Lista de Poemas

Daimon del domingo, de Materia de Testamento

Entre la Biblia de Jerusalén y estas moscas que ahora andan ahí volando, prefiero estas moscas. Por 3 razones las prefiero: 1-porque son pútridas y blancas con los ojos azules y lo procrean todo por el aire como riendo, 2-por eso velocísimo de su circunstancia que ya lo sabe todo desde mucho antes del Génesis, 3-por además leer el Mundo como hay que leerlo: de la putrefacción a la ilusión.
801

Tan Callando

Lo que me gusta del cuadro es que el muerto
da a la ventana y la ventana
está abierta y el oxígeno
hace de las suyas con él, le canta y
le baila, lo hace pensar
en otro tiempo como si esto de yacer
ahí nadando en lo lívido
fuera parte del insomnio. En cuanto
a las rosas cuyos pecíolos no hacen sino crecer
afuera, entre el pasto, ésas germinan
a la velocidad de sus uñas.
Ventalle
de los muertos.
842

De Lo Que Contesçió Al Arcipreste Con La Sserrana Bicicleta E De Las Figuras Della

La habría el Arcipreste amado a la bicicleta
con gozo nupcial, la habría en cada cuerda acariciado,
deseado por vedette piernilarga en el carrousel
de aqueste gran fornicio que es la Tierra, profundizado
con ciencia de aceite por
máquina suntuosa, pedaleado hasta el paroxismo
olor a fucsia en la fermosura de la moza.

Montado así en arrebato tan desigual cómo hubiérala
nadado con arte esquivo haciendo uno
timón y manubrio sin saber por dónde desembarcar,
alazana como es la imantación de la seda
entre rueda y muslo, cómo
por medieval que parezca el gallo y la cresta
del mester del gallo, bodas
hubiera habido por el suelo de algún Don Arcipreste abrupto
que otrora
fuera carnal y sacramental, bodas con

extremaunción y alambre, bodas de risa
con misa y otras astucias, ¿quién lo manda
a desear la costilla de su prójimo, a verdear
con cualquier loca por allí, a
andar viendo mujer en cada escoba
con joroba?, ¿aluminio
donde no hay más que exterminio?,
¿quería
maja? Bueno,
ahí tiene mortaja.
562

Octubre Ocho

Así que me balearon la izquierda, ¡lo que anduve
con esta pierna izquierda por el mundo! Ni un árbol
para decirle nada, y víboras, y víboras,
víboras como balas, y agárrenlo y reviéntenlo,
y el asma, y otra cosa,
y el asma, y son las tres. Y el asma, el asma, el asma.

Así que son las tres, o ya no son las tres,
ni es el ocho, ni octubre. Así que aquí termina
la quebrada del Yuro, así que la Quebrada
del Mundo, y va a estallar. Así que va a estallar
la grande, y me balearon en octubre.

Así que daban cinco mil dólares por esto, o eran cincuenta
mil,
sangre mía, por esto que fuimos y que somos,
¡y todo lo que fuimos y somos! Cinco mil
por mis ojos, mis manos, cincuenta mil por todo,
con asma y todo. Y eso, roncos pulmones míos,
que íbamos a cumplir los cuarenta cantando.

Cantando los fatídicos mosquitos de la muerte:
arriba, arriba, arriba los pobres, la conducta
de la línea de fuego, bienvenida la ráfaga
si otros vienen después. Vamos, vamos veloces,
vamos veloces a vengar al muerto.

Lo mío —¿qué es lo mío?—: esta rosa, esta
América
con sus viejas espinas. Toda la madrugada
me juzgan en inglés. ¿Qué es lo mío y lo
mío
sino lo tuyo, hermano? La cosa fue de golpe
y al corazón. Aquí
va a empezar el origen, y cómanse su miedo.

