José Cadalso
José Cadalso fue un militar, escritor y pensador español de la Ilustración, conocido principalmente por su obra satírica y crítica de la sociedad de su tiempo. Su prosa ágil y su ingenio le permitieron abordar temas como la moral, las costumbres y la identidad nacional, a menudo con un tono irónico y reflexivo. Su obra más célebre, las 'Cartas marruecas', es un ejemplo paradigmático de la literatura didáctica y moralizante del siglo XVIII, donde a través de la mirada de personajes foráneos se critican los vicios y las virtudes de España. Cadalso es una figura clave para entender el pensamiento ilustrado en la literatura española.
n. 1741-10-08, Cádis · m. 1782-02-26, Gibraltar
Biografía
Identificación y contexto básico
José Cadalso y Vázquez fue un militar, escritor y ensayista español, nacido y fallecido en España. Es una figura representativa de la Ilustración española.Infancia y formación
Nacido en una familia acomodada, recibió una sólida educación que incluyó estudios en las universidades de Salamanca y Bolonia. Su formación se vio influenciada por las corrientes intelectuales de la época, el Neoclasicismo y el pensamiento ilustrado.Trayectoria literaria
Su carrera literaria se desarrolló principalmente en la segunda mitad del siglo XVIII. Se dio a conocer con obras de carácter diverso, desde poemas hasta ensayos y teatro, pero alcanzó la fama con sus 'Cartas marruecas' y 'Los eruditos a la violeta'. Su escritura se caracterizó por la crítica social y moral.Obra, estilo y características literarias
La obra de Cadalso se enmarca dentro de la Ilustración. Sus temas recurrentes son la crítica de las costumbres sociales, la educación, la decadencia de España y la necesidad de reformas. Empleó un estilo claro, ingenioso y a menudo irónico. Sus 'Cartas marruecas' (1789) son una obra epistolar que, a través de la mirada de gazeles y un español, critican los vicios de la sociedad española. 'Los eruditos a la violeta' (1772) satiriza la pedantería y la superficialidad de ciertos intelectuales. También cultivó la poesía, con un tono melancólico y reflexivo, y el teatro.Contexto cultural e histórico
Cadalso vivió en un periodo de transición y debate en España, marcado por las ideas de la Ilustración y los intentos de modernización. Perteneció a una generación de intelectuales que buscaban renovar la cultura y la sociedad española. Su obra refleja las tensiones entre la tradición y la modernidad, y su servicio militar le dio una perspectiva particular sobre la realidad del país.Vida personal
Fue militar y participó en campañas, lo que le permitió conocer de cerca la realidad española. Tuvo una vida marcada por el compromiso intelectual y patriótico. Mantuvo relaciones con otros intelectuales de la época.Reconocimiento y recepción
Aunque en vida fue reconocido por su ingenio y su pensamiento crítico, su obra adquirió mayor relevancia póstumamente como reflejo del espíritu ilustrado español. Sus 'Cartas marruecas' se convirtieron en un referente de la prosa didáctica y satírica.Influencias y legado
Influenciado por pensadores franceses y clásicos, Cadalso influyó a su vez en escritores posteriores que abordaron la crítica social y la reflexión sobre la identidad española. Es considerado uno de los precursores del ensayo moderno en España.Interpretación y análisis crítico
Su obra es valorada por su agudeza psicológica y su capacidad para diseccionar los males de la sociedad de su tiempo, proponiendo implícitamente caminos de mejora. La figura del 'moro' o del extranjero como observador crítico es un recurso estilístico eficaz.Infancia y formación
Fue un gran admirador de las obras de Cervantes y Quevedo, y su crítica social a menudo bebe de la tradición de estos autores, adaptándola al espíritu ilustrado.Muerte y memoria
Falleció en un ataque a Gibraltar. Su memoria perdura como un autor fundamental de la Ilustración española, cuya obra sigue siendo relevante para comprender el pensamiento de su época.Poemas
35Al Pintor Que Me Ha De Retratar
si tu pincel hermoso
empleas por capricho
en este feo rostro,
no me pongas ceñudo,
con iracundos ojos,
en la diestra el estoque
de Toledo famoso,
y en la siniestra el freno
de algún bélico monstruo,
ardiente como el rayo,
ligero como el soplo;
ni en el pecho la insignia
que en los siglos gloriosos
alentaba a los nuestros,
aterraba a los moros;
ni cubras este cuerpo
con militar adorno,
metal de nuestras Indias,
color azul y rojo;
ni tampoco me pongas,
con vanidad de docto,
entre libros y planos,
entre mapas y globos.
