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Matrimonio

Ramón López Velarde

Ramón López Velarde

Mario Benedetti

Mario Benedetti

Bodas De Perlas

Después de todo qué complicado es el amor breve

y en cambio qué sencillo el largo amor

digamos que éste no precisa barricadas

contra el tiempo ni contra el destiempo

ni se enreda en fervores a plazo fijo


el amor breve aún en aquellos tramos

en que ignora su proverbial urgencia

siempre guarda o esconde o disimula

semiadioses que anuncian la invasión del olvido

en cambio el largo amor no tiene cismas

ni soluciones de continuidad

más bien continuidad de soluciones


esto viene ligado a una historia la nuestra

quiero decir de mi mujer y mía

historia que hizo escala en treinta marzos

que a esta altura son como treinta puentes

como treinta provincias de la misma memoria

porque cada época de un largo amor

cada capítulo de una consecuente pareja

es una región con sus propios árboles y ecos

sus propios descampados sus tibias contraseñas


he aquí que mi mujer y yo somos lo que se llama

una pareja corriente y por tanto despareja

treinta años incluidos los ocho bisiestos

de vida en común y en extraordinario


alguien me informa que son bodas de perlas

y acaso lo sean ya que perla es secreto

y es brillo llanto fiesta hondura

y otras alegorías que aquí vienen de perlas


cuando la conocí

tenía apenas doce años y negras trenzas

y un perro atorrante

que a todos nos servía de felpudo

yo tenía catorce y ni siquiera perro

calculé mentalmente futuro y arrecifes

y supe que me estaba destinada

mejor dicho que yo era el destinado

todavía no se cuál es la diferencia


así y todo tardé seis años en decírselo

y ella un minuto y medio en aceptarlo


pasé una temporada en buenos aires

y le escribía poemas o pancartas de amor

que ella ni siquiera comentaba en contra

y yo sin advertir la grave situación

cada vez escribía más poemas más pancartas

realmente fue una época difícil


menos mal que decidí regresar

como un novio pródigo cualquiera

el hermano tenía bicicleta

claro me la prestó y en rapto de coraje

salí en bajada por la calle almería

ah lamentablemente el regreso era en repecho


ella me estaba esperando muy atenta

cansado como un perro aunque enhiesto y altivo

bajé de aquel siniestro rodado y de pronto

me desmayé en sus brazos providenciales

y aunque no se ha repuesto aún de la sorpresa

juro que no lo hice con premeditación


por entonces su madre nos vigilaba

desde las más increíbles atalayas

yo me sentía cancerbado y miserable

delincuente casi delicuescente


claro eran otros tiempos y montevideo

era una linda ciudad provinciana

sin capital a la que referirse

y con ese trauma no hay terapia posible

eso deja huellas en las plazoletas


era tan provinciana que el presidente

andaba sin capangas y hasta sin ministros


uno podía encontrarlo en un café

o comprándose corbatas en una tienda

la prensa extranjera destacaba ese rasgo

comparándonos con suiza y costa rica


siempre estábamos llenos de exilados

así se escribía en tiempos suaves

ahora en cambio somos exiliados

pero la diferencia no reside en la i


eran bolivianos paraguayos cariocas

y sobre todo eran porteños

a nosotros nos daba mucha pena

verlos en la calle nostalgiosos y pobres

vendiéndonos recuerdos y empanadas


es claro son antiguas coyunturas

sin embargo señalo a lectores muy jóvenes

que graham bell ya había inventado el teléfono

de aquí que yo me instalara puntualmente a las seis

en la cervecería de la calle yatay

y desde allí hacía mi llamada de novio

que me llevaba como media hora


a tal punto era insólito mi lungo metraje

que ciertos parroquianos rompebolas

me gritaban cachádome al unísono

dale anclao en parís


como ven el amor era dura faena

y en algunas vergüenzas

casi insdustria insalubre


para colmo comí abundantísima lechuga

que nadie había desinfectado con carrel

en resumidas cuentas contraje el tifus

no exactamente el exantemático

pero igual de alarmante y podrido

me daban agua de apio y jugo de sandía

yo por las dudas me dejé la barba

e impresionaba mucho a las visitas


una tarde ella vino hasta mi casa

y tuvo un proceder no tradicional

casi diría prohibido y antihigiénico

que a mi me pareció conmovedor

besó mis labios tíficos y cuarteados

conquistándome entonces para siempre

ya que hasta ese momento no creía

que ella fuese tierna inconsciente y osada


de modo que no bien logré recuperar

los catorce kilos perdidos en la fiebre

me afeité la barba que no era de apóstol

sino de bichicome o de ciruja

