Ramón López Velarde fue un poeta mexicano, figura cumbre del modernismo y precursor de una profunda renovación de la lírica en su país. Su obra se caracteriza por una singular fusión de lo provinciano y lo cosmopolita, lo erótico y lo místico, lo nacional y lo universal. Su poesía, de gran sensibilidad y belleza formal, explora con intensidad las pasiones humanas, la identidad mexicana y la fugacidad del tiempo.
Considerado un poeta nacional por excelencia, López Velarde logró dar voz a las complejidades del alma mexicana, convirtiéndose en un referente indispensable de la literatura de México.
n. 1888-06-15, Jeréz·m. 1921-06-19, Cidade do México
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Suave Patria
Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.
Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.
Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.
Ramón López Velarde fue un destacado poeta mexicano. Nació el 15 de junio de 1888 en Jerez, Zacatecas, y falleció el 19 de junio de 1921 en la Ciudad de México. Es una figura clave del modernismo literario en México y un poeta considerado por muchos como el "poeta nacional".
Infancia y formación
Su infancia transcurrió en el ambiente provinciano y rural de Zacatecas, una experiencia que marcó profundamente su sensibilidad y su obra. Estudió en el Seminario Conciliar de Zacatecas y posteriormente en la Escuela de Jurisprudencia de la misma ciudad. Durante su formación, mostró una inclinación temprana por la literatura, cultivando la poesía y publicando sus primeros versos en revistas locales.
Trayectoria literaria
La trayectoria literaria de López Velarde, aunque truncada por su temprana muerte, fue de gran intensidad y significación. Se trasladó a la Ciudad de México en 1911, donde se integró en los círculos literarios de la capital y colaboró en importantes publicaciones de la época, como "Revista Moderna". Su obra evoluciona desde el modernismo de sus inicios hacia una voz más personal y nacionalista, que se aleja de los excesos retóricos del modernismo para anclar en la realidad mexicana.
Obra, estilo y características literarias
Su obra cumbre es "El son del corazón" (1915), donde explora temas como el amor, el erotismo, la religiosidad y la nostalgia por su tierra natal. Otro libro fundamental es "Zozobra" (1919), que profundiza en la complejidad de la identidad mexicana, la angustia existencial y la búsqueda de un sentido. Su estilo se caracteriza por una gran originalidad, una prosa poética rica en imágenes y metáforas, y un lenguaje que conjuga lo culto con lo coloquial, lo provinciano con lo cosmopolita. López Velarde es un maestro en el uso de la sinestesia y en la creación de atmósferas evocadoras. Su poesía es íntima, confesional y a la vez representativa de una nación. Se le asocia al modernismo tardío y a la búsqueda de una expresión literaria genuinamente mexicana.
Contexto cultural e histórico
López Velarde vivió la turbulenta época de la Revolución Mexicana, un contexto que, aunque no se refleja directamente en su obra con hechos concretos, sí influyó en la búsqueda de una identidad nacional y en la reflexión sobre el "ser mexicano". Su obra dialoga con la tradición literaria española pero busca una voz propia y distintiva para México.
Vida personal
Ramón López Velarde llevó una vida marcada por la sensibilidad, la introspección y, en ocasiones, la melancolía. Sus relaciones personales y amorosas, a menudo complejas y frustradas, se plasmaron en la intensidad erótica y sentimental de su poesía. Su conexión con su tierra natal, Zacatecas, fue una constante en su vida y obra, representando un refugio y una fuente de inspiración.
Reconocimiento y recepción
En vida, López Velarde fue reconocido por un círculo selecto de intelectuales y poetas, pero su verdadera dimensión como poeta nacional se consolidó póstumamente. Hoy es considerado uno de los pilares de la poesía mexicana del siglo XX, cuya obra sigue siendo objeto de estudio y admiración por su originalidad y profundidad.
Influencias y legado
Influenciado por poetas como Rubén Darío, pero también por la tradición lírica española, López Velarde legó una obra que sentó las bases para una poesía mexicana más arraigada y reflexiva. Su capacidad para fusionar lo local con lo universal, lo terrenal con lo espiritual, y su exploración de la identidad nacional, lo convierten en una figura ineludible en la historia de la literatura en español.
