Lista de Poemas

Lugar Rupestre

Con la sed más anciana,
arrodillado,
para encontrarle el cauce al agua tuya,
me he bañado de ti,
linfa radiante;
me he prosternado en ti,
nunca más joven.
En la gruta que parte en dos tu cuerpo,
me he marchado por fin de mis orillas,
me he sumido en tus labios,
con mis labios.
Mi saliva te hablaba sin idiomas.
Con la humedad sagrada
he dibujado,
en la pared de sedas de tu sima.
En resina salobre del deseo,
he dispuesto una rosa,
y la he mordido.
Eché a volar un ave,
y la he matado.
Un hombre había en pie,
y ahora no hay nada.
526

Los Alimentos Corporales

Llamar amor a lo que tú y yo hacemos
es cometer una sensiblería
indigna de nosotros, que aún somos amantes.
Eso es mejor que lo hagan los demás,
aquéllos que precisan aguar un vino fuerte.
Lo nuestro es un fenómeno distinto,
sin ningún circunloquio, sin grumos literarios.
Se manifiesta en el arrastramiento
recíproco. Consiste en una prospección
para obtener placer y para darlo,
un hurto generoso que se ofrece egoísta.
Es un duro trabajo en las calderas
de nuestra intimidad, un primitivo
cerco en torno al castillo de la vida.
La carne se alimenta de la carne,
de su mutuo veneno jubiloso.
Lo que hacemos tú y yo no es el amor.
A no ser que se entienda por ello un sacrificio
donde nos ofrecemos a los dioses suicidas
que habitan en el pozo de nuestra propia sangre.
Para nombrarlo habría que incurrir
en palabras que algunos consideran obscenas,
aunque la obscenidad tampoco lo define,
porque no pretendemos aleccionar a nadie
ni sobre el impudor, ni sobre la virtud.
Lo que mejor explica, sin agotarla nunca,
la bárbara pureza del deseo recíproco
es una cacería de animales
y el hartazgo feliz en que se sacian,
con los ojos cerrados contra el tiempo,
en el avaro éxtasis de su feroz banquete.
Para la bestia octópoda que engendramos tú y yo,
son una estupidez los términos pacíficos,
un triste deshonor en la batalla.
No hacemos el amor, desvalijamos
con codicia nocturna en la casa del cuerpo.
693

El Origen Del Mundo

EL ORIGEN DEL MUNDO

A Felipe Benítez Reyes


No se trata tan sólo de una herida

que supura deseo y que sosiega

a aquellos que la lamen reverentes,

o a los estremecidos que la tocan

sin estremecimiento religioso,

como una prospección de su costumbre,

como una cotidiana tarea conyugal;

o a los que se derrumban, consumidos,

en su concavidad incandescente,

después de haber saciado el hambre de la bestia,

que exige su ración de carne cruda.


No consiste tan sólo en ese triángulo

de pincelada negra entre los muslos,

contra un fondo de tibia blancura que se ofrece.

No es tan fácil tratar de reducirlo

al único argumento que se esconde

detrás de los trabajos amorosos

y de las efusiones de la literatura.


El cuerpo no supone un artefacto

de simple ingeniería corporal;

también es la tarea del espíritu

que se despliega sabio sobre el tiempo.

El arca que contiene, memoriosa,

la alquimia milenaria de la especie.


Así que los esclavos del deseo,

aunque no lo sospechen, cuando lamen

la herida más antigua, cuando palpan

la rosa cicatriz de brillo acuático,

o cuando se disuelven dentro de su hendidura,

vuelven a pronunciar un sortilegio,

un conjuro ancestral.

Nos dirigimos

sonámbulos con rumbo hacia la noche,

viajamos otra vez a la semilla,

para observar radiantes cómo crece

la flor de carne abierta.


La pretérita flor.


Húmeda flor atávica.


El origen del mundo.

560

Servidumbre De Paso

En nuestra sumisión nos consumamos,
en nuestra servidumbre nos crecemos,
vivimos a compás,
en la angostura de un andar errátil
que nos da la amplitud,
al comprender
la bella anomalía de este viaje.

