Lista de Poemas

El Reino De Los Cabiros

EL REINO DE LOS CABIROS


Unas aves negras y de ojos encarnizados se alojaban
entre los mármoles derruidos. Infligían la afrenta de las
arpías soeces. Andaban a saltos menudos y alzaban un vuelo
inelegante.

La vega de la ciudad abundaba en arbustos malignos
citados, para memoria de la venganza y amargura, en más de un
libro sapiencial.

Un busto de mirada absorta, ceñido de
guirnalda de yedra, se alzaba a cada momento sobre su pedestal roto. El
suelo de los jardines violados había dado albergue, un siglo
antes, a las víctimas de una histórica epidemia.

La luz del día regurgitaba de una rotura del
globo del sol, y la noche, duradera cual las del invierno, estaba a
cargo de un astro, de orbe incompleto y de través.

Unos hombrecillos deformes brotaban del suelo, en
medio del sopor nocturno. Salían por una apertura semejante al
escotillón de un tablado. Sus ojos eran oblicuos y el cabello
lacio y espeso invadía la angosta zona de la frente.
Respondieron a mi interpelación valiéndose de un gesto
lúbrico y hube de asestarles el puño sobre la faz dura,
como de piedra. La mano me sangra todavía.

Yo no contaba otra amistad sino la de una mujer
desconsolada, atenta a mi bien y a las memorias de un mundo superior.
No sabría decir su nombre. Yo olvidaba, en el principio de cada
mañana, su discurso.

Ella misma me puso en el camino del mar y me
señaló una estrella sin ocaso.

A poco de soltar las velas al viento
próspero, vi alzarse, desde el sitio donde me habían
despedido con lamentos, una interminable espiral de humo.


386

Crepúsculo

CREPÚSCULO


Silvio resiste difícilmente el ingenio de
Beatriz. Las burlas irritan al galán presumido.

El gótico sol de los vitrales prima la orla
de una alegre nube, de forma alternativa.

Los follajes componen una oscuridad continua, a la hora de la tarde, en
la ciudad blanca.

Beatriz contempla el río, suspensa ante el
caudal transitorio y la figura idéntica.

El galán se aleja amenazando rivales
imaginarios. Beatriz usa, para despedirlo, una cortesía
juiciosa, abstinente.

La joven retorna, en presencia de una luna
eclipsada, a los severos pensamientos de su tedio.

Las tinieblas incoercibles, de pies suaves, de
carátula burlesca, soplan unas largas flautas de ébano o
de plata.

Un ladrido brusco, originado en los claustros
interiores de la tierra, consterna el bosque de laureles.


450

El Festín De Los Buitres

EL FESTÍN DE LOS BUITRES


Había pedido la seguridad y el atrevimiento
después de sacrificar a su mujer. La había sorprendido en
una entrevista con el enemigo y le infirió la muerte antes de
escuchar la primera disculpa.

Había quedado solo y casi inerme. La tribu
peregrina había sucumbido en la porfía con
ejércitos regulares. El superviviente no contaba otros bienes
sino su caballo y un carro encomendado a la fuerza de sus canes y en
donde se guarnecía de la lluvia. Habría muerto de hambre
si no se atreviera con las raíces incultas y con las viandas
aprovechadas por los gitanos en su dieta indigente.

Recibía a cada instante una advertencia de la
suerte. Llegó a desconocer el ruido de sus propios pasos y
giró sobre sí mismo para defenderse. Un aparecido
acostumbraba interrumpirle el sueño, violentando la puerta de su
vivienda en medio de la jauría consternada.

El proscrito decidió abandonarse a merced de
los sucesos. Se encontró fortuitamente con una mendiga lastimosa
el día de caer prisionero y de ser victimado. La ancianidad la
había convertido en una grulla de muletas.

La mendiga deseaba el fin de la guerra continua, en
donde había perdido sus hijos, y se prestaba al oficio de
espía.

Los vencedores sobrevinieron por vías
distintas y desvanecieron el último ademán de la defensa.
Lo hirieron a satisfacción.

La mendiga se limitó a sellar con un
puño de tierra la faz del héroe.


