Poemas en este tema
Tiempo y su Transcurso
Pablo Neruda
Puedes Amarme, Silabaria
Puedes amarme, silabaria,
y darme un beso sustantivo?
Un diccionario es un sepulcro
o es un panal de miel cerrado?
En qué ventana me quedé
mirando el tiempo sepultado?
O lo que miro desde lejos
es lo que no he vivido aún?
y darme un beso sustantivo?
Un diccionario es un sepulcro
o es un panal de miel cerrado?
En qué ventana me quedé
mirando el tiempo sepultado?
O lo que miro desde lejos
es lo que no he vivido aún?
1.183
1
Pablo Neruda
Y Cómo Se Llama Ese Mes
Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?
que está entre Diciembre y Enero?
Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?
865
1
Pablo Neruda
Caballo De Los Sueños
Innecesario, viéndome en los espejos,
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.
Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría,
cantan y hacen huir los maleficios.
Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco-iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.
Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilio,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún mas,
aguardo el tiempo uniforme, sin medida:
un sabor que tengo en el alma me deprime.
Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptus roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.
Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.
Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría,
cantan y hacen huir los maleficios.
Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco-iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.
Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilio,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún mas,
aguardo el tiempo uniforme, sin medida:
un sabor que tengo en el alma me deprime.
Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptus roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.
Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.
1.209
1
Octavio Paz
La Casa De La Mirada
Caminas adentro de ti mismo y el tenue reflejo
serpeante que te conduce
no es la última mirada de tus ojos al
cerrarse ni es el sol tímido golpeando tus párpados:
es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos:
llamadas, respuestas, llamadas,
hilo de claridades entre las altas yerbas y las
bestias agazapadas de la conciencia a obscuras.
Sigues el rumor de tu sangre por el país
desconocido que inventan tus ojos
y subes por una escalera de vidrio y agua hasta una
terraza.
Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y
los tintineos,
la terraza, suspendida en el aire, es un
cuadrilátero de luz, un ring magnético
que se enrolla en sí mismo, se levanta, anda
y se planta en el circo del ojo,
géiser lunar, tallo de vapor, follaje de
chispas, gran árbol que se enciende y apaga y enciende:
estás en el interior de los reflejos,
estás en la casa de la mirada,
has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a
ti mismo por un puente de latidos:
EL CORAZÓN ES UN OJO.
Estás en la casa de la mirada, los espejos
han escondido todos sus espectros,
no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas han
abandonado sus cuerpos,
no son cosas, no son ideas: son disparos verdes,
rojos, amarillos, azules,
enjambres que giran y giran, espirales de legiones
desencarnadas,
torbellino de las formas que todavía no
alcanzan su forma,
tu mirada es la hélice que impulsa y revuelve
las muchedumbres incorpóreas,
tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, la
estatua inmóvil en la plaza del insomnio,
tu mirada teje y desteje los hilos de la trama del
espacio,
tu mirada frota una idea contra otra y enciende una
lámpara en la iglesia de tu cráneo,
pasaje de la enunciación a la
anunciación, de la concepción a la asunción,
el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, la
mirada tiene dos manos,
estamos en la casa de la mirada y no hay nada que
ver, hay que poblar otra vez la casa del ojo,
hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fieles
a la vista, hay que
CREAR PARA VER.
La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento
teje y desteje la trama,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio
infinito,
eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el
ojo que taladra y el ojo tejedor,
al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay
ríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
en tu sangre navegan imperios, turbinas,
bibliotecas, jardines,
también hay animales, plantas, seres de otros
mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los
otros mundos,
entras en lo que vio el astrónomo en su
telescopio, el matemático en sus ecuaciones:
el desorden y la simetría, el accidente y las
rimas, las duplicaciones y las mutaciones,
el mal de San Vito del átomo y sus
partículas, las células reincidentes, las inscripciones
estelares.
Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos
estado,
el lugar del encuentro entre esto y aquello
está aquí mismo y ahora,
somos la intersección, la X, el aspa
maravillosa que nos multiplica y nos interroga,
el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del
mundo y de cada uno de nosotros.
Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa,
como las granes transparentes de André Breton,
vehículos de materia sutil, cables entre
éste y aquel lado,
los hombres somos la bisagra entre el aquí el
allá, el signo doble y uno, V y ^ ,
pirámides superpuestas unidas en un
ángulo para formar la X de la Cruz,
cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago y
volcán, hombre y mujer,
el mapa del cielo se refleja en el espejo de la
música,
donde el ojo se anula nacen mundos:
LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO EN
EL SUEÑO.