Reserva esta pintura
para los nobles locos
que honores solicitan
en los siglos remotos;
a mí, que sólo aspiro
a vivir con reposo
de nuestra frágil vida
estos instantes cortos,
la quietud de mi pecho
representa en mi rostro,
la alegría en la frente,
en mis labios el gozo.
Cíñeme la cabeza
con tomillo oloroso,
con amoroso mirto,
con pámpano beodo;
el cabello esparcido,
cubriéndome los hombros,
y descubierto al aire
el pecho bondadoso;
en esta diestra un vaso
muy grande, y lleno todo
de jerezano néctar
o de manchego mosto;
en la siniestra un tirso,
que es bacanal adorno,
y en postura de baile
el cuerpo chico y gordo;
o bien junto a mi Filis,
con semblante amoroso,
y en cadenas floridas
prisionero dichoso.
Retrátame, te pido,
de este sencillo modo,
y no de otra manera,
si tu pincel hermoso
empleas, por capricho,
en este feo rostro.
Letrillas Satíricas Imitando El Estilo De Góngora Y Quevedo
llame locura al amor,
ya lo veo;
pero que no se enloquezca
cuando otro humor prevalezca,
no lo creo.
Que una doncella guardada
esté del mundo apartada,
ya lo veo;
pero que no muera ella
por salir de ser doncella,
no lo creo.
Que un filósofo muy grave
diga que de amor no sabe,
ya lo veo;
pero que no mienta el sabio
con el pecho y con el labio,
no lo creo.
Que una moza admita un viejo
por marido o por cortejo,
ya lo veo;
mas que el viejo en confusiones
no dé por cuernos doblones,
no lo creo.
Que un amante abandonado
diga que está escarmentado,
ya
lo veo;
pero que él no se desdiga
si encuentra grata a su amiga,
no lo creo.
Que una vieja ya se asombre
hasta del nombre del hombre
ya lo veo;
pero que ella no quisiera
ser de edad menos severa,
no lo creo.
Que una mujer a su amante
jure ser siempre constante,
ya lo veo;
pero que se pase un día
y ella quiera todavía,
no lo creo.
Que de todas las mujeres
no importen los pareceres,
ya lo veo;
pero de que la que amamos
el parecer no sigamos,
no lo creo.
Que la mujer, cual cristal,
la quiebre un soplo fatal,
ya lo veo;
pero que pueda soldarse
si una vez llega a quebrarse,
no lo creo.
Que al espejo las coquetas
estudien mil morisquetas,
ya lo veo;
pero que sea el cristal
el objeto principal,
no lo creo.
Que bastante he murmurado
en lo que está criticado,
ya lo veo;
pero que mucho no pueda
criticarse en lo que pueda,
no lo creo.
Que la novia moza y linda
al novio viejo se rinda,
ya lo veo;
pero que crea el barbón
que ella rinde el corazón,
no lo creo.
Sobre El Poder Del Tiempo
todo cede al rigor de sus guadañas:
ya transforma los valles en montañas,
ya pone un campo donde un mar había.
El muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles las hazañas,
alcázares soberbios en cabañas,
y el juvenil ardor en vejez fría.
Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene el mar y viento enfurecido,
postra al león y rinde al bravo toro.
Sola una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.
A La Primavera, Después De La Muerte De Filis
el uno y otro proceloso viento,
ni que Neptuno mande a su elemento
con el tridente azul que se serene;
ni que Amaltea el fértil campo llene
de fruta y flor, ni que con nuevo aliento
al eco den las aves dulce acento,
ni que el arroyo desatado suene.
En vano anuncias, verde primavera,
tu vuelta de los hombres deseada,
triunfante del invierno triste y frío.
Muerta Filis, el orbe nada espera,
sino niebla espantosa, noche helada,
sombras y susto como el pecho mío.
Sobre El Anhelo Con Que Cada Uno Trabaja Para Lograr Su Objeto
el héroe joven en la atroz milicia;
supúltase en el mar por su avaricia
el necio, que engañaron mar y viento.
Hace prisión su lúgrube aposento
el sabio por saber; y por codicia
el que al duro metal de la malicia
fio su corazón y su contento.
Por su cosecha sufre el sol ardiente
el labrador, y pasa noche y día
el cazador de su familia ausente.
Yo también llevaré con alegría
cuantos sustos el orbe me presente,
sólo por agradarte, Filis mía.
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