Sociedad y el Mundo
Federico García Lorca
Oda A Salvador Dalí
Una rueda en la pura sintaxis del acero.
Desnuda la montaña de niebla impresionista.
Los grises oteando sus balaustradas últimas.
Los pintores modernos en sus blancos estudios,
cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada.
En las aguas del Sena un ice-berg de mármol
enfría las ventanas y disipa las yedras.
El hombre pisa fuerte las calles enlosadas.
Los cristales esquivan la magia del reflejo.
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume.
La máquina eterniza sus compases binarios.
Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos
yerra por los tejados de las casas antiguas.
El aire pulimenta su prisma sobre el mar
y el horizonte sube como un gran acueducto.
Marineros que ignoran el vino y la penumbra,
decapitan sirenas en los mares de plomo.
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene
el espejo redondo de la luna en su mano.
Un deseo de formas y límites nos gana.
Viene el hombre que mira con el metro amarillo.
Venus es una blanca naturaleza muerta
y los coleccionistas de mariposas huyen.
Federico García Lorca
La Sombra De Mi Alma
Huye por un ocaso de alfabetos,
Niebla de libros
Y palabras.
¡La sombra de mi alma!
He llegado a la línea donde cesa
La nostalgia,
Y la gota de llanto se transforma
Alabastro de espíritu.
(¡La sombra de mi alma!)
El copo del dolor
Se acaba,
Pero queda la razón y la sustancia
De mi viejo mediodía de labios
De mi viejo mediodía
De miradas.
Un turbio laberinto
De estrellas ahumadas
Enreda mi ilusión
Casi marchita.
¡La sombra de mi alma!
Y una alucinación
Me ordeña las miradas.
Veo la palabra amor
Desmoronada.
¡Ruiseñor mío!
¡Ruiseñor!
¿Aún cantas?
Federico García Lorca
Baile (tres Ciudades)
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.
¡Niñas,
corred las cortinas!
En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.
¡Niñas,
corred las cortinas!
Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.
¡Niñas,
corred las cortinas!
Federico García Lorca
Muerte De La Petenera (gráfico De La Petenera)
la perdición de los hombres.
Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.
Bajo las estremecidas
estrellas de los velones,
su falda de moaré tiembla
entre sus muslos de cobre.
Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.
Largas sombras afiladas
vienen del turbio horizonte,
y el bordón de una guitarra
se rompe.
Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.
Federico García Lorca
Falsete (gráfico De La Petenera)
¡Yayay petenera!
Tu entierro no tuvo niñas
buenas.
Niñas que le dan a Cristo muerto
sus guedejas,
y llevan blancas mantillas
en las ferias.
Tu entierro fue de gente
siniestra.
Gente con el corazón
en la cabeza,
que te siguió llorando
por las callejas.
¡Ay, petenera gitana!
¡Yayay petenera!
Federico García Lorca
Paso (poema De La Saeta)
virgen de Soledad,
abierta como un inmenso
tulipán.
En tu barco de luces
vas
por la alta marea
de la ciudad,
entre saetas turbias
y estrellas de cristal.
Virgen con miriñaque
tú vas
por el río de la calle,
¡hasta el mar!
Federico García Lorca
Arqueros (poema De La Saeta)
A FRANCISCO IGLESIAS
ARQUEROS
Los arqueros oscuros
a Sevilla se acercan.
Guadalquivir abierto.
Anchos sombreros grises,
largas capas lentas.
¡Ay, Guadalquivir!
Vienen de los remotos
países de la pena.
Guadalquivir abierto.
Y van a un laberinto.
Amor, cristal y piedra.
¡Ay, Guadalquivir!
Federico García Lorca
Pueblo (poema De La Soleá)
un calvario.
Agua clara
y olivos centenarios.
Por las callejas
hombres embozados,
y en las torres
veletas girando.
Eternamente
girando.
¡Oh pueblo perdido,
en la Andalucía del llanto!
Felipe Benítez Reyes
La Edad De Oro
que sea tanto
como aquello que el tiempo nos dio,
regalo inmerecido,
dejando la memoria en la inocencia
de la vida cumplida, porque nada
hiere más y más hondo que el recuerdo:
mientras dure una noche en la memoria,
esa noche es la Noche
y esa intensa memoria la Memoria.
Llévese el tiempo todo
lo que quiera llevarse,
porque todo fue suyo desde siempre.