La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no
es la tierra,
el hombre no es este mundo ni los otros mundos que
hay en este mundo y en los otros,
el hombre es la boca que empaña el espejo de
las semejanzas y dice sí,
el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda
floja de una sonrisa,
el espejo universal que refleja otro mundo al
repetir a éste, el que transfigura lo que copia,
el hombre no es el que es, célula o dios,
sino el que está sienpre más allá.
Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de las
substancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementos
riman con nuestros deseos y apetitos,
pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco,
pintar el eslabón:
El Vértigo de Eros es el vahído de la
rosa al mecerse sobre el osario,
la aparición de la aleta del pez al caer la
noche en el mar es el centelleo de la idea,
tú has pintado al amor tras una cortina de
agua llameante
PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROCÍO.
En el espejo de la música las constelaciones
se miran antes de disiparse,
el espejo se abisma en sí mismo anegado de
claridad hasta anularse en un reflejo,
los espacios fluyen y se despeñan bajo la
mirada del tiempo petrificado,
las presencias son llamas, las llamas son tigres,
los tigres se han vuelto olas,
cascada de transfiguraciones, cascada de
repeticiones, trampas del tiempo:
hay que darle su ración de lumbre a la
naturaleza hambrienta,
hay que agitar la sonaja de las rimas para
engañar al tiempo y despertar al alma,
hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar los
parques con risa solar y lunar,
hay que aprender la tonada de Adán, el solo
de la flauta del fémur,
hay que construir sobre este espacio inestable la
casa de la mirada,
la casa de aire y de agua donde la música
duerme, el fuego vela y pinta el poeta.
serpeante que te conduce
no es la última mirada de tus ojos al
cerrarse ni es el sol tímido golpeando tus párpados:
es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos:
llamadas, respuestas, llamadas,
hilo de claridades entre las altas yerbas y las
bestias agazapadas de la conciencia a obscuras.
Sigues el rumor de tu sangre por el país
desconocido que inventan tus ojos
y subes por una escalera de vidrio y agua hasta una
terraza.
Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y
los tintineos,
la terraza, suspendida en el aire, es un
cuadrilátero de luz, un ring magnético
que se enrolla en sí mismo, se levanta, anda
y se planta en el circo del ojo,
géiser lunar, tallo de vapor, follaje de
chispas, gran árbol que se enciende y apaga y enciende:
estás en el interior de los reflejos,
estás en la casa de la mirada,
has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a
ti mismo por un puente de latidos:
EL CORAZÓN ES UN OJO.
Estás en la casa de la mirada, los espejos
han escondido todos sus espectros,
no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas han
abandonado sus cuerpos,
no son cosas, no son ideas: son disparos verdes,
rojos, amarillos, azules,
enjambres que giran y giran, espirales de legiones
desencarnadas,
torbellino de las formas que todavía no
alcanzan su forma,
tu mirada es la hélice que impulsa y revuelve
las muchedumbres incorpóreas,
tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, la
estatua inmóvil en la plaza del insomnio,
tu mirada teje y desteje los hilos de la trama del
espacio,
tu mirada frota una idea contra otra y enciende una
lámpara en la iglesia de tu cráneo,
pasaje de la enunciación a la
anunciación, de la concepción a la asunción,
el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, la
mirada tiene dos manos,
estamos en la casa de la mirada y no hay nada que
ver, hay que poblar otra vez la casa del ojo,
hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fieles
a la vista, hay que
CREAR PARA VER.
La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento
teje y desteje la trama,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio
infinito,
eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el
ojo que taladra y el ojo tejedor,
al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay
ríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
en tu sangre navegan imperios, turbinas,
bibliotecas, jardines,
también hay animales, plantas, seres de otros
mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los
otros mundos,
entras en lo que vio el astrónomo en su
telescopio, el matemático en sus ecuaciones:
el desorden y la simetría, el accidente y las
rimas, las duplicaciones y las mutaciones,
el mal de San Vito del átomo y sus
partículas, las células reincidentes, las inscripciones
estelares.
Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos
estado,
el lugar del encuentro entre esto y aquello
está aquí mismo y ahora,
somos la intersección, la X, el aspa
maravillosa que nos multiplica y nos interroga,
el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del
mundo y de cada uno de nosotros.
Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa,
como las granes transparentes de André Breton,
vehículos de materia sutil, cables entre
éste y aquel lado,
los hombres somos la bisagra entre el aquí el
allá, el signo doble y uno, V y ^ ,
pirámides superpuestas unidas en un
ángulo para formar la X de la Cruz,
cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago y
volcán, hombre y mujer,
el mapa del cielo se refleja en el espejo de la
música,
donde el ojo se anula nacen mundos:
LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO EN
EL SUEÑO.
La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no
es la tierra,
el hombre no es este mundo ni los otros mundos que
hay en este mundo y en los otros,
el hombre es la boca que empaña el espejo de
las semejanzas y dice sí,
el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda
floja de una sonrisa,
el espejo universal que refleja otro mundo al
repetir a éste, el que transfigura lo que copia,
el hombre no es el que es, célula o dios,
sino el que está sienpre más allá.
Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de las
substancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementos
riman con nuestros deseos y apetitos,
pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco,
pintar el eslabón:
El Vértigo de Eros es el vahído de la
rosa al mecerse sobre el osario,
la aparición de la aleta del pez al caer la
noche en el mar es el centelleo de la idea,
tú has pintado al amor tras una cortina de
agua llameante
PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROCÍO.
En el espejo de la música las constelaciones
se miran antes de disiparse,
el espejo se abisma en sí mismo anegado de
claridad hasta anularse en un reflejo,
los espacios fluyen y se despeñan bajo la
mirada del tiempo petrificado,
las presencias son llamas, las llamas son tigres,
los tigres se han vuelto olas,
cascada de transfiguraciones, cascada de
repeticiones, trampas del tiempo:
hay que darle su ración de lumbre a la
naturaleza hambrienta,
hay que agitar la sonaja de las rimas para
engañar al tiempo y despertar al alma,
hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar los
parques con risa solar y lunar,
hay que aprender la tonada de Adán, el solo
de la flauta del fémur,
hay que construir sobre este espacio inestable la
casa de la mirada,
la casa de aire y de agua donde la música
duerme, el fuego vela y pinta el poeta.
1.813
1
Nicasio Álvarez de Cienfuegos
Romance La Desconfianza
Las rosas que, ya marchitas,
de ti con desdén alejas,
la aurora me vio cortarlas,
y hermosas jóvenes eran.
Vivieron. Fue para siempre
su honor y antigua belleza.
¡Ay, todo cual sombra pasa,
y el ser a la nada lleva!
Vendrá el agosto abrasado
ahogando flores y, muertas
sus hijas, a otras regiones
volará la primavera.
En pos, el maduro otoño,
mostrando su faz risueña,
hará que el lánguido estío
bajo sus pámpanos muera.
Mas el aquilón bramando
se arrojará de las sierras,
y, lanzando estéril yelo,
cubrirá de horror la tierra.
Así, la lóbrega noche
sucede a la luz febea,
las risas a los lamentos,
y a los placeres las penas.
Es el universo entero
una inconstancia perpetua:
se muda todo; no hay nada
que firme y estable sea.
Y en medio a tantos ejemplos
que triste mudanza enseñan,
¡ay Filis!, ¿tu pecho solo
tendrá en amarme firmeza?
de ti con desdén alejas,
la aurora me vio cortarlas,
y hermosas jóvenes eran.
Vivieron. Fue para siempre
su honor y antigua belleza.
¡Ay, todo cual sombra pasa,
y el ser a la nada lleva!
Vendrá el agosto abrasado
ahogando flores y, muertas
sus hijas, a otras regiones
volará la primavera.
En pos, el maduro otoño,
mostrando su faz risueña,
hará que el lánguido estío
bajo sus pámpanos muera.
Mas el aquilón bramando
se arrojará de las sierras,
y, lanzando estéril yelo,
cubrirá de horror la tierra.
Así, la lóbrega noche
sucede a la luz febea,
las risas a los lamentos,
y a los placeres las penas.
Es el universo entero
una inconstancia perpetua:
se muda todo; no hay nada
que firme y estable sea.
Y en medio a tantos ejemplos
que triste mudanza enseñan,
¡ay Filis!, ¿tu pecho solo
tendrá en amarme firmeza?
