Lista de Poemas

Los Jardines De Afrodita

Enferma de nostalgias, la ardiente cortesana,
al rojizo crepúsculo que incendia el aposento,
su anhelo lanza al aire, como un halcón hambriento,
tras la ideal paloma de una Thule lejana.

Sueña con las ergástulas de la Roma pagana;
cruzar desnuda el Coso, la cabellera al viento,
y embriagarse de amores en el Circo sangriento
con el vino purpúreo de la vendimia humana.

Sueña... Un león celoso veloz salta a la arena,
ensangrentando el oro de su rubia melena.
Abre las rojas fauces... A la bacante mira,

salta sobre sus pechos, a su cuerpo se abraza...
¡Y ella, mientras la fiera sus carnes despedaza,
los párpados entorna y sonriendo expira!
405

Los Jardines De Afrodita

De la Grecia y de Italia bajo los claros cielos
en tu honor se entonaron los más dulces cantares,
y ofrecieron las vírgenes al pie de tus altares
las tórtolas más blancas y sus más ricos velos.

Hoy triste y solitaria, en el parque sombrío,
carcomida y musgosa, los brazos mutilados,
bajo la pesadumbre de los cielos nublados
el mármol de tu carne se estremece de frío.

¿Dónde se alzan ahora tus templos, Afrodita?
Ya la Pánica flauta en los bosques no invita
a danzar a los sátiros danzas voluptuosas.

Ha huido la Alegría, ha muerto la Belleza...
No hay risas en los labios y una inmensa tristeza
cubre como un sudario las almas y las cosas.
353

Los Jardines De Afrodita

El cisne se acercó. Trémula Leda
la mano hunde en la nieve del plumaje,
y se adormece el alma del paisaje
de un rojo crepúsculo de seda.

La onda azul, al morir, suspira queda;
gorjea un ruiseñor entre el ramaje,
y un toro, ebrio de amor, muge salvaje
en la sombra nupcial de la arboleda.

Tendió el cisne la curva de su cuello,
y con el ala —cándido abanico—,
acarició los senos y el cabello.

Leda dio un grito y se quedó extasiada...
y el cisne levantó, rojo, su pico
como triunfal insignia ensangrentada.
383

Los Jardines De Afrodita

Soy un alma pagana. Adoro al dios bifronte
y persigo a las ninfas por las verdes florestas,
y me gusta embriagarme en mis líricas fiestas
con vino de las viñas del viejo Anacreonte.

¡Que incendie un sol de púrpura de nuevo el horizonte;
que canten las cigarras en las cálidas siestas,
y que dancen las vírgenes al son del sistro expuestas
al violador abrazo de los faunos del monte!

¡Oh, viejo Pan lascivo!... Yo sigo la armonía
de tus pies, cuando danzas. Por ti amo la alegría
y las desnudas ninfas persigo por el prado.

Tus alegres canciones disipan mi tristeza,
y la flauta de caña que tañes me ha iniciado
en todos los misterios de la eterna Belleza!
351

Los Jardines De Afrodita

Hay rosas que se abren en selvas misteriosas
y mustias languidecen, nostálgicas de amores,
sin que haya quien aspire sus púdicos olores...
¡Hay almas que agonizan lo mismo que esas rosas!

Las mariposas tienden sus alas temblorosas
y en alegría loca de luces y colores,
ebrias de amor expiran en tálamos de flores...
¡Hay vidas que se acaban como esas mariposas!

"¡Oh, púdicas vestales! ¡Oh, locas meretrices!
¿Quiénes son más hermosas? ¿Quiénes
son más felices?"
los hombres preguntaron, en una edad lejana,

a un Fauno que en las frondas oculto sonreía...
Hace ya muchos siglos... Y en la conciencia humana
el Fauno, a esa pregunta, sonríe todavía.
378

Los Jardines De Afrodita

Te vi muerta en la luna de un espejo encantado.
Has sido en todos tiempos Elena y Margarita.
En tu rostro florecen las rosas de Afrodita
y en tu seno las blancas magnolias del pecado.

Por ti mares de sangre los hombres han llorado.
El fuego de tus ojos al sacrilegio incita,
y la eterna sonrisa de tu boca maldita
de pálidos suicidas el infierno ha poblado.

¡Oh, encanto irresistible de la eterna Lujuria!
Tienes cuerpo de Ángel y corazón de Furia,
y el áspid, en tus besos, su ponzoña destila...

Yo evoco tus amores en medio de mi pena...
¡Sansón, agonizante, se acuerda de Dalila,
y Cristo, en el Calvario, recuerda a Magdalena!
439

Los Jardines De Afrodita

El ritmo, el gran rebelde, me rinde vasallaje,
y cuando quiero ríe, y cuando quiero vuela,
y he domado a mi estilo como a un potro salvaje,
a veces con el látigo y a veces con la espuela.

Conozco los secretos del alma del paisaje,
y sé lo que entristece, y sé lo que consuela,
y el viento traicionero y el bárbaro oleaje
conocen la invencible firmeza de mi vela.

Amo los lirios místicos y las rosas carnales,
la luz y las tinieblas, la pena y la alegría,
los ayes de las víctimas y los himnos triunfales.

Y es el eterno y único ensueño de mi estilo
la encarnación del alma cristiana de María
en el mármol pagano de la Venus de Milo.
355

A Rogelio Buendía Manzano Poeta Joven

No volveré a gozar en tu mirada
la luz del Paraíso, ni el fragante
reposo de tu seno palpitante
servirá a mis cansancios de almohada,

que un ángel silencioso, con su espada
de fuego, en los umbrales vigilante,
guarda la estrecha puerta de diamante
de mi perdido Edén única entrada.