Que desvanezca el tiempo
el oro delincuente del amor
y la imagen hermética de aquello
que llamabas pasado
y era apenas
ayer: la fugitiva
edad de no tener
edad para el pasado.
Edad de Baudelaire y de muchachas
que adquirían nociones de la vida
en las últimas filas de los cines
y en esos viejos cines de posguerra
convertidos
en locales de baile que cerraban
cuando el cielo quería amanecer.
Amaneceres de domingo,
volviendo a casa con
un vaso aún en la mano
y con tabaco extraño en el bolsillo,
a esa hora en que abrían los cafés
y las damas de caridad montaban mesas
con carteles de niños moribundos.
Y era la muerta luz que amanecía
la metáfora helada y la exacta ilusión de estar quemando
las naves de la eterna juventud.
Pero en su coche fúnebre
el tiempo iba admitiendo pasajeros.
Y las naves quemadas son ceniza,
y muy poco de eterna
tuvo la juventud.
Así que arrastre todo, que se lleve
en su vértigo el tiempo la memoria,
dejando
un vacío perfecto en el pasado.
Porque todo recuerdo
se acaba corrompiendo en el presente.
Y este presente ya
de poco va a servirnos.
De poco va a servirnos
el saber que hubo un tiempo en que la vida
valía su peso en oro.
Porque la vida pone
su casa en el pasado.
Y esta casa sombría no parece la nuestra.
Felipe Benítez Reyes
La Condena
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.
Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.
Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es un desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras lo cifren
halla sólo palabras.
Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.
Nuestros tesoros son tesoros falsos.
Y somos los ladrones de tesoros.
Francisco de Aldana
Otro Aquí No Se Ve Que Frente A Frente
animoso escuadrón moverse guerra,
sangriento humor teñir la verde tierra
y tras honroso fin correr la gente.
Este es el dulce son que acá se siente:
«¡España, Santïago, cierra, cierra!»
y por süave olor que el aire atierra
humo que azufre dar con llama ardiente.
El gusto envuelto va tras corrompida
agua, y el tacto sólo apalpa y halla
duro trofeo de acero ensangrentado,
hueso en astilla, en él carne molida,
despedazado arnés, rasgada malla...
¡Oh sólo, de hombres, digno y noble estado!
Francisco de Aldana
Pocos Tercetos Escritos A Un Amigo
de oro, de seda y púrpura cubriendo
el de vuestra alma vil terrestre velo,
sayo de hierro acá yo estoy vistiendo,
cota de acero, arnés, yelmo luciente,
que un claro espejo al sol voy pareciendo.
Mientras andáis allá lascivamente
con flores de azahar, con agua clara
los pulsos refrescando, ojos y frente,
yo de honroso sudor cubro mi cara
y de sangre enemiga el brazo tiño
cuando con más furor muerte dispara.
Mientras que a cada cual con su desiño
urdiendo andáis allá mil trampantojos,
manchada el alma más que piel de armiño,
yo voy acá y allá, puestos los ojos
en muerte dar al que tener se gloria
del ibero valor ricos despojos.
Mientras andáis allá con la memoria
llena de las blanduras de Cupido,
publicando de vos llorosa historia,
yo voy aca de furia combatido,
de aspereza y desdén, lleno de gana
que Ludovico al fin quede vencido.
Mientras cual nuevo sol por la mañana
todo compuesto andáis ventaneando
en haca, sin parar, lucia y galana,
yo voy sobre un jinete acá saltando
el andén, el barranco, el foso, el lodo,
al cercano enemigo amenazando.
Mientras andáis allá metido todo
en conocer la dama, o linda o fea,
buscando introducción por diestro modo,
yo reconozco el sitio y la trinchea
deste profano a Dios vil enemigo,
sin que la muerte al ojo estorbo sea.
Enrique Villagrasa González
La Ofrenda
y encerrada tras los labios
ella espera
la luz del día
y su brisa húmeda.
Todo bulle cuando la noche,
tu mirada y sus manos.
El tiempo estremecido
anhela sonrisas y besos,
pausado todo. Sexo y vida
y en el sentir de las sombras
volver a poseerte.
Duerme mujer tus sueños
tu cuerpo es tuyo.
Evaristo Carriego
La Lluvia En La Casa Vieja
quien se atreve a salir de su agujero
¡Qué modo de llover! Furiosamente
en el techo de zinc el aguacero
tamborilea sin cesar. Lo grave
es que se llueve aquí peor que afuera,
y hay para rato, es natural. Quién sabe
cómo diablos se ha abierto esta gotera.