me dediqué a ahorrar y junté dos mil mangos

cuando el dólar estaba me parece a uno ochenta


además decidimos nuestras vocaciones

quiero decir vocaciones rentables

ella se hizo aduanera y yo taquígrafo


íbamos a casarnos por la iglesia

y no tanto por dios padre y mayúsculo

como por el minúsculo jesús entre ladrones

con quien siempre me sentí solidario

pero el cura además de católico apostólico

era también romano y algo tronco

de ahí que exigiera no sé qué boleta

de bautismo o tal vez de nacimiento


si de algo estoy seguro es que he nacido

por lo tanto nos mudamos a otra iglesia

donde un simpático pastor luterano

que no jodía con los documentos

sucintamente nos casó y nosotros

dijimos sí como dándonos ánimo

y en la foto salimos espantosos


nuestra luna y su miel se llevaron a cabo

con una praxis semejante a la de hoy

ya que la humanidad ha innovado poco

en este punto realmente cardinal


fue allá por marzo del cuarenta y seis

meses después que daddy truman

conmovido generoso sensible expeditivo

convirtiera a hiroshima en ciudad cadáver

en inmóvil guiñapo en no ciudad


muy poco antes o muy poco después

en brasil adolphe berk embajador de usa

apoyaba qué raro el golpe contra vargas

en honduras las inversiones yanquis

ascendían a trescientos millones de dólares

paraguay y uruguay en intrépido ay

declaraban la guerra a alemania

sin provocar por cierto grandes conmociones

en chile allende era elegido senador

y en haití los estudiantes iban a la huelga

en martinica aimé cesaire el poeta

pasaba a ser alcalde en fort de france

en santo domingo el PCD

se transformaba en PSP

y en méxico el PRM

se transformaba en PRI

en bolivia no hubo cambios de siglas

pero faltaban tres meses solamente

para que lo colgaran a villarroel

argentina empezaba a generalizar

y casi de inmediato a coronelizar


nosotros dos nos fuimos a colonia suiza

ajenos al destino que se incubaba

ella con un chaleco verde que siempre me gustó

y yo con tres camisas blancas


en fin después hubo que trabajar

y trabajamos treinta años

al principio éramos jóvenes pero no lo sabíamos

cuando nos dimos cuenta ya no éramos jóvenes

si ahora todo parece tan remoto será

porque allí una familia era algo importante

y hoy es de una importancia reventada


cuando quisimos acordar el paisito

que había vivido una paz no ganada

empezó lentamente a trepidar

pero antes anduvimos muy campantes

por otras paces y trepidaciones

combinábamos las idas y las vueltas

la rutina nacional con la morriña allá lejos

viajamos tanto y con tantos rumbos

que nos cruzábamos con nosotros mismos

unos eran viajes de imaginación qué baratos

y otros qué lata con pasaporte y vacuna


miro nuestras fotos de venecia de innsbruck

y también de malvín

del balneario solís o el philosophenweg

estábamos estamos estaremos juntos

pero cómo ha cambiado el alrededor

no me refiero al fondo con mugrientos canales

ni al de dunas limpias y solitarias

ni al hotel chajá ni al balcón de goethe

ni al contorno de muros y enredaderas

sino a los ojos crueles que nos miran ahora


algo ocurrió en nuestra partícula de mundo

que hizo de algunos hombres maquinarias de horror

estábamos estamos estaremos juntos

pero qué rodeados de ausencias y mutaciones

qué malheridos de sangre hermana

qué enceguecidos por la hoguera maldita


ahora nuestro amor tiene como el de todos

inevitables zonas de tristeza y presagios

paréntesis de miedo incorregibles lejanías

culpas que quisiéramos inventar de una vez

para liquidarlas definitivamente


la conocida sombra de nuestros cuerpos

ya no acaba en nosotros

sigue por cualquier suelo cualquier orilla

hasta alcanzar lo real escandaloso

y lamer con lealtad los restos de silencio

que también integran nuestro largo amor


hasta las menudencias cotidianas

se vuelven gigantescos promontorios

la suma de corazón y corazón

es una suasoria paz que quema

los labios empiezan a moverse

detrás del doble cristal sordomudo

por eso estoy obligado a imaginar

lo que ella imagina y viceversa


estábamos estamos estaremos juntos

a pedazos a ratos a párpados a sueños

soledad norte más soledad sur

para tomarle una mano nada más

ese primario gesto de la pareja

debí extender mi brazo por encima

de un continente intrincado y vastísimo

y es difícil no sólo porque mi brazo es corto

siempre tienen que ajustarme las mangas

sino porque debo pasar estirándome

sobre las torres de petróleo en maracaibo

los inocentes cocodrilos del amazonas

los tiras orientales de livramento


es cierto que treinta años de oleaje

nos dan un inconfundible aire salitroso

