José Asunción Silva

José Asunción Silva

1865–1896 · vivió 30 años -- --

José Asunción Silva fue un poeta colombiano, figura central del modernismo literario en Hispanoamérica. Su obra, aunque escasa en volumen, es de una calidad excepcional, marcada por la melancolía, la musicalidad y una profunda introspección. Silva exploró temas como la muerte, el amor no correspondido, la fugacidad del tiempo y la búsqueda de la belleza ideal, utilizando un lenguaje innovador y rítmicamente sofisticado. Es considerado uno de los precursores de la poesía contemporánea en lengua española.

n. 1865-11-27, Bogotá · m. 1896-05-24, Bogotá

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Estrellas Fijas

Cuando ya de la vida
el alma tenga, con el cuerpo, rota,
y duerma en el sepulcro
esa noche, más larga que las otras,

mis ojos, que en recuerdo
del infinito eterno de las cosas,
guardaron sólo, como de un ensueño,
la tibia luz de tus miradas hondas,

al ir descomponiéndose
entre la oscura fosa,
verán, en lo ignorado de la muerte,
tus ojos, ... destacándose en las sombras.
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Biografía

Identificación y contexto básico

José Asunción Silva (nombre completo: José Asunción Silva y Gómez) fue un poeta colombiano, nacido y fallecido en Bogotá. Es una de las figuras más importantes del Modernismo literario hispanoamericano y un pionero de la poesía contemporánea en español. Su vida y obra se desarrollaron en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, un periodo de cambios y de consolidación de identidades nacionales en América Latina.

Infancia y formación

Silva nació en el seno de una familia acomodada de Bogotá. Su infancia estuvo marcada por una salud delicada y una temprana inclinación por la lectura. Recibió una educación formal limitada, pero fue un autodidacta voraz, devorando obras de la literatura universal. Las lecturas de poetas románticos y simbolistas franceses, así como de autores españoles, moldearon su sensibilidad estética y su visión del mundo.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Silva se inició de forma temprana, mostrando desde el principio una gran originalidad y un dominio del lenguaje. A pesar de su corta vida, dejó una obra poética de gran calidad e influencia. Su obra poética se caracteriza por la exploración de etapas marcadas por la melancolía, la búsqueda de la belleza ideal y una profunda introspección. Sus colaboraciones en revistas y periódicos de la época fueron fundamentales para la difusión de su obra y su influencia en otros escritores.

Obra, estilo y características literarias

La obra poética de Silva es célebre por su musicalidad, su tono elegíaco y la profundidad de sus temas. "Nocturno III" es quizás su poema más emblemático, una obra maestra de la melancolía y la expresión del dolor por la pérdida. Otros temas recurrentes son el amor no correspondido, la fugacidad del tiempo, la muerte y la búsqueda de la belleza y la perfección. Su estilo se distingue por el uso del verso libre, la experimentación métrica, la riqueza de imágenes y una cuidada selección léxica, a menudo teñida de vocablos exóticos y de una gran plasticidad sensorial. Se le asocia con el Simbolismo y el Parnasianismo, pero trasciende estas etiquetas por su originalidad y su profunda subjetividad. Introdujo una renovación formal y temática que influyó notablemente en la poesía posterior.

Contexto cultural e histórico

Silva vivió en una época de efervescencia cultural y política en Colombia y América Latina. Fue contemporáneo de importantes movimientos literarios y dialogó con las corrientes estéticas de su tiempo, especialmente con el Modernismo. Su obra refleja las tensiones y las aspiraciones de una sociedad en transición, así como su propia posición crítica frente a las convenciones sociales.

Vida personal

La vida personal de Silva estuvo marcada por la enfermedad, las dificultades económicas y una profunda tristeza, elementos que se reflejan en su obra. Sus relaciones afectivas, a menudo marcadas por la idealización y la pérdida, fueron fuente de inspiración. Tuvo amistades literarias significativas y rivalidades que, si bien no eclipsaron su genio, formaron parte de su compleja personalidad.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida no gozó de un reconocimiento masivo y constante, la obra de Silva fue valorada por un círculo de entendidos y críticos, quienes intuyeron su genialidad y su importancia. Fue tras su muerte que su figura se agigantó, siendo reconocido póstumamente como uno de los grandes poetas del Modernismo y una influencia capital para la poesía latinoamericana.