¡Esta gotera! Por el cielo raso
se filtra el agua: baja a las paredes,
se divide en las grietas, y, de paso,
alcanza a las arañas en sus redes.
Pero hay que ver el patio. La fangosa
reciente lagunita que rodea
el pozo, y la tinaja que rebosa
mientras el viejo caño canturrea.
Las muchachas están en la cocina:
una se ha puesto a preparar la masa,
algo quejosa de que falte harina,
y otra derrite en la sartén la grasa.
Las demás, como siempre, en discusiones,
lo de todas las noches: sobre el juego.
Bueno, a contar bolillas y cartones:
¿Es que tendremos lotería, luego?
Alegres charlan No han de ser muy pocas
las historias ¡Conversan tan de prisa!
¿Qué se conversará cuando esas locas
apenas pueden aguantar la risa?
¿Bromitas a la novia? Se conoce
que hoy se llevó un buen reto de la abuela:
¡La niña estuvo anoche hasta las doce
leyendo, muy oronda, una novela!
¡Sí, señor! Como suena, muy oronda
Pero, lo sospechamos al culpable:
no es ella, no. Es inútil que se esconda,
ya verá el pillo cuando abuela lo hable.
Y sigue el chaparrón. ¡Cómo diluvia
en el jardín! Adiós el enrejado:
era un adorno al fin, maldita lluvia
¡Daba una vista, así, recién pintado!
¡Adiós, con este viento, la glorieta!
¡Los claveles, muchachas, los claveles!
Quien no vuelva trayendo una maceta
se quedará esta noche sin pasteles.
A ver, Florinda, a ver dónde pisamos:
Las baldosas del patio se hallan flojas
y te salpican toda entera. Vamos,
por ahí no, con cuidado, ¡Que te mojas!
Tan a destiempo el resbalón ¿No es cierto?
¡Ah, ese primo, si hubiera andado listo!
¡Y se atreve a decir que ha descubierto
unas cosas más lindas! ¡Lo que ha visto!
¿Reproches? Se ha lucido la lectora.
¡También la otra zonza es tan autera!
Se ha lucido. Si lo supiese ahora
alguno que yo sé ¡Si lo supiera!
Lo hizo de gusto, madre, sí, de gusto:
la empujó adrede, ¿Sabes? ¡Mentiroso!
¡Por culpa de él la pobre se dio un susto!
¡Y festeja sus gracias, el odioso!
La rubia ¡Cómo viene de agitada!
¿Que le ganó a correr a las eternas
despaciosas? ¡Jesús, qué colorada!
¿Será porque al saltar mostró las piernas?
¡Míralas, madre, llegan hechas sopas!
A mudarse, muchachas, a mudarse.
Sí, no dejarse estar con estas ropas
empapadas, no vayan a enfermarse
Y aún se quedan a porfiar. ¡Las fachas!
¿Hay más? Caramba con las señoritas
¡Hasta cuándo, por Dios! ¡Pronto, muchachas,
que se van a enfriar las tortas fritas!
Evaristo Carriego
Mientras El Barrio Duerme
Bueno, que no se repita
otra vez ese silbido.
¡Eh, muchachos, no hagáis ruido:
se fue a dormir abuelita!
Recordando vuestros sustos
continuamente se queja.
Vamos, muchachos, sed justos
y no la deis más disgustos:
cada día está más vieja
Ahora se ha vuelto odiosa,
cuando se da a porfiar
¡Se pone de fastidiosa!
Ya lo veis: ¡Por cualquier cosa
no cesa de rezongar!
¿Tú, también? Va para rato
que olvidaste tu promesa:
¡Después de romper el plato
le pisas la cola al gato
por debajo de la mesa!
¿Conque te muestras violento
porque mi sermón te irrita?
Es inútil ese cuento
No te muevas de tu asiento:
¡Te conozco, mascarita!
Si tratas bien el asunto
de hoy ¿Oyes, cabeza hueca?
Y copias lo que te apunto
tendrás a las diez en punto
café con pan y manteca.
Y, a propósito, ya veo
que te volcaste la sopa
en la ropa, ¿No?, Yo creo
que comer así es muy feo:
¡Linda te has puesto la ropa!
Tú no inquietes a tu hermana
tirándola de la trenza.