y gracias a él nos reconocemos

por encima de acechanzas y destrucciones


la vida íntima de dos

esa historia mundial en livre de poche

es tal vez un cantar de los cantares

más el eclesiastés y sin apocalipsis

una extraña geografía con torrentes

ensenadas praderas y calmas chichas


no podemos quejarnos

en treinta años la vida

nos ha llevado recio y traído suave

nos ha tenido tan pero tan ocupados

que siempre nos deja algo para descubrirnos

a veces nos separa y nos necesitamos

cuando uno necesita se siente vivo

entonces nos acerca y nos necesitamos


es bueno tener a mi mujer aquí

aunque estemos silenciosos y sin mirarnos

ella leyendo su séptimo círculo

y adivinando siempre quién es el asesino

yo escuchando noticias de onda corta

con el auricular para no molestarla

y sabiendo también quién es el asesino


la vida de pareja en treinta años

es una colección inimitable

de tangos diccionarios angustias mejorías

aeropuertos camas recompensas condenas

pero siempre hay un llanto finísimo

casi un hilo que nos atraviesa

y va enhebrando una estación con otra

borda aplazamientos y triunfos

le cose los botones al desorden

y hasta recomienda melancolías


siempre hay un finísimo llanto un placer

que a veces ni siquiera tiene lágrimas

y es la parábola de esta historia mixta

la vida a cuatro manos el desvelo

o la alegría en que nos apoyamos

cada vez más seguros casi como

dos equilibristas sobre su alambre

de otro modo no habríamos llegado a saber

qué significa el brindis que ahora sigue

y que lógicamente no vamos a hacer público
1.363
Lope de Vega

Lope de Vega

Por Las Riberas Famosas

Por las riberas famosas
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,

alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.

Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,

zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,

sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.

Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.

Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
402
Gaspar Melchor de Jovellanos

Gaspar Melchor de Jovellanos

(sátira Primera) A Arnesto

Quis tam patiens ut teneat se?
(JUVENAL)


Déjame, Arnesto, déjame que llore

los fieros males de mi patria, deja

que su ruïna y perdición lamente;

y si no quieres que en el centro obscuro

de esta prisión la pena me consuma,

déjame al menos que levante el grito

contra el desorden; deja que a la tinta

mezclando hiel y acíbar, siga indócil

mi pluma el vuelo del bufón de Aquino.

¡Oh cuánto rostro veo a mi censura

de palidez y de rubor cubierto!

Ánimo, amigos, nadie tema, nadie,

su punzante aguijón, que yo persigo

en mi sátira al vicio, no al vicioso.

¿Y qué querrá decir que en algún verso,

encrespada la bilis, tire un rasgo

que el vulgo crea que señala a Alcinda,

la que olvidando su orgullosa suerte,

baja vestida al Prado, cual pudiera

una maja, con trueno y rascamoño

alta la ropa, erguida la caramba,

cubierta de un cendal más transparente

que su intención, a ojeadas y meneos

la turba de los tontos concitando?

¿Podrá sentir que un dedo malicioso,

apuntando este verso, la señale?

Ya la notoriedad es el más noble

atributo del vicio, y nuestras Julias,

más que ser malas, quieren parecerlo.

Hubo un tiempo en que andaba la modestia

dorando los delitos; hubo un tiempo

en que el recato tímido cubría

la fealdad del vicio; pero huyóse

el pudor a vivir en las cabañas.

Con él huyeron los dichosos días,

que ya no volverán; huyó aquel siglo

en que aun las necias burlas de un marido

las Bascuñanas crédulas tragaban;

mas hoy Alcinda desayuna al suyo

con ruedas de molino; triunfa, gasta,

pasa saltando las eternas noches

del crudo enero, y cuando el sol tardío

rompe el oriente, admírala golpeando,

cual si fuese una extraña, al propio quicio.

Entra barriendo con la undosa falda

la alfombra; aquí y allí cintas y plumas

del enorme tocado siembra, y sigue

con débil paso soñolienta y mustia,

yendo aún Fabio de su mano asido,

hasta la alcoba, donde a pierna suelta

ronca el cornudo y sueña que es dichoso.

Ni el sudor frío, ni el hedor, ni el rancio

eructo le perturban. A su hora

despierta el necio; silencioso deja

la profanada holanda, y guarda atento

a su asesina el sueño mal seguro.

¡Cuántas, oh Alcinda, a la coyunda uncidas

tu suerte envidian! ¡Cuántas de Himeneo

buscan el yugo por lograr tu suerte,

y sin que invoquen la razón, ni pese

su corazón los méritos del novio,

el sí pronuncian y la mano alargan

al primero que llega! ¡Qué de males

esta maldita ceguedad no aborta!