Así que me carnearon y después me amarraron.
A Vallegrande —a qué— ¡y en helicóptero!
Bueno es regar con sangre colorada el oxígeno
aunque después me quemen y me corten las manos,
las dos manos.
—Dispara sin parar
mientras voy con Bolívar, pero vuelvo.
841

Transtierro

Miro el aire en el aire, pasarán
estos años cuántos de viento sucio
debajo del párpado cuántos
del exilio,
829

Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
—Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.
979

Materia De Testamento

A mi padre, como corresponde, de Coquimbo a Lebu, todo el mar,
a mi madre la rotación de la Tierra,
al asma de Abraham Pizarro aunque no se me entienda un tren de humo,
a don Héctor el apellido May que le robaron,
a Débora su mujer el tercero día de las rosas,
a mis 5 hermanas la resurrección de las estrellas,
a Vallejo que no llega, la mesa puesta con un solo servicio,
a mi hermano Jacinto, el mejor de los conciertos,
al Torreón del Renegado donde no estoy nunca: Dios,
a mi infancia, ese potro colorado,
a la adolescencia, el abismo,
a Juan Rojas, un pez pescado en el remolino con su paciencia de santo,
a las mariposas los alerzales del sur,
a Hilda, l'amour fou, y ella está ahí durmiendo,
a Rodrigo Tomás mi primogénito el número áureo
del coraje y el alumbramiento,
a Concepción un espejo roto,
a Gonzalo hijo el salto de la Poesía por encima de mi cabeza,
a Catalina y Valentina las bodas con hermosura y espero que me inviten,
a Valparaíso esa lágrima,
a mi Alonso de 12 años el nuevo automóvil siglo veintiuno
listo para el vuelo,
a Santiago de Chile con sus 5 millones la mitología que le falta,
al año 73 la mierda,
al que calla y por lo visto otorga el Premio Nacional,
al exilio un par de zapatos sucios y un traje baleado,
a la nieve manchada con nuestra sangre otro Nüremberg,
a los desaparecidos la grandeza de haber sido hombres en el suplicio
y haber muerto cantando,
al Lago Choshuenco la copa púrpura de sus aguas,
a las 300 a la vez, el riesgo,
a las adivinas, su esbeltez
a la calle 42 de New York City el paraíso,
a Wall Street un dólar cincuenta,
a la torrencialidad de estos días, nada,
a los vecinos con ese perro que no me deja dormir, ninguna cosa,
a los 200 mineros de El Orito a quienes enseñé a leer
en el silabario de Heráclito, el encantamiento,
a Apollinaire la llave del infinito que le dejó Huidobro,
al surrealismo, él mismo,
a Buñuel el papel de rey que se sabía de memoria,
a la enumeración caótica el hastío,
a la Muerte un crucifijo grande de latón.
749

Sin Lihn

Lihn sangra demasiado todavía para hablar
de Lihn ido Lihn, «defunctus
adhuc loquitur», preferible
el cuerpo que no hay de su figura, no
importa lo del sepelio ni la parábola
de la corrupción del sepelio: algo
que no más él y yo,

cada uno
en su U-Bahnc bajo otro Spree
irreal,

cada féretro
en su corteza,

cada nadie
en su nadie, desaceitado
como voy en el chillido
de las gaviotas de Berlín sin
más allá ni
más acá salvo en el sur
hacia el oeste Adriana
la tristísima, Andrea
bajo la llovizna, lo que
lo confirma
todo:
—Ahora Lihn
tiene la palabra;

muro
y muro.
819

Sebastián Acevedo

Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.

Sólo veo ahí llamear a Acevedo
por nosotros con decisión de varón, estricto
y justiciero, pino y
adobe, alumbrando el vuelo
de los desaparecidos a todo lo
aullante de la costa: sólo veo al inmolado.

Sólo veo la bandera alba de su camisa
arder hasta enrojecer las cuatro puntas
de la plaza, sólo a los tilos por
su ánima veo llorar un
nitrógeno áspero pidiendo a gritos al
cielo el rehallazgo de un toqui
que nos saque de esto: sólo veo al inmolado.

Sólo al Bío-Bío hondo, padre de las aguas, veo velar
al muerto: curandero
de nuestras heridas desde Arauco
a hoy, casi inmóvil en
su letargo ronco y
sagrado como el rehue, acarrear
las mutilaciones del remolino
de arena y sangre con cadáveres al
fondo, vaticinar
la resurrección: sólo veo al inmolado.

Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado.
773

Arrullo

ARRULLO

Para Claudio Arrau


Grand sosiego ovieron aquella noche los muertos:


apiádate

Agua de ellos por ociosos

y vueltos al revés, permite

Aire que no se envenenen ni se mareen

en el vértigo, Fuego acepta como flores

sus pobres párpados, amamántalos

otra vez Tierra con tus viejos pezones.