¿Respondes de mala gana?
¡Todo por una manzana!
¡Pedazo de sinvergüenza!
¿Y tú? ¿Recién te has fijado
que no para de garuar?
¿Al patio así? Ten cuidado,
no salgas desabrigado
que te puedes resfriar.
Cae monótonamente
el agua ¡Qué silencioso
el barrio! El perro de enfrente
dejó de ladrar. ¿La gente
se habrá entregado al reposo?
Pienso en ellos. En su oscura
mala suerte, y pienso luego
con un poco de ternura:
¿En qué sueño de amargura
se hallará abstraído el ciego?
Allá, solo, en el altillo,
moliendo la misma pieza
quizás suena un organillo,
aunque el aire es tan sencillo
no cansa ¡Da una tristeza!
Llora el ritmo soñoliento
que tanto gusta a la loca
amiga nuestra. El son lento
¡Toca con un sentimiento!
¿Qué pensará cuando toca?
¡Cómo le hace comprender,
noche a noche, al lazarillo,
cuánto le apena el tener
que fumar sin poder ver
el humo del cigarrillo!
¿Y los otros? ¿Los huraños
vecinos? La costurera
ya un poquito entrada en años
¿Si serán los desengaños
que la dejaron soltera?
Si bien la historia no es clara,
dice la chismografía
que una prima le robara
el novio en su misma cara,
jugando a la lotería.
Al fin y al cabo valiera
más olvidar la traición:
pero por esa zoncera
de la pena que le diera
se enfermó del corazón.
Otro que lleva una vida
es el haragán de al lado:
¡Y encuentra quien lo convida
a embriagarse! ¡La bebida!
¿Por qué vendrá en ese estado?
¿Y ese hombre al que nadie ha oído
hablar en una semana
de vivir casi escondido,
que sale ya anochecido
y vuelve muy de mañana?
¿Y aquellos que nos dejaron?
¡Tan obsequiosos y fieles!
El día que se mudaron
recuerdo que nos mandaron
una fuente de pasteles.
¿Y la viuda de la esquina?
La viuda murió anteayer.
¡Bien decía la adivina,
que cuando Dios determina
ya no hay nada más que hacer!
De los cuatro huerfanitos
no se sabe qué será:
¿A dónde irán? ¡Pobrecitos,
hermanos, los muchachitos
que se quedan sin mamá!
Mira, muchacho, la vela
se va a terminar, repasa
tus lecciones de la escuela
Ya se ha dormido la abuela:
¡Qué silencio hay en la casa!
Evaristo Carriego
Sarmiento
bondadosa verdad en el sendero,
un estoico fervor de misionero
que traía por Biblia una cartilla.
Cuando en la hora aciaga, en el oscuro
ámbito de la sangre, su mirada
de inefable visión fue deslumbrada
y levantó su voz, a su conjuro,
en medio de las trágicas derrotas
y entre un sordo rumor de lanzas rotas,
sobre las pampas, sobre el suelo herido,
se hizo cada vez menos profundo
el salvaje ulular, el alarido
de las épicas hordas de Facundo.
Evaristo Carriego
Sarmiento
bondadosa verdad en el sendero,
un estoico fervor de misionero
que traía por Biblia una cartilla.
Cuando en la hora aciaga, en el oscuro
ámbito de la sangre, su mirada
de inefable visión fue deslumbrada
y levantó su voz, a su conjuro,
en medio de las trágicas derrotas
y entre un sordo rumor de lanzas rotas,
sobre las pampas, sobre el suelo herido,
se hizo cada vez menos profundo
el salvaje ulular, el alarido
de las épicas hordas de Facundo.
Evaristo Carriego
Conversando
con esto, para mí, nada hay ausente.
Podemos conversar tranquilamente:
la excelencia del vino me hace bueno.
Hermano, ya lo ves, ni una exigencia
me reprocha la vida así me agrada,
de lo demás no quiero saber nada
Practico una virtud: la indiferencia.
Me disgusta tener preocupaciones
que hayan de conmoverme. En mis rincones
vivo la vida a la manera eximia
del que es feliz, porque en verdad te digo:
la esposa del señor de la vendimia
se ha fugado conmigo.
Evaristo Carriego
Conversando
con esto, para mí, nada hay ausente.
Podemos conversar tranquilamente:
la excelencia del vino me hace bueno.
