LE ROMANCIER DE L’APOCALYPSE
Contra los profe-tas del fin del mundo
Muy orgulloso de sus fatuas luces,
y jorobado en el entendimiento,
repite servilmente angosta idea:
qué ignorancia pueril la de los jóvenes.
Va errando en el diagnóstico y el juicio,
y su carencia de feliz hallazgo
la vela entre los ecos que produce
la virulencia de su cantinela.
Buhonero de nociones se diría
que es, o acaso estatua mal tallada.
¡Él sueña con un palco en la Memoria!
Tus páginas las borrará una mano
piadosa, desdichado. Mientras tanto,
líbranos de tu murga sanguinaria.
(Ignora que el discurso es centenario,
un antiguo ejercicio de nostalgia).
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