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Poemas en este tema

Creatividad e Inspiración

José Asunción Silva

José Asunción Silva

Sinfonía Color De Fresa Con Leche

SINFONÍA COLOR DE FRESA CON LECHE


A los colibríes decadentes


¡Rítmica Reina lírica! Con venusinos

cantos de sol y rosa, de mirra y laca

y polícromos cromos de tonos mil

oye los constelados versos mirrinos,

escúchame esta historia Rubendariaca,

de la Princesa verde y el paje Abril,


Rubio y sutil.

El bizantino esmalte do irisa el rayo

las purpuradas gemas; que enflora Junio

si Helios recorre el cielo de azul edén,

es lilial albura que esboza Mayo

en una noche diáfana de plenilunio

cuando las crisodinas nieblas se ven


¡A tutiplén!

En las vívidas márgenes que espuma el Cauca

áureo pico, ala ebúrnea, currucuquea

de sedeñas verduras bajo el dosel

do las perladas ondas se esfuma glauca

¿es paloma, es estrella o azul idea?...

Labra el emblema heráldico de áureo broquel


Róseo rondel.

Vibran sagradas liras que ensueña Psiquis

son argentados cisnes hadas y gnomos

y edenales olores, lirio y jazmín

y vuelan entelechias y tiquismiquis

de corales, tritones, memos y momos

del horizonte lírico nieve y carmín


Hasta el confín.

Liliales manos vírgenes al son aplauden

y se englaucan los líquidos y cabrillean

con medievales himnos al abedul,

desde arriba Orión, Venus, que Secchis lauden

miran como pupilas que cintillean

por los abismos húmedos del negro tul


Del cielo azul.

Tras de las cordilleras sombras, la blanca

Selene, entre las nubes ópalo y tetras

surge como argentífero tulipán

y por entre lo negro que se espernanca

huyen los bizantinos de nuestras letras

hasta el Babel Bizancio, do llegarán


Con grande afán.

¡Rítmica Reina lírica! Con venusinos

cantos de sol y rosa, de mirra y laca

y polícromos cromos de tonos mil,

éstos son los caóticos versos mirrinos

ésta es la descendencia, Rubendariaca,

de la Princesa verde y el paje Abril,


¡Rubio y sutil!



Benjamín Bibelot Ramírez.

Bogotá, 6 de marzo de 1894

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José Asunción Silva

José Asunción Silva

Un Poema

Soñaba en ese entonces en forjar un poema,
de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema,

escogí entre un asunto grotesco y otro trágico
llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico

Y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
juntándose en las sombras, huyéndose y buscándose,

ritmos sonoros, ritmos potentes, ritmos graves,
unos cual choques de armas, otros cual cantos de aves,

de Oriente hasta Occidente, desde el Sur hasta el Norte
de metros y de formas se presentó la corte.

Tascando frenos áureos bajo las riendas frágiles
cruzaron los tercetos, como corceles ágiles
abriéndose ancho paso por entre aquella grey
vestido de oro y púrpura llegó el soneto rey,

y allí cantaron todos... Entre la algarabía,
me fascinó el espíritu, por su coquetería
alguna estrofa aguda que excitó mi deseo,
con el retintín claro de su campanilleo.

Y la escogí entre todas... Por regalo nupcial
le di unas rimas ricas, de plata y de cristal.

En ella conté un cuento, que huyendo lo servil
tomó un carácter trágico, fantástico y sutil,

era la historia triste, desprestigiada y cierta
de una mujer hermosa, idolatrada y muerta,

y para que sintieran la amargura, exprofeso
junté sílabas dulces como el sabor de un beso,

bordé las frases de oro, les di música extraña
como de mandolinas que un laúd acompaña,

dejé en una luz vaga las hondas lejanías
llenas de nieblas húmedas y de melancolías

y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta,
cruzan ágiles máscaras al compás de la orquesta,

envueltas en palabras que ocultan como un velo,
y con caretas negras de raso y terciopelo,

cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones
de sentimientos místicos y humanas tentaciones...

Complacido en mis versos, con orgullo de artista,
les di olor de heliotropos y color de amatista...

Le mostré mi poema a un crítico estupendo...
Y lo leyó seis veces y me dijo... «¡No entiendo!».
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Gerardo Diego

Gerardo Diego

Continuidad

Las campanas en flor no se han hecho para los senos de oficina
ni el tallo esbelto de los lápices remata en cáliz de
condescendencia
La presencia de la muerte
se hace cristal de roca discreta
para no estorbar el intenso olor a envidia joven
que exhalan los impermeables

Y yo quiero romper a hablar a hablar
en palabras de nobles agujeros dominó del destino
Yo quiero hacer del eterno futuro
un limpio solo de clarinete con opción al aplauso
que salga y entre libremente por mis intersticios de amor y de odio
que se prolongue en el aire y más allá del aire
con intenso reflejo en jaspe de conciencias