Hermano, ya lo ves, ni una exigencia
me reprocha la vida así me agrada,
de lo demás no quiero saber nada
Practico una virtud: la indiferencia.
Me disgusta tener preocupaciones
que hayan de conmoverme. En mis rincones
vivo la vida a la manera eximia
del que es feliz, porque en verdad te digo:
la esposa del señor de la vendimia
se ha fugado conmigo.
Evaristo Carriego
El Casamiento
del montón de curiosos que han hecho rueda
esperando a los novios, vuelve el agente
a disolver los grupos de la vereda.
Que después del desorden que hace un momento
se produjo, interviene de rato en rato:
cada cinco minutos cae el sargento
y, con razón, no quiere pagar el pato
En la acera de enfrente varias chismosas
que se hallan al tanto de lo que pasa,
aseguran que para ver ciertas cosas
mucho mejor sería quedarse en casa.
Alejadas del cara de presidiario
que sugiere torpezas, unas vecinas
pretenden que ese sucio vocabulario
no debieran oírlo las chiquilinas.
Aunque tal acontece todo es posible,
sacando consecuencias poco oportunas,
lamenta una insidiosa la incomprensible
suerte que, por desgracia, tienen algunas
Y no es el primer caso Si bien le extraña
que haya salido un zonzo pues en enero
del año que transcurre, si no se engaña,
dio que hablar con el hijo del carnicero.
Con los coches que asoman, la gritería
de los muchachos dicen las intenciones
del común movimiento de simpatía
traducido en ruidosas demostraciones.
Una vez dentro, es claro, no se comenta
sino la ceremonia muy festejada,
bien que por otra parte les impacienta
el reciente bochinche de la llegada.
Como los retardados no han sido tantos
y sobran bailarines en ese instante,
se va a empezar la cosa, salvo unos cuantos,
que se reservan para más adelante.
El tío de la novia, que se ha creído
obligado a fijarse si el baile toma
buen carácter, afirma, medio ofendido,
que no se admiten cortes, ni aún en broma.
Que, la modestia a un lado, no se la pega
ninguno de esos vivos seguramente.
La casa será pobre, nadie lo niega:
todo lo que se quiera, pero decente.
Y continuando, entonces, del mismo modo
prohibe formalmente los apretones:
compromisos, historias y, sobre todo,
conversar sin testigos en los rincones.
La polka de la silla dará motivo
a serios incidentes, nada improbables:
nunca falta un rechazo despreciativo
que acarrea disgustos irremediables.
Ahora, casualmente, se ha levantado
indignada la prima del guitarrero,
por el doble sentido, mal arreglado,
del piropo guarango del compañero.
La discusión acaba con las violentas
porfías del padrino, que se resiste
a las observaciones de las parientas
que le impiden que haga papel tan triste
El vigilante amigo, que en la parada
cumpliendo la consigna diaria se aburre,
dice que de regreso de una llamada
vino a echar su vistazo, por si algo ocurre
Como es inexplicable que se permitan
horrores que no deben ser achacados
a los íntimos, varios padres le invitan
a proceder en forma con los colados.
En el comedor, donde se bebe a gusto,
casi lamenta el novio que no se pueda
correr la de costumbre pues, y esto es justo,
la familia le pide que no se exceda.
Y lo que es él, ahora tiene derecho
a desdeñar, sin duda, las perrerías
de aquellos envidiosos, cuyo despecho
fuera causa de tales habladurías
Respecto de aquel otro desengañado,
es opinión de muchos en verdad cabe
suponer que, si es cierto que anda tomado,
comete una locura de las que él sabe.
La madrina, a quien eso no le parece
sino una soberana maldad, se encarga
de chantarle unas frescas, según merece
ese desocupado tan lengua larga
Entre los invitados, una comadre
narra cómo ha podido venirse sola:
¡Se le antojó a su chico seguir al padre
a traer la familia de don Nicola!
¿Su cuñada? ¡Qué cambio! Parece cuento,
siempre encuentra disculpas, y hasta le ruega
no insistir, pretextando su retraimiento
desde que la hermanita se quedó ciega.
Las mujeres distraen, de cuando en cuando,
a la vieja que anoche, no más, reía
fingiéndose conforme pero dudando:
al fin era la ayuda que ella tenía.
La afligen los apuros. Llora, temiendo
las estrecheces de antes, ¡Y con qué pena!