Tierra,

Fuego, Aire, Agua, consideren la inmensidad de su hambre.

Grand sosiego ovieron aquella noche los muertos.

775

Comentarios (0)

ShareOn Facebook WhatsApp X
Iniciar sesión para publicar un comentario.

NoComments

Identificación y contexto básico

Gonzalo Rojas Pizarro fue un destacado poeta chileno, cuya obra se enmarca en la poesía de posguerra y las vanguardias del siglo XX. Nació en Lebu, Chile, y su escritura, en español, se caracteriza por una profunda reflexión sobre la existencia, el tiempo, la muerte y el lenguaje.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia de clase media, su infancia y juventud transcurrieron en un ambiente que le permitió acceder a la educación. Formación autodidacta y universitaria, su acercamiento a la literatura y la filosofía marcó su desarrollo intelectual. Las lecturas de autores clásicos y contemporáneos, así como su interés por diversas corrientes de pensamiento, moldearon su visión del mundo.

Trayectoria literaria

La trayectoria de Rojas comenzó a tomar forma en su juventud, con la publicación de sus primeros poemas. A lo largo de su vida, su obra evolucionó significativamente, atravesando distintas etapas marcadas por la profundización de sus temas y la experimentación formal. Colaboró en diversas revistas literarias y antologías, consolidando su presencia en el panorama poético chileno e internacional.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras capitales se encuentran "La miseria en el lenguaje" (1948), "Las hermandades temporales" (1960), "Oscuro" (1977) y "Cuaderno de Hiroshima" (1980). Su estilo es reconocido por su intensidad, la exploración de los límites del lenguaje, el uso de metáforas audaces y la reflexión existencial. Rojas se deleita en la disolución del verso tradicional, buscando nuevas formas para expresar la complejidad de la experiencia humana, la fugacidad del tiempo y la omnipresencia de la muerte. Su voz poética es profunda, a menudo sombría, pero siempre lúcida y desgarradora.

Contexto cultural e histórico

Vivió y escribió en un Chile y un mundo convulsionados por eventos históricos de gran envergadura, desde la Guerra Civil Española hasta las dictaduras latinoamericanas. Perteneció a una generación de poetas que buscaban renovar el lenguaje y la temática poética, dialogando con las vanguardias y la filosofía existencial. Su obra refleja las tensiones de su tiempo, la crisis de la modernidad y la búsqueda de sentido.

Vida personal

La vida personal de Rojas, marcada por experiencias de exilio y por su profunda reflexión sobre la existencia, se entrelaza indisolublemente con su obra. Sus relaciones, sus crisis y su compromiso con la palabra como herramienta de conocimiento y resistencia, se plasman en la intensidad y la honestidad de sus versos.

Reconocimiento y recepción

Gonzalo Rojas es considerado uno de los poetas chilenos más importantes del siglo XX. A lo largo de su carrera recibió numerosos premios y reconocimientos, tanto en Chile como en el extranjero, incluyendo el Premio Cervantes en 2004. Su obra ha sido objeto de estudio y admiración por parte de críticos y lectores, consolidando su lugar en el canon literario hispanoamericano.

Influencias y legado

Influenciado por poetas como César Vallejo y Pablo Neruda, Rojas, a su vez, ha ejercido una notable influencia en generaciones posteriores de poetas chilenos y latinoamericanos, quienes encuentran en su obra un modelo de audacia verbal y profundidad existencial. Su legado reside en la exploración radical del lenguaje como vía para desentrañar la condición humana.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Rojas es un campo fértil para la interpretación crítica. Sus poemas invitan a una deconstrucción del lenguaje y a una confrontación con las verdades existenciales, la precariedad de la vida y la inexorabilidad del tiempo.

Infancia y formación

Se dice que su proceso creativo era intenso y a menudo solitario. Sus cuadernos de notas y manuscritos revelan la minuciosidad con la que trabajaba el lenguaje, buscando la palabra precisa para expresar la complejidad de sus pensamientos.

Muerte y memoria

Falleció en Santiago, Chile, dejando una obra póstuma que continúa siendo estudiada y admirada. Su memoria perdura en la riqueza de su poesía, que sigue interpelando a los lectores contemporáneos.