476

Las Suplicantes

LAS SUPLICANTES


Las mujeres fugitivas se prosternan a los pies del
rey y se expresan en voces entrecortadas, sin ordenar el cuento de su
desgracia.

El rey no consigue entenderlas sino cuando se aparta
a un lado con la más serena y diserta.

No podían sufrir los oprobios de su
señor. Se horrorizaban de sus bigotes lacios, de su cara
cetrina, de su vientre descolgado sobre unas piernas de enano.

Yo salí inmediatamente a impedir la
generosidad del rey y lo disuadí de salvar a las fugitivas.

Yo había dominado, en esos días, una
sedición entre las mujeres de mi serrallo. Se dejaron aconsejar
de un eunuco malicioso y deforme, comparado por ellas mismas al
cebú.

Yo le había inferido el agravio más
pesado entre los musulmanes, arrojándole al rostro una de mis
pantuflas cuando me hallaba enfurecido por un brebaje de
cáñamo.

Las suplicantes fueron devueltas a su dueño
por mi consejo y bajo mi dirección. Marcharon a pie, atadas
entre sí por los cabellos, a través de un arenal ardiente
y bajo el azote de uno de mis esclavos.

Yo las puse en manos de su amo y le recomendé
un castigo memorable.

Las paseó, en medio de la gritería
popular, montadas de espaldas sobre unos camellos roídos de
sarna.

Unas viejas les salieron al encuentro,
dirigiéndoles motes desvergonzados y lanzándoles
puños de la basura de la calle.


415

Rúnica

RÚNICA


El rey inmoderado nació de los amores de su
madre con un monstruo del mar. Su voz detiene, cerca de la playa, una
orca alimentada del tributo de cien doncellas.

Se abandona, durante la noche, al frenesí de
la embriaguez y sus leales juegan a herirse con los aceros afilados,
con el dardo de cazar jabalíes, pendiente del cinto de las
estatuas épicas.

El rey incontinente se apasiona de una joven
acostumbrada a la severidad de la pobreza y escondida en su
cabaña de piedras. Se embellecía con las flores del
matorral de áspera crin.

La joven es asociada a la vida orgiástica. Un
cortesano dicaz añade una acusación a su gracejo
habitual. El rey interrumpe el festín y la condena a morir bajo
el tumulto de unos caballos negros.

La víctima duerme bajo el húmedo musgo.


473

La Alborada

LA ALBORADA


El revuelo de las golondrinas impide la serenidad de
la mañana celeste. Las aves seráficas observan su voto de
júbilo y pobreza. Sugieren una emoción nostálgica
y piadosa. Desaparecen repentinamente, inspirando la sospecha de acudir
al llamamiento de un ermitaño benévolo y anciano.

Las iglesias vetustas de la ciudad episcopal,
habitada por colegiales y doctores, conciertan ocasionalmente sus
campañas

El enfermo registra el contorno desde un
balcón retirado profundamente en su casa hermética.
Permanece, vestido de blanco, en una silla poltrona. Deja ver, en el
rostro cándido y marchito, los efectos de un mal
contraído desde la niñez.

He velado la noche entera, sintiendo los sones de
una orquesta lejana, a través del aire veleidoso. La
música insinuaba el pasatiempo de la danza en una sala radiante.

El enfermo ha desechado la fe de sus mayores.
Sobrelleva el ocio prolijo siguiendo el pensamiento de filósofos
desolados y réprobos y penetrando los secretos de los idiomas
antiguos, de belleza lapidaria. Rememora la amenaza de la fatalidad,
las leyes inexorables del universo en estrofas de sonoridad latina.

El enfermo se envuelve la faz con un lienzo recogido
de sus hombros. Quiere ocultar a las miradas de su criada afectuosa el
sentimiento de su última composición y la dice en voz
baja y suave.

El poeta se burla del privilegio del genio, merced
diabólica transformada en cenizas. La calavera del
símbolo domina en su canto de soledad y amargura y anuncia, por
medio de una trompeta de bronce, la soberanía perenne del olvido.


450

La Suspirante

LA SUSPIRANTE


La hermosa ha regresado de muy lejos. Se encierra
nuevamente en su cámara inaccesible, satisfaciéndose con
el mueble esbelto y la baratija exótica. Impone el recuerdo de
una era señorial, rodeándose de las escenas sucesivas de
un tapiz.

