Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

1899–1977 · vivió 78 años -- --

Carlos Pellicer fue un destacado poeta, ensayista y diplomático mexicano, considerado una de las figuras clave de la poesía mexicana del siglo XX. Su obra se distingue por una profunda sensualidad, un amor por la tierra y la naturaleza, y una capacidad para capturar la esencia del paisaje y la cultura de México. Reconocido por su estilo lírico y evocador, Pellicer exploró temas como la belleza, el tiempo, la memoria y la identidad mexicana, dejando un legado poético que celebra la riqueza sensorial y espiritual de su país.

n. 1899-01-16, Villahermosa · m. 1977-02-16, Cidade do México

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Al Dejar Un Alma

Agua crepuscular, agua sedienta,
se te van como sílabas los pájaros tardíos.
Meciéndose en los álamos el viento te descuentan
la dicha de tus ojos bebiéndose en los míos.

Alié mi pensamiento a tus goces sombríos
y gusté la dulzura de tus palabras lentas.
Tú alargaste crepúsculos en mis manos sedientas:
yo devolveré en el pan tus trágicos estíos.

Mis manos quedarán húmedas de tu seno.
De mis obstinaciones te quedará el veneno,
flotante flor de angustia que bautizó el destino.

De nuestros dos silencios ha de brotar un día
el agua luminosa que dé un azul divino
al fondo de cipreses de tu alma y de la mía.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Carlos Pellicer López fue un poeta, ensayista, crítico de arte y diplomático mexicano. Nació en San Luis Potosí y es considerado una de las voces más importantes de la poesía mexicana del siglo XX, a menudo asociado con el grupo de "Los Contemporáneos". Su obra se caracteriza por una profunda conexión con el paisaje y la cultura de México.

Infancia y formación

Desde joven mostró una gran inquietud intelectual y artística. Su formación estuvo marcada por un ambiente familiar que fomentó su amor por la lectura y la cultura. Desarrolló un profundo interés por la arqueología y la historia de México, influencias que se plasmarían notablemente en su obra poética.

Trayectoria literaria

Pellicer inició su carrera literaria en su juventud, publicando poemas en diversas revistas. Su obra se desarrolló a lo largo de varias décadas, evolucionando en temas y estilo, pero siempre manteniendo una esencia lírica y una profunda conexión con México. Además de poeta, fue un reconocido crítico de arte y desempeñó funciones diplomáticas, lo que le permitió difundir la cultura mexicana en el extranjero.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras poéticas más importantes se encuentran "5 Poemas", "Aniceto", "Hora de Junio", "Nacionalismo y Poesía" y "Recinto". Sus temas recurrentes son la belleza del paisaje mexicano, la sensualidad, el tiempo, la memoria, la identidad nacional, la arqueología y la contemplación de la naturaleza. Su estilo es lírico, sensorial y evocador, con un lenguaje cuidado y una gran musicalidad. Utiliza metáforas y símiles que capturan la esencia de lo mexicano, a menudo combinando lo terrenal con lo espiritual. Se le asocia con el estridentismo y posteriormente con la renovación de la lírica mexicana.

Contexto cultural e histórico

Carlos Pellicer vivió en un México postrevolucionario, una época de gran efervescencia cultural y de búsqueda de una identidad nacional. Perteneció a la generación de "Los Contemporáneos", un grupo de intelectuales que promovieron un arte y una literatura más cosmopolitas y a la vez profundamente arraigados en la realidad mexicana.

Vida personal

Su vida estuvo ligada a sus pasiones intelectuales y artísticas. Viajó extensamente por México y el extranjero, lo que enriqueció su visión del mundo y su obra. Su labor como diplomático le permitió conocer diversas culturas, pero siempre mantuvo un fuerte vínculo con su país natal.

Reconocimiento y recepción

Pellicer fue ampliamente reconocido en vida y póstumamente como uno de los poetas fundamentales de México. Recibió diversos premios y honores, y su obra es estudiada y valorada por su contribución a la literatura y a la configuración de la identidad poética mexicana.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas de diversas tradiciones, pero su obra es profundamente original. Su legado reside en su capacidad para crear una poesía que es a la vez íntima y universal, una celebración de México a través de sus paisajes, su historia y su gente. Ha inspirado a generaciones de poetas a explorar la riqueza de su entorno y su identidad.