Piensa en el hijo ausente que está cumpliendo
los tres años, tan largos, de su condena
La crítica se muestra muy indulgente:
Las personas han sido mejor tratadas
que otras veces, sintiendo, naturalmente,
que hayan habido algunas bromas pesadas
En cuanto a las muchachas ¡Con unos aires!
Como si trabajasen de señoritas
¡Han dejado la fama de sus desaires
llenas de pretensiones las pobrecitas!
Sin entrar en detalles sobre el odioso
golpe de circunstancias, alguien se queja
preguntando a los hombres quién fue el gracioso
que se llevó a los novios de la bandeja.
En el patio, dos mozos arman cuestiones,
y sin ninguna clase de miramientos
se dirigen airadas reconvenciones,
resabios de distantes resentimientos
Como el guapo es amigo de evitar toda
provocación que aleje la concurrencia,
ha ordenado que apenas les sirvan soda
a los que ya borrachos buscan pendencia.
Y, previendo la bronca, después del gesto
único en él, declara que aunque le cueste
ir de nuevo a la cárcel, se halla dispuesto
a darle un par de hachazos al que proteste
Y en medio del bullicio, que pronto cesa,
las guitarras anuncian estar cercano
el aguardado instante de la sorpresa
preparada en secreto desde temprano
Que, deseosos de aplausos y de medirse
de nuevo, recordando sus anteriores
tenaces contrapuntos sin definirse,
van a verse las caras dos payadores.
Evaristo Carriego
El Casamiento
del montón de curiosos que han hecho rueda
esperando a los novios, vuelve el agente
a disolver los grupos de la vereda.
Que después del desorden que hace un momento
se produjo, interviene de rato en rato:
cada cinco minutos cae el sargento
y, con razón, no quiere pagar el pato
En la acera de enfrente varias chismosas
que se hallan al tanto de lo que pasa,
aseguran que para ver ciertas cosas
mucho mejor sería quedarse en casa.
Alejadas del cara de presidiario
que sugiere torpezas, unas vecinas
pretenden que ese sucio vocabulario
no debieran oírlo las chiquilinas.
Aunque tal acontece todo es posible,
sacando consecuencias poco oportunas,
lamenta una insidiosa la incomprensible
suerte que, por desgracia, tienen algunas
Y no es el primer caso Si bien le extraña
que haya salido un zonzo pues en enero
del año que transcurre, si no se engaña,
dio que hablar con el hijo del carnicero.
Con los coches que asoman, la gritería
de los muchachos dicen las intenciones
del común movimiento de simpatía
traducido en ruidosas demostraciones.
Una vez dentro, es claro, no se comenta
sino la ceremonia muy festejada,
bien que por otra parte les impacienta
el reciente bochinche de la llegada.
Como los retardados no han sido tantos
y sobran bailarines en ese instante,
se va a empezar la cosa, salvo unos cuantos,
que se reservan para más adelante.
El tío de la novia, que se ha creído
obligado a fijarse si el baile toma
buen carácter, afirma, medio ofendido,
que no se admiten cortes, ni aún en broma.
Que, la modestia a un lado, no se la pega
ninguno de esos vivos seguramente.
La casa será pobre, nadie lo niega:
todo lo que se quiera, pero decente.
Y continuando, entonces, del mismo modo
prohibe formalmente los apretones:
compromisos, historias y, sobre todo,
conversar sin testigos en los rincones.
La polka de la silla dará motivo
a serios incidentes, nada improbables:
nunca falta un rechazo despreciativo
que acarrea disgustos irremediables.
Ahora, casualmente, se ha levantado
indignada la prima del guitarrero,
por el doble sentido, mal arreglado,
del piropo guarango del compañero.
La discusión acaba con las violentas
porfías del padrino, que se resiste
a las observaciones de las parientas
que le impiden que haga papel tan triste
El vigilante amigo, que en la parada
cumpliendo la consigna diaria se aburre,
dice que de regreso de una llamada
vino a echar su vistazo, por si algo ocurre
Como es inexplicable que se permitan
horrores que no deben ser achacados
a los íntimos, varios padres le invitan
a proceder en forma con los colados.
En el comedor, donde se bebe a gusto,
casi lamenta el novio que no se pueda
correr la de costumbre pues, y esto es justo,
la familia le pide que no se exceda.
