Oitava Cantiga de Amigo
Junto às vagas do mar de Vigo,
venho ao relembrar de um amigo.
Aves põem plumas no horizonte
e as plumas, águas de uma fonte,
em Vigo, nas algas do mar,
do amigo, trazem-me o tardar.
Do além-mar vem, leve por plumas,
a dor que não quero chorar.
Porém as gaivotas põem brumas,
no profundo de meu penar,
onde, às margens do mar de Vigo,
venho ao relembrar de um amigo.
Lección de Luz
I
De súbito el silencio se tornó luz,
en tejido de música, en súbdito azul.
II
Haya en las sílabas la luz,
la armonía, el sonido del universo,
para que oigamos el silencio,
este nuestro humano silencio,
para que podamos, poeta,
pisar la página de sangre.
III
Casi visible rosa tocable del pomo,
una ojiva, en el asombro, en los hombros de la paloma.
IV
Nosotros abandonamos las cosas
porque crecemos para el sol.
Entre lo que dejamos atrás,
sin piedad, sin remordimiento,
existe la inocência, el niño;
existe el pajarito triste,
que canta de la desnudez de la luz
la elegía de la conciencia.
V
Qué música, quê música se apaga a lo lejos,
regida por las alas del ave en el horizonte?
VI
Escribe solamente lo que es breve,
en la breve luz de nuestra vida,
que nunca aborrece a los niños
y no moja márgenes en el mirar.
Así queremos tus cuadernos,
para sumergirnos en las algas,
en aquellas raíces más hondas
que encienden el verde del mar.
VII
Basta de lucidez, de claridad, de busto,
de pubertad lenta, en el seno del susto.
VIII
La pupila de una gacela
rasga las rocas del horizonte.
Violeta, la ventana de la noche,
para el lado este del azul,
donde en el añil se esconde el vientre.
IX
En el otoño: el brujuleo de pulpas enjutas;
en el vestigio de la sangre, la lujuria de la fruta.
X
En el silencio que se abre entre doblar de campanas,
hay un pajarito muerto, en lugar de un niño.
Oportunidad de la Rosa
I
El Canto de João Moura
EI torero gritaba del centro de la arena
y el caballo danzaba del fondo del miedo.
II
Picasso deseaba pintar una plaza
de toros del tamaño natural, exacto,
con Miuras de picos de agujas, talladas
por sobre la brillantez de negras montañas.
En los paneles del pintor se avecinan agüeros:
en Guernica pintó Él el triunfo dei toro?
Repara que las arenas son rosas humanas
listas para romperse en la furia de la sangre.
Si el sueño de Picasso no fuese un absurdo,
Manolete, con certeza, en su traje de luces,
recordando a Linares, se daría al toro:
haría Él, otra vez, la faena de la rosa?
III
Por qué ponemos en el toro la evidencia de la espera,
en ese palomo de la suerte, inocente en ser fiera?
IV
En el momento en que el cuerpo se viste de luces
el calor de las mortajas aumenta la desnudez.
V
Tragedia de "YIYO"
En la mortal lacerada del clavo en la carne
del torero brotaba la belleza brutal.
VI
Veré el día en que el toro tendrá su suerte,
en la flor del vientre falso de osada verónica?
For Simone
These hands of yours,
tiny little hands,
seaweeds in the silence,
bathed in light:
to what encounter,
tell me, daughter of mine,
to what fate
the fountain leads them?
Opportunioty of the Rose
I
The Song of João Moura
The bullfighter shouted in the center of the arena
and the horse danced in the depth of fear.
II
Picasso wanted to paint an arena,
full-sized, accurate,
with miuras with needle-sharp horns, carved
under the sleek black mountains.
On the canvas of the painter bad omens show:
in Guernica, did he paint the victory of the bull?
Consider that the arenas are human roses
ready to burst with the rage of the blood.
If Picassos dream were not so absurd,
Manolete, for sure, in his gala outfit
remembering Linares, would give himself to the bull:
would he repeat, once again, the faena of the rose?
III
Why do we trust the bull with the evidence of the wait,
on this chancy dove, innocent yet a beast?
IV
At the very moment when the body is dressed in gala
the heat of the shroud increases its nakednes.
V
Tragedy of "YIYO"
The mortal spike ripping the flesh
of the bullfighter makes sprout a brutal beauty.
VI
Will I see the day when the bull will find its luck
in the prime of the fake womb of the reckless veronica?
Oportunidade da Rosa
I
O Canto de João Moura
O toureiro gritava do centro da arena
e o cavalo dançava do fundo do medo.
II
Picasso desejava pintar uma praça
de touros ao tamanho natural, exato,
com Miúras de picos de agulhas, talhadas
por sobre o luzidio de negras montanhas.
Nos painéis do pintor se avizinham agouros:
em Guernica pintou Ele o triunfo do touro?
Repara que as arenas são rosas humanas
prontas para romper-se na fúria do sangue.
Se o sonho de Picasso não fosse um absurdo,
Manolete, decerto, em seus trajes de luzes,
recordando Linares, se daria ao touro:
faria Ele, outra vez, a faena da rosa?
III
Por que pomos no touro a evidência da espera,
nesse pombo da sorte, inocente em ser fera?
IV
No momento em que o corpo se veste de luzes
o calor de mortalhas aumenta a nudez.
V
Tragédia de "YIYO"
Na mortal lacerada do cravo na carne
do toureiro brotava a beleza brutal.
VI
Verei o dia em que o touro terá sua sorte,
na flor do ventre falso de ousada verônica?
Es Tarde para la Mañana
A Simone
Pobre pollito indefenso,
apoyado en la lata de basura,
en la descontracción de una chaqueta
de lujo, viniendo de una secreta
sibelina, más fina
que la piel humana.
En lo alto, las nubes
acaban de teñirse
en el amarillo de tu suavidad.
La tarde atardeció en la mañana.
Tus ojitos, todavia abiertos,
querían mis manos
en el dorso de tu plumón.
Querían que yo todavia
fuese niño, niño
que ofreciese mi inocencia
sólo para el niño
que piaba en ti.
Gentil era tu mansedumbre,
inclinada sobre una rosa rota,
pues descansabas tu eternidad
sobre un bouquet despreciado
por haberse marchitado.
Pero debajo de ti
cada pétalo todavía sangraba,
dejando una mancha de vino
en el descanso de tu vientre.
Fué cuando yo pasé,
ya estabas muerto cuando yo pasé
enamorado por el poniente,
olvidado de la mañana
que subía de tus ojitos.
A Simone
Essas mãos que tens,
pequeninas mãos,
algas no silêncio,
lavadas de luz:
para que encontro,
diz-me, filha minha,
para que destino,
a fonte as conduz?
Mendes e o Toureiro Redondo
Ceder seda por seda,
milímetro a milímetro,
o tecido de pétalas
às agulhas mais finas.
Tecer, tecer, tecer.
Tecer o touro em rosa,
sem ceder o terreno
exato ao matador.
Na lisura da seda,
num corte de vislumbre,
delizar na muleta
a pureza do lume.
Reter na sorte o touro,
dar a veia nos dedos,
trazendo o couro ao corpo
sem o corte do medo.
Na figura da agulha,
mesmo que o sangue gele,
reter a rosa escura
na pétala da pele.
No toureio redondo,
verter-se em sangue e sal,
tecendo-se na rosa
de vermelho fatal.
Milímetro a milímetro,
ceder, ceder, ceder.
Ceder até o limite
de sentir-se morrer.