Vicente Aleixandre

Vicente Aleixandre

1898–1984 · vivió 86 años ES ES

Vicente Aleixandre was a Spanish poet, a leading figure of the Generation of '27. His work is characterized by a profound exploration of the human being, their passions, and their relationship with the cosmos and nature. Through a language rich in symbolism and musicality, Aleixandre transcended the merely earthly to delve into the metaphysical and existential. His poetry, often marked by solitude and the search for identity, is a reflection of his unique sensitivity to life and death. He was awarded the Nobel Prize in Literature in 1977, consolidating his place as one of the great poets of the 20th century.

n. 1898-04-26, Sevilha · m. 1984-12-14, Madrid

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Amante

Lo que yo no quiero
es darte palabras de ensueño,
ni propagar imagen con mis labios
en tu frente, ni con mi beso.
La punta de tu dedo,
con tu uña rosa, para mi gesto
tomo, y, en el aire hecho,
te la devuelvo.
De tu almohada, la gracia y el hueco.
Y el calor de tus ojos, ajenos.
Y la luz de tus pechos
secretos.
Como la luna en primavera,
una ventana
nos da amarilla lumbre. Y un estrecho
latir
parece que refluye a ti de mí.
No es eso. No será. Tu sentido verdadero
me lo ha dado ya el resto,
el bonito secreto,
el graciosillo hoyuelo,
la linda comisura
y el mañanero
desperezo.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Vicente Aleixandre, cuyo nombre completo era Vicente Pío Marcelino Aleixandre y Merlo, nació en Sevilla. Es una de las figuras más destacadas de la Generación del 27 y uno de los poetas españoles más importantes del siglo XX. Su obra, profundamente arraigada en la tradición española pero a la vez vanguardista, explora temas universales como el amor, la muerte, el destino y la condición humana. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977.

Infancia y formación

Nacido en Sevilla, su familia se trasladó pronto a Málaga, donde transcurrió su infancia y juventud. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla, pero su verdadera vocación era la literatura. Fue un ávido lector desde joven, influenciado por poetas como Góngora y los románticos, así como por las corrientes vanguardistas de la época. Su salud delicada en la juventud lo llevó a pasar largas temporadas en reposo, lo que favoreció su dedicación a la lectura y la escritura.

Trayectoria literaria

Su trayectoria literaria se inicia en la década de 1920, en plena efervescencia del Novecentismo y las vanguardias. Publicó su primer libro, "Ámbito", en 1928, al que siguieron obras fundamentales como "Espadas como labios" (1932), "La destrucción o el amor" (1935) y "Sombra del paraíso" (1944). Tras la Guerra Civil, su obra se tornó más introspectiva y metafísica, con títulos como "Historia del corazón" (1954) y "Diálogos del conocimiento" (1974). Fue miembro de la Real Academia Española y director del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Aleixandre se caracteriza por una profunda indagación en la esencia del ser humano, la naturaleza y el universo. Su estilo es exuberante, sensorial y cargado de simbolismo, con una predilección por las metáforas audaces y las imágenes poderosas. Explora temas como el amor, el erotismo, la muerte, la soledad, la infancia perdida y la trascendencia cósmica. Utiliza con maestría tanto el verso libre como formas más clásicas, adaptando la métrica a su necesidad expresiva. Su voz poética es a la vez íntima y universal, capaz de conmover por su sinceridad y profundidad.

Contexto cultural e histórico

Aleixandre vivió en un siglo convulso, marcado por la Guerra Civil Española y la posterior dictadura franquista. Perteneció a la Generación del 27, un grupo de poetas que renovó la lírica española, fusionando tradición y vanguardia. A pesar de las dificultades políticas y sociales, supo mantener su independencia creativa, aunque su obra reflejó las tensiones y el dolor de su tiempo. Su reconocimiento internacional creció paulatinamente, culminando con el Premio Nobel.

Vida personal

Vicente Aleixandre tuvo una vida marcada por la discreción y la dedicación a su obra. Tuvo relaciones afectivas importantes, como la que mantuvo con Concha de la Villa. Su casa en el barrio de Chamartín de Madrid se convirtió en un centro de encuentro para otros artistas e intelectuales. A pesar de su reconocimiento, llevó una vida sencilla, alejada de los círculos de poder. Su salud fue un factor recurrente en su vida, lo que influyó en su visión del mundo y en su poesía.