Interpretación y análisis crítico

La poesía de Pellicer es valorada por su profunda sensibilidad estética, su rigor formal y su capacidad para evocar la esencia de lo mexicano. Sus poemas son una invitación a la contemplación y a la apreciación de la belleza en sus múltiples formas.

Infancia y formación

Además de su faceta como poeta, Pellicer tuvo un gran interés por la arqueología y fue un ferviente defensor del patrimonio cultural de México, participando activamente en la preservación de sitios históricos.

Muerte y memoria

Carlos Pellicer falleció, dejando un corpus literario que continúa siendo una referencia esencial en la literatura mexicana. Su memoria se mantiene viva a través de la lectura y el estudio de su obra, así como por su contribución a la cultura y el patrimonio de México.

Poemas

46

Recinto

Hoy que has vuelto, los dos hemos callado,
y sólo nuestros ojos pensamientos
alumbraron la dulce oscuridad
de estar juntos y no decirse nada.

Sólo las manos se estrecharon tanto
como rompiendo el hierro de la ausencia.
¡Si una nube eclipsara nuestras vidas!

Deja en mi corazón las voces nuevas,
el asalto clarísimo, presente,
de tu persona sobre los paisajes
que hay en mí para el aire de tu vida.
473

Recinto

¿Dónde pondré el oído que no escuche
mi propia voz llamarte?
¿Y dónde no escuchar este silencio
que te aleja espaciosamente triste?

Yo camino las horas presenciadas
por los dos, en nosotros.
Sé del fruto maduro de las voces
en campos de spetiembre.

Sé de la noche esbelta y tan desnuda
que nuestros cuerpos eran uno solo.
Sé del silencio ante la gente oscura,
de callar este amor que es de otro modo.

Mientras llueve la ausencia yo liberto
la esclavitud de carne y sola el alma
cuelga en los aires su águila amorosa
que las nubes pacificas igualan.
465

Recinto

¿Qué harás? ¿En qué momento
tus ojos pensarán en mis caricias?
¿Y frente a cuáles cosas, de repente,
dejarás, en silencio, una sonrisa?
Y si en la calle
hallas mi boca triste en otra gente,
¿la seguirás?
¿Qué harás si en los comercios —semejanzas—
algo de mí encuentrás?

¿Qué harás?

¿y si en el campo un grupo de palmeras
o un grupo de palomas o uno de figuras vieras?
(Las estrofas brillan en sus aventuras
de desnudas imágenes primeras).

¿Y si al pasar frente a la casa abierta,
alguien adentro grita: ¡Carlos!?
¿Habrá en tu corazón el buen latido?
¿Cómo será el acento de tu paso?

Tu carta trae el perfume predilecto.
Yo la beso y la aspiro.
En el rápido drama de un suspiro
la alcoba se encamina hacia otro aspecto.
¿Qué harás?
Los versos tienen ya los ojos fijos.
La actitud se prolonga. De las manos
caen papel y lápiz. Infinito
es el recuerdo. Se oyen en el campo
las cosas de la noche. —Una vez
te hallé en el tranvía y no me viste.
—Atravesando un bosque ambos lloramos.
—Hay dos sitios malditos en la ciudad. ¿Me diste
tu dirección la noche del infierno?
—...Y yo creí morirme mirándote llorar.
Yo soy...
Y me sacude el viento
¿Qué harás?
396

Recinto

Las palabras emigran
y en la huida
los plurales abandonan las eses
y queda así un rumor de viento manso,
de despueses y adioses,
de la actitud actriz que en nuestras manos
nos convence de ausencias.

Las palabras emigran y abandonan
el buen surco del verso que ya estaba
sembrado y las estrofas
revestidas de oro y las imágenes
frescas aún en el espejo igual
de donde tan difícil es sacarlas.
En todas las ventanas
cuelga el ojo su fuego simultáneo
sobre cuatro horizontes silenciosos,
llenos aún de huellas de la huida
de las palabras que te prefirieron
porque tú eres la causa de su suerte,
tú, poema, mejor que poesía.
440

Recinto

Cuando mis fuertes brazos te reciban,
las voces de la ausencia, dulcemente
contarán nuestros ocios —dos caminos
sin nadie, con los dos— el nunca y siempre.

Y la pareja de palabras lía
a profunda unidad. Y tanta cifra
se reduce a la orilla del encuentro
con azoro de ser la poesía.