Jamás mi alma renacer espera
en la paz de tu eterna Primavera.
Para siempre tus rosas he perdido...

¡Oh Paraíso de mi amor postrero,
cuya entrada defiende con su acero
el ángel silencioso del Olvido!
304

A Rogelio Buendía Manzano Poeta Joven

Un «¡espera!», un «¡recuerda!» es cuanto queda
de tu voz en mi oído... ¡todo es eso!
¡Nunca en tus labios floreció mi beso!
¡Jamás mis sueños perfumó la seda

de tus cabellos..! Bajo la arboleda
nos dijimos ¡adiós..! Y en un exceso
de orgullo y de rencor, quitose el preso
sus cadenas de rosas... ¡Dios conceda

a tu alma la dicha ambicionada!
Yo, en las frías tinieblas de la nada
con pasos de sonámbulo me pierdo...

¡Y aullando de dolor, sobre la arena
del pasado, mi vida es una hiena
devorando el cadáver de un recuerdo!
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A Rogelio Buendía Manzano Poeta Joven

Si yo fuese un orfebre florentino,
sobre el cristal de una esmeralda clara
con unción religiosa, cincelara
la línea audaz de tu perfil latino.

Y en el más puro oro, en el más fino,
después, como una lágrima engarzara
la verde gema, para que brillara
en medio de tu seno alabastrino.

Y si fuera pintor, ¡con qué cuidado,
con mi pincel, por el amor guiado,
diluiría en la cándida vitela

de un abanico tu sutil figura,
entre el rosa fragante y la frescura
de un florido paisaje de acuarela!
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Identificación y contexto básico

Francisco Villaespesa y Romarote fue un poeta español, cuya obra se enmarca en el Romanticismo tardío y el Modernismo. Nacido en Almería, su producción literaria, escrita en español, exploró temas como el amor idealizado, el exotismo, la melancolía y la historia, gozando de una notable popularidad en su tiempo.

Infancia y formación

Nacido en una familia acomodada, Villaespesa recibió una educación esmerada que fomentó su vocación literaria. Su formación se vio influenciada por las lecturas de los grandes poetas románticos y por las nuevas corrientes estéticas que comenzaban a irrumpir en la literatura española.

Trayectoria literaria

La carrera literaria de Villaespesa se caracterizó por una gran prolificidad y una rápida consolidación de su fama. Publicó sus primeros versos en su juventud y pronto se convirtió en un poeta reconocido y celebrado. Su obra evolucionó hacia el Modernismo, sin abandonar nunca ciertos ecos románticos. Fue un colaborador asiduo de revistas y periódicos, y sus poemas fueron recogidos en numerosas antologías.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras más representativas se encuentran "Astros y flores" (1892), "El alma del trovador" (1895), "La selva oscura" (1900) y "La corte de la luna" (1910). Su estilo destaca por su musicalidad, el uso de un lenguaje cuidado y evocador, y su habilidad para crear atmósferas exóticas y melancólicas. Se adscribió a las formas métricas tradicionales, pero con una sensibilidad modernista. Su voz poética es predominantemente lírica y sentimental, a menudo marcada por un tono elegíaco y un anhelo por mundos pasados o lejanos.

Contexto cultural e histórico

Villaespesa vivió y escribió en un periodo de transición en España, marcado por la decadencia del Imperio y la búsqueda de una nueva identidad nacional. Perteneció a la generación del 98, aunque su estilo se mantuvo más ligado a las corrientes románticas y modernistas, lo que le diferenció de otros autores de su generación más preocupados por los problemas sociales y políticos.

Vida personal

Su vida, aunque menos documentada en cuanto a detalles íntimos que su obra, estuvo marcada por su dedicación casi exclusiva a la literatura y por una intensa vida social en los círculos literarios de la época. Su fama le proporcionó un reconocimiento público que, sin embargo, no siempre se tradujo en un aprecio crítico profundo por parte de las generaciones posteriores.

Reconocimiento y recepción

En su tiempo, Francisco Villaespesa fue un poeta enormemente popular, aclamado por el público y la crítica de la época. Sus recitales y lecturas de poemas eran eventos multitudinarios. Sin embargo, tras su muerte, su obra experimentó un declive en el reconocimiento crítico, siendo a menudo considerada más sentimental y efectista que profundamente innovadora, a pesar de su indudable calidad formal.

Influencias y legado

Fue influenciado por autores como Gustavo Adolfo Bécquer y los poetas románticos franceses. Si bien su influencia directa en poetas posteriores fue limitada en comparación con otros autores de su época, su obra representa un importante eslabón en la evolución de la poesía española hacia el Modernismo, y su popularidad contribuyó a mantener vivo el interés por la lírica en amplios sectores de la sociedad.

Interpretación y análisis crítico

Los análisis críticos de su obra suelen destacar su virtuosismo formal y su capacidad para evocar atmósferas, pero también señalan una cierta repetición temática y una menor profundidad existencial en comparación con otros poetas coetáneos más vanguardistas o comprometidos socialmente.

Infancia y formación

Villaespesa era conocido por su talento para la declamación, lo que contribuyó significativamente a su éxito popular. Sus viajes por Europa y Oriente influyeron en sus poemas de corte exótico.

Muerte y memoria

Falleció en Madrid, dejando tras de sí una extensa obra poética que, si bien ha sido revisada críticamente, sigue siendo un testimonio valioso de la poesía española de finales del siglo XIX y principios del XX.