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Belleza

Carolina Coronado

Carolina Coronado

A La Soledad

Al fin hallo en tu calma
si no el que ya perdí contento mío,
si no entero del alma
el noble señorío,
blando reposo a mi penar tardío.

Al fin en tu sosiego,
amiga soledad, tan suspirado,
el encendido fuego
de un pecho enamorado
resplandece más dulce y más templado.

Y al fin si con mi llanto
quiero aplacar ¡ay triste! los enojos
del íntimo quebranto,
no me dará sonrojos
el continuo mirar de tantos ojos.

Danme, sí, tierno alivio
la soledad del campo y su belleza,
y va el dolor más tibio
su ardiente fortaleza
convirtiendo en pacífica tristeza.

Plácenme los colores
que al bosque dan las luces matutinas:
alégranme las flores,
las risueñas colinas
y las fuentes que bullen cristalinas.

Y pláceme del monte
la grave majestad que en las llanadas
como pardo horizonte
de nubes agolpadas,
deja ver sus encinas agrupadas.

Allí con triste ruido
de las sonoras tórtolas, en tanto
que posan en el nido
bajo calado manto,
de una a otra encina se responde el canto.—

—Tal vez mis pasos guío
por los sombrosos valles, escuchando
al caminante río,
que con acento blando
se va por los juncares lamentando.

Ya entonces descendiendo
de su altura va el sol, cansada y fría
claridad esparciendo,
y a poco entre armonía
cierra sus ojos el señor del día.

Y los míos acaso
alguna vez, del sueño sorprendidos,
dejaron que en su ocaso
pararan confundidos
afanes del espíritu y sentidos.

Si sola y retirada,
aún me entristece más noche sombría,
la luna con rosada
faz, por oculta vía
sale a hacerme amorosa compañía.

Y al fin hallo en tu calma,
¡Oh soledad! si no el contento mío,
si no entero del alma
el dulce señorío,
blando reposo a mi penar tardío.
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Antonio Plaza Llamas

Antonio Plaza Llamas

Lágrimas Y Flores

Soy el coplero cuyo cinismo
ha muchos años que celebró
en el estruendo de las orgías,
los funerales de corazón.

Mi cráneo, que antes se enardeciera
de los sueños con el calor,
de lindos sueños está despierto,
porque no es cierto lo que soñó.

Entre los sueños encantadores
estaba oculta la decepción,
y el desencanto con mueca horrible
vino a burlarse de mi candor.

Soberbio entonces bajé al infierno
de infame crápula que me abrasó
y con sonrisa mefistofélica
a las virtudes les di mi adiós.

Al ver que huyeron mis esperanzas,
lleno de ira me dije: "¡oh!,
las esperanzas son ilusiones,
las ilusiones mentiras son"

Y con mi tedio de condenado,
con la amargura que da el dolor,
en malos versos le doy al mundo
la horrible presa de que me harto.

Qué rencoroso pulso mi lira,
lira tan negra como el carbón,
y en cada nota que de ella salta,
se oye el ruido que da el rencór.

Cantor histérico del torpe vicio,
busco en el vicio la inspiración;
y a las virtudes y a las bellezas
jamás, Virginia, les canto yo.

Pero a ti, joven, que eres tan pura
como el aliento de linda flor,
te doy un canto, yo que en el dado
perdí las flores del corazón.

Eres tú, virgen, llena de gracia,
porque de gracia Dios te formó;
tienes tus ojos color de cielo,
tienes las trenzas color del sol.

Tienes un tipo muy elegante,
cuerpo de reina, dulce la voz,
y tu epidermis es fina y blanca
más que la nieve del Septentrión.

Cuando en tus labios, al conocerte,
vi una sonrisa, me pareció
tu dentadura nido de perlas
entre una rosa de Jericó.

Ángel sin alas, que descendiente
de la sagrada linda región,
por ti los cielos vistieron luto,
por ti la tierra se engalanó.

Eres más bella que la esperanza,
más vaporosa que la ilusión;
y donde pones tu pie pequeño,
pones sus labios el casto amor.

Eres la reina de las hermosas,
porque natura te concedió
tantos hechizos como cabellos
tienen tus trenzas color del sol.

Eres más noble que el sacrificio;
interesante más que el pudor;
envidia causas a las mujeres;
pero a los hombres admiración.

Por eso, niña, cuando te canto
mis ilusiones, llorando estoy...
perdona, virgen, si mis cantares
de tus cantos indignos son.

Para cantarte cual tú mereces,
preciosa rubia quisiera yo
subir al cielo, robar su lira
al increado poeta Dios.
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