Influencias y legado

Silva fue profundamente influenciado por poetas como Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire y los parnasianos franceses. A su vez, su obra ejerció una influencia decisiva en generaciones posteriores de poetas hispanoamericanos, quienes admiraron su maestría formal, su originalidad temática y su profunda sensibilidad. Su ingreso en el canon literario es indiscutible, y su legado perdura en la forma en que la poesía en español abordó la subjetividad y la experimentación.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Silva ha sido objeto de múltiples interpretaciones, centradas en su melancolía existencial, su búsqueda de lo trascendente y su capacidad para plasmar la complejidad del alma humana. La relación entre su vida y su obra es un tema recurrente de análisis crítico.

Infancia y formación

Entre las curiosidades de su vida, destaca su faceta como comerciante, que lo obligó a viajar y a lidiar con asuntos mundanos que contrastaban con su sensibilidad poética. Sus manuscritos y correspondencia revelan un alma atormentada y un genio singular.

Muerte y memoria

José Asunción Silva murió por suicidio en 1896, a la edad de 29 años, en un contexto de profundas crisis personales y económicas. Su muerte prematura conmocionó al mundo literario y, paradójicamente, contribuyó a cimentar su leyenda y su memoria como uno de los poetas más talentosos y trágicos de Hispanoamérica.

Poemas

53

Luz De Luna

Ella estaba con él... A su frente
pensativa y pálida,
penetrando al través de las rejas
de antigua ventana
de la luna naciente venían
los rayos de plata,
él estaba a sus pies, de rodillas,
¡perdido en las vagas
visiones que cruzan en horas felices
los cielos del alma!
Con las trémulas manos asidas,
con el mudo fervor de los que aman,
palpitanto en los labios los besos,
entrambos hablaban
el lenguaje mudo
sin voz ni palabras
que en momentos de dicha suprema,
tembloroso el espíritu habla...
1.135

Muertos

En los húmedos bosques, en otoño,
al llegar de los fríos, cuando rojas,
vuelan sobre los musgos y las ramas
en torbellinos, las marchitas hojas,
la niebla al extenderse en el vacío
le da al paisaje mustio un tono incierto
y el follaje do huyó la savia ardiente
tiene un adiós para el verano muerto
y un color opaco y triste
como el recuerdo borroso
de lo que fue y ya no existe.

En los antiguos cuartos hay armarios
que en el rincón más íntimo y discreto,
de pasadas locuras y pasiones
guardan, con un aroma de secreto,
viejas cartas de amor, ya desteñidas
que obligan a evocar tiempos mejores,
y ramilletes negros y marchitos,
que son como cadáveres de flores
y tienen un olor triste
como el recuerdo borroso
de lo que fue y ya no existe.

Y en las almas amantes cuando piensan
en perdidos afectos y ternuras
que de la soledad de ignotos días
no vendrán a endulzar horas futuras,
hay el hondo cansancio que en la lucha,
acaba de matar a los heridos,
vago como el color del bosque mustio
como el olor de los perfumes idos,
¡y el cansancio aquél es triste
como el recuerdo borroso
de lo que fue y ya no existe!
915

Midnight Dreams

Anoche, estando solo y ya medio dormido,
mis sueños de otras épocas se me han aparecido.

Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías
y de felicidades que nunca han sido mías,

se fueron acercando en lentas procesiones
y de la alcoba oscura poblaron los rincones

hubo un silencio grave en todo el aposento
y en el reloj la péndola detúvose al momento.

La fragancia indecisa de un olor olvidado,
llegó como un fantasma y me habló del pasado.

Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde,
y oí voces oídas ya no recuerdo dónde.
777

Paisaje Tropical

Magia adormecedora vierte el río
en la calma monótona del viaje
cuando borra los lejos del paisaje
la sombra que se extiende en el vacío.

Oculta en sus negruras el bohío
la maraña tupida y el follaje
semeja los calados de un encaje
al caer del crepúsculo sombrío.

Venus se enciende en el espacio puro,
la corriente dormida una piragua
rompe en su viaje rápido y seguro

y con sus nubes el poniente fragua
otro cielo rosado y verdeoscuro
en los espejos húmedos del agua.
1.149

Un Poema

Soñaba en ese entonces en forjar un poema,
de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema,

escogí entre un asunto grotesco y otro trágico
llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico

Y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
juntándose en las sombras, huyéndose y buscándose,

ritmos sonoros, ritmos potentes, ritmos graves,
unos cual choques de armas, otros cual cantos de aves,

de Oriente hasta Occidente, desde el Sur hasta el Norte
de metros y de formas se presentó la corte.