667
1
Marilina Rébora
Momentos
No son años la vida, sólo rápidas horas,
ésas con sus momentos de placer o dolor,
cuando el alma es dichosa o acongojada lloras,
instantes de ternura o de cruel desamor.
Instantes en que a veces, trémula, rememoras
encuentros, despedidas, la ofrenda de una flor,
inasibles minutos de ayeres y de ahoras,
el beso de los hijos, las tristezas de amor.
El «Te quiero mi vida» o el «Adiós, hasta pronto!»
«¡Es varón! ¡Es varón!» «Nuestra madre se
muere...»,
palabras que en un soplo nos cambian la existencia;
son apenas momentos, aunque parezca tonto,
sentido que por fin todo vivir adquiere
y nos deja en el alma como una eterna esencia.
ésas con sus momentos de placer o dolor,
cuando el alma es dichosa o acongojada lloras,
instantes de ternura o de cruel desamor.
Instantes en que a veces, trémula, rememoras
encuentros, despedidas, la ofrenda de una flor,
inasibles minutos de ayeres y de ahoras,
el beso de los hijos, las tristezas de amor.
El «Te quiero mi vida» o el «Adiós, hasta pronto!»
«¡Es varón! ¡Es varón!» «Nuestra madre se
muere...»,
palabras que en un soplo nos cambian la existencia;
son apenas momentos, aunque parezca tonto,
sentido que por fin todo vivir adquiere
y nos deja en el alma como una eterna esencia.
941
1
Meira Delmar
Este Amor
Como ir casi juntos
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.
Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta
con sus manos de agua,
como el tiempo también,
como la vida,
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.
Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y sin embargo nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar, que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.
Este
desesperado amor.
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.
Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta
con sus manos de agua,
como el tiempo también,
como la vida,
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.
Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y sin embargo nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar, que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.
Este
desesperado amor.
823
1
Juan Meléndez Valdés
Oda Vi A Dorila
¡Cómo se van las horas,
y tras ellas los días
y los floridos años
de nuestra dulce vida!
Luego la vejez viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras
la muerte se avecina,
con pálidos temblores
aguándonos las dichas:
que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.
El cuerpo se entorpece,
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.
Pues si esto nos espera,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años
de nuestra dulce vida?
Para vinos y bailes
y amorosas delicias
Citeres los señala
Cupido los destina.
¡Pues ay! ¿qué te detienes?
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do el Céfiro suspira;
y entre ducles cantares
y sabrosa bebida
de la niñez gocemos,
pues vuela tan aprisa.
y tras ellas los días
y los floridos años
de nuestra dulce vida!
Luego la vejez viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras
la muerte se avecina,
con pálidos temblores
aguándonos las dichas:
que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.
El cuerpo se entorpece,
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.
Pues si esto nos espera,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años
de nuestra dulce vida?
Para vinos y bailes
y amorosas delicias
Citeres los señala
Cupido los destina.
¡Pues ay! ¿qué te detienes?
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do el Céfiro suspira;
y entre ducles cantares
y sabrosa bebida
de la niñez gocemos,
pues vuela tan aprisa.
2.390
1
Jorge Luis Borges
Límites
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
La muerte me desgasta, incesante.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
La muerte me desgasta, incesante.
1.110
1
Jorge Luis Borges
Despedida
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.
1.177
1
Juan de Iriarte
Epigrama El Tiempo Y El Amor
Todo lo vence el amor,
todo lo consume el tiempo:
¿cuál de los dos puede más,
aquel niño, o este viejo?
todo lo consume el tiempo:
¿cuál de los dos puede más,
aquel niño, o este viejo?
559
1
Juan Gelman
Amor Que Se Serena ¿termina?
amor que se serena ¿termina?
¿empieza? ¿qué nueva
vejez le espera por vivir?
¿qué fulgor? amor asomándose
de sí mismo a sí mismo siendo
también memoria de sí
comiendo
de sí ¿qué vieja
sombra le chupará la nuca? oh pestes
que visitaron mi país
atacaron se fueron
ajenas como el viento
¿empieza? ¿qué nueva
vejez le espera por vivir?
¿qué fulgor? amor asomándose
de sí mismo a sí mismo siendo
también memoria de sí
comiendo
de sí ¿qué vieja
sombra le chupará la nuca? oh pestes
que visitaron mi país
atacaron se fueron
ajenas como el viento
1.088
1
José Angel Buesa
Amor Tardío
Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.
Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.
Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;
pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.
Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.
Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;
pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...
1.083
1
Francisco de Quevedo
Salmo Xviii
Todo tras sí lo lleva el año breve
de la vida mortal, burlando el brío
al Acero valiente, al mármol frío,
que contra el tiempo su dureza atreve.
Aún no ha nacido el Pie cuando se mueve
camino de la Muerte, donde envío
mi vida oscura: pobre y turbio Río
que negro Mar con altas ondas bebe.
Cada corto momento es paso largo
que doy a mi pesar en tal jornada,
pues parado y durmiendo siempre aguijo.
Corto suspiro, último y amargo,
es la muerte forzosa y heredada;
mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
de la vida mortal, burlando el brío
al Acero valiente, al mármol frío,
que contra el tiempo su dureza atreve.
Aún no ha nacido el Pie cuando se mueve
camino de la Muerte, donde envío
mi vida oscura: pobre y turbio Río
que negro Mar con altas ondas bebe.
Cada corto momento es paso largo
que doy a mi pesar en tal jornada,
pues parado y durmiendo siempre aguijo.
Corto suspiro, último y amargo,
es la muerte forzosa y heredada;
mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
933
1
César Vallejo
Dos Niños Anhelantes
No. No tienen tamaño sus tobillos; no es su espuela
suavísima, que da en las dos mejillas.
Es la vida no más, de bata y yugo.
No. No tiene plural su carcajada,
ni por haber salido de un molusco perpetuo, aglutinante,
ni por haber entrado al mar descalza,
es la que piensa y marcha, es la finita.
Es la vida no más; sólo la vida.
Lo sé, lo intuyo cartesiano, autómata,
moribundo, cordial, en fin, espléndido.
Nada hay
sobre la ceja cruel del esqueleto;
nada, entre lo que dio y tomó con guante
la paloma, y con guante,
la eminente lombriz aristotélica;
nada delante ni detrás del yugo;
nada de mar en el océano
y nada
en el orgullo grave de la célula.
Sólo la vida; así: cosa bravísima.
Plenitud inextensa,
alcance abstracto, venturoso, de hecho,
glacial y arrebatado, de la llama;
freno del fondo, rabo de la forma.
Pero aquello
para lo cual nací ventilándome
y crecí con afecto y drama propios,
mi trabajo rehúsalo,
mi sensación y mi arma lo involucran.
Es la vida y no más, fundada, escénica.
Y por este rumbo,
su serie de órganos extingue mi alma
y por este indecible, endemoniado cielo,
mi maquinaria da silbidos técnicos,
paso la tarde en la mañana triste
y me esfuerzo, palpito, tengo frío.
suavísima, que da en las dos mejillas.
Es la vida no más, de bata y yugo.
No. No tiene plural su carcajada,
ni por haber salido de un molusco perpetuo, aglutinante,
ni por haber entrado al mar descalza,
es la que piensa y marcha, es la finita.
Es la vida no más; sólo la vida.
Lo sé, lo intuyo cartesiano, autómata,
moribundo, cordial, en fin, espléndido.
Nada hay
sobre la ceja cruel del esqueleto;
nada, entre lo que dio y tomó con guante
la paloma, y con guante,
la eminente lombriz aristotélica;
nada delante ni detrás del yugo;
nada de mar en el océano
y nada
en el orgullo grave de la célula.
Sólo la vida; así: cosa bravísima.
Plenitud inextensa,
alcance abstracto, venturoso, de hecho,
glacial y arrebatado, de la llama;
freno del fondo, rabo de la forma.
Pero aquello
para lo cual nací ventilándome
y crecí con afecto y drama propios,
mi trabajo rehúsalo,
mi sensación y mi arma lo involucran.
Es la vida y no más, fundada, escénica.
Y por este rumbo,
su serie de órganos extingue mi alma
y por este indecible, endemoniado cielo,
mi maquinaria da silbidos técnicos,
paso la tarde en la mañana triste
y me esfuerzo, palpito, tengo frío.
