José Cadalso

José Cadalso

1741–1782 · vivió 40 años -- --

José Cadalso fue un militar, escritor y pensador español de la Ilustración, conocido principalmente por su obra satírica y crítica de la sociedad de su tiempo. Su prosa ágil y su ingenio le permitieron abordar temas como la moral, las costumbres y la identidad nacional, a menudo con un tono irónico y reflexivo. Su obra más célebre, las 'Cartas marruecas', es un ejemplo paradigmático de la literatura didáctica y moralizante del siglo XVIII, donde a través de la mirada de personajes foráneos se critican los vicios y las virtudes de España. Cadalso es una figura clave para entender el pensamiento ilustrado en la literatura española.

n. 1741-10-08, Cádis · m. 1782-02-26, Gibraltar

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Cartas marruecas

He logrado quedarme en España después del regreso de nuestro embajador, como lo deseaba muchos días ha, y te lo escribí varias veces durante su mansión en Madrid. Mi ánimo era viajar con utilidad, y este objeto no puede siempre lograrse en la comitiva de los grandes señores, particularmente asiáticos y africanos. Éstos no ven, digámoslo así, sino la superficie de la tierra por donde pasan; su fausto, los ningunos antecedentes por dónde indagar las cosas dignas de conocerse, el número de sus criados, la ignorancia de las lenguas, lo sospechosos que deben ser en los países por donde transiten y otros motivos, les impiden muchos medios que se ofrecen al particular que viaja con menos nota.Me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano llamado Nuño Núñez, que es hombre que ha pasado por muchas vicisitudes de la suerte, carreras y métodos de vida. Se halla ahora separado del mundo, y, según su expresión, encarcelado dentro de sí mismo. En su compañía se me pasan con gusto las horas, porque procura instruirme en todo lo que me pregunto; y lo hace con tanta sinceridad, que algunas veces me dice: de esto no entiendo; y otras: de esto no quiero entender. Con estas proporciones hago ánimo de examinar no sólo la corte, sino todas las provincias de la península.
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Biografía

Identificación y contexto básico

José Cadalso y Vázquez fue un militar, escritor y ensayista español, nacido y fallecido en España. Es una figura representativa de la Ilustración española.

Infancia y formación

Nacido en una familia acomodada, recibió una sólida educación que incluyó estudios en las universidades de Salamanca y Bolonia. Su formación se vio influenciada por las corrientes intelectuales de la época, el Neoclasicismo y el pensamiento ilustrado.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria se desarrolló principalmente en la segunda mitad del siglo XVIII. Se dio a conocer con obras de carácter diverso, desde poemas hasta ensayos y teatro, pero alcanzó la fama con sus 'Cartas marruecas' y 'Los eruditos a la violeta'. Su escritura se caracterizó por la crítica social y moral.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Cadalso se enmarca dentro de la Ilustración. Sus temas recurrentes son la crítica de las costumbres sociales, la educación, la decadencia de España y la necesidad de reformas. Empleó un estilo claro, ingenioso y a menudo irónico. Sus 'Cartas marruecas' (1789) son una obra epistolar que, a través de la mirada de gazeles y un español, critican los vicios de la sociedad española. 'Los eruditos a la violeta' (1772) satiriza la pedantería y la superficialidad de ciertos intelectuales. También cultivó la poesía, con un tono melancólico y reflexivo, y el teatro.

Contexto cultural e histórico

Cadalso vivió en un periodo de transición y debate en España, marcado por las ideas de la Ilustración y los intentos de modernización. Perteneció a una generación de intelectuales que buscaban renovar la cultura y la sociedad española. Su obra refleja las tensiones entre la tradición y la modernidad, y su servicio militar le dio una perspectiva particular sobre la realidad del país.

Vida personal

Fue militar y participó en campañas, lo que le permitió conocer de cerca la realidad española. Tuvo una vida marcada por el compromiso intelectual y patriótico. Mantuvo relaciones con otros intelectuales de la época.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida fue reconocido por su ingenio y su pensamiento crítico, su obra adquirió mayor relevancia póstumamente como reflejo del espíritu ilustrado español. Sus 'Cartas marruecas' se convirtieron en un referente de la prosa didáctica y satírica.

Influencias y legado

Influenciado por pensadores franceses y clásicos, Cadalso influyó a su vez en escritores posteriores que abordaron la crítica social y la reflexión sobre la identidad española. Es considerado uno de los precursores del ensayo moderno en España.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es valorada por su agudeza psicológica y su capacidad para diseccionar los males de la sociedad de su tiempo, proponiendo implícitamente caminos de mejora. La figura del 'moro' o del extranjero como observador crítico es un recurso estilístico eficaz.