Nómadas en esencia,
muchedumbre
que cruza en extravío
del uno al otro lado de nosotros,
polizones
en la nave del mundo,
huéspedes
al amparo de nadie,
en deuda con la vida, que está en deuda
con el secreto amor que profesamos
a todo trance siempre hacia la vida.
Apátridas por fuerza en nuestro espíritu.

A la buena de un dios en descalabro,
clandestino de mí,
pobre de qué.
señor de dónde,
en un inacabable deambular,
al arte por el arte
de estar vivo.

Un vaso de agua fresca al transeúnte,
un pedazo de pan al vagabundo,
un puñado de sal al peregrino,
que voy en trashumancia,
que voy de merodeo,
voy de paso.
510

Metal Pesado

Igual que sucedía, siendo niños,
con las mágicas gotas de mercurio,
que se multiplicaban imposibles
en una perturbada geometría,
al romperse el termómetro, y daban a la fiebre
una pátina más de irrealidad,
el clima incomprensible de los relojes blandos.

Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma.
En un sentido estricto, cada cual
es obra de un sinfín de multiplicaciones,
de errores de la especie, de conquistas
contra la oscuridad. Un individuo
es en su anonimato una obra de arte,
un atávico mapa del tesoro
tatuado en la piel de las genealogías
y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.

No hay nada que no
hayamos recibido
ni nada que no demos en herencia
Existe una
razón para sentir orgullo
en mitad de esta fiebre que no acaba.

Somos custodios de un metal pesado,
lujosas gotas de mercurio amante.
521

El Corazón Perplejo

Desventurado corazón perplejo,
inconsecuente corazón,

no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto.
Calamitoso corazón,

alienta.

Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,

errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.

Desde el final del tiempo se levanta
un ácido perfume de hojas muertas.
Respíralo y respira su secreto.
Abre de par en par tu incertidumbre.
No permitas
que encuentre domicilio la tibieza,
ni que este inescrutable amor oscuro
cometa el gran pecado de estar triste.
Acógete a ti mismo en tus entrañas
con tu abrazo más fuerte,
tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
gobierna tu ocasión de madurez.

Insiste una vez más
aspira en estas rosas
su pútrido fermento enamorado.
En este desvarío de tu voz
se desnuda el enigma, transparece
la recompensa intacta de estar siendo.

Aquí estamos tú y yo,
altivo corazón,

en desbandada.
A fuerza de caer, desvanecidos,
y a fuerza de cantar,

enajenados.
443

Decrepitud

Asilados en una infancia obscena,
en el exilio de su misma sombra,
desde un limbo de hielo,
derritiéndose,
los viejos testimonian, sin enigma,
sobre el enigma viejo de estar vivo.

Gota a gota en presente, son futuro,
evanescencia al fin fuera de tiempo,
que en la fronda del tiempo anda perdida.
Espectros de la carne en su derrota,
se acogen al sagrado de la carne,
que en deserción de sí no los ampara.
pabilos sin fulgor de inteligencia,
arden a fuego extinto en su hendidura,
ascuas de quienes fueron, balbucientes.

Isla del fin del mundo, conmovidos,
vemos flotar en pasmo la vejez,
a la lunar deriva del asombro.
Nos resulta del todo inconcebible
nuestra decrepitud, nuestra mudanza
hasta desconocernos en nosotros
y en nosotros errar entre lo ajeno.

Cómo subsiste ciega la energía
en su impúdico afán de propagarse.

Madre senilidad, nunca te amamos.
Madre senilidad, no te amaremos.

Qué frágil, en su ser, la fortaleza.
Qué sólido el vivir, de sumo frágil.
549

El Juego De La Rosa

Hay una rosa escrita en esta página,
y vive aquí, carnal pero intangible.

Es la rosa más pura, de la que otros han dicho
que es todas las rosas. Tiene un cuerpo
de amor, mortal y rosa, y su perfume
arde en la sinrazón de esta alta noche.