Ahora que van a caer oblicuamente
las últimas escamas de los llantos errantes
ahora que puedo descorrer la lluvia
y sorprender el beso tiernísimo de las hojas y el buen tiempo
ahora que las miradas de hembra y macho
chocan sonoramente y se hacen trizas
mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo
dejadme salir en busca de mis guantes
perdidos en un desmayo de cielo acostumbrado a mudar de pechera

La vida es favorable al viento
y el viento propicio al claro ascendiente de los frascos de esencia
y a la iluminación transversal de mis dedos
Un álbum de palomas rumoroso a efemérides
me persuade al empleo selecto de las uñas bruñidas
Transparencia o reflejo
el amor diafaniza y viaja sin billete
de alma a alma o de cuerpo a cuerpo
según todas las reglas que la mecánica canta

Ciertamente las campanas maduras no saben que se cierran como los senos
de oficina
cuando cae el relente
ni el tallo erguido de los lápices comprende que ha llegado
el momento de coronarse de gloria
Pero yo sí lo sé y porque lo sé lo canto ardientemente
Los dioses los dioses miradlos han vuelto sin una sola cicatriz en
la frente
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Gerardo Diego

Gerardo Diego

Valle Vallejo

Albert Samain diría Vallejo dice
Gerardo Diego enmudecido dirá mañana
y por una sola vez Piedra de estupor
y madera dulce de establo querido amigo
hermano en la persecución gemela de los
sombreros desprendidos por la velocidad de los astros

Piedra de estupor y madera noble de establo
constituyen tu temeraria materia prima
anterior a los decretos del péndulo y a la
creación secular de las golondrinas
Naciste en un cementerio de palabras
una noche en que los esqueletos de todos los verbos intransitivos
proclamaban la huelga del te quiero para siempre siempre siempre
una noche en que la luna lloraba y reía y lloraba
y volvía a reír y a llorar
jugándose a sí misma a cara o cruz
Y salió cara y tú viviste entre nosotros

Desde aquella noche muchas palabras apenas nacidas fallecieron repentinamente
tales como Caricia Quizás Categoría Cuñado Cataclismo
Y otras nunca jamás oídas se alumbraron sobre la tierra,
así como Madre Mira Moribundo Melquisedec Milagro
y todas las terminadas en un rabo inocente

Vallejo tú vives rodeado de pájaros a gatas
en un mundo que está muerto requetemuerto y podrido
Vives tú con tus palabras muertas y vivas
Y gracias a que tú vives nosotros desahuciados acertamos a levantar
los párpados
para ver el mundo tu mundo con la mula y
el hombre guillermosceundario y la tiernísima niña y
los cuchillos que duelen en el paladar
Porque el mundo existe y tú existes y nosotros probablemente
terminaremos por existir
si tú te empeñas y cantas y voceas
en tu valiente valle Vallejo
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Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Iii

Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.

Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.

Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul.

Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.

Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.

Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.

Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.

Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiración.

Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer.

Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel.

Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenít.

Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir.

Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás.

Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal.

Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción.

Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga,
oasis que al espíritu
devuelve su vigor...
Tal es nuestra razón.

Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.
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Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Letrilla Satírica

Flor que cantas, Flor que vuelas,
Y tienes por facistol
El laurel, ¿para qué al Sol,
Con tan sonoras cautelas,
Le madrugas y desvelas?
Digasmé,
Dulce jilguero, ¿por qué?

Dime, Cantor Ramillete,
Lira de pluma volante,
Silbo alado y elegante
Que en el rizado copete
Luces flor, suenas falsete,
¿Por qué cantas con porfía
Envidias que llora el día
Con lágrimas de la Aurora,
Si en la risa de Lidora
Su amanecer desconsuelas?
Flor que cantas, Flor que vuelas,
Y tienes por facistol
El laurel, ¿para qué al Sol,
Con tan sonoras cautelas,
Le madrugas y desvelas?
Digasmé,
Dulce jilguero, ¿por qué?

En un átomo de pluma
¿Cómo tal concento cabe?
¿Cómo se esconde en una ave
Cuanto el contrapunto suma?
¿Qué dolor hay que presuma
Tanto mal de su rigor
Que no suspenda el dolor
Al Iris breve que canta,
Llena tan chica garganta
De Orfeos y de Vihuelas?
Flor que cantas, Flor que vuelas,
Y tienes por facistol
El laurel, ¿para qué al Sol,
Con tan sonoras cautelas,
Le madrugas y desvelas?
Digasmé,
Dulce jilguero, ¿por qué?

Voz pintada, Canto alado,
Poco al ver, mucho al oído
¿Dónde tienes escondido
Tanto instrumento templado?
Recata de mi cuidado
Tus músicas y alegrías,
Que las malas compañías
Te volverán los cantares
En lágrimas y pesares,
Por más que a Sirena anhelas.
Flor que cantas, Flor que vuelas,
Y tienes por facistol
El laurel, ¿para qué al Sol,
Con tan sonoras cautelas,
Le madrugas y desvelas?
Digasmé,
Dulce jilguero, ¿por qué?
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