Reconocimiento y recepción

El reconocimiento a Aleixandre fue creciendo a lo largo de su carrera. Fue Premio Nacional de Poesía en 1933 por "Espadas como labios" y en 1949 por "Historia del corazón". El Premio Nobel de Literatura en 1977 supuso la consagración definitiva de su obra a nivel mundial. Su poesía ha sido objeto de numerosos estudios y análisis críticos, y es considerada un pilar fundamental de la poesía contemporánea en lengua española.

Influencias y legado

Aleixandre recibió influencias de poetas como Góngora, los románticos y los surrealistas. A su vez, su obra influyó de manera decisiva en generaciones posteriores de poetas españoles e hispanoamericanos. Su capacidad para fusionar lo lírico con lo cósmico y lo existencial lo convierte en un referente ineludible. Su legado reside en su profunda humanidad y en su incesante búsqueda de la belleza y la verdad a través de la palabra.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado en la obra de Aleixandre su capacidad para expresar la complejidad de la experiencia humana, desde el gozo erótico hasta la angustia existencial. Su poesía es vista como un intento de reconciliar al hombre con el cosmos, de encontrar un sentido a la existencia a través de la contemplación de la naturaleza y el amor. Sus diálogos con el surrealismo y su profunda conexión con la tradición española son aspectos recurrentes en el análisis de su obra.

Infancia y formación

Vicente Aleixandre era un gran amante de la naturaleza y solía pasar largas temporadas en su jardín, un espacio que inspiró muchos de sus versos. A pesar de su fama, era un hombre de trato afable y reservado. Su casa se convirtió en un lugar de peregrinación para muchos jóvenes poetas que buscaban su consejo. Su poesía es a menudo descrita como una expresión de su propia fragilidad y de su profunda compasión por el ser humano.

Muerte y memoria

Vicente Aleixandre falleció en Madrid. Su muerte supuso la pérdida de una de las voces poéticas más importantes del siglo XX. Su obra, sin embargo, sigue viva y continúa emocionando a lectores de todo el mundo. Su legado se mantiene a través de sus libros, los estudios sobre su poesía y la influencia que ejerce en la literatura actual.

Poemas

36

Amante

Lo que yo no quiero
es darte palabras de ensueño,
ni propagar imagen con mis labios
en tu frente, ni con mi beso.
La punta de tu dedo,
con tu uña rosa, para mi gesto
tomo, y, en el aire hecho,
te la devuelvo.
De tu almohada, la gracia y el hueco.
Y el calor de tus ojos, ajenos.
Y la luz de tus pechos
secretos.
Como la luna en primavera,
una ventana
nos da amarilla lumbre. Y un estrecho
latir
parece que refluye a ti de mí.
No es eso. No será. Tu sentido verdadero
me lo ha dado ya el resto,
el bonito secreto,
el graciosillo hoyuelo,
la linda comisura
y el mañanero
desperezo.
1.102

Emilio Prados (retrato En Redondo)

Una sombra. Sólo una
sombra justa. Sin penumbra.
698

A Don Luis De Góngora

¿Qué firme arquitectura se levanta
del paisaje, si urgente de belleza,
ordenada, y penetra en la certeza
del aire, sin furor y la suplanta?

Las líneas graves van. Mas de su planta
brota la curva, comba su justeza
en la cima, y respeta la corteza
intacta, cárcel para pompa tanta.

El alto cielo luces meditadas
reparte en ritmos de ponientes cultos,
que sumos logran su mandato recto.

Sus matices sin iris las moradas
del aire rinden al vibrar, ocultos,
y el acorde total clama perfecto.
747

A Fray Luis De León

¿Qué linfa esbelta, de los altos hielos
hija y sepulcro, sobre el haz silente
rompe sus fríos, vierte su corriente,
luces llevando, derramando cielos?

¿Qué agua orquestas bajo los mansos celos
del aire, muda, funde su crujiente
espuma en anchas copias y consiente,
terso el diálogo, signo y luz gemelos?

La alta noche su copa sustantiva
—árbol ilustre— yergue a la bonanza,
total su crecimiento y ramas bellas.

Brisa joven de cielo, persuasiva,
su pompa abierta, desplegada, alcanza
largamente, y resuenan las estrellas.
714

La Muerte

¡Ah! Eres tú, eres tú, eterno nombre sin fecha,
bravía lucha del mar con la sed,
cantil todo de agua que amenazas hundirte
sobre mi forma lisa, lámina sin recuerdo.

Eres tú, sombra del mar poderoso,
genial rencor verde donde todos los peces son como piedras por el aire,
abatimiento o pesadumbre que amenazas mi vida
como un amor que con la muerte acaba.