La hermosa se pierde en la lectura de sucesos
extravagantes, acontecidos en reinos imaginarios, y narrados con
semblante de parodia. Vuelve sobre un pasaje burlesco, en donde alterna
un pastor con el bufón expulsado de la corte.

La dama displicente se engolfa en las peripecias de
un relato incomparable y suspende el entretenimiento cuando empieza una
batalla entre caballeros de sobrenombres ínclitos.

La dama renuente, aficionada a las quimeras de la
imaginación, sueña con huir de este mundo a otro ilusorio.

Nadie podría averiguar el derrotero de su
fuga.

La hermosa vuela sobre los caminos cegados por la
nieve y un búho solitario da el alarma en la noche fascinada por
el plenilunio.


442

Mar Latino

MAR LATINO


Estoy glosando el paisaje de la Ilíada en
donde los ancianos de Troya confiesan la belleza de Helena. Me escucha
una mujer floreciente del mismo nombre. Los dos sentimos la solemnidad
de ese momento de la epopeya y esperamos el fragor del desastre
suspendido sobre la ciudad.

Agamenón, el rey de las mil naves, puede
apresurar, apellidándolas, el desenlace de la contienda.

La sucesión de los visos del mar, presentes
en la memoria de Homero, desaparece bajo el único tinte de la
sangre.

La mujer me invita a dejar el recuento de las
calamidades fabulosas y a seguir el derrotero de una fantasía
más serena, en demanda de unas islas situadas en el occidente.
Horacio las recordaba cuando quería descansar de los males
contemporáneos.

Yo comprendo la excursión irreal
sirviéndome de los residuos lapidarios de una leyenda perdida.
Nuestro bajel solicita, a vela y remo, los jardines quiméricos
del ocaso. Nos hemos fiado a un piloto de la Eneida. Su nombre designa
actualmente un promontorio del Tirreno.

La voz mágica de mi compañera fuga las
sirenas ufanas de sus cabellos, en donde se enredan las algas y los
corales, y se muda en un canto flébil. Invita a comparecer, bajo
el cielo de lumbre desvanecida, la hueste de larvas
subterráneas, mensajeras de un mundo espectral.


459

Nocturno

NOCTURNO


Quise hospedarme solo en la casa de portada
plateresca.

Me esforcé mucho tiempo restableciendo el uso
de los cerrojos. Mis pasos herían el suelo sonoro y
descomponían la vieja alfombra de polvo.

Sujetos de formas vanas apagaban los fanales al
empezar la noche, rodeándome de tinieblas agónicas, y el
edificio de dos pisos desaparecía en la semejanza de una
cabellera desatada por el huracán.

Yo esperaba ansiosamente un prodigio.

He visto una mujer de fisonomía noble, de
rasgos esculpidos por la memoria de un pesar. Ocupaba una rotura
súbita de la sombra y acercaba el rostro a la cabecera de un
féretro.

La fractura de una fiola de cristal despedía
un sonido armonioso y la fantasmagoría zozobraba en la oscuridad
impenetrable.


409

El Rajá

EL RAJÁ

Yo me extravié, cuando era niño, en
las vueltas y revueltas de una selva.

Quería apoderarme de un antílope recental. El rugido del
elefante salvaje me llenaba de consternación. Estuve a punto de
ser estrangulado por una liana florecida.

Más de un árbol se parecía al
asceta insensible, cubierto de una vegetación parásita y
devorado por las hormigas.

Un viejo solitario vino en mi auxilio desde su
pagoda de nueva pisos. Recorría el continente dando ejemplos de
mansedumbre y montado sobre un búfalo, a semejanza de Lao-Tse,
el maestro de los chinos.

Pretendió guardarme de la sugestión de
los sentidos, pero yo me rendía a los intentos de las ninfas del
bosque.

El anciano había rescatado de la servidumbre
a un joven fiel. Lo compadeció al verlo atado a la cola del
caballo de su señor.

El joven llego a ser mi compañero habitual.
Yo me divertía con las fábulas de su ingenio y con las
memorias de su tierra natal. Le prometí conservarlo a mi lado
cuando mi padre, el rey juicioso, me perdonase el extravío y me
volviese a su corte.