Y lo que es él, ahora tiene derecho
a desdeñar, sin duda, las perrerías
de aquellos envidiosos, cuyo despecho
fuera causa de tales habladurías
Respecto de aquel otro desengañado,
es opinión de muchos en verdad cabe
suponer que, si es cierto que anda tomado,
comete una locura de las que él sabe.
La madrina, a quien eso no le parece
sino una soberana maldad, se encarga
de chantarle unas frescas, según merece
ese desocupado tan lengua larga
Entre los invitados, una comadre
narra cómo ha podido venirse sola:
¡Se le antojó a su chico seguir al padre
a traer la familia de don Nicola!
¿Su cuñada? ¡Qué cambio! Parece cuento,
siempre encuentra disculpas, y hasta le ruega
no insistir, pretextando su retraimiento
desde que la hermanita se quedó ciega.
Las mujeres distraen, de cuando en cuando,
a la vieja que anoche, no más, reía
fingiéndose conforme pero dudando:
al fin era la ayuda que ella tenía.
La afligen los apuros. Llora, temiendo
las estrecheces de antes, ¡Y con qué pena!
Piensa en el hijo ausente que está cumpliendo
los tres años, tan largos, de su condena
La crítica se muestra muy indulgente:
Las personas han sido mejor tratadas
que otras veces, sintiendo, naturalmente,
que hayan habido algunas bromas pesadas
En cuanto a las muchachas ¡Con unos aires!
Como si trabajasen de señoritas
¡Han dejado la fama de sus desaires
llenas de pretensiones las pobrecitas!
Sin entrar en detalles sobre el odioso
golpe de circunstancias, alguien se queja
preguntando a los hombres quién fue el gracioso
que se llevó a los novios de la bandeja.
En el patio, dos mozos arman cuestiones,
y sin ninguna clase de miramientos
se dirigen airadas reconvenciones,
resabios de distantes resentimientos
Como el guapo es amigo de evitar toda
provocación que aleje la concurrencia,
ha ordenado que apenas les sirvan soda
a los que ya borrachos buscan pendencia.
Y, previendo la bronca, después del gesto
único en él, declara que aunque le cueste
ir de nuevo a la cárcel, se halla dispuesto
a darle un par de hachazos al que proteste
Y en medio del bullicio, que pronto cesa,
las guitarras anuncian estar cercano
el aguardado instante de la sorpresa
preparada en secreto desde temprano
Que, deseosos de aplausos y de medirse
de nuevo, recordando sus anteriores
tenaces contrapuntos sin definirse,
van a verse las caras dos payadores.
Evaristo Carriego
El Suicidio De Esta Mañana
pasar, pues andan sueltos los pisotones
que han promovido algunas serias cuestiones
entre los ocupantes de la vereda.
En la puerta, un travieso chico remeda
la jerga de un vecino que a manotones
logró llegar al grupo de los mirones
que, una vez en el patio, formaran rueda.
Una buena comadre, casi afligida,
cuenta a una costurera muy vivaracha
que, a estar a lo que dicen, era el suicida
un borracho perdido, según oyó
el marido de aquella pobre muchacha
que a fines de este otoño lo abandonó.
Evaristo Carriego
El Silencioso Que Va A La Trastienda
que, de la alegre rueda casi siempre apartado,
se pasa así las horas muertas, con el sombrero
sobre la pensativa frente medio inclinado.
Sin asegurar nada, dice el almacenero
que, por momentos, muchas veces le ha preocupado
ver con qué aire tan raro se queda el compañero
contemplando la copa que apenas ha probado.
Como a las indirectas se hace el desentendido,
el otro día el mozo, que es un entrometido,
y de lo más cargoso que se pueda pedir,
se acercó a preguntarle no sabe qué zoncera
y le clavó los ojos, pero de una manera
que tuvo que alejarse sin volver a insistir.
Evaristo Carriego
La Francesita Que Hoy Salió A Tomar El Sol
¡Estuvo tan enferma recientemente!
Caminando deprisa por la asoleada
vereda, va la rubia convaleciente
que, con rumbo a Palermo dobló hacia el Norte.
¡Salud, la linda rubia: cara traviesa,
gesto de ¡Viva Francia!, Y airoso el porte:
como que para eso nació francesa!
¿Será el desconocido que va delante
o es la gracia burlona con que camina
que ahuyentó aquel capricho sentimental?
¡Adiós los ojos tristes del estudiante
que vio junto a la cama de su vecina
en la tarde de un jueves del hospital!