Mátame si tú quieres, mar de plomo impiadoso,
gota inmensa que contiene la tierra,
fuego destructor de mi vida sin numen
aquí en la playa donde la luz se arrastra.

Mátame como si un puñal, un sol dorado o lúcido,
una mirada buida de un inviolable ojo,
un brazo prepotente en que la desnudez fuese el frío,
un relámpago que buscase mi pecho o su destino...

¡Ah, pronto, pronto; quiero morir frente a ti, mar,
frente a ti, mar vertical cuyas espumas tocan los cielos,
a ti cuyos celestes peces entre nubes
son como pájaros olvidados del hondo!

Vengan a mí tus espumas rompientes, cristalinas,
vengan los brazos verdes desplomándose,
venga la asfixia cuando el cuerpo se crispa
sumido bajo los labios negros que se derrumban.

Luzca el morado sol sobre la muerte uniforme.
Venga la muerte total en la playa que sostengo,
en esta terrena playa que en mi pecho gravita,
por la que unos pies ligeros parece que se escapan.

Quiero el color rosa o la vida,
quiero el rojo o su amarillo frenético,
quiero ese túnel donde el color se disuelve
en el negro falaz con que la muerte ríe en la boca.

Quiero besar el marfil de la mudez penúltima,
cuando el mar se retira apresurándose,
cuando sobre la arena quedan sólo unas conchas,
unas frías escamas de unos peces amándose.

Muerte como el puñado de arena,
como el agua que en el hoyo queda solitaria,
como la gaviota que en medio de la noche
tiene un color de sangre sobre el mar que no existe.
902

Se Querían

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
912

El Olvido

No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.

Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mención, y arden tus dedos,
como una nieve súbita.
Está y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frío quema y en tus ojos nace
su memoria. Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.

Con dignidad murió. Su sombra cruza.
748

El Escuchador (gustavo Adolfo Bécquer)

Mueve el viento.
Mueve el velo
quedo.

Mueve el aire.
Mueve el arce.
Vase.

Luz sin habla.
Voz callada.
Clara.

Sombra justa.
Suena muda.
Luna.

Y él la escucha.
728

Mano Entregada

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso.

Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura, que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo, que ahora resuena mío, mío poblado de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo, oh cuerpo sólo sonido de mi voz poseyéndole.

Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el hueso rehúsa
mi amor —el nunca incandescente hueso del hombre—.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese lento contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.
795

Mirada Final (muerte Y Reconocimiento)

La soledad, en que hemos abierto los ojos.
La soledad en que una mañana nos hemos despertado, caídos,
derribados de alguna parte, casi no pudiendo reconocernos.
Como un cuerpo que ha rodado por un terraplén
y, revuelto con la tierra súbita, se levanta y casi no puede
reconocerse.
Y se mira y se sacude y ve alzarse la nube de polvo que él no
es, y ve aparecer sus miembros,
y se palpa: «Aquí yo, aquí mi brazo, y este mi
cuerpo, y esta mi pierna, e intacta está mi cabeza»;
y todavía mareado mira arriba y ve por dónde ha rodado,
y ahora el montón de tierra que le cubriera está a sus
pies y él emerge,
no sé si dolorido, no sé si brillando, y alza los ojos
y el cielo destella
con un pesaroso resplandor, y en el borde se sienta
y casi siente deseos de llorar. Y nada le duele,
pero le duele todo. Y arriba mira el camino,
y aquí la hondonada, aquí donde sentado se absorbe
y pone la cabeza en las manos; donde nadie le ve, pero un cielo azul
apagado parece lejanamente contemplarle.
Aquí, en el borde del vivir, después de haber rodado
toda la vida como un instante, me miro.
Esta tierra fuiste tú, amor de mi vida? ¿Me preguntaré
así cuando en el fin me conozca, cuando me reconozca y despierte,
recién levantado de la tierra, y me tiente, y sentado en la
hondonada, en el fin, mire un cielo piadosamente brillar?

No puedo concebirte a ti, amada de mi existir, como solo una tierra
que se sacude al levantarse, para acabar cuando el largo rodar de la vida
ha cesado.
No, polvo mío, tierra súbita que me ha acompañado
todo el vivir.
No, materia adherida y tristísima que una postrer mano, la mía
misma, hubiera al fin de expulsar.
No: alma más bien en que todo yo he vivido, alma por la que
me fue la vida posible
y desde la que también alzaré mis ojos finales
cuando con estos mismos ojos que son los tuyos, con los que mi alma
contigo todo lo mira,
contemple con tus pupilas, con las solas pupilas que siento bajo los
párpados,
en el fin el cielo piadosamente brillar.
766

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