Veo apagadas las nupciales teas

por la discordia con infame soplo

al pie del mismo altar, y en el tumulto,

brindis y vivas de la tornaboda,

una indiscreta lágrima predice

guerras y oprobrios a los mal unidos.

Veo por mano temeraria roto

el velo conyugal, y que corriendo

con la impudente frente levantada,

va el adulterio de una casa en otra.

Zumba, festeja, ríe, y descarado

canta sus triunfos, que tal vez celebra

un necio esposo, y tal del hombre honrado

hieren con dardo penetrante el pecho,

su vida abrevian, y en la negra tumba

su error, su afrenta y su despecho esconden.

¡Oh viles almas! ¡Oh virtud! ¡Oh leyes!

¡Oh pundonor mortífero! ¿Qué causa

te hizo fiar a guardas tan infieles

tan preciado tesoro? ¿Quién, oh Temis,

tu brazo sobornó? Le mueves cruda

contra las tristes víctimas, que arrastra

la desnudez o el desamparo al vicio;

contra la débil huérfana, del hambre

y del oro acosada, o al halago,

la seducción y el tierno amor rendida;

la expilas, la deshonras, la condenas

a incierta y dura reclusión. ¡Y en tanto

ves indolente en los dorados techos

cobijado el desorden, o le sufres

salir en triunfo por las anchas plazas,

la virtud y el honor escarneciendo!

¡Oh infamia! ¡Oh siglo! ¡Oh corrupción! Matronas

castellanas, ¿quién pudo vuestro claro

pundonor eclipsar? ¿Quién de Lucrecias

en Lais os volvió? ¿Ni el proceloso

océano, ni lleno de peligros,

el Lilibeo, ni las arduas cumbres

de Pirene pudieron guareceros

de contagio fatal? Zarpa, preñada

de oro, la nao gaditana, aporta

a las orillas gálicas, y vuelve

llena de objetos fútiles y vanos;

y entre los signos de extranjera pompa

ponzoña esconde y corrupción, compradas

con el sudor de las iberas frentes.

Y tú, mísera España, tú la esperas

sobre la playa, y con afán recoges

la pestilente carga y la repartes

alegre entre tus hijos. Viles plumas,

gasas y cintas, flores y penachos,

te trae en cambio de la sangre tuya,

de tu sangre ¡oh baldón! y acaso, acaso

de tu virtud y honestidad. Repara

cuál la liviana juventud los busca.

Mira cuál va con ellos engreída

la imprudente doncella; su cabeza,

cual nave real en triunfo empavesada,

vana presenta del favonio al soplo

la mies de plumas y de agrones y anda

loca, buscando en la lisonja el premio

de su indiscreto afán. ¡Ay triste, guarte,

guarte, que está cercano el precipicio!

El astuto amador ya en asechanza

te atisba y sigue con lascivos ojos;

la educación y la caricia el lazo

te van a armar, do caerás incauta,

en él tu oprobrio y perdición hallando.

¡Ay, cuánto, cuánto de amargura y lloro

te costarán tus galas! ¡Cuán tardío

será y estéril tu arrepentimiento!

Ya ni el rico Brasil, ni las cavernas

del nunca exhausto Potosí nos bastan

a saciar el hidrópico deseo,

la ansiosa sed de vanidad y pompa.

Todo lo agotan: cuesta un sombrerillo

lo que antes un estado; y se consume

en un festín la dote de una infanta.

Todo lo tragan; la riqueza unida

va a la indigencia; pide y pordiosea

el noble, engaña, empeña, malbarata,

quiebra y perece, y el logrero goza

los pingües patrimonios, premio un día

del generoso afán de altos abuelos.

¡Oh ultraje! ¡Oh mengua! Todo se trafica:

Parentesco, amistad, favor, influjo,

y hasta el honor, depósito sagrado,

o se vende o se compra. Y tú, Belleza,

don el más grato que dio al hombre el cielo,

no eres ya premio del valor, ni paga

del peregrino ingenio; la florida

juventud, la ternura, el rendimiento

del constante amador ya no te alcanzan.

Ya ni te das al corazón, ni sabes

de él recibir adoración y ofrendas.

Ríndeste al oro. La vejez hedionda,

la sucia palidez, la faz adusta,

fiera y terrible, con igual derecho

vienen sin susto a negociar contigo.

Daste al barato, y tu rosada frente,

tus suaves besos y sus dulces brazos,

corona un tiempo del amor más puro,

son ya una vil y torpe mercancía.


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