Lesson of Light
I
Suddenly the silence turns into light,
as if strains of music, as if a subject in blue.
II
To find light within phrases,
the harmony, the sound of the universe,
so that we can hear the silence,
our own human silence,
so that we can, poet,
step on a page of blood.
III
Almost visible touchable pink of the poem,
an ogive, bewitched, on the shoulders of a dove.
IV
We forsake many things
because we grow towards the sun.
Amongst what we leave behind,
without piety, without remorse,
exists the innocence, the child;
like a sad little bird,
which sings in the bare light
the elegy of conscience.
V
What music, what music fades away in the distance,
ruled by the wings of the bird on the horizon?
VI
Write only what is brief,
in the short light of our life,
that never disturbs the children
and does not wet the margins of one’s vision.
So we need your notebooks,
to dive among the seaweeds,
within the deepest roots
that will light the green of the sea.
VII
Comes from the lucidness, the shine, the breast,
the slow puberty, within the center of scare.
VIII
The pupil of a gazelle
tears the rocks in the horizon.
Violet, the reflexion of the light,
to the east side of the sky,
where the deepest blue hides within the womb.
IX
In Autumn: the flicks of dry pulps;
on the remains of the life blood, the richness of the fruit.
X
In the silence which opens among the bell knell,
there is a dead little bird, to replace the child.
It is Late to be Morning
For Simone
Poor little helpless baby chick,
leaning against the thrash can,
at ease in a coat of sheer luxury,
derived from a secret sable fur,
finer
than human skin.
High up, the clouds
are becoming the color
of the yellow of your softness.
The evening turned the morning late.
Your little eyes still open
want my hands
touching the back of your feathers.
They want me to be a small boy,
a small boy offering my innocence
to the little child that chirps inside you.
Sweet was your tameness
bent over a defeated rose,
while you rested your eternity
on a bouquet of roses, despised
because withered.
But under you each petal bleeded,
leaving a stain of wine
in the rniddle of your belly.
I then passed by,
you were already dead when I passed by
enamored of the sunset,
oblivious of the morning
that was rising in your little eyes.
Opportunioty of the Rose
I
The Song of João Moura
The bullfighter shouted in the center of the arena
and the horse danced in the depth of fear.
II
Picasso wanted to paint an arena,
full-sized, accurate,
with miuras with needle-sharp horns, carved
under the sleek black mountains.
On the canvas of the painter bad omens show:
in Guernica, did he paint the victory of the bull?
Consider that the arenas are human roses
ready to burst with the rage of the blood.
If Picassos dream were not so absurd,
Manolete, for sure, in his gala outfit
remembering Linares, would give himself to the bull:
would he repeat, once again, the faena of the rose?
III
Why do we trust the bull with the evidence of the wait,
on this chancy dove, innocent yet a beast?
IV
At the very moment when the body is dressed in gala
the heat of the shroud increases its nakednes.
V
Tragedy of "YIYO"
The mortal spike ripping the flesh
of the bullfighter makes sprout a brutal beauty.
VI
Will I see the day when the bull will find its luck
in the prime of the fake womb of the reckless veronica?
Lección de Luz
I
De súbito el silencio se tornó luz,
en tejido de música, en súbdito azul.
II
Haya en las sílabas la luz,
la armonía, el sonido del universo,
para que oigamos el silencio,
este nuestro humano silencio,
para que podamos, poeta,
pisar la página de sangre.
III
Casi visible rosa tocable del pomo,
una ojiva, en el asombro, en los hombros de la paloma.
IV
Nosotros abandonamos las cosas
porque crecemos para el sol.
Entre lo que dejamos atrás,
sin piedad, sin remordimiento,
existe la inocência, el niño;
existe el pajarito triste,
que canta de la desnudez de la luz
la elegía de la conciencia.
V
Qué música, quê música se apaga a lo lejos,
regida por las alas del ave en el horizonte?
VI
Escribe solamente lo que es breve,
en la breve luz de nuestra vida,
que nunca aborrece a los niños
y no moja márgenes en el mirar.
Así queremos tus cuadernos,
para sumergirnos en las algas,
en aquellas raíces más hondas
que encienden el verde del mar.
VII
Basta de lucidez, de claridad, de busto,
de pubertad lenta, en el seno del susto.
VIII
La pupila de una gacela
rasga las rocas del horizonte.
Violeta, la ventana de la noche,
para el lado este del azul,
donde en el añil se esconde el vientre.
IX
En el otoño: el brujuleo de pulpas enjutas;
en el vestigio de la sangre, la lujuria de la fruta.
