Lista de Poemas
No cabe la menor duda de que los americanos le deben mucho al crisol. Es posible que la mezcla de razas haga que su nacionalismo sea menos objetable que el nacionalismo de Europa. […] Posiblemente se deba al hecho de que [los americanos] no padecen la herencia del odio o el miedo que envenena las relaciones entre las naciones de Europa.
Pero ¿no tienen razón estas ciudadanas vigilantes? ¿Por qué tendrían que abrir la puerta a una persona que devora capitalistas de la línea dura con tanto apetito y gusto como el minotauro de Creta devoraba en un tiempo pasado las sabrosas doncellas griegas, y que por encima de todo es lo suficientemente infame para rechazar todo tipo de guerras, excepto la guerra inevitable que se libra contra la propia esposa?
Nunca había experimentado del bello sexo un rechazo tan enérgico ante mis avances; o, si había ocurrido, nunca de tantas a la vez.
En América resulta indispensable una aproximación firme; en caso contrario, no se recibe ningún pago y poca estima.
Aunque los americanos son menos académicos que los alemanes, tienen más entusiasmo y energía, consiguiendo una difusión mucho más amplia de las ideas nuevas entre la población.
Son las mujeres […] las que dominan toda la vida americana. Los hombres no se interesan por nada; trabajan, trabajan como no lo he visto hacer a nadie en ningún sitio. Por lo demás, son perritos de juguete para sus esposas, que gastan el dinero en la moda más excesiva y se cubren con un velo de extravagancia.
América resulta interesante, con todo su bullicio y ajetreo. Resulta mucho más fácil sentir entusiasmo por ella que por otros países que he alterado con mi presencia. He tenido que aceptar que me mostrasen por todas partes como si fuera un buey premiado para dirigirme a innumerables audiencias grandes y pequeñas. […] Es un milagro que haya sobrevivido.
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