Mi desaparición abrevió los
días del soberano. Sus mensajeros dieron conmigo para advertirme
su muerte y mi elevación al solio.

Olvidé fácilmente al amigo de antes,
secuaz del eremita. Me abordó para lamentarse de su pobreza y
declararme su casamiento y el desamparo de su mujer y de su hijo.

Los cortesanos me distrajeron de reconocerlo y lo
entregaron al mordisco sangriento de sus perros.


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Identificación y contexto básico

José Antonio Ramos Sucre fue un poeta venezolano. Nació el 30 de junio de 1890 y falleció el 18 de abril de 1930. Fue conocido por su poesía lírica y reflexiva.

Infancia y formación

La infancia de Ramos Sucre transcurrió en Cumaná, donde recibió su educación primaria. Posteriormente, se trasladó a Caracas para continuar sus estudios universitarios en la Universidad Central de Venezuela, donde se graduó de abogado. Durante su formación, mostró un gran interés por la literatura y la filosofía, leyendo vorazmente a autores clásicos y contemporáneos.

Trayectoria literaria

La carrera literaria de Ramos Sucre fue corta pero intensa. Comenzó a publicar sus primeros poemas en revistas literarias de Caracas a principios de la década de 1920. Su obra se caracteriza por una profunda introspección y una búsqueda constante de la perfección formal. A lo largo de su trayectoria, exploró temas como el tiempo, la muerte, la soledad y la fugacidad de la existencia.

Obra, estilo y características literarias

Su obra principal, "Tregua" (1920), es un poemario emblemático que explora la melancolía, la reflexión existencial y la desilusión ante la vida. Otro libro importante es "Soledades", publicado póstumamente. Su estilo es depurado, con un lenguaje preciso y evocador, lleno de metáforas y símbolos que remiten a un universo interior. Utiliza predominantemente el verso libre, pero con una musicalidad y un ritmo muy cuidados. El tono de su poesía es elegíaco y contemplativo, con una voz poética que transmite una profunda sensibilidad y una visión pesimista pero a la vez serena de la vida. Su poesía se asocia al modernismo tardío y a las primeras manifestaciones de la vanguardia en Venezuela.

Contexto cultural e histórico

Ramos Sucre vivió en una época de efervescencia cultural en Venezuela y Latinoamérica, marcada por las transiciones del modernismo hacia las vanguardias. Su obra se nutrió de las inquietudes filosóficas y literarias de su tiempo, dialogando con corrientes como el simbolismo y el existencialismo incipiente.

Vida personal

José Antonio Ramos Sucre llevó una vida discreta y dedicada al estudio y la escritura. Su labor profesional como abogado y diplomático lo llevó a residir en diferentes lugares, pero su alma de poeta siempre lo acompañó. Las experiencias vitales, marcadas por la reflexión y una cierta melancolía, se reflejan en la profundidad de su obra.

Reconocimiento y recepción

Aunque su producción fue limitada, la obra de Ramos Sucre fue reconocida por su calidad lírica y su originalidad. Fue considerado uno de los poetas más importantes de su generación en Venezuela y su influencia se extendió a poetas posteriores. Su reconocimiento se consolidó tras su muerte.

Influencias y legado

Entre sus influencias se encuentran poetas como Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez. Su legado reside en su capacidad para crear una poesía íntima y universal a la vez, explorando las profundidades del alma humana con un lenguaje depurado y una gran maestría formal. Es una figura clave en la lírica venezolana del siglo XX.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Ramos Sucre ha sido interpretada como un reflejo de la angustia existencial y la búsqueda de sentido en un mundo cambiante. Sus poemas invitan a la reflexión sobre la condición humana, la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad de la muerte.

Infancia y formación

Se dice que Ramos Sucre era un lector voraz y un hombre de hábitos metódicos en su escritura. Su carácter reservado contrastaba con la intensidad lírica de su poesía.

Muerte y memoria

José Antonio Ramos Sucre falleció prematuramente a causa de una enfermedad. Su muerte fue lamentada por el mundo literario, que vio desaparecer a una de sus voces más prometedoras. Sus obras han sido reeditadas y estudiadas, manteniendo viva su memoria y su legado poético.