Interpretación y análisis crítico
La crítica ha destacado en López Velarde su habilidad para crear una poesía que es a la vez profundamente personal y representativa de México. Sus poemas son analizados por su riqueza simbólica, su complejidad emocional y su habilidad para capturar la esencia del alma mexicana.
Infancia y formación
Se dice que López Velarde era un hombre de hábitos tranquilos y reflexivos, que disfrutaba de la soledad y de la contemplación. Su amor por la provincia y su nostalgia por ella son elementos recurrentes en su vida y obra.
Muerte y memoria
Ramón López Velarde falleció en la Ciudad de México a causa de una neumonía, a la edad de 33 años. Su muerte prematura conmocionó al mundo literario y dejó un gran vacío en la poesía mexicana. Su legado perdura a través de sus obras, que continúan siendo leídas y celebradas como un reflejo de la identidad y la sensibilidad mexicana.
Poemas
131
Huérfano Quedará
Huérfano quedará mi corazón,
alma del alma, si te vas de ahí,
y para siempre lloraré por ti
enfermo de amorosa consunción.
Triste renuncio a las venturas todas
de tu suave y eterna compañía,
hoy que se apaga, con la dicha mía,
el altar que soñé para mis bodas.
Y el templo aquel de claridad incierta
y tú, como las vírgenes vestida,
brillarán en la noche de mi vida
como la luz de la esperanza muerta.
701
Suiza
SUIZA
Para Bohemio
Amanece: se iluminan
los vetustos Lepontinos,
los aldeanos llevan leche
en los jarros blanquecinos,
y en los aires se dispersan
de los pájaros los trinos.
Perezosos van remando
los ancianos gondoleros,
de las vacas se perciben
los mugidos lastimeros,
y las nieves se deshacen
en los viejos ventisqueros.
Las campánulas se mecen
de la brisa al tibio halago;
y derrama el sol naciente
que matiza el cielo vago,
un reguero de colores
en la clámide del lago.
RICARDO WENCER OLIVARES
943
Y Pensar Que Pudimos
Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa...
Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos...
Y pensar que pudimos
en una onda secreta
de embriaguez, deslizarnos,
valsando un vals sin fin, por el planeta...
Y pensar que pudimos,
al rendir la jornada,
desde la sosegada
sombra de tu portal y en una suave
conjunción de existencias,
ver las cintilaciones del Zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias...
470
A Un Imposible
Me arrancaré, mujer, el imposible
amor de melancólica plegaria,
y aunque se quede el alma solitaria
huirá la fe de mi pasión risible.
Iré muy lejos de tu vista grata
y morirás sin mi cariño tierno,
como en las noches del helado invierno
se extingue la llorosa serenata.
Entonces, al caer desfallecido
con el fardo de todos mis pesares,
guardaré los marchitos azahares
entre los pliegues del nupcial vestido.
517
Humildemente
HUMILDEMENTE
A mi madre y a mis hermanas
Cuando me sobrevenga
el cansancio del fin,
me iré, como la grulla
del refrán, a mi pueblo,
a arrodillarme entre
las rosas de la plaza,
los aros de los niños
y los flecos de seda de los tápalos.
A arrodillarme en medio
de una banqueta herbosa,
cuando sacramentando
al reloj de la torre,
de redondel de luto
y manecillas de oro,
al hombre y a la bestia,
al azar que embriaga
y a los rayos del sol,
aparece en su estufa el Divínisimo.
Abrazado a la luz
de la tarde que borda,
como el hilo de una
apostólica araña,
he de decir mi prez
humillada y humilde,
más que las herraduras
de las mansas acémilas
que conducen al Santo Sacramento.
«Te conozco, Señor,
aunque viajas de incógnito,
y a tu paso de aromas
me quedo sordomudo,
paralítico y ciego,
por gozar tu balsámica presencia.
»Tu carroza sonora
apaga repentina
el breve movimiento,
cual si fueran las calles
una juguetería
que se quedó sin cuerda.
»Mi prima, con la aguja
en alto, tras sus vidrios,
está inmóvil con un gesto de estatua.
»El cartero aldeano,
que trae nuevas del mundo,
se ha hincado en su valija.
»El húmedo corpiño
de Genoveva, puesto
a secar, ya no baila
arriba del tejado.
»La gallina y sus pollos
pintados de granizo
interrumpen su fábula.