X
En el silencio que se abre entre doblar de campanas,
hay un pajarito muerto, en lugar de un niño.
Lição da Luz
I
De súbito o silêncio tornou-se de luz,
em tecido de música, em súdito azul.
II
Acha nas sílabas a luz,
a harmonia, o som do universo,
para que ouçamos o silêncio,
este nosso humano silêncio,
para que possamos, poeta,
pisar a página do sangue.
III
Quase visível rosa tocável do pomo,
uma ogiva, no assombro, nos ombros da pomba.
IV
Nós abandonamos as coisas
porque crescemos para o sol.
Entre o que deixamos atrás,
sem piedade, sem remorso,
existe a inocência, o menino;
existe o passarinho triste,
que canta da nudez da luz
a elegia da consciência.
V
Que música, que música apaga-se ao longe,
regida pelas asas da ave no horizonte?
VI
Escreve somente o que é breve,
na breve luz de nossa vida,
que nunca aborrece as crianças
e não molha margens no olhar.
Assim queremos teus cadernos,
para mergulharmos nas algas,
naquelas raízes mais fundas
que acendem o verde do mar.
VII
Chega da lucidez, a claridade, o busto,
a puberdade lenta, no seio do susto.
VIII
A pupila de uma gazela
rasga os rochedos do horizonte.
Violeta, a janela da noite,
para o lado leste do azul,
onde no anil se esconde o ventre.
IX
No outono: o bruxuleio de polpa,; enxutas;
no vestígio do sangue, a luxúria da fruta.
X
No silêncio que se abre entre dobres de sinos,
há um passarinho morto, em lugar de um menino.
Noite
Um vento ondula
folhas imensas
no mais profundo
do meu silêncio.
Uma onda inunda
meu consciente
que se afunda
na água intensa.
Memórias brilham
de uma estrela
jamais descrita.
Brama, cá dentro,
o eterno grito
da terra em trevas.
Oportunidad de la Rosa
I
El Canto de João Moura
EI torero gritaba del centro de la arena
y el caballo danzaba del fondo del miedo.
II
Picasso deseaba pintar una plaza
de toros del tamaño natural, exacto,
con Miuras de picos de agujas, talladas
por sobre la brillantez de negras montañas.
En los paneles del pintor se avecinan agüeros:
en Guernica pintó Él el triunfo dei toro?
Repara que las arenas son rosas humanas
listas para romperse en la furia de la sangre.
Si el sueño de Picasso no fuese un absurdo,
Manolete, con certeza, en su traje de luces,
recordando a Linares, se daría al toro:
haría Él, otra vez, la faena de la rosa?
III
Por qué ponemos en el toro la evidencia de la espera,
en ese palomo de la suerte, inocente en ser fiera?
IV
En el momento en que el cuerpo se viste de luces
el calor de las mortajas aumenta la desnudez.
V
Tragedia de "YIYO"
En la mortal lacerada del clavo en la carne
del torero brotaba la belleza brutal.
VI
Veré el día en que el toro tendrá su suerte,
en la flor del vientre falso de osada verónica?
Oitava Cantiga de Amigo
Junto às vagas do mar de Vigo,
venho ao relembrar de um amigo.
Aves põem plumas no horizonte
e as plumas, águas de uma fonte,
em Vigo, nas algas do mar,
do amigo, trazem-me o tardar.
Do além-mar vem, leve por plumas,
a dor que não quero chorar.
Porém as gaivotas põem brumas,
no profundo de meu penar,
onde, às margens do mar de Vigo,
venho ao relembrar de um amigo.
Es Tarde para la Mañana
A Simone
Pobre pollito indefenso,
apoyado en la lata de basura,
en la descontracción de una chaqueta
de lujo, viniendo de una secreta
sibelina, más fina
que la piel humana.
En lo alto, las nubes
acaban de teñirse
en el amarillo de tu suavidad.
La tarde atardeció en la mañana.
Tus ojitos, todavia abiertos,
querían mis manos
en el dorso de tu plumón.
Querían que yo todavia
fuese niño, niño
que ofreciese mi inocencia
sólo para el niño
que piaba en ti.
Gentil era tu mansedumbre,
inclinada sobre una rosa rota,
pues descansabas tu eternidad
sobre un bouquet despreciado
por haberse marchitado.
Pero debajo de ti
cada pétalo todavía sangraba,
dejando una mancha de vino
en el descanso de tu vientre.
Fué cuando yo pasé,
ya estabas muerto cuando yo pasé
enamorado por el poniente,
olvidado de la mañana
que subía de tus ojitos.