Ya no sé caminar sino hacia ti.
La rosa de caminos de tu ausencia
alerta en mí el aroma del retorno
y la palabra oculta de su ciencia.
Oigo mi nombre en ti, soy tu presencia.
512

Recinto Fin Del Nombre Amado

Un soneto de amor que nunca diga
de quién y cómo y cuándo, y agua dé a
quien viene por noticia y en sí lea
clave caudal que sin la voz consiga.

Que en cada verso pierda y gane y siga
ritmo a la cifra en luz que el agua arquea,
y suba el espendor que así desea
música lengua y tacto a flor de espiga.

Ya la línea sandalia del terceto
abre camino al alma del objeto
que adoro y cuyo nombre dicen todos.

Nadie sabe el valor de su grandeza,
pero al decirlo de inconscientes modos
me transfiguran, pues me dan belleza.
398

Recinto

Tu amor es el erario inagotable
que costea el país de los poemas.
Viajes a la garganta de los pájaros,
claridad, y castillos en el aire.

Fiel a jurarse en sí, la ausencia espía
mi pena de horizonte y de ventana.
Regresan por los montes de mañana
las voces claras de tu lejanía.

Hoy te mando mi voz. El mudo espacio
escultóricamente se arrincona.
Sólo en los ojos queda sangre. Ciñe
la casa una cadena de palomas.

Ya no sé caminar sino hacia ti.
Tu ausencia da a mi pie pausas veloces.
Y el pie de nube extiende la extensión
toda oído de piedra y toda voces.
486

Recinto

En el silencio de la casa, tú,
y en mi voz la presencia de tu nombre
besado entre la nube de la ausencia
manzana aérea de las soledades.

Todo a puertas cerradas, la quietud
de esperarte es vanguardia de heroísmo,
vigilando el ejército de abrazos
y el gran plan de la dicha.

Ya no sé caminar sino hacia ti,
por el camino suave de mirarte
poner los labios junto a mis preguntas
—sencilla, eterna flor de preguntarte—
y escucharte así en mí ¡y a sangre y fuego
rechazar, luminoso, las penumbras...!

Manzana aérea de las soledades,
bocado silencioso de la ausencia,
palabra en viaje, ropa del invierno
que hará la desnudez de las praderas.

Tú en el silencio de la casa. Yo
en tus labios de ausencia, aquí tan cerca
que entre los dos la ronda de palabras
se funde en la mejor que da el poema.
577

Recinto

La primera tristeza ha llegado. Tus ojos
fueron indiferentes a los míos. Tus manos
no estrecharon mis manos.
Yo te besé y tu rostro era la piedra seca
de las alturas vírgenes. Tus labios encerraron
en su prisión inútil mi primera amargura.
En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano
besé tus ojos. Eras el oasis cruel
que envenenó sus aguas y enloqueció a la sed.
Y se fue levantando del horizonte una
nube. Su tez morena voló a color. De nuevo
fue oscureciendo el tono de los días de antes.
Yo abandoné tu rostro y mis manos
ausentaron las tuyas. Mi voz se hizo silencio.
Era el silencio horrible de los frutos podridos.
Oí que en mi garganta tropezó la derrota
con las piedras fatales.
Yo me cubrí los ojos
para no ver mis lágrimas que huían hacia mí.
Luego tú me besaste, dijiste algo. Yo oía
llorar mis propias lágrimas en el primer silencio
de la primer tristeza. El alma de ese día
llegó de lejos —tu alma— y se quedó en mi pecho.
476

Recinto

Ya nada tengo yo que sea mío:
mi voz y mi silencio son ya tuyos
y los dones sutiles y la gloria
de la resurrección de la ceniza
por las derrotas de otros días.
La nube
que me das en el agua de tu mano
es la sed que he deseado en todo estío,
la abrasadora desnudez de junio,
el sueño que dejaba pensativas
mis manos en la frente
del horizonte... Gracias por los cielos
de indiferencia y tierras de amargura
que tanto y mucho fueron. Gracias por
las desesperaciones, soledades.
Ahora me gobiernas por las manos
que saben oprimir las claras mías.
Por la voz que me nombra con el nombre
sin nombre... Por las ávidas miradas
que el inefable modo sólo tienen.
Al fin tengo tu voz por el acento
de saber responder a quien me llama
y me dice tu nombre
mientras en los pinares se oye el viento
y el sol quiere ser negro entre las ramas.
522

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