Infancia y formación

Fue un gran admirador de las obras de Cervantes y Quevedo, y su crítica social a menudo bebe de la tradición de estos autores, adaptándola al espíritu ilustrado.

Muerte y memoria

Falleció en un ataque a Gibraltar. Su memoria perdura como un autor fundamental de la Ilustración española, cuya obra sigue siendo relevante para comprender el pensamiento de su época.

Poemas

35

Oda Filis Doliente

Si el cielo está sin luces
el campo está sin flores
los pájaros no cantan
los arroyos no corren
no saltan los corderos
no bailan los pastores
los troncos no dan frutos
los ecos no responden...
es que enfermó mi Filis
y está suspenso el orbe.
709

Letrillas Satíricas

Que dé la viuda un gemido
por la muerte del marido,
ya
lo veo;

pero que ella no se ría
si otro se ofrece en el día,
no
lo creo.


Que Clori me diga a mí
«Sólo he de quererte a ti»,
ya
lo veo;

pero que siquiera a ciento
no haga el mismo cumplimiento,
no
lo creo.


Que los maridos celosos,
sean más guardias que esposos,
ya
lo veo;

pero que estén las malvadas,
por más guardias, más guardadas,
no
lo creo.


Que al ver de la boda el traje,
la doncella el rostro baje,
ya
lo veo;

pero que al mismo momento
no levante el pensamiento,
no
lo creo.


Que Celia tome el marido
por sus padres escogido,
ya
lo veo;

pero que en el mismo instante
ella no escoja el amante,
no
lo creo.


Que se ponga con primor
Flora en el pecho una flor,
ya
lo veo;

pero que astucia no sea
para que otra flor se vea,
no
lo creo.


Que en el templo de Cupido
el incienso es permitido,
ya
lo veo;

pero que el incienso baste,
sin que algún oro se gaste,
no
lo creo.


Que el marido a su mujer
permita todo placer,
ya
lo veo;

pero que tan ciego sea,
que lo que vemos no vea,
no
lo creo.


Que al marido de su madre
todo niño llame padre,
ya
lo veo;

pero que él, por más cariño,
pueda llamar hijo al niño,
no
lo creo.


Que Quevedo criticó
con más sátira que yo,
ya
lo veo;

pero que mi musa calle
porque más materia no halle,
no
lo creo.
926

Séptimas Conversión A La Filosofía

Llegose a mí con el semblante adusto,
con estirada ceja y cuello erguido
(capaz de dar un peligroso susto
al tierno pecho del rapaz Cupido),
un animal de los que llaman sabios,
y de este modo abrió sus secos labios:

"No cantes más de amor. Desde este día
has de olvidar hasta su necio nombre;
aplícate a la gran filosofía;
sea tu libro el corazón del hombre".
Fuese, dejando mi alma sorprendida
de la llegada, arenga y despedida.

¡Adiós, Filis, adiós! No más amores,
no más requiebros, gustos y dulzuras,
no más decirte halagos, darte flores,
no más mezclar los celos con ternuras,
no más cantar por monte, selva y prado
tu dulce nombre al eco enamorado;


no más llevarte flores escogidas,
ni de mis palomitas los hijuelos,
ni leche de mis vacas más queridas,
ni pedirte ni darte ya más celos,
ni más jurarte mi constancia pura,
por Venus, por mi fe, por tu hermosura.

No más pedirte que tu blanca diestra
en mi sombrero ponga el fino lazo,
que en sus colores tu firmeza muestra,
que allí le colocó tu airoso brazo;
no más entre los dos un albedrío,
tuyo mi corazón, el tuyo mío.

Filósofo he de ser, y tú, que oíste
mis versos amorosos algún día,
oye sentencias con estilo triste
o lúgubres acentos, Filis mía,
y di si aquél que requebrarte sabe,
sabe también hablar en tono grave.
629

Séptimas Sobre Ser La Poesía Un Estudio Frívolo, Y Convenirme Aplicarme A Otros Más Serios

Llegose a mí con el semblante adusto,
con estirada ceja y cuello erguido
(capaz de dar un peligroso susto
al tierno pecho del rapaz Cupido),
un animal de los que llaman sabios,
y de este modo abrió sus secos labios:

"No cantes más de amor. Desde este día
has de olvidar hasta su necio nombre;
aplícate a la gran filosofía;
sea tu libro el corazón del hombre".
Fuese, dejando mi alma sorprendida
de la llegada, arenga y despedida.

