Lista de Poemas
No Me Engañaréis Más, Vana Esperanza
mi desengaño ya cerró la puerta,
y esa falsa salud que os trae cubierta,
con el sueño se ira, como es su usanza.
Solía desear una mudanza,
hacer muy gran caudal de cosa incierta,
y agora el desear no se concierta
con mudar, que consiste en confianza.
Ya sé, falsa, quién sois; quitaos el velo;
no me engañarán más vuestras blanduras;
vivir podéis de hoy más con otro dueño.
¡Ay dura ley de Amor! Permite el cielo
que el cabo de tan grandes desventuras
sea mostrarme el bien durmiendo, en sueño.
Gran Señal Es El Ver Que Me Arrepiento
para pensar que ya conozco el daño;
pues me quiero apartar de un mal tamaño,
señal es que lo entiendo y que lo siento.
Mas ¿quién me dará, Amor, atrevimiento?
¿Quién me dará un esfuerzo tan extraño
que aquel gesto sabroso del engaño
pueda desarraigar del sentimiento?
Tanta luz de razón, razón me ha dado,
que conozco el error y el desvarío
del que pretende amando se amando;
mas tiene tanta fuerza el ardor mío
que aunque conozco bien que voy errado,
del camino que voy no me desvío.
Aquel Nudo Que Ya Debía Ser Suelto
después que pude ver claros mis daños,
llevándose tras sí los tristes años
en perpetua prisión me tiene envuelto.
¿Quién pensará jamás viendo tan vuelto,
tan mezclado un amor con mil engaños,
pudiera el corazón en tan extraños
lazos permanecer preso y revuelto?
Mas si la voluntad de un firme amante
puede el tiempo mudar, si libre verme
puedo una vez de este enojoso nudo,
de aquel mismo valor, de aquel diamante
que es agora mi fe, pienso hacerme
a los ojos un yelmo, al alma escudo.
Hora Podrás Vencer, Fiero Recelo
hora te hartarás, furia rabiosa;
hora quedas fortuna victoriosa
que estoy puesto a tus pies ya por el suelo.
Ya no hay de qué temer, pues quiere el cielo
que, ausente de mi bien, tan trabajosa
vida viva, muriendo en sospechosa
congoja y en llorar mi desconsuelo.
Mas no harás, en ser movible y fiera,
con no estar en vencer un hora estable,
que no sea mi pasión lo que antes era.
Tan honroso es mi mal y tan loable,
que si puedes hacer que del yo muera,
yo sé que no harás que sea mudable.
Tan Alta Al Desear Hallo La Vía
tanto peligro en ella yo comprendo,
que ni contrasto ya, ni me defiendo,
rendido a la cruel señora mía.
Mas, si bien siento, el fin de mi porfía
es irme poco a poco deshaciendo,
y que lo que me está mejor, entiendo.
No se verá mudar mi fantasía;
no se dirá jamás que de inconstante
no osé seguir tan gloriosa empresa,
ni que me puso algún temor la pena.
Tan ufana está el alma en verse presa,
que si a limar probase la cadena,
hallará que es del más duro diamante.
Ay, Falso Burlador, Sabroso Sueño
malamente traidor, me has ofendido!
¡Ay, nunca hubiera yo jamás dormido
o nunca se acabara tu beleño!
La saña injusta y el turbado ceño
me mostraste en amor ya convertido,
y en llegándome al vivo del sentido
el mal, me huyó el bien como su dueño.
¿Para qué fue, traidor, aquel mostrarme
tan llena de piedad a mi señora
y tan de su crueldad arrepentida?
Dejárasme así estar sin engañarme,
o fuera un sueño tal, no por un hora,
mas lo poco que queda de mi vida.
Cuando A Contemplar Vengo El Curso Breve
de esta vida mortal, vana, ligera,
y cómo saltear airada y fiera
suele la muerte a aquél que morir debe,
viene el sentido a ser casi de nieve
ante el sol del temor que desespera,
viendo cuán tarde y mal, ya que andar quiera,
el mal uso a virtud los pasos mueve.
Y es el mal que me quejo y muestro ceño
de fortuna, de amor, de mi señora,
sabiendo que la culpa es toda mía,
que, como hombre engolfado en dulce sueño,
me duermo sin pensar siquiera un hora
que siendo el morir cierto, ignoro el día.
¡ay, Sabrosa Ilusión, Sueño SÜave!
¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo veniste?
¿Por dónde entraste el alma o qué le diste
a mi secreto por guardar la llave?
¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan grave,
el remedio poner que tú pusiste?
Si el ramo tincto en Lete en mí esparciste,
ten la mano al velar que no se acabe.
Bien conozco que duermo y que me engaño,
mientra envuelto en un bien falso, dudoso,
manifiesto mi mal se muestra cierto.
Pero, pues excusar no puedo un daño,
hazme sentir, ¡oh sueño pïadoso!,
antes durmiendo el bien, que el mal despierto.
Vete, Falsa Visión, No Me Atormentes
déjame estar, que no quiero creerte;
mi ventura consiste en que no acierte,
tú quieres que lo sepa yo y las gentes.
Vete, temor villano y no me cuentes
cosa que con mi fe no se concierte;
vete, sospecha loca; ésta es mi suerte:
que me maten mil sombras aparentes.
Vete, fuego infernal, celosa furia,
fiera imaginación, cruel, dañosa;
no me deis, pues no os pido, el desengaño.
Creyendo el bien a nadie hago injuria.
¿Por qué queréis hacer tan sospechosa
a mi señora, y a mí un mal extraño?
En Medio De Mi Mal Vino Cubierto
un tan hermoso bien, tan dulce engaño,
que el alma enamorada de su daño
fue luego con el seso de concierto.
A tiempo vi el peligro descubierto,
que pudiera valerme del engaño
si consintiera Amor que en bien tamaño
tuviera la razón discurso cierto.
Si pudiera apartar del pensamiento
un temor peligroso, obscuro y triste,
¿con quién trocara yo mi buena suerte?
Mas no quiere el vencido sentimiento,
porque el alma que tal hábito viste,
no lo puede dejar salvo por muerte.
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