Es la cúbica rosa de los sueños,
la rosa de los sueños,
la rosa del otoño de las rosas.
Y esa rosa perdura en la palabra
rosa, cien vidas más allá de cuanto dura
el imposible juego de la vida.

Hay una rosa escrita en esta página,
y vive aquí, carnal e inmarcesible.
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Identificación y contexto básico

Carlos Marzal es un poeta, ensayista y crítico literario español, nacido en Valencia. Se le considera una voz importante de la poesía española contemporánea, adscrito a las tendencias de finales del siglo XX y principios del XXI. Su obra, escrita en español, dialoga constantemente con la tradición y la modernidad, explorando la relación entre el lenguaje, la memoria y la experiencia vital.

Infancia y formación

Marzal desarrolló su formación académica y literaria en Valencia. Su interés por la literatura y la escritura se manifestó desde joven, llevándolo a formarse en estudios relacionados con la filología y la crítica literaria. Su bagaje cultural es amplio y su obra refleja una profunda lectura de la tradición poética universal.

Trayectoria literaria

Su trayectoria literaria se inicia con la publicación de sus primeros poemarios, que rápidamente le otorgan un reconocimiento por la originalidad de su voz. Ha publicado de forma regular, consolidando una obra que se caracteriza por su coherencia y su evolución temática y estilística. Además de su labor poética, ha ejercido como crítico literario y ha participado activamente en debates y foros culturales, contribuyendo a la reflexión sobre la poesía actual.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus libros de poemas destacan "Un ocre ocre" (1989), "El sabor de las palabras" (2001), "Falso documental" (2011) y "El libro de la tregua" (2018). Su poesía se centra en la reflexión sobre el lenguaje como herramienta de conocimiento y experiencia, la memoria personal y colectiva, la fugacidad del tiempo y la condición humana. Su estilo es, a menudo, irónico, lúcido y reflexivo, con una aparente sencillez formal que esconde una gran profundidad. Utiliza un lenguaje directo pero cargado de matices, y explora la relación entre lo autobiográfico y lo universal.

Contexto cultural e histórico

Carlos Marzal se enmarca en la poesía española contemporánea, dialogando con las preocupaciones de su generación y, a la vez, manteniendo una posición crítica y reflexiva. Su obra se nutre del contexto cultural de la España post-transición, marcado por la globalización, la crisis de los relatos y la reflexión sobre la identidad.

Vida personal

Aunque su obra tiene una fuerte carga reflexiva y a menudo se nutre de lo autobiográfico, Marzal mantiene una cierta distancia entre su vida privada y su producción literaria. Su dedicación a la escritura y a la crítica literaria ha sido constante, configurando su identidad como intelectual y creador.

Reconocimiento y recepción

La obra de Carlos Marzal ha sido objeto de elogios por parte de la crítica especializada y ha obtenido diversos premios y reconocimientos. Su poesía es valorada por su inteligencia, su rigor formal y su capacidad para abordar temas complejos con una voz personal y distintiva.

Influencias y legado

Marzal se ha nutrido de una amplia gama de influencias poéticas, desde la tradición clásica hasta las vanguardias del siglo XX. Su obra, a su vez, ha ejercido una influencia notable en poetas más jóvenes, y su labor como crítico ha contribuido a configurar el panorama literario actual. Es considerado un referente por su honestidad intelectual y su compromiso con la palabra poética.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado en Marzal su maestría en el manejo del lenguaje, su capacidad para desvelar las complejidades de la existencia a través de la poesía y su mirada lúcida y a menudo irónica sobre la realidad.

Infancia y formación

Uno de los aspectos más interesantes de su obra es la forma en que aborda la palabra y su significado, reflexionando sobre cómo el lenguaje construye nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos.

Muerte y memoria

Carlos Marzal se encuentra en plena producción creativa y su legado se va construyendo día a día a través de su obra y su influencia en el panorama literario español.