¡Adiós, Filis, adiós! No más amores,
no más requiebros, gustos y dulzuras,
no más decirte halagos, darte flores,
no más mezclar los celos con ternuras,
no más cantar por monte, selva o prado
tu dulce nombre al eco enamorado;

no más llevarte flores escogidas,
ni de mis palomitas los hijuelos,
ni leche de mis vacas más queridas,
ni pedirte ni darte ya más celos,
ni más jurarte mi constancia pura,
por Venus, por mi fe, por tu hermosura.

No más pedirte que tu blanca diestra
en mi sombrero ponga el fino lazo,
que en sus colores tu firmeza muestra,
que allí le colocó tu airoso brazo;
no más entre los dos un albedrío,
tuyo mi corazón, el tuyo mío.

Filósofo he de ser, y tú, que oíste
mis versos amorosos algún día,
oye sentencias con estilo triste
o lúgubres acentos, Filis mía,
y di si aquél que requebrarte sabe,
sabe también hablar en tono grave.
502

Epigrama A Júpiter, Neptuno Y Plutón

Ufanos con el gobierno
del infierno, cielo y mar
los tres dioses no han de estar.
Amor con ser niño tierno
a los tres sabe mandar.
641

Epigrama A Un Aragonés

En la cabeza le dio
Un palo Juan a Ginés
¿Y rompióselo? Al revés.
El palo se le rompió.
Ginés era aragonés.
563

Idilio Anacreóntico A Batilo

Ya veis cuál viene, amantes, mi pastora
de bulliciosos céfiros cercada,
la rubia trenza suelta, y adornada
por sacras manos de la misma Flora.

Ya veis su blanco rostro que enamora
su vista alegre y sonreír que agrada
su hermoso pecho, celestial morada
del corazón a quien el mío adora.

Oís su voz, y el halagüeño acento;
y al ver y oír que sólo a mí me quiere,
con envidia miráis la suerte mía.

Ni veis ni oís el mísero tormento
con que mil veces su rigor me hiere,
la envidia en compasión se trocaría.
572

Remitiendo A Un Poeta Joven Las Poesías De Garcilaso Con Algunos Versos Míos

Si mis ásperos metros yo te envío
con dulces versos del divino Laso,
no juzgues que el orgullo necio mío
me finja que le iguale en el Parnaso.
Lo hago porque juntas quiero darte
con prendas de mi amor, reglas del arte.
498

Con Motivo De Haber Encontrado En Salamanca Un Nuevo Poeta De Exquisito Gusto, Particularmente En La

Ya no verán, ¡oh Tormes!,
tus áridas orillas
los manes de Galeno
y del Estagirita.
Alza la anciana frente
tanto tiempo oprimida,
y esparce por el campo
desde hoy jovial la vista.
¿No ves como se acercan
con música festiva
a tus arenas sacras
el gusto y la alegría?
En torno de ellas vuelan
los juegos y las risas,
cerca vienen las musas,
del gran Febo seguidas.
En medio de aquel coro,
¿no ves cómo camina
un joven, de quien tiene
Ganímedes envidia?
¿No escuchas que al acento
de su süave lira
las nueve musas cantan
y el verde prado pisan?
Para adornar sus sienes
y cabellos, que brillan
más que el oro, tributo
de las lejanas Indias,
tejiendo van guirnaldas;
y de Flora las ninfas,
para traer las flores,
van y vienen a prisa.
Pues ese mismo joven
es por quien tus orillas
verán llegar las gracias,
el gusto y la alegría,
huyendo de sus voces
y célica armonía
los manes de Galeno
y del Estagirita.
491

Idilio Anacreóntico A Batilo

Ya no verán, oh Tormes,
tus áridas orillas
los manes de Galeno
y del Estagirista.
Alza la anciana frente
tanto tiempo oprimida,
y esparce por el campo
desde hoy jovial la vista.
¿No ves como se acercan
con música divina
a tus arenas sacras
el gusto y la alegría?
En torno de ellas vuelvan
los juegos y las risas,
cerca vienen las Musas,
del gran Febo seguidas.
En medio de aquel carro,
¿no ves cómo camina
un joven, de quien tiene
Ganímedes envidia?
¿No escuchas que al acento
de su süave lira
las nueve musas cantan
y el verde prado pisan?
Para adornar sus sienes
y cabellos que brillan
más que el oro que llega
de las lejanas Indias,
tejiendo van guirnaldas;
y de Flora las ninfas
para tejerle flores
van y vienen a prisa.
Pues ese mismo joven
es por quien tus orillas
verán llegar las gracias,
el gusto y la alegría,
huyendo de sus voces
y célica armonía
los manes de Galeno
y del Estagirista.
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