Tascando frenos áureos bajo las riendas frágiles
cruzaron los tercetos, como corceles ágiles
abriéndose ancho paso por entre aquella grey
vestido de oro y púrpura llegó el soneto rey,

y allí cantaron todos... Entre la algarabía,
me fascinó el espíritu, por su coquetería
alguna estrofa aguda que excitó mi deseo,
con el retintín claro de su campanilleo.

Y la escogí entre todas... Por regalo nupcial
le di unas rimas ricas, de plata y de cristal.

En ella conté un cuento, que huyendo lo servil
tomó un carácter trágico, fantástico y sutil,

era la historia triste, desprestigiada y cierta
de una mujer hermosa, idolatrada y muerta,

y para que sintieran la amargura, exprofeso
junté sílabas dulces como el sabor de un beso,

bordé las frases de oro, les di música extraña
como de mandolinas que un laúd acompaña,

dejé en una luz vaga las hondas lejanías
llenas de nieblas húmedas y de melancolías

y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta,
cruzan ágiles máscaras al compás de la orquesta,

envueltas en palabras que ocultan como un velo,
y con caretas negras de raso y terciopelo,

cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones
de sentimientos místicos y humanas tentaciones...

Complacido en mis versos, con orgullo de artista,
les di olor de heliotropos y color de amatista...

Le mostré mi poema a un crítico estupendo...
Y lo leyó seis veces y me dijo... «¡No entiendo!».
1.176

Estrellas

Estrellas que entre lo sombrío,
de lo ignorado y de lo inmenso,
asemejáis en el vacío,
jirones pálidos de incienso,

nebulosas que ardéis tan lejos
en el infinito que aterra
que sólo alcanzan los reflejos
de vuestra luz hasta la tierra,

astros que en abismos ignotos
derramáis resplandores vagos,
constelaciones que en remotos
tiempos adoraron los Magos,

millones de mundos lejanos,
flores de fantástico broche,
islas claras en los oceanos,
sin fin, ni fondo de la noche,

¡estrellas, luces pensativas!
¡estrellas, pupilas inciertas!
¿Por qué os calláis si estáis vivas
y por que alumbráis si estáis muertas?...
800

Ars

El verso es un beso santo. ¡Poned en él tan sólo,
un pensamiento puro,
en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes
como burbujas de oro de un viejo vino oscuro!

¡Allí verted las flores que en la continua lucha
ajó del mundo el frío,
recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven,
y nardos empapados de gotas de rocío

para que la existencia mísera se embalsame
cual de una esencia ignota
quemándose en el fuego del alma enternecida
de aquel supremo bálsamo basta una sola gota!
982

Vejeces

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
són de laúd, y suavidad de raso.

¡Colores de anticuada miniatura,
hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
cincelado puñal; carta borrosa,
tabla en que se deshace la pintura
por el tiempo y el polvo ennegrecida;
histórico blasón, donde se pierde
la divisa latina, presuntuosa,
medio borrada por el liquen verde;
misales de las viejas sacristías;
de otros siglos fantásticos espejos
que en el azogue de las lunas frías
guardáis de lo pasado los reflejos;
arca, en un tiempo de ducados llena,
crucifijo que tanto moribundo,
humedeció con lágrimas de pena
y besó con amor grave y profundo;
negro sillón de Córdoba; alacena
que guardaba un tesoro peregrino
y donde anida la polilla sola;
sortija que adornaste el dedo fino
de algún hidalgo de espadín y gola;
mayúsculas del viejo pergamino;
batista tenue que a vainilla hueles;
seda que te deshaces en la trama
confusa de los ricos brocateles;
arpa olvidada que al sonar, te quejas;
barrotes que formáis un monograma
incomprensible en las antiguas rejas,
el vulgo os huye, el soñador os ama
y en vuestra muda sociedad reclama
las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores,
por eso a los poetas soñadores,
les son dulces, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!
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Una Noche - Nocturno Iii

Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lángida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
Y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!

Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortüorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...

Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...
1.129

La Voz De Las Cosas

¡Si os encerrara yo en mis estrofas,
frágiles cosas que sonreís
pálido lirio que te deshojas
rayo de luna sobre el tapiz
de húmedas flores, y verdes hojas
que al tibio soplo de mayo abrís,
si os encerrara yo en mis estrofas,
pálidas cosas que sonreís!

¡Si aprisionaros pudiera el verso
fantasmas grises, cuando pasáis,
móviles formas del Universo,
sueños confusos, seres que os vais,
ósculo triste, suave y perverso
que entre las sombras al alma dais,
si aprisionaros pudiera el verso
fantasmas grises cuando pasáis!
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