»La frente de don Blas
petrificóse junto
a la hinchada baldosa
que agrietan las raíces de los fresnos.
»Las naranjas cesaron
de crecer, y yo apenas
si palpito a tus ojos
para poder vivir este minuto.
»Señor, mi temerario
corazón que buscaba
arrogantes quimeras,
se anonada y te grita
que yo soy tu juguete agradecido.
»Porque me acompasaste
en el pecho un imán
de figura de trébol
y apasionada tinta de amapola.
»Pero ese mismo imán
es humilde y oculto,
como el peine imantado
con que las señoritas
levantan alfileres
y electrizan su pelo en la penumbra.
»Señor, este juguete
de corazón de imán,
te ama y te confiesa
con el íntimo ardor
de la raíz que empuja
y agrieta las baldosas seculares.
»Todo está de rodillas
y en el polvo las frentes;
mi vida es la amapola
pasional, y su tallo
doblégase efusivo
para morir debajo de tus ruedas».
513
Me Estás Vedada Tú
¿Imaginas acaso la amargura
que hay en no convivir
los episodios de tu vida pura?
Me está vedado conseguir que el viento
y la llovizna sean comedidos
con tu pelo castaño.
Me está vedado oír en los latidos
de tu paciente corazón (sagrario
de dolor y clemencia),
la fórmula escondida
de mi propia existencia.
Me está vedado, cuando te fatigas
y se fatiga hasta tu mismo traje,
tomarte en brazos, como quien levanta
a su propia ilusión incorruptible
hecha fantasma que renuncia al viaje.
Despertarás una mañana gris
y verás, en la luna de tu armario,
desdibujarse un puño
esquelético, y ante el funerario
aviso, gritarás las cinco letras
de mi nombre, con voz pávida y floja,
¡Y yo me hallaré ausente
de tu final congoja!
¿Imaginas acaso
mi amargura impotente?
Me estás vedada tú... Soy un fracaso
de confesor y médico que siente
perder a la mejor de sus enfermas
y a su más efusiva penitente.
535
A Mi Prima Águeda
A MI PRIMA ÁGUEDA
A Jesús Villalpando
Mi madrina invitaba a mi prima Águeda
a que pasara el día con nosotros,
y mi prima llegaba
con un contradictorio
prestigio de almidón y de temible
luto ceremonioso.
Águeda aparecía, resonante
de almidón, y sus ojos
verdes y sus mejillas rubicundas
me protegían contra el pavoroso
luto...
Yo era
rapaz
y conocía la o por lo redondo,
y Águeda que tejía
mansa y perseverante en el sonoro
corredor, me causaba
calosfríos ignotos...
(Creo que hasta le debo la costumbre
heroicamente insana de hablar solo).
A la hora de comer, en la penumbra
quieta del refectorio,
me iba embelesando un quebradizo
sonar intermitente de vajilla
y el timbre caricioso
de la voz de mi prima.
Águeda era
(luto, pupilas verdes y mejillas
rubicundas) un cesto policromo
de manzanas y uvas
en el ébano de un armario añoso.
770
Tierra Mojada
Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea...
Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé;
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa...
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz...
Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras
y a balbucir, con alevosía y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras...
Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve una brasa;
tardes en que descienden
los ángeles, a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes de rogativa y de cirio pascual;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que , oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
y un poco San Isidro Labrador....
638
Me Despierta Una Alondra
ME DESPIERTA UNA ALONDRA
A José Juan Tablada.
Hasta el ángulo en sombra en que, al soñar los leves
sueños de la mañana,
funjo interinamente de árabe sin hurí,
llega la dulce voz de una dulce paisana.
La alondra me despierta
con un tímido ensayo de canción balbuciente
y un titubeo de sol en el ala inexperta.
¡Gracias, Padre del día,
oh buen Pastor de estrellas cantando por Banville!
Gracias por el saludo en que esta embajadora
del alba, me ha traído un mensaje de abril;
gracias porque el temblor de su canto se funde
con las madrugadoras esquilas de mi tierra,
y porque el sol que tiembla en sus alas no es otro
que el que baña la casa en que nací, y el valle
azul, y la azul sierra.
¡Gracias porque en el trino
de la alondra, me llega,
por primer don del día, este don femenino!
505
Hormigas
A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.
Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.
Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.
Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.
Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.