1.530
1
César Vallejo
Alfonso: Estás Mirándome, Lo Veo
Alfonso: estás mirándome, lo veo,
desde el plano implacable donde moran
lineales los siempres, linealeslos jamases
(Esa noche, dormiste, entre tu sueño
y mi sueño, en la rue de Ribouté)
Palpablemente,
tu inolvidable cholo te oye andar
en París, te siente en el teléfono callar
y toca en el alambre a tu último acto
tomar peso, brindar
por la profundidad, por mí, por ti.
Yo todavía
compro «du vin, du lait, comptant les sous»
bajo mi abrigo, para que no me vea mi alma,
bajo mi abrigo aquel, querido Alfonso,
y bajo el rayo simple de la sien compuesta;
yo todavía sufro, y tú, ya no, jamás, hermano!
(Me han dicho que en tus siglos de dolor,
amado sér,
amado estar,
hacías ceros de madera. ¿Es cierto?)
En la «boîte de nuit», donde tocabas tangos,
tocando tu indignada criatura su corazón,
escoltado de ti mismo, llorando
por ti mismo y por tu enorme parecido con tu sombra,
monsieur Fourgat, el patrón, ha envejecido.
¿Decírselo? ¿Contárselo? No más,
Alfonso; eso, ya nó!
El hôtel des Ecoles funciona siempre
y todavía compran mandarinas;
pero yo sufro, como te digo,
dulcemente, recordando
lo que hubimos sufrido ambos, a la muerte de ambos,
en la apertura de la doble tumba,
de esa otra tumba con tu sér,
y de ésta de caoba con tu estar,
sufro, bebiendo un vaso de ti, Silva,
un vaso para ponerse bien, como decíamos,
y después, ya veremos lo que pasa...
Es éste el otro brindis, entre tres,
taciturno, diverso
en vino, en mundo, en vidrio, al que brindábamos
más de una vez al cuerpo
y, menos de una vez, al pensamiento.
Hoy es más diferente todavía;
hoy sufro dulce, amargamente,
bebo tu sangre en cuanto a Cristo el duro,
como tu hueso en cuanto a Cristo el suave,
porque te quiero, dos a dos, Alfonso,
y casi lo podría decir, eternamente.
desde el plano implacable donde moran
lineales los siempres, linealeslos jamases
(Esa noche, dormiste, entre tu sueño
y mi sueño, en la rue de Ribouté)
Palpablemente,
tu inolvidable cholo te oye andar
en París, te siente en el teléfono callar
y toca en el alambre a tu último acto
tomar peso, brindar
por la profundidad, por mí, por ti.
Yo todavía
compro «du vin, du lait, comptant les sous»
bajo mi abrigo, para que no me vea mi alma,
bajo mi abrigo aquel, querido Alfonso,
y bajo el rayo simple de la sien compuesta;
yo todavía sufro, y tú, ya no, jamás, hermano!
(Me han dicho que en tus siglos de dolor,
amado sér,
amado estar,
hacías ceros de madera. ¿Es cierto?)
En la «boîte de nuit», donde tocabas tangos,
tocando tu indignada criatura su corazón,
escoltado de ti mismo, llorando
por ti mismo y por tu enorme parecido con tu sombra,
monsieur Fourgat, el patrón, ha envejecido.
¿Decírselo? ¿Contárselo? No más,
Alfonso; eso, ya nó!
El hôtel des Ecoles funciona siempre
y todavía compran mandarinas;
pero yo sufro, como te digo,
dulcemente, recordando
lo que hubimos sufrido ambos, a la muerte de ambos,
en la apertura de la doble tumba,
de esa otra tumba con tu sér,
y de ésta de caoba con tu estar,
sufro, bebiendo un vaso de ti, Silva,
un vaso para ponerse bien, como decíamos,
y después, ya veremos lo que pasa...
Es éste el otro brindis, entre tres,
taciturno, diverso
en vino, en mundo, en vidrio, al que brindábamos
más de una vez al cuerpo
y, menos de una vez, al pensamiento.
Hoy es más diferente todavía;
hoy sufro dulce, amargamente,
bebo tu sangre en cuanto a Cristo el duro,
como tu hueso en cuanto a Cristo el suave,
porque te quiero, dos a dos, Alfonso,
y casi lo podría decir, eternamente.
782
1
Antonio Machado
Proverbios Y Cantares - Xxx
El que espera desespera,
dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.
Ramón López Velarde
dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.
