva y filosófica.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Torres Bodet abarca poesía, novela y ensayo. En su poesía, destacan temas como el amor, la muerte, la soledad, el tiempo, la memoria y la búsqueda de la identidad. Su estilo es depurado, de gran rigor formal, pero a la vez emotivo y reflexivo. Utilizó el verso libre y formas más tradicionales, siempre con una profunda musicalidad y una cuidada elección léxica. Obras poéticas notables incluyen 'Criptas' (1937), 'Sonetos' (1944), 'Poemas' (1959) y 'Sin fecha' (1962).

Contexto cultural e histórico

Torres Bodet vivió y participó activamente en el México posrevolucionario, un periodo de gran efervescencia cultural y de consolidación de las instituciones artísticas y educativas. Fue Secretario de Educación Pública bajo la presidencia de Miguel Alemán Valdés, impulsando importantes reformas. Además, tuvo una destacada carrera diplomática, representando a México en diversos países y siendo Director General de la UNESCO, donde promovió la cultura y la educación a nivel internacional.

Vida personal

Su vida estuvo marcada por su dedicación a la escritura y a la diplomacia. Mantuvo una estrecha relación con otros intelectuales de su tiempo y se casó con Norma Malson. Su labor como servidor público y promotor cultural le otorgó un gran prestigio.

Reconocimiento y recepción

Recibió numerosos honores y reconocimientos a lo largo de su vida, tanto en México como en el extranjero. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional. Su obra ha sido objeto de estudio y admiración por parte de críticos y lectores, consolidándose como uno de los poetas fundamentales de la literatura mexicana contemporánea.

Influencias y legado

Fue influenciado por la poesía francesa, el simbolismo y autores como Paul Valéry. A su vez, su obra ha influenciado a generaciones posteriores de poetas mexicanos. Su legado trasciende la literatura, abarcando su crucial labor en la educación y la promoción cultural a nivel mundial.

Interpretación y análisis crítico

Su poesía ha sido interpretada como una meditación constante sobre la fugacidad de la vida, la persistencia de la memoria y la necesidad de encontrar un sentido a la existencia. Su rigor formal y su profundidad reflexiva son puntos clave en el análisis de su obra.

Infancia y formación

Además de su labor como escritor y diplomático, Torres Bodet también se dedicó a la pintura y a la traducción.

Muerte y memoria

Falleció el 13 de mayo de 1974 en la Ciudad de México. Su figura y obra son recordadas como un pilar de la cultura mexicana y un humanista comprometido con el progreso de la humanidad.