Ramón López Velarde
945
1
Antonio Machado
Parábolas
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
2.074
1
Eugenio Montale
Corno inglés
El viento que esta tarde suena atento,
-como la fuerte sacudida de unas láminas-
los instrumentos de los densos árboles
barren el cobre de la lejanía
en donde las estrías de la luz
se extienden como estrellas
en un cielo que estalla
(nubes que viajan, claros reinos
altísimos. De altos El Dorados
de puertas abiertas)
y el mar que escama a escama,
lívido, que transforma su color,
lanza a tierra una tromba
de espumas
y el viento lentamente nace y muere
en el momento de la tarde en que se estanca,
pudiera interpretar el instrumento
de mi desafinado corazón.
Traducción: Álvaro Fierro Clavero
-como la fuerte sacudida de unas láminas-
los instrumentos de los densos árboles
barren el cobre de la lejanía
en donde las estrías de la luz
se extienden como estrellas
en un cielo que estalla
(nubes que viajan, claros reinos
altísimos. De altos El Dorados
de puertas abiertas)
y el mar que escama a escama,
lívido, que transforma su color,
lanza a tierra una tromba
de espumas
y el viento lentamente nace y muere
en el momento de la tarde en que se estanca,
pudiera interpretar el instrumento
de mi desafinado corazón.
Traducción: Álvaro Fierro Clavero
1.123
José Zorrilla
Don Juan Tenorio
En los años que han corrido
desde que yo le escribí,
mientras que yo envejecí
mi Don Juan no ha envejecido.
Y fama tal por él gozo
que se cree, a lo que parece,
porque Don Juan no envejece,
que yo he de ser siempre mozo:
y hoy el bravo Ducazcal
os anuncia en su cartel
que he de hacer aquí un papel,
que tengo que hacer ya mal.
Yo no soy ya lo que fuí:
y viendo cuán poco soy,
dejo a los que más son hoy
pasar delante de mi;
pues, por Dios,que por más brava
que sea mi condición,
la fiebre rinde al león,
la gota la piedra cava.
Aun latir mis bríos siento:
pero es ya vana porfía,
no puedo ya la voz mía
pedirle otra vez al viento:
y a quién me lo quiere oir
digo años ha por doquier,
que pierdo el sér de mi ser
y que me siento morir.
desde que yo le escribí,
mientras que yo envejecí
mi Don Juan no ha envejecido.
Y fama tal por él gozo
que se cree, a lo que parece,
porque Don Juan no envejece,
que yo he de ser siempre mozo:
y hoy el bravo Ducazcal
os anuncia en su cartel
que he de hacer aquí un papel,
que tengo que hacer ya mal.
Yo no soy ya lo que fuí:
y viendo cuán poco soy,
dejo a los que más son hoy
pasar delante de mi;
pues, por Dios,que por más brava
que sea mi condición,
la fiebre rinde al león,
la gota la piedra cava.
Aun latir mis bríos siento:
pero es ya vana porfía,
no puedo ya la voz mía
pedirle otra vez al viento:
y a quién me lo quiere oir
digo años ha por doquier,
que pierdo el sér de mi ser
y que me siento morir.
1.457
Jorge Luis Borges
El instante
¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
791
Jorge Luis Borges
El Aleph
En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
4.059
Eugenio Montale
Dura menos un hombre que una vela, de Muerte y memoria
Dura menos un hombre que una vela
pero la tierra prefiere su lumbre
para seguir el paso de los astros.
Dura menos que un árbol,
que una piedra,
se anochece ante el viento más leve,
con un soplo se apaga.
Dura menos un pájaro,
que un pez fuera del agua,
casi no tiene tiempo de nacer,
da unas vueltas al sol y se borra
entre las sombras de las horas
hasta que sus huesos en el polvo
se mezclan con el viento,
y sin embargo, cuando parte
siempre deja la tierra más clara.
pero la tierra prefiere su lumbre
para seguir el paso de los astros.
Dura menos que un árbol,
que una piedra,
se anochece ante el viento más leve,
con un soplo se apaga.
Dura menos un pájaro,
que un pez fuera del agua,
casi no tiene tiempo de nacer,
da unas vueltas al sol y se borra
entre las sombras de las horas
hasta que sus huesos en el polvo
se mezclan con el viento,
y sin embargo, cuando parte
siempre deja la tierra más clara.
825
Jorge Manrique
Coplas a la muerte de su padre
Recuerde al alma dorminda,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.
Allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir.
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.
Allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir.
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